‘La liga de los hombres extraordinarios’ de Moore y O’Neill: cartografiando la cultura popular

El primer ejemplar de La liga de los hombres extraordinarios de Alan Moore apareció en enero de 1999. La recopilación de The Tempest, el cuarto volumen de sus hombres extraordinarios apareció a finales de 2019. Entre medias, veinte años de historias de un trabajo que arrancó aparentemente como una obra menor y lúdica dentro de la obra del autor inglés y que en conjunto, la sitúa como su obra total e hito de la historia del medio.

En enero de 1999 aparecía en las librerías estadounidenses el primer ejemplar de La liga de los hombres extraordinarios. La primera de una nueva línea de cinco series regulares (LOEG, Tom Strong, Promethea, Top Ten y Tomorrow Stories) que traían de vuelta a Alan Moore a la primera línea del cómic mainstream de calidad tras unos extraños años noventa. Si en los ochenta Moore había redefinido el tebeo americano (en especial el de superhéroes), gracias a trabajos tan importantes e influyentes para la historia del medio como V de Vendetta, La cosa del pantano, Watchmen o Batman: La broma asesina, los años noventa habían escindido a Alan Moore en dos facetas claramente antagónicas.

En primer lugar, su vena más experimental, que derivó en una infinidad de proyectos cancelados e inacabados, motivado por la quiebra de muchas de las editoriales independientes, caso de Tundra, con la que realizó Brought to Light y Big Numbers o la revista Taboode su amigo y colaborador Steve Bissette– donde comenzó a serializar From Hell o Lost Girls, que acabaron siendo publicadas en su totalidad casi una década después del inicio de su accidentada publicación. En segundo lugar, trabajos alimenticios e intrínsecamente comerciales para Image Comics, desde sus colaboraciones a golpe de talonario con Todd McFarlane y su universo Spawn, a las redefiniciones de los universos clónicos de Jim Lee (Wildstorm Studios) y Rob Liefeld (Awesome/Extreme Studios). 

Brought to Light

Si sus trabajos menos comerciales de la década de los noventa pudieron ser disfrutados de manera masiva entre finales de esa década (From Hell) y mediados de la primera del siglo XXI (Lost Girls), muchos de ellos no traspasaron fronteras (Brought to Light, Big Numbers). Los realizados para Image Comics dentro del terreno del género de los superhéroes -que sí tuvieron una amplia difusión- eran muy superiores a sus homólogos contemporáneos, pero estaban a años luz de los trabajos con los que el autor había enamorado a toda una generación una década antes. Moore necesitaba volver a colocarse en la primera línea del mercado editorial, por lo que decidió que su regreso al mainstream bajo el sello America’s Best Comics sería bajo el amparo de Wildstorm Studios de Jim Lee, que se acababa de escindir de Image Comics y sin el conocimiento de Moore, iba a integrarse dentro de la estructura editorial de DC Comics.

La liga de los hombres extraordinarios vol. 1 y vol. 2: la densidad de lo liviano

La primera miniserie de La liga de los hombres extraordinarios trajo de vuelta al mejor Alan Moore. Una obra que reinterpretaba a los protagonistas más destacados de la novela victoriana y el pre-pulp, junto al estilo deconstruccionista y las formas estructuradas de Watchmen. La diferencia: que donde en Watchmen todo era trascendencia y solemnidad, junto a unas ganas de epatar que iban de la mano con la intensidad y potencia del trabajo, aquí todo estaba revestido de un espíritu lúdico que era realzado por el arte de Kevin O’Neill. Una decisión artística que subrayaba la idea de no tomarse tan en serio a si mismo, ya que O’Neill, junto a Pat Mills, había creado en paralelo al Watchmen de Moore y Gibbons, Marshal Law. Una sátira cínica y punzante del género de superhéroes -precursora de los trabajos de autores posteriores como Mark Millar, Warren Ellis o Brian Michael Bendis– que denunciaba lo mismo que Watchmen, pero desde la irreverencia, la sátira y el exceso.

Ese espíritu irreverente y lúdico se deja ver desde las primera viñetas de LOEG. La interpretación de Moore y O’Neill de los protagonistas de obras clásicas como Drácula de Bram Stoker, El hombre invisible de H.G.Wells, El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde de Robert Louis Stevenson o las novelas de Allan Quatermain de Haggard trae de vuelta la mirada cínica y desolada de sus superhéroes vaciados de motivaciones. Pero lo hace a partir de una representación gráfica tan hipermagnificadamente detallista -el arte de O’Neill es tan atmosférico como perverso y gamberro- como de una narrativa lineal a la que le son ajenas tanto los juegos de diversas voces narrativas propias de Moore como su deconstrucción temporal del relato. En contraposición, lo que la obra entrega es un relato de aventuras para adultos, tan ligera y de fácil acceso y disfrute en su aspecto exterior, como complejo tanto en su aspecto formal como en el discurso que subyace en su interior.

Dicho discurso comienza a vislumbrarse a partir de los complementos que acompañan a cada ejemplar del relato seriado. Un relato pulp en prosa, ilustrado también por O’Neill, que se convierte en facsímil de los relatos originales de las revistas pulp de donde provienen originalmente gran parte de los personajes y fuente de inspiración originaria de la obra. Un complemento que trae al recuerdo los apéndices que acompañaban cada ejemplar de Watchmen y que dotan de un mayor contexto y profundidad al relato gráfico. Por una parte, sirve para aportar un mayor background a la historia, pero también le sirve a Moore para demostrar su discurso acerca de la imposibilidad de trasladar el lenguaje y el formato del comic a cualquier otro medio. Algo que desarrollará mucho más allá en posteriores trabajos centrados en la LOEG.

La secuela, aparecida tres años después de la finalización de la primera parte, continúa el concepto de su exitosa primera entrega. Una nueva aventura de este mash-up/fan fiction de los personajes que sirvieron como padres de los héroes de la cultura popular del siglo XX. Si la primera entrega aunaba un conjunto de personajes de distintos autores y estilos, consiguiendo integrar en un mismo tono los universos de Stoker, Stevenson, Wells, Verne, Haggard o Conan Doyle, junto a universos no coincidentes en el tiempo como las novelas de James Bond de Ian Fleming o historias eróticas y pornográficas pretéritas, como el conjunto de relatos de Rosa Coote escritos por William Dugdale -sin que en ningún momento parezca que todos estos elementos pertenezcan a distintas fuentes- en su secuela, Moore y O’Neill suben las apuestas reinterpretando una obra en concreto: La guerra de los mundos de H.G. Wells.

Secuela directa en el tiempo de su primera entrega, la segunda miniserie de La Liga aparentemente no aporta ninguna novedad a lo ya conseguido. Aparentemente, porque hay que mirar la obra más allá de su sencilla narrativa e indagar en aquello que anida en el interior de las viñetas. En primer lugar, la exploración de la sexualidad de una manera más explícita -la relación sentimental y sexual entre Mina Harker y Allan Quatermain- que posteriormente será un elemento clave de la forma y el fondo del serial con la llegada del inmortal de género cambiante Orlando. Un tratamiento del sexo que trae a la orilla del mainstream los temas de uno de los trabajos más arriesgados y memorables del autor: Lost Girls, junto a su pareja y dibujante Melinda Gebbie. Un ejercicio que al igual que sus Hombres extraordinarios, remezcla y fusiona personajes de la cultura y la ficción, para ofrecer un discurso propio -esta vez centrado en el erotismo y la sexualidad- sirviendo de compendio de las obsesiones e intereses de Alan Moore.

A su vez, la secuela del serial integra de nuevo un complemento que va mucho más allá del relato seriado del pasado de Quatermain. Un atlas cartográfico del universo en el que transcurren los relatos de la Liga. Si en la primera miniserie e incluso en el relato gráfico de la segunda entrega, las menciones, fusiones y uniones de distintos elementos y personajes de la cultura popular parecía no ir más allá de la anécdota, del juego, del descubrimiento y la demostración de que Moore y O’Neill conocen muy bien el material en el que se inspiran y basan, este denso documento muestra las verdaderas intenciones del autor, tanto con el serial como con su manera de entender el medio. Crear una obra total que homenajea e integra todos y cada uno de los universos de ficción creados y, a su vez, demostrar que el medio y el formato del cómic no puede ser trasladado a otros lenguajes sin perder parte de su alma en el proceso.

La liga de los hombres extraordinarios – Dossier Negro: reconstruyendo y ampliando las formas del cómic-book

En 2008, Moore y O’Neill hicieron saltar por los aires lo que lectores e industria creían que era su revisión de los clásicos de la era victoriana con la publicación de La liga de los hombres extraordinarios: Dossier Negro. En un primer momento, Moore quería realizar una especie de sourcebook, un catálogo de fichas al estilo del Oficial Handbook of the Marvel Universe o el Who’s Who de DC Comics, que ofreciera un background de acontecimientos, personajes y lugares que eran meramente mencionados en los relatos gráficos, pero que no estaban integrados en la historia central. Pero para Moore, un mero libro de fichas era algo demasiado aburrido y poco creativo. De ese germen nació lo que sería el eje y trabajo fundamental que reinterpretaría los volúmenes previos y daría alas a lo que sería el futuro de los Hombres extraordinarios.

Publicado en formato de novela gráfica, Dossier Negro fue la última obra de La liga de los hombres extraordinarios en aparecer bajo el sello Wildstorm/DC Comics, debido a problemas de índole creativa y la sensación de Moore de que Jim Lee no había sido del todo sincero cuando le ocultó que el sello Wildstorm iba a estar dentro de DC Comics. Gracias a que de toda la línea ABC, Moore retuviera los derechos de publicación de los Hombres Extraordinarios, le permitió publicar de ahí en adelante el resto de volúmenes de la obra bajo el sello Top Shelf.

Dossier negro es una novela gráfica donde el relato secuencial -lugar donde la narración salta de finales del siglo XIX a mediados de los años cincuenta del siglo XX- le sirve a Moore como pegamento y eje de unión de una obra donde la multiplicidad de formatos, texturas y estilos es su razón de ser. Émulo y facsímil en el mundo real del documento que Mina y Allan tienen en la ficción, le sirve al autor para demostrar de nuevo la conexión entre lo ficticio y lo real, donde las barreras entre mundos son endebles, y también como ejercicio formal y estilístico, donde la narración gráfica y el lector se detienen y conocen en el mismo instante los acontecimientos del pasado que conforman y definen el destino pasado, presente y futuro de los actores del drama de la ficción.

En su interior podemos encontrar un conjunto de maravillosos juegos formales, donde Moore nos presenta un conjunto de documentos oficiales en falso formato facsímil -desde obras apócrifas de Shakespeare, grabados pretéritos bajo las formas de sunday comic strips, biblias de tijuana- integradas orgánicamente, tanto en forma como fondo dentro de la obra física y la narrativa de ficción, conformando uno de los trabajos más importantes y peculiares de toda la obra del autor. Un trabajo que aúna todos los intereses -tanto discursivos como artísticos- del autor y que a su vez transforma en el proceso la aparente sencillez y linealidad de los dos volúmenes precedentes. Porque este Dossier Negro le pide un plus de atención e implicación al lector. Ya no es un relato lineal, una aventura seriada, sino una inabarcable historia del mundo de la ficción, que salta adelante y detrás del tiempo, reinterpretando lo narrado y leído previamente, transformando aquello que el lector creía y pidiéndole un salto de fe hacia un futuro aún más prometedor, complejo y profundo de lo que aparentaban sus dos primeras y más accesibles entregas.

Trilogía Century y Nemo: aparente regreso a la sencillez de los inicios

Tras la complejidad revulsiva que significó Dossier Negro y su accidentada publicación -debido a su interpretación del personaje de James Bond, la novela gráfica tuvo problemas para ser editada fuera del territorio norteamericano- más la marcha de Moore del sello Wildstorm con sus Hombres extraordinarios bajo el brazo, la obra recayó en el sello independiente Top Shelf, lugar donde Moore ha podido editar con verdadero mimo trabajos tan personales y queridos por el autor como From Hell o Lost Girls. Un sello editorial que iba a proteger y mimar a Moore y que no iba a ponerle ningún tipo de cortapisas al creador.

Lo que sería el tercer volumen oficial de La liga de los hombres extraordinarios, titulado Century, acabaría como una trilogía de tres novelas gráficas/especiales, que recorrerían un siglo de existencia, siendo las tres fechas elegidas para los tres especiales 1910, 1969 y 2009. Moore y O’Neill volvían a las formas más aparentemente convencionales de las dos primeras miniseries y los tres especiales recuperaban, en consecuencia el formato conformado por el relato gráfico y un complemento en forma de pulp de la primera miniserie.

1910

Pero si las formas superficiales traían de vuelta la narrativa lineal y tradicional de los orígenes del serial, Moore introducía la complejidad de sus complementos previos en particular y la densidad del Dossier Negro en general. Un relato en tres partes, distanciado en el tiempo, pero unido por ecos y reverberaciones de un volumen al otro, trayendo al recuerdo los experimentos estructurales y temporales de trabajos previos, en especial Watchmen y From Hell.

Si los tres volúmenes anteriores de este supergrupo pretérito y a la vez eterno reintroducía y ahondaba en conceptos de trabajos previos del autor como el mencionado Watchmen, las atmósferas de la Inglaterra de luz de gas de su From Hell junto a Eddie Campbell -potenciado por el arte de un Kevin O’Neill que se convertía en una magnificación caricaturesca del trazo de Eddie Campbell- aquí Moore dilata el último acto de su Dossier Negro -el fragmento en 3D del mismo- para desarrollar su querencia e interés por la magia. Una magia que traspasa las fronteras entre lo real y lo ficticio, entre el mundo de las viñetas y la realidad del lector, convirtiéndose en el centro de la trilogía Century.

1969

Así, la magia y el satanismo se convierten en elementos de unión de tres relatos tan independientes como complementarios. De la sensación confortable del deja vú victoriano de 1910 -que devuelve a los lectores los ambientes y el tono familiar de los dos primeros volúmenes- da paso al salto sin pértiga que es 1969, donde aúna el auge del pop-rock y la resaca de la psicodelia de dicha década, aunándola con su relación con el auge de figuras reales y ficticias, de Charles Manson y Aleister Crowley, a la novelista Ira Levin, el director Roman Polanski o el vocalista de los Rolling Stones, Mick Jagger. Un alegato sobre la devaluación de las artes populares y la gentrificación y corporativismo de una expresión artística que hasta el momento se encontraba en los márgenes de la industria. Un elemento que explotará en su trabajo más visceral y punk hasta la fecha: 2009.

2009 devuelve a Moore y O’Neill a inicios tan antisistema y atrevidos como sus trabajos primigenios en el magazine anglosajón 2000 AD. Un tebeo tan perfectamente construido en su estructura interna -perfectamente encauzado en lo que vino y está por venir- como externamente crudo y aparentemente desastrado. Todo ello para que Moore pueda denunciar la vulgarización de la cultura popular y el hastío social, político y anímico de los tiempos contemporáneos. Englobando este discurso en una figura que para Moore representa el que es el verdadero anticristo de la cultura popular y ejemplo perfecto del producto manufacturado y perfectamente orquestado: Harry Potter de J.K. Rowling.

Corazón de hielo

Moore introduce sin jerarquizar en ese tapiz infinito que es el universo de La liga de los hombres extraordinarios a Harry Potter y su elenco, que no tienen lugar dentro de su ficción más allá que con el propósito de infectar el ecosistema de lo que se ha ido conformando como el universo de la fantasía y la imaginación. Moore coloca en su infinito lienzo, mitologías del pasado, novelas eróticas y pornográficas, relatos de aventuras, terror y misterio, junto con el noir y el pulp de los 30 a los 50, los universos superheroicos originarios, seriales televisivos como Los Vengadores o Twin Peaks… Todos ellos, obras salidas de la imaginación de autores y mentes individuales, extremos opuestos a las creaciones ficcionales de las últimas décadas, causa de los males que afectan a la industria del entretenimiento.

Finalizado este trío de relatos, tan ligeros en su superficie, como profundamente personales en el discurso que recorre el largo y ancho de sus páginas, Moore entrega una suerte de spin-off de la saga, tan independiente del relato principal, como complemento fundamental de su relato-río y punto de partida para disfrutar en su totalidad lo que será The Tempest, el clímax final de la obra. Su título, La trilogía de Nemo, está conformada por Corazón de hielo, Las rosas de Berlín y Río de fantasmas. Tres historias que recorren la historia de la hija del capitán Nemo (presentada en sociedad en 1910) y que le sirve a Moore y O’Neill para introducir nuevos sabores a la receta. En concreto, la obra de Lovecraft en Corazón de hielo, el cine expresionista alemán en Las rosas de Berlín (fastuoso ejercicio con todos y cada uno de los clásicos cinematográficos del cine alemán de los años veinte) y la iconografía y temáticas de las ilustraciones de los men’s magazines y el cine exploitation de los sesenta y setenta en Río de fantasmas.

The Tempest: el alfa y el omega de La liga de los hombres extraordinarios y la obra de Alan Moore

Tras el aparente impasse que fue la trilogía de Nemo, Alan Moore decidió que su obra final en el mundo del cómic sería el remate y cierre definitivo de un relato que comenzó como un juguete, una obra menor, pero que pasado el tiempo, tanto autor como lectores han acabado comprobando que podría situarse, si no como la mejor obra de su autor, sí como el trabajo que mejor define y resume las inquietudes, intereses y temáticas que el autor inglés lleva desgranando desde finales de los años setenta. Porque The Tempest sirve tanto como colofón de un relato que comenzó en formato comic-book en enero de 1999 como del conjunto de su obra.

En The Tempest -miniserie de seis ejemplares que devuelve a la obra al formato y las formas de sus orígenes- Moore introduce el único elemento que faltaba dentro de sus grandes temas: los superhéroes. Tanta es su importancia en este relato final, que el complemento habitual de cada volumen de esta odisea en cuatricomía -los relatos pulp seriados que aportaban nuevos significados e información a lo plasmado en las viñetas- dan paso a un émulo de comic-book de la Silver Age. Un ejercicio que parece una reinterpretación y evolución magnificada de uno de los trabajos más interesantes y menos conocidos de la obra de Moore: 1963.

The Tempest

1963 fue una miniserie de seis ejemplares que desarrollaron Alan Moore y Rick Veitch para una recién nacida Image Comics, en el año 1993. El tebeo adoptaba las formas de un cómic Marvel de los años sesenta, donde Moore y Veitch se reconvertían en sosias de Stan Lee y Jack Kirby, para entregar tanto un sentido homenaje a una forma de hacer tebeos que había desaparecido en pos de los hipervitaminados y efectistas tebeos de los noventa -de los que los fundadores de Image tenían una gran culpa- como además una revisión, a partir de sus propias armas, de todo aquello que escondían en su interior esos tebeos de aparente inocencia y bondad. La obra -nunca publicada fuera de su país de origen- debía culminar con un one-shot donde los personajes de Moore se encontrarían con los personajes originarios de Image Comics. Los problemas internos del conjunto de Image provocó que dicho especial nunca viera la luz, dejando la obra inconclusa e incompleta. La evolución de ese trabajo incompleto es este The Tempest.

The Tempest es quizá el volumen con la estructura más compleja de La liga de los hombres extraordinarios desde Dossier Negro. La diferencia estaba en que donde en Dossier negro el mundo del cómic se integraba en otros medios narrativos como el poema, la obra teatral o la novela y el ensayo, The Tempest integra toda la historia del medio de la narrativa gráfica y su multiplicidad de formatos y estilos a lo largo y ancho de seis ejemplares.

The Tempest

De la comic-strip al tebeo de la Silver Age, de la fotonovela a la tira dominical, del recortable a los experimentos narrativos del Jim Steranko de Red Tide, de la parodia de la revista MAD al Little Nemo de Windsor McKay. Todo cabe dentro de este homenaje sentido al arte secuencial, incluso una página de correo ficticia, salida ya de ese 1963 inacabado. Todo ello acrecentado por un Kevin O’Neill inconmensurable, que es capaz de adaptar su estilo a las necesidades estilísticas de cada página de guion de Moore. Una integración formal que gracias a la habilidad de Moore no se convierte en un elemento distractor o meramente decorativo del relato que quiere contar, sino que es capaz de hacer progresar y potenciar lo narrado a partir de una infinidad de elementos y formas antagónicas que convierten a este The Tempest en el übercomic

Un experimento que ahonda en todas y cada una de las innovaciones que Moore ha ido introduciendo a lo largo de toda su obra y carrera, sirviendo como testimonio físico del discurso de Moore y su rotundidad al afirmar que el medio de la narrativa gráfica, del arte secuencial, es un arte tan plural, complejo e inimitable que su traslación a otros lenguajes audiovisuales -en especial el cine- solo puede derivar en el fracaso y en el mejor de los casos, en una mutilación de sus capacidades expresivas. La liga de los hombres extraordinarios en su conjunto, y en especial Dossier Negro y The Tempest, demuestran y abren caminos de exploración que son solo la punta del iceberg de lo que se puede lograr en el mundo del cómic. Solo hace falta que existan autores tan capaces, valientes y revolucionarios como Alan Moore para seguir llevando al cómic a nuevas cotas de excelencia.

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad