Isekai: cuando te marchas a otro mundo porque en este no hay futuro

Hay un género literario que lleva años arrasando en Japón y ha empezado a hacerlo también en occidente: el isekai. ¿Y de qué trata? Personas que tienen vidas miserables y se ven transportados a otros mundos donde pueden ser alguien. Algo que te vamos a explicar con todas sus truculentas consecuencias.

No hay futuro. Y si era cierto en tiempos del primer punk, cuando era el eslogan de un movimiento que empezaba a ver las consecuencias de un neoliberalismo feroz representado en Margaret Tatcher y Ronald Reagan, lo es más aún hoy, cuando ni siquiera son necesarios líderes carismáticos para hacer creer a la sociedad que lo único que seguir haciendo es apretar la soga al cuello y el cinturón al cuerpo hasta ver cuándo se rompe o deja de circular la sangre.




Por eso no debería extrañarnos que, al tiempo que el punk, en Japón surgiera un género literario asociado a la ciencia-ficción que pensaba en las posibilidades del futuro de la gente en sus propios términos. Porque si nuestro mundo ya es demasiado corrupto como para arreglarlo, ¿qué nos queda? Viajar a otro mundo. Encontrar un lugar donde podamos ser alguien.

De eso trata el isekai. El género donde jóvenes (o no tan jóvenes) dejan atrás un mundo donde no son nadie para convertirse en héroes. O al menos, en alguien útil para la sociedad.

Historia y orígenes del isekai

El isekai tiene una historia larga y fértil. Sus orígenes pueden ser rastreados hasta, como mínimo, doscientos años atrás, en el trabajo de Hirata Atsutane, pudiéndose hablar de algunos otros autores posteriores que, siguiendo su senda, hablaron sobre viajes espirituales a otros mundos, ya sea de la mano de dioses o de las propias ensoñaciones de los autores. Pero si hubiera que escoger un auténtico punto de inicio lógico del género, más allá de precursores más o menos definidos, ese lo encontraríamos en Isekai no Yuushi de Haruka Takachiho, que podríamos traducir literalmente como El héroe de otro mundo.

Si bien Takachiho es más conocido por otras obras, entre las que cabría mencionar de forma especial la fantástica Dirty Pair, Isekai no Yuushi establecería los mimbres de lo que hoy se entiende como isekai. Es decir, una persona de nuestro mundo se ve transportada a un mundo de fantasía, donde, ya sea por sus propias habilidades o las que se le conceden al llegar al mundo, es capaz de convertirse en el héroe de la historia.

Pero desde el origen moderno del género hasta su auge aún tuvieron que pasar unos cuantos años. Pues si bien tenemos notables ejemplos del género como Alice Series de Ryou Nakahara, Equus de Hitoshi Yoshioka o El-Hazard de Hideyuki Kurata, obras de gran importancia dentro del género, no sería hasta la llegada de Internet y la llegada del nuevo siglo que el género conocería una explosión comercial que lo convertiría, actualmente, en uno de los géneros más presentes en las librerías japonesas.

Y en términos logísticos, si hay una culpable de este auge esa es Shousetsuka ni Narou, más conocida como Narou.

Sobre Narou y las fronteras del isekai

Narou es, en esencia, una plataforma web donde escritores amateurs pueden compartir, gratis, sus creaciones originales con los lectores. De gran popularidad, con novelas y relatos cortos de todos los géneros inimaginables, en los últimos diez años Narou y otras páginas webs similares, como Syosetu, Kakuyomu o Alphapolis han sido una fuente inagotable de autores y obras para nutrir a las editoriales japonesas, que pueden apostar sobre seguro fichando a autores que ya han demostrado tener cierta complicidad con su público.

O al menos parcialmente, dadas las crecientes quejas de los editores de que, si bien muchos de estos escritores tienen buenas ideas y consiguen arrastrar público, su nivel es tan pobre que sus obras han de ser re-escritas enteramente, no sólo corregidas antes de su publicación por vías tradicionales. Algo que, por otra parte, no es precisamente desconocido tampoco entre escritores profesionales.

Dejando de lado las cuitas de la industria editorial, el isekai creció en popularidad gracias a Narou y compañía al permitir saltarse las barreras naturales de los editores, permitiendo que cualquier persona pudiera publicar. De ese modo, de repente, cualquiera podía escribir y hacer llegar a los demás las cosas que realmente le interesaban. Sus miedos, sus ansiedades y sus fantasías. Las cuales cristalizan particularmente bien en un género, escapista por definición, que consiste en convertirse en alguien en otro mundo.

En cualquier caso, aunque el género tenga una premisa esencial que puede parecer muy básica, tiene múltiples formas de desarrollarla. Incluso dentro de patrones preestablecidos. Existen varios subgéneros que se basan en el tipo de forma en que la persona ha sido transportada al mundo ajeno. No es lo mismo una historia de evocación -donde el protagonista ha sido invocado por alguna clase de entidad superior-, una historia de transferencia -donde no hay ninguna razón particular para que el protagonista haya aparecido en ese mundo- y la historia de reencarnación -donde el protagonista muere en nuestro mundo para renacer en otro, generalmente, con sus recuerdos y habilidades intactas-.

Es decir, el isekai, dentro de sus rígidas reglas internas, tiene numerosas formas de comunicarlas. No es lo mismo ser convocado a un mundo por alguien que no tener ninguna razón específica para ello o sólo hacerlo tras una muerte traumática. Elementos que definen el tono y el tema de la historia de una forma muy específica.

De la evolución del isekai en los últimos años

Esa especificidad también ha determinado cómo ha sido apreciado el género a través del tiempo. Si no es lo mismo que te convoque un mago o un dios para salvar el mundo que te atropelle un camión y por conmiseración cósmica acabes en otro mundo, es por un hecho sobradamente evidente: es la diferencia entre ser un héroe elegido y el ganador de una retorcida tómbola donde el premio de consolación puede considerarse mejor que el primer premio. Porque, al final, el isekai es un género eminentemente escapista, pero su escapismo va variando a lo largo del tiempo.

Desde la ya mentada Isekai no Yuushi, y durante todos los ochenta y buena parte de los noventa, casi todos los isekai populares fueron de la clase de evocación. Un dios, hechicero o cualquier otra entidad invoca a alguien de nuestro mundo, un héroe elegido, para que derrote al mal que acecha a sus tierras. Las pocas excepciones vienen más del ámbito infantil o, como en el caso de Alice Series, el hecho de ser una suerte de exploitation de Alicia en el País de las Maravillas, donde sus particularidades -básicamente caer por la madriguera de conejo- no permiten tampoco llevarlo a otro contexto. Pero a partir de los noventa algo cambió y las novelas de transferencia ganaron fuerza, especialmente gracias a Equus, hasta que algo ocurre alrededor del 2010: la reencarnación se vuelve la nota predominante en el género.

Hasta aquí es fácil leer entre líneas. Con el auge económico de los ochenta lo difícil en Japón era no ser optimista y sentirse un héroe. Cuando todo estalló en los noventa pero el país seguía acostumbrado al modo de vida turbocapitalista, se perdió la fe en las instituciones, pero no en sus posibilidades: tal vez ya no había quienes buscaran a los japoneses activamente para darles trabajo, pero seguro que con un poco de suerte alguien los contrataría si se intentaba activamente. Y entonces, ¿qué ocurrió alrededor del año 2010? Como ya hemos dicho, en 2008 el isekai cobra una fuerza inaudita gracias a Narou, llegando a partir de 2010 las primeras ediciones físicas de las novelas más populares de la plataforma. Pero en 2008 también ocurrió otra cosa, esta vez de alcance más global. Fue el principio de la ya eterna crisis financiera actual.

De la crisis como toque de queda para el género

No parece casualidad que las fechas de una crisis global y la popularidad de un género escapista por definición coincidan. Menos aún que, cuanto más se recrudecía la crisis, más pesimista se volvía el género. Reset, de Yusura Kisaragi, es una novela sobre una chica optimista, pero sin ningún tipo de esperanza en la vida y a quien, al morir, se le aparece un ángel que le concede una nueva oportunidad: la reencarnará en un mundo de fantasía como la hechicera más poderosa que ha conocido el mundo jamás. Eso la convertiría en la primera novela de reencarnaciones realmente relevante de la época moderna, si bien hoy no parece ser tan recordada, estando entre las primeras obras que conseguirían dar el salto de Narou hacia la publicación tradicional.

En lo que respecta a la novela, si decimos que Reset es como su protagonista, relativamente optimista, no mentiríamos. Pero a partir del 2013 es más fácil ver cómo las series más populares se van volviendo más oscuras y deprimentes. Next Life de Jin Aino comienza con su protagonista muriendo en una avalancha para verse transportada al interior de lo que parece el videojuego donde era una jugadora más que decente, Grimgar of Fantasy and Ash de Ao Juumonji transporta a un mundo de fantasía a un grupo de personas de nuestro mundo sólo para descubrir que tienen las mismas habilidades que en nuestro mundo y la muerte es un destino igualmente horrendo, sólo que mucho más probable, y Youjo Senki de Carlo Zen trata sobre un oficinista que, al morir en un accidente, desafía a dios, el cual decide reencarnarlo en una niña con poderes mágicos en un mundo en plena guerra mundial donde sólo podrá sobrevivir si está dispuesto a pasar por encima de todos los demás seres humanos.

Por supuesto, aunque ese pesimismo se puede rastrear en el género a través del tiempo, no significa que todo sea deprimente. Obras muy populares como Mushoku Tensei de Rifujin na Magonote se toman la reencarnación como una posibilidad de empezar de cero sin cometer los mismos errores del pasado. Y una obscena cantidad de obras del género aprovechan la excusa de otro mundo para rodear al protagonista, un self-insert del autor y de su lector medio, de mujeres perdiendo la cabeza por él.

Ahora bien, donde mejor puede verse este pesimismo es en el isekai que aún hoy se considera el hit más masivo del género tanto en oriente como en occidente: Re:Zero — Starting Life in Another World, de Tappei Nagatsuki. Subaru Natsuki, el protagonista, es un hikikomori que un día es invocado a otro mundo sin razón aparente. Allí conocerá a una semi-elfa, llamada Satella, de verdadero nombre Emilia, a la cual decidirá proteger con su vida. Porque Natsuki, al ser transportado a otro mundo, consiguió una habilidad extremadamente retorcida: cada vez que muere, puede revertir el tiempo. Eso tiene unas implicaciones más que evidentes. El destino de Subaru es dejarse morir o ser brutalmente asesinado para poder revertir efectos indeseados, con todas las implicaciones que ello conlleva. No sólo por el trauma que implica la muerte, por temporal que sea, sino también porque al revertir el tiempo también es él el único que recuerda sus interacciones con los otros, lo que le hace vivir en un perpetuo trauma emocional. No sólo carga con el peso de tener que salvar a los demás mediante su propio sacrificio, sino también de tener que repetir los mismos actos que para los otros son algo nuevo y para él algo que ya ha vivido.

La popularidad del isekai: nuestro mundo no tiene remedio

Al final el isekai es la consciencia de que no hay nada que hacer en este mundo. Que no somos más que engranajes rotos de una sociedad que ni nos valora ni parece tener un propósito en el que encajemos. Algo que puede explicar corrientes tan dispares de la actualidad como el auge del fascismo, el pesimismo atroz de las nuevas generaciones y la búsqueda de fantasías escapistas.

Por eso en el género algunos de sus ejemplos más populares actualmente no son de grandes héroes, sino de personas que simplemente pueden vivir al ser transportados en otro mundo. En No Game No Life dos hermanos hikikomori descubren que su inteligencia aplicada a la teoría de juegos tiene una función en otro mundo, Restaurant To Another World nos demuestra que un restaurante puede ser exitoso para un público más agradecido y con dinero para gastar y Soy una araña, ¿qué pasa? que incluso el brutal universo de los monstruos, donde todo depende de comer o ser comido, tiene un ascensor social que es posible coger para cualquier persona con suerte y talento. Algo que en nuestro mundo es, en el mejor de los casos, risible. Como nos demuestra el propio género en The Devil Is A Part-Timer! donde el todopoderoso Satán se ve transportado a nuestro mundo y a lo único que puede aspirar es a un trabajo en un restaurante de comida rápida sin posibilidad alguna de conseguir un puesto equivalente al de su mundo original. Porque en nuestro mundo la posibilidad de mejorar ya suena como una fantasía. Algo que sólo puede ocurrir en otro mundo. Incluso si esos otros mundos son, hipotéticamente, más brutales, oscuros y corruptos que el nuestro.

Eso es así porque, en última instancia, el isekai no es nada más que el reflejo de nuestra realidad. Cómo vivimos en un neo-liberalismo tan feroz, un mundo tan despreocupado de las personas y su función en el mismo que ya no somos capaces de imaginar un futuro en nuestro propio mundo. Porque igual que el optimismo de la ciencia-ficción occidental de los cincuenta y los sesenta se transformó en los ochenta en el cyberpunk, en Japón cobró la forma del isekai. No el horror del mundo por venir, sino la posibilidad de que en otro mundo seamos realmente de algún uso para la sociedad. O para nosotros mismos.

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