La magia de Francisco Paesa: una historia secreta de España

Aprovechando el estreno de la  última película de Alberto Rodríguez, El hombre de las mil caras, en CANINO decidimos releer nuestro pasado español, tan cargado de nebulosas que sólo pueden explicarse con el uso de la magia. Fijándonos en la casi sobrenatural figura de Francisco Paesa, le damos un buen repaso a la historia de nuestro país, desde las últimas décadas de Franco pasando por la Transición y nuestro presente más inmediato: la CIA, la Red Gladio, los GAL...Todas las conspiraciones, unidas por un sólo hombre: el espía de las mil caras.

Francisco Paesa empieza a practicar magia con sólo doce años, en el colegio de maristas de San José. Corre el año 1948, el verano en el que Francisco Alegre   recorre las emisoras de radio. Paquito perfecciona sus trucos y antes de que termine el curso ya tiene metidos en el bolsillo a todos los estudiantes de los cursos superiores, que le atosigan en el patio para comprarle cigarros Chester. Nadie sabe cómo consigue los paquetes, pero los consigue. Los hermanos mayores tratan de interrogar a sus amigos, pero Francisco Paesa no tiene amigos. Ni ahora ni nunca.

A los catorce años lo echan de los Maristas: al parecer, tres relojes de oro desaparecen y muchos de sus compañeros lo señalan como culpable. Como resultado Paesa se pasa el fin de su infancia subiendo y bajando la calle Eguilaz donde vive con sus padres. Muchos de sus excompañeros de clase lo ven a las tres de la tarde, cargado con la red verde de la compra. Sin embargo, años después lo reconocen en el Jockey, ese restaurante que frecuentan Frank Sinatra y el sha de Persia en sus visitas a España. Sus compañeros se preguntan cómo puede permitirse ese nivel de vida, pero los más cercanos a él ya tienen la respuesta: Paco es un mago disfrazado de madrileño corriente.

Le aconsejan estudiar Ingeniería Agrónoma. Francisco asiste a la academia para preparar el ingreso, pero abandona la carrera después del primer año. Empieza a vender libros de puerta en puerta. Enciclopedias y grandes clásicos. Es el que más vende, gracias al uso hipnótico de su voz, propia de un encantador de serpientes.

En la costa de Alicante conoce a la que será su primera mujer, Françoise Dubois, una francesa aún más joven que él. En ese verano del amor (y también de El Emigrante de Juan Valderrama) Paesa configura un ambicioso plan: una cadena de heladerías de última generación, de diseño moderno e innovador, por toda la costa levantina, desde el sur de Alicante hasta Valencia. Sin embargo, un par de inversores lo dejan tirado en el último momento. Herido de orgullo, Francisco decide que  nadie más volverá a reírse en su cara. En su búsqueda termina abandonado a Françoise. Nunca llegará a conocer a la hija que lleva en su vientre.

Magia avanzada

La magia es sólo una tecnología avanzada que no logramos entender, ¿no es eso lo que dicen? Así pues, Francisco empieza a estudiar. Se le ve en las librerías de Arenal adquiriendo volúmenes antiguos, manuscritos extraños escritos en lenguas desconocidas. Novelas de ciencia-ficción. Francisco crea entonces una compañía de electrónica, Agromatic. Gracias a la intervención de su buen amigo Luis Medina, Paesa logra ofrecer a un gran almacén de moda en la capital, El Corte Inglés, un elaborado sistema de compras.

En lugar de ir a la tienda, le explica un entusiasta Francisco Paesa, las amas de casa podrán realizar las compras desde su casa, mediante unos sofisticados aparatos conocidos como ordenadores, donde podrán ver y seleccionar los productos que deseen, e incluso emitir la factura. El director de El Corte Inglés rechaza la propuesta: “a las amas de casa les gusta tocar la mercancía”, le explica de forma casi paternalista.

De nuevo en la estacada, Paco maldice el país de analfabetos que le ha tocado vivir y entra en una depresión. Luis Media decide echarle una mano y le hace hueco en sus oficinas en Príncipe de Vergara. Decidido a no rendirse, Francisco Paesa vuelve a sus libros. Se percata de que el turismo cada vez es mayor en España, y profetiza que muy pronto los aburridos pueblos de pescadores acabarán convertidos en espacios codiciados por las empresas de construcción. Sin embargo, tras tantear el terreno Paco se decide a invertir en el negocio de exportación.

Justo la noche antes de que salga el primer envío se produce un incendio en la nave industrial donde tenía la mercancía. La aseguradora se niega a pagar el siniestro e insinúa que (sorpresa) el incendio pudo haber sido provocado. Pero no había nadie en los alrededores del polígono, así que a menos que alguien se hiciera invisible es imposible que ardieran solos. Francisco Paesa gana el pleito y doce millones de pesetas. Con el dinero a mano, se compra un coche y piensa a dónde dirigirse. Y entonces llega lo de Guinea Ecuatorial.

Guinea Ecuatorial

1968. El 12 de Octubre, el Día de la Raza, el gobierno español cede el control de la colonia de Guinea Ecuatorial a Francisco Macías. Con la colonia en su poder, Francisco Macías decide apoyar al comunismo estalinista. Francisco Paesa aparece en la colonia pocas semanas después. Nadie sabe cómo ha llegado ahí, es casi como una aparición. Lo ven caminando por el puerto, como un turista perdido, aunque de nuevo las apariencias engañan. Con una buena cartera de contactos fantasma debajo del brazo Paesa elabora una complicada red para crear el Banco Nacional de Guinea Ecuatorial.

Macías empieza a escuchar a algunos consejeros que no ven con buenos ojos que Paesa sea el único responsable de la emisión de moneda del país. Cuidado, Macías, algunos dicen que tienen contacto con los hermanos Kray y el resto de gánsteres de Londres. Dicen que lo llaman The Fox, Macías. Ándate con ojo. Hay viejos que se santiguan a su paso. Pero cuando Macías se da cuenta de que Paesa no piensa entregarle el dinero que debe éste ya ha huido. Sale del país cogido de la mano de una chica que le habla de las playas de Camerún, así que vuela en una pequeña avioneta hasta las Cascadas Lobé. Allí pasa una semana hasta que, una buena mañana su amante se levanta y Paesa no está.

Paco pone rumbo a Suiza, concretamente a un pequeño hotel cerca del lago Leman, cerca de la Villa Diodati donde Mary Shelley y Lord Byron se reunieron cien años atrás. Antes de ir a dormir el conserje le dice que tienen una llamada. Paesa se extraña (nadie sabe que está en Suiza). Cuando coge el auricular no puede disimular que le tiembla la voz.Tras un minuto allí, en el salón del hotel a oscuras, una voz al otro lado del auricular le saluda. Le dice que ciertos mandos del ejército español han quedado muy sorprendidos con la hazaña llevada a cabo en Guinea Ecuatorial. La voz le cuenta que su superior está creando un pequeño equipo de personas entregadas al país, agentes con habilidades especiales que puedan operar dentro y fuera del territorio español.

Paesa reacciona con cierta cautela y rapidez: «Yo siempre haría lo que fuera necesario para ayudar a mi país”. Correcto, Paco, le responde la voz de José Cortina. Nos pondremos en contacto con usted. ¿Cuándo?, pregunta Paesa, pero entonces escucha cómo la auricular cuelga. Paesa se queda solo en la oscuridad.

Suiza y el CESID

Mientras espera instrucciones Paesa disfruta de su tiempo en Suiza. Su francés perfeccionado con la magia y su imagen de latino de esmóquines caros lo lleva a muchas fiestas y a juntarse a la multimillonaria Danielle Tulli, destacada empresaria con una bonita mansión a la orilla de lago. También conoce a varios miembros de la aristocracia que lo llevan a los templos de la masonería en Ginebra. Paesa recordará siempre las reglas inscritas en el mármol del pórtico: «El imprudente que espera la hora en que tiene que actuar para saber lo que debe hacer sólo aprende por los reveses y el infortunio; y aquel que, para informarse sobre sus deberes espera el momento en que deberá cumplirlos, se expone a faltarles siempre».

De noche Paesa es un playboy, pero de día prosigue su formación como espía. El nuevo grupo que ha formado Carrero Blanco y del que José Cotrina le habló por teléfono ha terminado bautizándose como el Cesid, aunque siempre ha habido una organización de espionaje en España. Por ejemplo, a través de amarillentos documentos clasificados Paesa descubre a Domingo Badía, considerado el primer espía al servicio de su Majestad Carlos IV, quien fue el primer occidental que bajo la falsa identidad de un príncipe abasí viajó a la Meca.

Domingo Badía aka Alí Bey

Domingo Badía aka Alí Bey

Como espía situado en el extranjero Paesa tampoco es capaz de acceder a toda la información, pero llega a conocer algo más sobre algo llamado Red Gladio. Al parecer una organización americana conocida, la OSS, habría apoyado la revuelta organizada por el Caudillo, suministrando información y armas al levantamiento para evitar (sorpresa) un resurgimiento del comunismo bajo la forma de la República.

Paesa descubre muchos secretos gracias a documentos del servicio secreto, como la existencia de una cámara secreta debajo de la Cibeles, muy cerca del cuartel general del Ejército de Tierra. Allí permanecen ocultas una docena de cajas selladas de procedencia alemana, proporcionadas por los nazis para ayudar al ejército de Franco a ocupar España. En el registro preservado tras la guerra se dice que las cajas contienen unas máquinas de escribir llamadas ENIGMA, además de un extraño artilugio más moderno, el K-202, un dispositivo electrónico similar a un computador del cual está terminantemente prohibido tomar fotografías durante su uso.

Máquinas Enigma

Máquinas Enigma

Ordenadores. Magia de verdad. Espionaje y contraespionaje. Paesa toma notas y empieza a hacerse con la hoja de ruta de la historia secreta de su país. Al parecer Estados Unidos considera España un aliado para su lucha contra el comunismo. La península se transforma una simbólica pista de aterrizaje para que la OSS (que tras la segunda guerra mundial han decidido cambiar su nombre: ahora se hacen llamar la CIA) pueda disponer de agentes que campen a sus anchas por Europa, organizando pequeños grupos contrarrevolucionarios que impidan la ascensión del comunismo en los diferentes países del Mediterráneo. Se establece desde principios de los años sesenta una base en Las Palmas, para organizar ejércitos stay behind. A cambio Washington recomienda a España para que logre entrar en las Naciones Unidas.

Paesa sigue a lo suyo, haciendo contactos. En una de sus fiestas conoce a Robert Vesco, blanqueador de dinero. Se caen bien. Al parecer un par de organizaciones de los Estados Unidos (el FBI y la DEA) no paran de perseguirlo. Vesco le señala a Paesa el Standard Commerz Bank como un posible objetivo.

Robert Vesco

Robert Vesco

Mientras tanto sigue reconociendo rastros en la historia secreta de su país. Desde los años setenta España se ha convertido en el lugar de acogida de cualquier terrorista que tenga afinidad con la ultraderecha. La mayoría acaban formando parte de la policía secreta de Franco. Vienen de Italia, con el sanguinario Valerio Borghese a la cabeza. Gente con la que conviene no meterse.

Tras conseguir todo el dinero posible de Danielle y quedarse con su mansión en el lago, Paesa empieza a salir con Ratna Sari Dewi Sukarno, ex primera dama de Indonesia. Juntos aterrizan en Madrid y se van a vivir a un piso cerca de la Castellana. En la prensa rosa española aparece como “Paesa, emprendedor industrial”. Sus fiestas empiezan a conocerse por toda la capital: 200 botellas de champán, 200 de ron blanco, 200 de vino tinto… El número de invitados es interminable: empresarios del mundo de la moda, embajadores, Omar Shariff …La vida sonríe a Paesa, hasta que un buen día de 1973 suena el teléfono…

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¿Diga?

Han matado a Carrero Blanco.

Toca reaccionar ante el atentado más importante de ETA. Las ideas que se barajan en el Gobierno pasan por apoyar grupos como el Batallón Vasco Español (BVE), milicia que reivindicará la guerra sucia contra ETA en el sur de Francia. A través de los contactos del CESID Paesa tiene más que clara la postura del Gobierno: España no puede permitirse estos brotes de violencia contra el Orden.

Paesa tantea a sus contactos en Francia, Probablemente da con un tal Kim Philby, de visita en París: un espía británico de origen ruso convertido ahora en un viejo alcohólico que sobrevive la mayor parte del tiempo en Moscú, viendo enemigos y sombras en cualquier parte. Paesa se reúne con él y el viejo espía le pregunta si no le parece curioso que hayan matado a Carrero Blanco el mismo día que el embajador de Estados Unidos, Henry Kessinger, estaba en la ciudad. Lo matan en frente de la embajada americana, en una zona que había sido peinada por la CIA. “No se fíe de los americanos ni de los ingleses”, concluye Shelby. “Juegan con los gobiernos.

Paesa hace caso al espía y se promete a sí mismo nunca fiarse de un político. Vuelve a Suiza y termina de liquidar el Banco Alpha en Ginebra, aunque corre la mala suerte de acabar en prisión durante catorce meses. Durante ese tiempo (acortados por el magistrado, quien mucho tiempo después trabajaría como abogado privado de Paesa) se pasa las tardes leyendo el periódico que le trae Jeannete, una joven francesa que le lava la ropa y le calienta la cama con la misma frecuencia.

1976. Paesa se entera por la prensa de la noticia de dos muertos en el monte de Montejurra. Disparos en la niebla de hombres que no pertenecían a la Guardia Civil. A Paesa no le hace falta leer entre líneas para reconocer que la operación ha sido llevada a cabo por terroristas extranjeros venidos de Italia y Argentina. Que tenga memoria, es la primera vez que el terrorismo de Estado se efectúa de manera tan abierta, pero el Gobierno logra taparlo todo y nadie hace preguntas. Es el mismo año del avistamiento de un OVNI más famoso de la historia de España, en las Gran Canarias, que resultan ser misiles Poseidón de un buque americano realizando pruebas armamentísticas.

Partidarios de Carlos Hugo manifestándose tras los tiroteos de Montejurra.

Partidarios de Carlos Hugo manifestándose tras los tiroteos de Montejurra. Foto: César Lucas.

1977. El año empieza con asesinatos en Atocha por parte de grupos fascistas y secuestros por parte del GRAPO. Semanas negras donde el Cesid se pone a trabajar a todo trapo para buscar los responsables, muchas veces mercenarios que el gobierno apoyó contra la lucha terrorista en los últimos años del franquismo. Hay que dar una imagen seria a la supuesta transición democrática, es el mensaje que el servicio secreto se encarga de transmitir a sus agentes.  Que todo cambie para que todo siga igual.

A finales de año se consiguen realizan los Pactos de la Moncloa, y en enero de 1978 el gobierno inculpa a las organizaciones anarquistas CNT y FAI de un tiroteo frente a una discoteca en Barcelona, la Scala, por donde pasaba una manifestación en contra de los Pactos de Moncloa. Dichas organizaciones niegan su responsabilidad  y aluden a una conspiración del gobierno. Para Paesa, que nunca ha creído en la política, el mensaje está claro: ser libertario en aquel momento de transición es algo peligroso. El gobierno tiene que mantener a raya a los trabajadores por la propia estabilidad del país. Que todo cambie para que todo siga igual.

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La Movida madrileña

Pero quizás sean nuevos tiempos, pese a todo. “El futuro ya está aquí”, que dice la canción, así que Paesa vuelve a Madrid. Se fija en que muchos locales empiezan a abrir sus puertas a una nueva generación de jóvenes, y adquiere un par de discotecas famosas en los años ochenta en pleno centro de Madrid. Paesa sabe que España debe de ponerse guapa, modernizarse. En un par de años será el verano de Naranjito, el Mundial, así que traba amistad con el cuñado de Adolfo Suárez y mediante otro gabinete de abogados logra gestionar el acuerdo con Mitsubishi para la instalación de videomarcadores en todos los estadios de fútbol de España. Por este acuerdo gana dos mil millones de pesetas.

La magia de Paesa vuelve a ponerse en marcha. En 1982 el PSOE gana con mayoría absoluta las elecciones generales. Gracias a la amistad que tiene con Francisco Laína, conocido por haber solventado el 23-F, Paesa se presenta en el ministerio con un viejo carnet de afiliado al partido socialista. Se declara “fiel servidor de su país”. No habla, por supuesto de sus contactos, con la ultraderecha, ni de la Logia Propaganda Due que gobierna Italia en la sombra, ni de los rituales masónicos que conoció en Ginebra. Por el contrario, apela a su origen humilde de clase trabajadora de Chamberí. Sabe que este año está siendo especialmente sangriento por parte de ETA, así que Paesa habla con su amigo George Starckmann (quizás el mayor traficante de armas de Europa de la historia) y éste le comunica que al parecer la dirección etarra anda buscando armamento con urgencia.

Paesa presenta un plan conjunto con Julián Sancristóbal, director de Seguridad de Estado:

-Tenemos que vendernos algo que les haga perder el culo.

-No jodas, ¿algo cómo qué?

Paesa sonríe. Llama por teléfono al amigo de Sancristóbal, David Donaldson, antena de la CIA en la embajada americana.

-¡Hola, David! Oye mira que te llamo porque necesito unos tubos.

La parte complicada viene con las negociaciones que llevan a cabo durante  cuatro meses.

-Joder, Azkoiti, pero escucha lo que hacen (Paesa lee las instrucciones que ha traducido su asistente de los misiles SAM-7) Con estos alcanzáis a derribar un helicóptero. ¿No dicen por ahí que queréis cargaros al barco del Rey? Pues ahí lo tienes.

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Francisco Álvarez y Julián Sancristóbal

1986. La Operación Sokoa es un éxito. Gracias al rastreo de los misiles se descubre no sólo el lugar donde escondían el armamento sino diferentes listas de empresarios vascos chantajeados. Es un gran golpe a la banda terrorista, pero de alguna forma ETA logra sobrevivir, algo insólito para Paesa que cree que la banda debería haber desaparecido.

Dos años después Paesa es fotografiado frente la puerta del hotel Velázquez, presuntamente presionando a una testigo de los GAL. De repente todos se le echan encima: la Prensa, Garzón, los suizos, policías corruptos que lo acusan de vinculación con el GAL… «Joder«, piensa Paesa. «Nunca antes había sido tan popular«. El juez Garzón pone una orden de captura. Sin embargo, Paesa evita un par de juicios de una manera que sólo puede explicarse como “mágica”  y huye a París.

El fantasma

Luis Roldán

Luis Roldán

1991. Tras la caída del Muro de Berlín, Rusia se convierte en el gran vendedor de armamento de toda Europa. Aliado con su viejo socio Starckman, Paesa participa en la venta de armas de origen israelí a Irán gestionada con el coronel norteamericano Oliver NorthDurante la guerra de los Balcanes, se entera de que hay una importante colección de arte abandonada. Movido por una motivación casi suicida, Paesa decide fletar un avión de pasajeros, pintarlo como si fuera de la Cruz Roja y bajar a Sarajevo para recoger todo lo que pueda. Nadie llega a saber lo que hay en esas cajas ni qué tipo de obras de arte son ésas que codicia Paesa con tanta recelo. Al parecer, muchas de ellas son libros antiguos escritos en latín y lenguas desconocidas. ¿Tecnología avanzada, tal vez?

1993. El ministro de Justicia e Interior, Juan Alberto Belloch, hace que contacten con el espía para que consigan detener al exdirector de la guardia civil, Luis Roldán. La historia es bien de sobra conocida por todos: Paesa se vengará robándole el dinero, en una jugada con la ayuda de su fiel sobrina Beatriz.

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1996. A finales de septiembre Paesa se entera de que uno de sus antiguos colaboradores ha muerto en Madrid. Sin pensárselo acude al entierro y es visto por varios altos cargos policiales. Nadie lo detiene, a pesar de la orden de búsqueda y captura que existe sobre él. Paesa vuelve a desvanecerse, como si fuera un fantasma, como si algo lo protegiera en todo momento.

1998, Su socio Guimerá le está ayudando a esconder material radiactivo de los rusos en el puerto de Bilbao. Pero para entonces Paesa no responde a su última carta. Otro truco de magia: se hace público que se ha encontrado su cadáver en Bangkok como resultado de un tiroteo. Se publica una esquela, pero meses después algunos testigos de Tailandia afirman verlo como un fantasma en varios cementerios. Esa misma Navidad la pasa con su familia en un nuevo piso en París.… a una sola manzana de la Diputación Española. Vivo o muerto, la magia de Paesa lo hace invisible a los ojos de sus enemigos.

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Manuel Cerdán y Paesa en París en 2005

Paesa reaparece en 2005 en París, donde afirma mantenerse vigilado por la mafia Rusia, y en 2011 en Sierra Leona, transportando de nuevo antigüedades de gran valor. No está muy claro qué tipo de antigüedades son, pero al parecer son extremadamente valiosas para Paesa, que consigue salir de Sierra Leona con todas ellas. Qué extraño: Paesa debe tener ochenta años pero parece conservar la misma edad y energía que cuando engañó a Roldán.

Año 2016, se estrena una película sobre su vida. Quizá sea el momento de que Paesa salga a la luz, quizás responder con alguna entrevista en Vanity Fair.  En su mano derecha tiene un reloj de oro, quizás uno de los tres que logró hace ochenta años en el colegio de los Maristas.

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Sus respuestas son las mismas que ha ido repitiendo una y otra vez a lo largo de toda su vida, y así continúa extendiéndose el misterio, el halo que hace a Paesa una figura inmortal que muchos llaman el Mago y otros el Zorro, el hombre que conoce todos los secretos del espionaje español de los últimos cincuenta años. El hombre que, según dicen algunos, posee innumerables apartamentos en París llenos de libros extraños, obras de arte custodiadas por fieles soldados que darían su vida por él. El hombre de las mil caras que sabe que sin duda sólo hay una verdad: la realidad pertenece a los espías.

Y a nadie más.

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