Japón y su capacidad de absorber culturas: breve historia del Shibuya-kei

Si hay una cultura capaz de sacar rédito a la fusión de música ye-ye, jazz, bossa nova y psicodelia sixties, es la japonesa. He aquí un breve repaso al resultado de esta mezcla agitada que se acabaría llamando Shibuya-kei y que llegaría a traspasar fronteras en la década de los noventa.

Si en CANINO se habló en su momento del City Pop, ahora vamos a adentrarnos en otro estilo que dio que hablar mucho en la década de los ochenta. Pero, a diferencia de gente que se ha aficionado treinta años después al pop sofisticado de Mariya Takeuchi o Tatsuro Yamashita, el Shibuya-kei no vive en una época de nostalgia: es la nostalgia en sí misma. Razones hay una cuantas: su música y estética bebe de los años sesenta, en los que Japón descubrió a The Beatles y los sucedáneos autóctonos que surgieron después de dicho acontecimiento. De repente, a finales de la década de los ochenta se puso de moda la ropa tweed, los sombreros de garçon  y Jean-Luc Godard, de repente, era uno de tantos referentes para una gran parte de japoneses. Pero, al contrario del City Pop (que vendió grandes cantidades de discos), el Shibuya-Kei no es un estilo que calase muy hondo en comparación, por la sencilla razón de no caer en el mainstream japonés.

Pero no vayamos adelantando acontecimientos. Toca hablar de cómo y cuándo surge este estilo. En los boyantes años ochenta japoneses estaba claro que el consumo de productos culturales era ley de vida, y la música, por supuesto, no se quedaba atrás. Sin embargo, muchos de estos consumidores eran inquietos y querían más. Las modas, sobre todo en Japón, pasan rápido, por lo que era hora de revolver las tiendas de discos de segunda mano y desempolvar los vinilos que estaban perdidos por las casas para buscar lo desconocido y olvidado. Otros aprovechaban que tenían dinero para empezar a coleccionar música de importación, cuanto más extraña mejor. Todo esto acompañado por las aperturas de las macrotiendas de música como Tower Records o HMV en Shibuya, entre otros. Era cuestión de tiempo que con este caldo de cultivo se desarrollara el género en el que Japón abrazaría la post-modernidad en su máxima expresión.

Y ese algo se convirtió en el Shibuya-kei, una coctelera de sonidos extranjeros y nostalgia, alimentada por la tendencia a la compra impulsiva gracias al poderío económico en Japón. Un estilo “internacional”, en el que no importaba tanto el género musical al que se adscribía, sino más bien rendir tributo a la música de los sesenta y mediados de siglo en general.

Y es que en dicho país, salvo algunas excepciones, básicamente se intentaba imitar a la música occidental en mayor o menor medida. Como bien recoge Julian Cope en su libro Japrocksampler (2007), las diferencias entre el recientemente fallecido Yuya Uchida y los componentes de Happy End crearon un cisma en el que estos últimos querían cantar en japonés utilizando géneros musicales occidentales, dejando de lado dicha imitación en un idioma foráneo. Uchida prácticamente quedó en un segundo plano al abrazar su filosofía, mientras que los componentes de Happy End se convirtieron en las personas más influyentes de la música salida de Japón. Sería uno de los componentes de dicho grupo, Haruomi Hosono, el Padrino de la música alternativa japonesa, y su mentalidad de absorber cualquier genero de música procedente de diferentes países, lo que marcaría la hoja de ruta del Shibuya-kei

Pero ¿qué es el Shibuya-Kei? ¿Por qué es importante hablar sobre ello? 

Es harto complicado explicar qué es el Shibuya-kei. Posiblemente, en un principio, nos podemos dar cuenta de la importancia que se daba a las referencias a géneros “retro” (y no tanto), acompañadas de letras que evocaban un estilo de vida consumista y cosmopolita alejado de los dramas del día a día, mas allá de hablar de algún desamor. Voces autorizadas como Maki Nomiya (vocalista de Pizzicato Five) no considera al Shibuya-Kei un género en sí, más bien piensa que a todos a los que se les englobaba en dicha etiqueta les unía el respeto a la música que había antes que ellos como razón de peso para incorporarla en sus creaciones.

Otro elemento que les distinguía era el estilismo, claramente inspirados en todo lo que pareciera sixties con un toque alegre. Se pusieron de moda las camisetas marsellesas y las referencias pop procedentes de Occidente, intentando emular a las modelos “sesenteras”. Como dice David W. Marx, uno de los estudiosos del tema, “tanto los músicos como los aficionados de este estilo, buscaban distinción”. Sin embargo, la razón que posiblemente sea la más acertada, ya que explicaría el sonido tan ecléctico del Shibuya-kei mas allá de la estética, no tiene mucho misterio. Sencillamente, los grupos que compartían un estilo similar vendían especialmente bien en el distrito del mismo nombre de la capital nipona.

Tambien es sencillo explicar a que viene hablar sobre este tema. Para nosotros, los occidentales, fue la primera toma de contacto con otro tipo de música que transcendió a nuestro mercado, obviando los openings y endings de los animes. El Shibuya-kei atrajo los oídos en ultramar, curiosamente con un tipo de música que bebía de cualquier género occidental si se agitase en un cóctel. Música ye-ye, Beach Boys, Madchester, bossa nova, bandas sonoras de películas de mitad de siglo, jazz e incluso hip-hop son algunos ingredientes de este cóctel. Esto hizo que en un principio se les etiquetase como Japanese Yogaku, o lo que es lo mismo: música occidental creado por japoneses.

Y por eso, posiblemente, haya sido el género que mayor atención ha recibido por nuestra parte. De hecho, salvo una pocas excepciones, este estilo surgido para suplir una alternativa indie a las bandas imperantes japonesas caló tanto o más que en Japón. Ya en los noventa no era raro ver a Pizzicato Five en programas de fuera de su país, sin atisbo de adaptar su música a nuestros oídos. Y en la actualidad vemos que gente como Cornelius apuntan a España para dar sus espectáculos. El Shibuya-Kei, a diferencia de la mayoría de la música japonesa, se siente, como esencia, internacional. 

Proto Shibuya-kei

Flipper´s Guitar

Pero vayamos a la época previa de este subgénero. Aunque es difícil establecer el punto de inicio del Shibuya-kei, sí que es cierto que muchos miran a principios de los ochenta y la New Wave japonesa. Concretamente se apunta hacia Salon Music, un duo que se considera uno de los gérmenes del sonido. Producidos por Yukihiro Takahashi en su segundo álbum, llamado La Paloma Show (1984), Salon Music tenían un sonido elegante, muy occidental y sin caer en la tentación de orientalizar “demasiado” su música, como hacían sus coetáneos. No sonaban “robotizados” (algo que común al ser la época en la que Yellow Magic Orchestra estaba aún de moda) y tampoco buscaban ser transgresores, características que se tomarían prestadas más adelante por todos los que les seguirían. Aunque nunca han pasado de ser un grupo de culto, a Salon Music se les da mucha  importancia para el estilo venidero por las características mencionadas, aparte de ser los padrinos de uno de los dos grupos referencia del Shibuya-kei

Sí, me refiero a Flipper´s Guitar, duo formado por Keigo Oyamada y Kenji Ozawa, que no esconderían sus referentes en sus canciones y darían prácticamente el pistoletazo de salida al estilo. A pesar de los esfuerzos de la discográfica Polystar publicitándolos como idols, el grupo no conseguiría apenas éxito durante su primer disco, Three Cheers for Our Side (1989). Después de unos cuantos cambios, las moderadas buenas ventas les llegarían con su segundo disco, Camera Talk (1990), donde se incide todavía más en las referencias que acabarán siendo la características definitorias del Shibuya-kei

Sin embargo, como ya he dicho, es complicado definir cuándo empezó exactamente el Shibuya-kei. Aparte del caso de Flipper´s Guitar, puede que las cafeterías de la época del City Pop tuvieran algo que ver al poner de moda el Lounge pop. Por el contrario, mucha gente piensa que fueron Pizzicato Five (el otro grupo referencia) y su tercer disco, llamado Bellissima! (1988), los que realmente inventaron el Shibuya-kei. Lo que sí es indudable es que estas dos formaciones (y posteriormente sus componentes, en sus respectivas carreras en solitario) han sido la caras visibles de este género hasta nuestros días.

La inauguración de un nuevo subgénero

Según la cabeza pensante de Pizzicato Five, Konishi Yasuharu, el año 1991 significa el nacimiento real del Shibuya-kei. La razón es que se ponen a la venta, en un lapso de tres meses, los dos discos más canónicos del estilo: Doctor Head’s World Tower (1991) de Flipper´Guitar y This Year´s Girl (1991) de Pizzicato Five.

En el caso del primero se empieza a abusar de la utilización de samples, tanto musicales como frases sacadas de películas sin ningún tipo de vergüenza (y con el peligro del plagio muy cerca), mezclándolo con mucha psicodelia, toques procedentes de Brian Wilson y guitarras a lo Madchester. Gran parte de lo que significa el Shibuya-kei está en este disco, por lo que Doctor Head’s World Tower se convertirá en el punto de partida de muchos grupos de la época Poco después, el dueto se separaría (se dice que por la dificultad de tocar este disco en vivo), tomando diferentes caminos que no han vuelto a cruzarse.

La otra punta de lanza vendría por parte de Pizzicato Five con This Year´s Girl, disco al que se le da mucha importancia al sampleado con toques de pop francés. En el caso de los inicios de este grupo antes de este disco, su música era una mezcla de pop sofisticado sixties con algo de jazz ligero y cierta electrónica (Haruomi Hosono les llegó a producir sus primeras grabaciones). Sin embargo, y después del fracaso comercial del grupo, todo cambia cuando Takao Tajima, su vocalista principal, decide centrarse en su grupo llamado Original Love (otros referentes del género que sí conseguirían el éxito inmediato). 

A raíz de esta salida, Yasuharu Konishi y Keitaro Takanami (los miembros restantes del antaño quinteto) necesitaban a alguien que ejemplificara en persona la moda y estilo musical de los años sesenta. Se optó por reclutar a una chica que ya tenía experiencia en un grupo efímero llamado Portable Rock. Esta mujer, que se convertiría en la imagen del Shibuya-kei por méritos propios, sería Maki Nomiya. A partir de ahí, esta formación se convirtió en el principal representante, no solo del Shibuya-Kei, sino de la música japonesa en occidente.

Después de estos dos discos empezaron a surgir grupos y solistas que llamaron la atención de los consumidores japoneses. Kahimi Karie y su voz y estética prestada de Claudine Longet cantando principalmente en francés, Les 5-4-3-2-1, el grupo de hip-hop Scha Dara Parr o la vuelta a Japón del ex-integrante de Dee-Lite Towa Tei son algunos de los artistas que aprovecharon el incipiente estilo en esa primera mitad de década. 

Más adelante, después de sacar su aclamado y exitoso Bossa Nova 2001 (1993), producido por Keigo Oyamada (que adoptaría el nombre artístico de Cornelius) Pizzicato Five lograrían llamar la atención de occidente. Consiguen actuar en Estados Unidos y Europa, firman por Matador Records, salen en programas de televisión y radio e incluso ponen la música en anuncios como en El Corte Inglés. Esta “internacionalidad” se traslada posteriormente en el mismo Cornelius (que también firmaría por Matador) y se adscriben japoneses expatriados, como el duo Cibbo Matto con su álbum Viva la Woman (1996) e incluso occidentales como Dimitri From Paris, el escocés Momus (que se convertiría en productor musical de buena parte del movimiento) o Le Hammond Inferno

¿Y en ventas? Una de cal y muchas de arena. Salvo el ex-Flipper´s Guitar, Kenji Ozawa, que consiguió llegar a las 700.000 copias con Life (1994) y que encabezó las listas de ventas niponas con su siguiente álbum, Kyutai no kanaderu ongaku (1995), las ventas de los demás grupos y solistas apenas superaban las 200.000 copias. Tanto Original Love (que, al igual que Ozawa, llegaron a ser número uno en las listas) como Pizzicato Five o el citado nuevo proyecto de Keigo Oyamada, Cornelius, estaban abonados a llegar a duras penas a las 200.000 copias en sus puntos álgidos. Estos números, en comparación con lo que se veía en las listas del Oricon, eran bastante modestas.

El fantasma detrás del fin del Shibuya-kei

El año 1997 se considera el punto álgido del Shibuya-kei y, por ende, el principio del fin. A pesar de surgir muchas bandas y solistas del estilo con características “novedosas” dentro del género como el glam de T.V. Jesus, el lounge de Fantastic Plastic Machine, el pop electrónico de Takako Minekawa (fun fact, también es la voz que dice «PlayStation» en los anuncios japoneses de dicha gama de consolas), el krautrock de Buffalo Daughter, entre otros, o la estabilización de las discográficas centradas en el Shibuya-Kei (Trattoria o Readymade, esta última apoyada por la major que más apostó por este estilo, Nippon Columbia), la salida de Fantasma (1997) por parte de Cornelius significa el culmen del género. Meta-música en Mic Check, toques de sus queridos Beach Boys en Thank you for the music, riffs distorsionados en New Music Machine o incluso una versión electrónica de una composición de Bach en la pista llamada 2010. Es el pastiche definitivo que cambiará el paradigma.

Tampoco nos podemos olvidar de que Pizzicato Five saca otra de las obras de referencia, su Happy End of the World (1997), que ya deja definitivamente de lado su sonido “orgánico” para pasar a centrarse en samples y DJ Sets, con una clara tendencia al drum & bass. Justamente en ese momento, el Shibuya-kei estaba ya presente en el mainstream japonés. No serían más que meras canciones curiosas que no llegarían a adoptarse como estándar en los grupos que sacaron alguna canción de este estilo, como V.A.C.A.T.I.O.N (1997), interpretada por Yumi Yoshimura (del famoso duo Puffy) y producida y compuesta por Konishi Yasuharu. Tampoco nos podemos olvidar del Shingo Mama no oha Rock (2000) interpretado por Katori Shingo, de la ultra-popular boy-band SMAP, que conseguiría vender 1,3 millones de copias. Esta tendencia de grupos de otros géneros que buscan puntualmente este toque Shibuya-kei sigue hasta nuestros días.

PIZZICATO FIVE fueron la punta de lanza de un movimiento nacido en Japón y que recuperó en los noventa la estética y el sonido ‘sixties’. Así nació y murió el SHIBUYA-KEI.

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Decir que este subgénero japonés dejó de existir en esa época sería mentir, pero es cierto que el año 2001 se considera que fue una dura estocada para su supervivencia. Pizzicato Five se separan a principios de año, sacando su disco más oriental, en el que viraron hacia la ranciedad del significado Cool Japan con Ça et la du Japon (2001) y con una aparición testimonial de Maki Nomiya. Pero vuelve a ser Cornelius el que dicte la dirección con su rupturista Point (2001). Un trabajo todavía más experimental que su anterior disco. 

No sólo Oyamada empezó a interesarse por un sonido más minimalista que en sus anteriores trabajos. Su antigua protegida, Kahimi Karie, dejaría de lado los sonidos de los sesenta afrancesados. Abrazaría esta nueva corriente en la cual hasta los mismos componentes de Yellow Magic Orchestra se meten de lleno con sus proyectos de la época, con el tándem llamado Sketch Show (formado por Hosono y Takahashi) y el disco Chasm (2004) por parte de Sakamoto. 

A partir de este punto, el Shibuya-kei pasa a tener dos corrientes bastante diferenciadas: seguir siendo historiador o empezar a experimentar. Porque si Cornelius o Kahimi Karie pasan a hacer esto último, buena parte de los nombres del Shibuya-kei siguen queriendo sonar como en la década anterior. Es el momento de que Konishi Yasuharu intente refundar Pizzicato Five produciendo a una modelo llamada Nomoto Karia, además de seguir componiendo para grupos más mainstream como el citado miembro de SMAP, Katori Shingo, la boyband Tokio e incluso a la popular actriz Kyoko Fukada. Keitaro Takanami, fuera de Pizzicato Five desde 1994, firmaría la banda sonora del anime Chobits (2002), además de crear un duo parecido al de sus antiguos compañeros en 2009 llamado arcorhyme. Towa Tei seguirá con un estilo que poco variará hasta en la actualidad y gente como Maki Nomiya o Hideki Kaji (que ya había debutado en los noventa) seguirán con un estilo muy poppie y que experimentaríamos de primera mano en bandas sonoras como la del breve anime de Detroit Metal City (2008), en el que el protagonista es fan del Shibuya-kei, o la del ya clásico juego de Namco Katamari Damacy (2004). 

Siguiendo con el último ejemplo, los videojuegos no se quedarían sin su ración de Shibuya-kei. Hideki Naganuma, junto a grupos como Cibo Matto, firmaría el sonido de Jet Set Radio Future (2001). Gran parte de la banda sonora de Persona 4 (2008), a cargo de Shoji Meguro, está claramente influenciada por dicho estilo, al igual que la de Space Channel 5 (1999) del que la discográfica Readymade se encargaría de algunos remixes. Incluso en la célebre saga musical Beatmania saldría a la venta Beatmania THE SOUND OF TOKYO! (2001), centrado en el Shibuya-kei.

No solo eso: a mediados de la década pasada empiezan a surgir nuevos grupos y solistas al que se les atribuirá la etiqueta de Neo-Shibuya-kei o Pico-pop. Los primeros discos de Capsule, MEG o Vanilla Beams, junto a la reedición de todos los discos de Pizzicato Five y el recopilatorio Bossa Nova 1991: Shibuya Scene Retrospective (2007) ayudan a revitalizar, dentro de lo que cabe, el género. Y en occidente seguiría llamando la atención. El caso que nos toca más de cerca es La Casa Azul, que llegó a lanzar un recopilatorio llamado Cerca de Shibuya (2011) para el mercado japonés. Pero también se interesa gente como Jim O´Rourke, ex-integrante de Sonic Youth, que colaborará con Kahimi Karie en It´s Here (2010). 

El Shibuya-kei en la actualidad

Nunca se ha dejado de lado este tipo de música. Cornelius, a pesar de seguir experimentando, no olvida hacer canciones de este estilo. Maki Nomiya acaba de sacar Shibuya-kei Songbook By Miss Maki Nomiya (2018), un recopilatorio en el que interpreta canciones del estilo, así como de las influencias del mismo. Konishi Yasuharu sigue produciendo a artistas que quieren sonar como él, aparte de haber lanzado un par de discos en solitario apelando (todavía más) a la nostalgia, bajo el nombre de Pizzicato One. Después de más de diez años, Kenji Ozawa volvió a sacar un single llamado Ryudoutai Ni Tsuite (2017) que retrotraía a los noventa, y Towa Tei sigue sacando discos transmitiendo a artistas como Shiina Ringo en Lucky (2013) parte de dicho estilo. Aparte de la música, hace unos meses se celebró una retrospectiva al nombre propio del estilismo japonés y que le dio ese toque tan característico, Mitsuo Shindo, que no sólo se hacía cargo del diseño gráfico de casi todos los grupos del género, sino también de fotografiarlos.  

Nuevos grupos que han surgido en los últimos lustros como el simpático chiptune de YMCK, el garage de Kinoco Hotel, el Neo City Pop de Yogee New Waves, los curiosos duos de hip-hop cute Baku Baku Dokin y Halcali, The Aprils o incluso el “supergrupo” Metafive (aunque este último homeajea al sonido YMO, está compuesto por personalidades del Shibuya-kei como Cornelius o Towa Tei) se podrían considerar herederos del género o, por lo menos, recogen parte de dicha esencia. Sin embargo, como siempre, es muy difuso etiquetar a músicos dentro de este amplio estilo. 

Lejos queda aquella época en la que, para los occidentales, la música japonesa era sinónimo de Shibuya-kei. Persiste pero de una manera débil, mas allá de conmemoraciones y relanzamientos de los discos de la época. Tener nostalgia de algo que ya lo denotaba en su día, no deja de ser una forma de atemporalidad.

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