Incesto, sodomía y lechuga en el Nilo: así sería ‘Gods of Egypt’ según la mitología

¿Pensabas que el tráiler de Gods of Egypt había echado el resto en lo que a colorines y desafuero se refiere? Échale un vistazo al auténtico mito de la guerra entre Horus y Set, y entenderás por qué ningún productor con dos dedos de frente se atrevería a convertirlo en película de Hollywood.

Tardó minutos en convertirse en trending topic, y la verdad es que no nos extraña: con un presupuesto que se adivina espartano, un diseño de producción que diríase concebido por Liberace durante una noche loca en Las Vegas y un manifiesto desafuero a todos los demás niveles, Gods of Egypt se adivina como el estreno de 2016 que más choteo y más memes de internet va a inspirar. O, mejor dicho, el que más está despertando, y eso que aún quedan tres meses hasta su estreno en febrero. Cualquiera diría que el Alex Proyas que ha filmado sus brillantes colores es el mismo que rodó El cuervo (The crow, 1994) y Dark City (íd., 1998), así como que Nikolaj Coster-Waldau (Juego de tronos Game of Thrones, 2011- – ) y ese Gerard Butler que no levanta cabeza estaban sobrios cuando accedieron a ponerse ese vestuario con más oros que la añorada todocanis.com en sus mejores tiempos.

Sin embargo, hay algo en el avance del filme que no nos cuadra del todo. Y no nos referimos a esos efectos CGI que cantan cual Ana Belén en La corte de Faraón. Nos referimos a que, como su propio título indica, Gods of Egypt es un filme inspirado en la mitología del Antiguo Egipto, sólo que drásticamente alterada. De eso no nos vamos a quejar, porque la Furia de titanes de 1981 nos apasiona, y nadie podría achacarle a esa cinta cualidades tales como la concisión, la sobriedad o el afán enciclopédico. Lo que nos llama la atención es que la película de Proyas está basada en uno de los mitos más célebres del Valle del Nilo: aquel que narra la guerra entre Horus (Coster-Waldau) y su tío paterno Set (Butler). Una leyenda que, tal y como fue consignada en vetustos papiros, ningún productor de Hollywood en su sano juicio osaría adaptar.

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Para entender a qué nos referimos, echemos un vistazo a los protagonistas del cuento. Por un lado tenemos a Set, dios patrono del Alto Egipto, señor del desierto y las tormentas y un villano como los de antes, de los que no se andan con chiquitas. Cuando su hermano Osiris (con una ayudita de Isis, su hermana y también su esposa: el árbol genealógico de las deidades egipcias es así) le aventajó en popularidad entre los humanos del período predinástico, esta divinidad con cabeza de asno le asesinó durante un banquete, descuartizándolo después y repartiendo sus cachitos por todo el Delta del Nilo. Tras tamaña villanía, a la pobre Isis le tocó el marrón de buscar los restos de su marido y reunirlos después mediante las técnicas que los simples mortales emplearían después para momificar cadáveres: de ahí que, en los murales de turno, Osiris aparezca vendado hasta el cuello.

Es aquí donde entra en escena nuestro otro protagonista: el Horus mitológico, al que ustedes identificarán sin problemas como un tío cachas con cabeza de halcón. Durante los primeros episodios de su leyenda, el hijo de Osiris es más bien un pequeñuelo riquiñoaficionado a escaparse de la tutela de mamá Isis y tita Neftis (esposa, mal avenida, de Set) para hacer travesuras. Pero cuando el chaval llega a la pubertad, la cosa cambia: hablamos del dios del cielo, la caza y la guerra, protector de las dinastías faraónicas y del Bajo Egipto. Un internauta anglosajón le describiría con un solo adjetivo, y ese adjetivo sería «badass». 

Si esta historia fuese obra de un guionista de Hollywood, todos tendríamos claro lo que ocurriría a continuación: presa de un incontenible deseo de venganza, Horus parte a la caza de Set, enfrentándosele en un duelo final con mucho CGI, en el que el villano se ríe haciendo «muajajajá» y el héroe profiere frases tales que «Me llamo Horus de Hierakónpolis, tú mataste a mi padre, prepárate a morir». Pero, si sospechan eso, van muy desencaminados: en los mitos egipcios nada es tan sencillo. De hecho, cuando Set apreció que su sobrinito se había convertido en un mozo de notables prendas (si exceptuamos la cabeza de ave rapaz) y devastadores poderes, no actuó como un tirano en condiciones, mandando a sus esbirros a por él. En lugar de eso, el medio que decidió emplear para quitar de enmedio al heredero legítimo de Osiris fue… meterle mano.

«¿Que le has echado QUÉ a la ensalada?»

Les aseguramos que no nos estamos inventando esto: la leyenda puede leerse (siempre que al lector se le den bien los jeroglíficos) en el papiro Chester-Beatty Ireliquia de la XX dinastía custodiada en Dublín. Y va como sigue: deseando arreglar sus pleitos por la vía legal, Horus e Isis demandan a Set ante la Enneada de Heliópolis, el tribunal de los nueve dioses más importantes de Egipto. Seguramente para ahorrarse papeleo, dicho tribunal presidido por el dios Ra decreta una competición en la que Horus y su tío deben afrontar pruebas tales como una regata por el Nilo en barcas de piedra, una lucha a muerte transformados en hipopótamos, etcétera. Como suele ser habitual, el bueno gana en todos estos concursos. Y, por si eso fuera poco, él y su madre cuentan con la ayuda de Hathor, diosa del amor con cabeza de vaca (en Gods of Egypt, una Elodie Young sin cabeza de vaca), siempre dispuesta a echarle un casquete a Ra cuando éste se harta del pleito y piensa declarar combate nulo.

Tras tanta derrota y tanto cohecho genital, Set trama una estrategia INFALIBLE para quitarse a Horus de encima: seducir a su sobrino, y después copular con él. Como lo leen. Algunas fuentes afirman que dicho acto sexual tuvo forma de una masturbación mutua (en muchos mitos egipcios, señalemos, las cosas del manubrio son importantísimas: sin ir más lejos, el dios de dioses Atum creó el mundo eyaculando en solitario sobre las aguas primordiales) y otras que el dios con cabeza de asno y el dios con cabeza de halcón pasaron a mayores. En cualquier caso, según el papiro que nos ocupa: «Durante la noche, Set hizo que su falo se pusiera duro y lo insertó entre los muslos de Horus. Entonces Horus puso su mano entre sus muslos y recibió el semen de Set. Horus fue a ver a su madre, Isis, y le dijo, ‘Ayúdame, Isis, madre mía, pues Set me ha hecho esto’. Ella emitió un chillido agudo, tomó un cuchillo de cobre y le cortó las manos a Horus. Entonces tomó un ungüento fragante y lo aplicó sobre el falo de Horus, que se puso duro. Ella insertó el falo en una jarra, y él hizo que su semen fluyera dentro de la jarra».

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Sí: Gerard piensa lo mismo.

Las medidas de Isis pueden causar consternación, pero ¿para qué quería la diosa los fluidos de su hijo? Pues para aliñar una lechuga. Una vez más, esto es auténtico: la lechuga era la comida favorita de Set, así que éste no tardó en comerse el vegetal así condimentado por la madre de Horus. Cuando los litigantes comparecieron una vez más ante la Enneada, a Horus le bastó con formular una pregunta: «Oh, semen mío, ¿dónde estás?». Y el semen de Horus replicó saliendo de la boca del dios, tomando la forma de un disco solar que, desde entonces, Horus usó a guisa de corona. Tras partirse la caja un rato, Ra y los demás miembros de la Enneada emitieron un veredicto favorable al demandante. Total, el juicio llevaba ya ochenta años de dimes y diretes, y tras todo ese tiempo ellos ya no estaban para cochinadas.

¿Cómo se han quedado? Impactados, suponemos. A todo lo anterior podemos añadir muchas cosas, como, por ejemplo, que el combate eyaculatorio entre Horus y Set se considera una metáfora de las malas relaciones entre el Alto y el Bajo Egipto, que fueron constantes hasta la unificación del país alrededor del año 3.000 antes de Cristo. Pero eso no es lo importante. La pregunta que realmente nos asalta ahora es: ¿por qué han desdeñado la oportunidad de mostrarnos a Leónidas y a Jaime Lannister dándose mandanga en pareo faraónico, para en su lugar ofrecernos otro blockbuster de dioses antiguos el que ni siquiera sale Liam Neeson? Ay, Hollywood, cada vez estás más aburrido…

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