‘Jordskott’ – Policiaco fantástico, mythpunk y ecofeminismo crítico

Ya sé que estamos un poco saturados de policiales nórdicos últimamente, pero... ¿qué haríamos si los seres mitológicos del folklore sueco estuviesen vivos y coleando en la actualidad? Llamar a la policía, claro, porque aquí estamos hablando de cuentos de hadas europeos antes de haber sido coloreados por Disney. Y esta es la premisa que nos proponen dos productores de publicidad, Henrik Björn y Anders Engström, en esta serie.

Ojo: Este artículo contiene spoilers moderados

Jordskott fue emitida originalmente en 2015 y se ha quedado, en mi opinión injustamente, bajo el radar. Es fácil exponer como motivo que es sueca, con actores suecos hablando en sueco, pero eso no fue impedimento para que disfrutásemos de Forbrydelsen, Borgen o El puente. Ni que las cadenas norteamericanas se lanzasen a hacer versiones patrias. Creo que tiene más que ver con el márquetin de la misma, que la define como un policial con toque fantástico. Y todos sabemos que el policial es el policial, la fantasía es la fantasía y el detective de lo oculto es otra cosa distinta de las anteriores, pero muy concreta. Un procedural con toque fantástico es algo así como el helado de chorizo, un monstruo inconcebible. O peor, un helado con rodaja de chorizo encima.

Y sin embargo, Jordskott es una serie importante para los que consideramos que el fin de una serie es el docere et delectare horaciano.

Vayamos primero con el asunto de la fusión de géneros. Los nórdicos se lo están llevando todo últimamente en el policial: desde Wallander (2008), hasta The Killing: Crónica de un asesinato (2007), pasando por las series basadas en las novelas de Camilla Läckberg, los que gustamos de la ficción criminal sabemos que lo nórdico es un valor seguro. Policías divorciados, hombres o mujeres, enfermizamente entregados a su profesión y que, por lo tanto, superan los enormes desafíos que la maldad del alma humana en su más alta expresión puede perpetrar.

Jordskott empieza exactamente como un procedural nórdico: policía divorciada y que ha perdido a su hija se especializa en estar en la primera línea de fuego como negociadora de la policía en Estocolmo, porque ese es su trabajo y su refugio también, después del desmoronamiento de su vida familiar. Y esa misma vida familiar va a ser la que la reclame cuando le comuniquen el suicidio de su padre, dueño de la empresa maderera que justifica y financia la existencia del pueblo de Silver Hight, situado enmedio del bosque homónimo. Al llegar, descubre que en el mismo pueblo en el que hace 7 años desapareció su hija ha desaparecido otro niño, y esto confirma su corazonada de que su hija fue secuestrada y no se ahogó en el lago, como reza la versión oficial. Ya tenemos la motivación del personaje y la historia montada.

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Hasta aquí todo policial, nada de chorizo en el helado. Policías armados, briefings matinales, tratar de mantener a la prensa al margen y refuerzos que llegan de la capital para enfrentarse a un caso que claramente supera a los dos o tres agentes que se dedicaban a resolver hurtos y detener a conductores borrachos. También un tema muy querido por la ficción criminal, como son las desapariciones de niños y el desgarro que eso produce en sus padres y en toda la comunidad.

Entonces, cómo entra lo fantástico, y qué tipo de fantástico. Pues entra como tiene que hacerlo, orgánicamente, permitiendo en los primeros momentos racionalizar sus manifestaciones mediante la ciencia médica, hasta que al final, digamos que ya es todo demasiado extraño. Porque no creamos que estamos ante un thriller, sino ante un misterio que se esconde en el pueblo y el bosque de Silver Hights. Y, como en un misterio clásico, se observa la regla del fair play: todo está a la vista desde el principio.

El tipo de fantástico es del subgénero conocido como mythpunk, teorizado por Catherynne M Valente, autora de la serie de relatos The orphan’s tales (2006-7) y de la novela The Girl who circumnavigated Fairyland in a Ship of her own making (2011) como una deconstrucción-revisión posmoderna de los cuentos de hadas. Dentro de este subgénero puede incluirse, además de la obra de la propia Valente, el disco de The Decemberists The hazards of love (2009), y cómics como Sandman (1989-96) de Neil Gaiman, o Promethea (1999-2005) de Alan Moore. Y Jordskott, claro, que sólo usa el género policial como cortina para que el espectador no pueda ver lo que estuvo a la vista desde el principio: que los propios árboles son los que no le dejan ver el bosque, vamos.

Sin embargo, aunque pesa más el mythpunk, resulta esencial en la trama un elemento del policial, que es el quebrantamiento de la ley, del pacto social. Porque éste es el tema: el quebrantamiento de un pacto que se remonta siglos atrás, y que ha resultado olvidado del mismo modo que la visión mágica del mundo quedó relegada por  la Ilustración.

From Palladium Fiction Jordskott: Ep5 on ITV Encore Pictured: Ylva [Vanja Blomkvist]. This photograph is (C) Palladium Fiction and can only be reproduced for editorial purposes directly in connection with the programme or event mentioned above, or ITV plc. Once made available by ITV plc Picture Desk, this photograph can be reproduced once only up until the transmission [TX] date and no reproduction fee will be charged. Any subsequent usage may incur a fee. This photograph must not be manipulated [excluding basic cropping] in a manner which alters the visual appearance of the person photographed deemed detrimental or inappropriate by ITV plc Picture Desk. This photograph must not be syndicated to any other company, publication or website, or permanently archived, without the express written permission of ITV Plc Picture Desk. Full Terms and conditions are available on the website www.itvpictures.com For further information please contact: james.hilder@itv.com / 0207 157 3052

Y es en cómo desarrolla el tema a través de los conflictos de los personajes, y en la solidez de estos mismos personajes, donde está el valor y la actualidad de la serie. Los personajes principales se ven obligados a decidir hasta dónde están dispuestos a llegar para defender a sus hijos. Y al tiempo, tienen que enfrentarse al poder de una Naturaleza que también lucha para defenderse a sí misma y a su progenie.

Estos conflictos ilustran las tesis de lo que se conoce como ecofeminismo crítico, una de las amalgamas más fructíferas entre dos pensamientos del siglo XX. Autoras como Carol Gilligan defienden la ética del cuidado frente a la ética de la justicia de Rawls, por partir ésta de una igualdad teórica y que no tiene en cuenta las diferencias entre los seres humanos. A la ética de la justicia se opone entonces el “pensamiento maternal”, y el cuidado se vuelve una forma distinta de hacer política. Entienden el cuidado (no sólo de las personas, sino de los animales y el medio ambiente del que formamos parte) como “gesto amoroso con la realidad sin el cual nada sobrevive, ya que es lo único que se opone a la entropía y, al final, a la muerte térmica”.

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Y hemos de dejar claro que el ecofeminismo del que estamos hablando no tiene que ver con la esencialización /naturalización de la mujer, que ya desmontó Simone de Beauvoir en El segundo sexo ya que, en palabras de Vandana Shiva, “el enemigo no es el varón, sino el capitalismo patriarcal del colonizador”. En este sentido, Val Plumwood deconstruye la historia de la filosofía como la construcción de un yo masculino dominador, hiperseparado de su cuerpo, de sus afectos, de las mujeres, de los demás seres vivos y de la Tierra que los sustenta. Esta visión irreal de la propia naturaleza humana, utilizada como legitimación del dominio, habría conducido a la civilización destructiva actual.

Los malos en Jodskott, como para el feminismo, no son los varones, sino el capitalismo, que pueden encarnar tanto hombres como mujeres. Y el conflicto de los principales personajes es este: aceptar el yo masculino dominador u optar por el cuidado, en este caso de sus propios hijos, tanto si son padres como si son madres.

Y los malos, como es propio del mythpunk, no son los monstruos -que sólo son diferentes- sino ese constructo antropológico del que habla Plumwood, fruto de la filosofía occidental, madre de la ciencia y de la técnica, que no duda en expropiar lo que no le pertenece para aumentar su riqueza. Así que no sé a qué esperan las cadenas que retransmiten en España para proporcionárnosla, porque sus diez episodios fueron retransmitidos en Suecia, por supuesto, pero también en el Reino Unido, Francia y Alemania, con éxito. Ahora se está preparando una segunda temporada.

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