La caza de brujas y el machismo en la industria del cine en la era post-Weinstein

Las demandas al productor Harvey Weinstein iniciaron una oleada de reivindicaciones feministas y críticas al movimiento que han sacudido el mundo cinematográfico, desde Hollywood hasta nuestro país. ¿Qué hay de cierto en el extendido temor a las denuncias falsas? ¿Es necesario seguir hablando de igualdad en cada entrega de premios?

La caza de brujas fue un hecho generalizado en Europa a comienzos de la Edad Moderna. Popularizada a través de la ficción, ahora hay voces que claman que ha regresado. Que la persecución ha vuelto. Ahora es nuestra realidad. Una que no tiene nada que ver con el mccarthismo de la década de los cincuenta y la persecución de los comunistas. En esta ocasión son ellas, las mujeres, las que dan caza a los hombres, con el objetivo de arruinar su carrera e incluso sus vidas para obtener fama a cambio.




Con esta exagerada dramatización se pone de manifiesto el pensamiento que ha resurgido con fuerza tras la oleada de denuncias por acoso sexual que se ha producido en Hollywood. Nombres relevantes de la industria han empleado la expresión para hablar de lo que creen que está sucediendo, del vacío legal que aprovechan las mujeres malvadas hasta lograr crear un clima de inseguridad, que hace que los varones tengan miedo de dar su opinión, no vayan a ser linchados públicamente. Cuando hasta Michael Haneke se apunta a denunciar esta “caza de brujas”, parece un buen momento para analizar si existe y ver qué sucede realmente con el movimiento feminista en la industria del cine.

Galas reivindicativas

¿Llevará el feminismo a unos juicios de Salem a la inversa?

Vestir de negro. Llevar un pin. Mencionar la igualdad en los discursos. La industria se ha llenado de reivindicaciones y las galas de premios son su plataforma para alardear de conciencia social, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Desde que el pasado 6 de octubre The New York Times publicara un reportaje en el que se acusaba al productor Harvey Weinstein de acoso sexual, las denuncias no han dejado de sucederse, dando también paso a una serie de protestas de carácter feminista, que reclaman el fin de los abusos y una igualdad real en el mundo del cine.

Muchas mujeres han empleado las entregas de premios como altavoz para denunciar las situaciones de acoso que han vivido a lo largo de su carrera, con la intención de criticar un sistema que permite que estos abusos se sucedan en la sombra. A raíz de esto nació la campaña #MeToo, que busca precisamente demostrar que estos casos son más comunes de lo que parece y que suceden en todos los ámbitos, solo que habitualmente son silenciados.

Desde siempre han existido rumores sobre cómo se puede ascender o conseguir un buen trabajo en el mundo del cine. Patricia Douglas, la primera mujer que denunció estos abusos en la industria, es un claro ejemplo de que, ya en sus inicios, estas prácticas estaban extendidas y eran bien conocidas en el mundillo. Por tanto, la industria siempre ha estado llena de weinsteins que aprovechaban su poder para cometer abusos de manera sistemática. Pero no son una anomalía monstruosa, sino el producto de una cultura que nació con el propio Hollywood. Por eso, la actriz y guionista Zoe Kazan se pregunta por qué no hablamos más de cómo y por qué un depredador puede seguir actuando así durante tanto tiempo.

Pero aunque estas galas alardeen de ser feministas, a la hora de la verdad los guionistas y los presentadores vuelven a ser hombres. Los Globos de Oro los presentaba Seth Meyers y de los Oscar se encargará de nuevo Jimmy Kimmel. Y en España sucede lo mismo. Por ejemplo, los Feroz quisieron visibilizar a la mujer, pero era Julián López quien presentaba, por lo que optaron por hacer que ellas entregaran todos los galardones, como si de azafatas se trataran. El caso de los Goya resulta igual de llamativo. Aunque Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes fueron la última opción, de nuevo se producía la ironía de que los hombres reivindicasen la igualdad sin darle espacio a las mujeres. Además, es curioso que, aunque el guion lo escribiesen los presentadores junto a otros tres hombres, la directora del equipo fuese una mujer cuyo nombres apenas ha sido mencionado, quedado Cristina López más invisibilizada que sus compañeros.

Joaquín Reyes y Leticia Dolera en uno de los momentos más comentados de los Goya 2018

Cansadas de guardar silencio y apoyadas por un movimiento y la voz de cientos de mujeres en la misma situación, las trabajadoras de la industria están aprovechando las expectativas que generan las entregas de premios para reclamar un cambio que consideran importante, para que así este mensaje llegue a más gente. Entonces, ¿tienen sentido estas reivindicaciones durante una entrega de premios? Como bien dice Leticia Dolera, la reivindicación feminista es una reivindicación política. Y, por tanto, parece lógico que salgan a la luz estas cuestiones en las galas, sobre todo cuando el planteamiento político siempre ha tenido un espacio fundamental en las mismas.

Las estadísticas no mienten

Las entregas de premios desencadenan comentarios en contra de estas reivindicaciones, en los que presentadores televisivos reflejan la opinión de un sector de la población cuando aseguran que no creen que sea necesario hablar de feminismo en una gala sobre cine. Pero, si nos vamos a los datos, parece innegable que se trata de una industria que está muy lejos de ser igualitaria.

En el ámbito internacional –es decir, si hablamos de Hollywood, que es quién controla el sector cinematográfico global- un estudio llevado a cabo por el Centro de Estudio de la Mujer en la Televisión y el Cine de la Universidad Estatal de San Diego asegura que las mujeres son tan solo el 18% de los trabajadores de la industria. Este porcentaje, calculado teniendo en cuenta el top de las 250 películas más exitosas de 2017, se incluye a directores, escritores, productores, editores y directores de fotografía. Además, no ha variado demasiado en los últimos veinte años. Y tampoco debemos olvidar que ellas siguen cobrando menos por realizar el mismo trabajo.

Si nos vamos a España, en 2016 los cargos de responsabilidad del sector cinematográfico estaban conformados en un 74% por hombres, mientras que el último estudio de la Asociación de Mujeres Cineastas y Medios Audiovisuales (CIMA) muestra que en 2017 la situación empeoró con respecto al año anterior pues, por ejemplo, las mujeres directoras pasaron de representar el 16% al 7%. Otro dato interesante es que históricamente ellas han trabajado con menos dinero que sus compañeros para realizar sus proyectos. Además, en los premios Goya solo el 36% de los galardones los obtuvieron mujeres, que no fueron nominadas en 9 de las 22 categorías.

Carla Simón recogiendo su Goya a Mejor dirección novel por Estiu 1993

Por supuesto, habrá quién opine que esto se debe a que los trabajos hechos por mujeres no alcanzan la misma calidad que los realizados por hombres y, por eso, son menos contratadas y premiadas. Pero, remitiéndonos de nuevo a los informes de CIMA, se aprecian distintos aspectos discriminatorios que hacen que las mujeres tengan barreras de acceso a puestos de liderazgo y a la obtención de apoyo económico, además de una falta de modelos de referencia.

Los hombres que no creían a las mujeres

La actriz Sharon Stone llegó a asegurar que “lo ha visto todo” en sus cuarenta años dentro del sector. No es la única, pues las cifras indican que son muchas las mujeres de Hollywood que han sufrido algún tipo de acoso sexual. Así lo demuestran los diversos testimonios englobados bajo el hashtag #MeToo: Debra Messing, Anna Paquin, Reese Witherspoon, Patricia ArquetteLa lista es larga y en ella encontramos historias diversas, que han acabado implicando a distintos hombres, como el ex-director de Amazon Roy Price o el productor Brett Ratner. Esto ha propiciado que se creen guías para combatir estas actitudes dentro de los sets de rodaje. Aunque sea algo positivo, no es suficiente, ya que aceptar las indicaciones de The Producers Guild of America (PGA) es voluntario y no tiene implicaciones legales. También ha hecho que surja la iniciativa Time’s Up, creada por 300 mujeres de la industria para acabar con el acoso sistemático en el sector y en el espacio de trabajo en general, donde el 48% de las trabajadoras asegura haber experimentado algún tipo de acoso según una encuesta de NCB News.

Mientras, en Reino Unido, a pesar de que el 53% de las mujeres y el 20% de los hombres aseguran haberse sentidos acosados alguna vez en su trabajo, no se han producido muchas denuncias en el terreno audiovisual. A pesar de todo, se está poniendo en marcha un proyecto que asiente las bases para prevenir el acoso sexual en la industria del entretenimiento. Este plan ha sido defendido por Emma Watson, que reconoce “sorprendida” que antes no había ningún tipo de protocolo para actuar ante estos casos. Otros países vecinos también se están sumando a las protestas, como Italia, donde más de 120 actrices y directoras han denunciado situaciones de abusos.

En España ya se están denunciando los primeros casos, de momento sin nombres. Pero esos abusos existen aquí igual que en Hollywood. Con el objetivo de luchar contra ellos nació La Caja de Pandora, un espacio de sororidad para artistas que en su manifiesto afirma que “este tipo de agresiones y abusos se realizan con normalidad en todas las situaciones de la vida” y en “el sector de la cultura, de una manera muy específica”. Además, asegura que en muchos casos son silenciadas “en situaciones de agresión por temor” a que su voz no sea escuchada, pero sí “descalificada, menospreciada y tachada de falsedad”. Y es que el proceso para denunciar es  complicado.

En cuanto a las víctimas, su testimonio sigue siendo cuestionado. “¿Por qué iba a una mujer a arriesgar su carrera denunciando falsamente?” se preguntan unos, mientras otros enarbolan la expresión de la caza de brujas. Es posible que el problema sea que es difícil aceptar que existan tantos casos, porque cuando empiezas a señalar todos parece casi increíble que haya tantos hombres implicados. Y que las mujeres empiecen a hablar de los abusos que han sufrido es una amenaza porque tambalea el sistema y hasta nuestras propias creencias. También la prensa tiene una responsabilidad en cómo atiende a estas víctimas, que deberían ser escuchadas y tratadas con respeto por encima de la búsqueda del clickbait, para evitar que sean hostigadas por no denunciar (o no haberlo hecho antes), pues eso es disfrazar de solidaridad la mera búsqueda de carroña.

Así, mientras hay escritores que hablan de barra libre de denuncias, los datos dicen algo muy distinto. Deberíamos tener claro que denunciar el acoso vivido no es una moda, sino que la “moda” hasta el momento había sido guardar silencio y entender como normales una serie de abusos que no deberían serlos. En este punto tampoco debemos olvidar que, mientras que un hombre puede sentir miedo de ser falsamente denunciado por una mujer, lo que las mujeres temen es ser violadas o asesinadas. Por eso no se trata simplemente de a quién decidimos creer, si al supuesto agresor o a la víctima, sino de quién consideramos que debería tener el beneficio de la duda y por qué.

 

El fin del erotismo

Hay quiénes auguran que las denuncias –y, por ende, el feminismo- están poniendo fin a la galantería, como es el caso de Catherine Deneuve y otras intelectuales francesas, que aseguran que las denuncias por acoso “acaban con la libertad sexual” y “la galantería, o de Haneke, que considera que esto amenaza al erotismo. ¿Es cierto? No lo parece, pues estamos viviendo la era más pedagógica sobre la sexualidad femenina y en la que el puritanismo ha perdido el poder mediático que ostentó en el pasado. Quizá se trate de una confusión de conceptos, de quienes entienden la violación como algo sensual, sin pararse a reflexionar que suelen ser ellas las violadas, siendo este un recurso que romantiza esta violencia sexual y sostiene la cultura de la violación. Es decir, que quién considera que el feminismo va a acabar con el erotismo en el cine no ha entendido nada .

Además, en España un trabajo del Departamento de Socios de AISGE demuestra que los personajes femeninos de nuestro cine son tan solo el 37,8%, es decir, que hay 3 mujeres por cada 5 hombres, y que esta diferencia aumenta si nos centramos en los papeles protagonistas. En Hollywood la cosa tampoco varía mucho, pues tras estudiar 900 trabajos estrenados entre 2007 y 2016, la Universidad del Sur de California afirma que solo un 31,4% de los personajes que aparecen en ellas son mujeres que pronuncian alguna frase. En palabras de Jessica Chastain: “Las mujeres históricamente han recibido papeles en los que ayudaban a los hombres a triunfar en lo suyo, pero se les ha negado la oportunidad de relatar sus propios caminos“. Keira Knightley afirmaba recientemente que no hace película ambientadas en la actualidad porque siempre encuentra “algo desagradable en cómo son representadas las mujeres actuales, mientras que Alicia Vikander considera que queda mucho que hacer dentro y fuera de la pantalla, pues ha trabajado con pocas mujeres detrás de las cámaras y en sus últimos filmes como protagonista no ha tenido ni una escena con otro personaje femenino. Así, parece evidente que existe un problema de representación femenina, como demuestran distintas herramientas que evidencian el sexismo en el cine. Por eso, esta reivindicación feminista que está tan presente tras las cámaras, también la encontramos dentro de las películas, donde los roles asociados comúnmente a las mujeres deben ser revisados.

¿Dónde está el límite entre autor y obra?

Por último, pero no por ello menos importante, queda por examinar qué debemos hacer con las obras de artistas que han sido denunciados por acoso sexual. Es decir, el manido debate sobre separar autor y obra.

Son muchos los puntos de vista que se pueden adoptar al respecto. Por ejemplo, podemos preguntarnos si la obra de un artista puede ser apreciada de manera independiente con respecto a la consideración de su conducta. O si existe una responsabilidad moral en el mundo del arte. Pero, en este caso, parece importante adoptar una perspectiva temporal. Es decir, ser conscientes de que no es lo mismo consumir y defender el legado artístico de un cineasta reciente al de alguien ya fallecido, por el simple motivo de que uno, por estar muerto, no se beneficia de ello y el otro, sin embargo, sí. Como explica la periodista Hannah Jane Parkinson, existe una diferencia entre seguir sustentando a un artista y apreciar su trabajo pasado. En el Festival de Berlín lo han tenido en cuenta, pues su director Dieter Kosslick ha reconocido que han renunciado a películas en las que “alguna de las personas implicadas reconocieron haber cometido los actos de los que se les acusaban”.

Alfred Hitchcock: Genio del cine y acosador de mujeres muerto

Esto lleva a que haya quienes señalen que corremos el peligro de acusar falsamente a inocentes. Y es cierto. Pero, de nuevo, si nos vamos a los datos, parece poco probable, pues por ejemplo en España la Memoria de la Fiscalía de 2016 indica que el Ministerio Público no probó ni una sola denuncia falsa por violencia de género ese año y que en los últimos ocho años solo en un 0,0075 % de los casos hubo sentencias por denuncia falsa. Además, quienes esgrimen estos argumentos afirman que la carrera de estos hombres ha sido destruida, así como su vida. Sin embargo, ninguno de los acusados por movimientos como el #MeToo ha sido condenado por sus delitos hasta el momento, ni tampoco les han dado la razón en un tribunal por lo contrario. Johnny Depp –que fue acusado de maltrato por su expareja Amber Heard y hasta sus mánager confirmaron que este se produjo– o Roman Polanskiacusado de abusos a menores y pederasta demostrado por un juzgado, motivo por el que no puede entrar en Estados Unidos- siguen trabajando y gozando de prestigio. James Franco quizá se haya quedado sin nominación al Oscar tras las diversas denuncias recibidas, pero no parece que eso vaya a afectar más a su carrera, pues continuará en la segunda temporada de The Deuce (2017-). Cassey Affleck obtuvo su estatuilla en 2016 a pesar de todo. Y veremos qué sucede con Kevin Spacey de aquí a unos meses.

Por tanto, el límite está donde uno quiera ponerlo. Es una tarea individual reflexionar sobre estas cuestiones y decidir en qué invertimos nuestro dinero o qué anteponemos. Pero debemos ser conscientes de que apoyar la obra de quienes cometen este tipo de abusos es apoyar sus actitudes. Así, señalar a los agresores y marginar sus productos para evitar que sigan trabajando sin consecuencias es un acto de protesta y una crítica más contra una industria que permite que este tipo de actitudes salgan impunes.

Furiosa se enfrenta a un sistema que perpetúa el abuso contra las mujeres

Hablar de una caza de brujas debe hacernos reflexionar sobre las implicaciones que esta expresión esconde. ¿Por qué es más fácil demonizar a las feministas que denunciar al sistema? ¿Por qué se cuestionan datos oficiales? ¿Por qué desconfiar de la víctima en vez de preguntarse cómo hemos llegado hasta este punto?

Quizá la dramatización inicial de este texto no era tan exagerada y refleje mejor de lo que parece el pensamiento de un sector de la población, que opina que esa caza es real, que las brujas existen y que son un peligro inminente contra el que luchar. Precisamente eso debería indicarnos que movimientos como el #MeToo son necesarios para poner de manifiesto los abusos que existen y la desigualdad de la mujer dentro de una industria –y una sociedad- que prefiere silenciar sus voces a atacar el verdadero problema de raíz. Por suerte, el feminismo parece haber irrumpido con más fuerza que nunca, entrando en el mundo del cine para quedarse y, a la vez, extender su revolución a otros ámbitos de la vida.

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