La polémica del autismo en ‘La Vida Moderna’ y el eterno choque entre comedia e inclusión social

El programa de La Ser La Vida Moderna apuesta por la inclusión en clave de humor: si ofenden a todos los colectivos, nadie estará excluido pero tampoco libre de mofa. Esto ha sido aplaudido por los habituales del universo de Moderdonia a la vez que ha ofendido recientemente a familiares de personas dentro del espectro autista, que piden respeto y responsabilidad a aquellos que tienen un micrófono a su disposición. Esto es lo que ha pasado en los últimos días.

“¿Cuándo no se ríe la gente de un chiste machista? Cuando no hay machismo. El humor no es más que un espejo. La gente se enfada con el reflejo del espejo y no se enfada con la realidad. Si la sociedad pensara que es igual de bueno ser gordo que ser delgado, yo haría un chiste de gordos y no lo pillaría nadie. ¿Por qué funciona? Porque esta sociedad es gordofóbica. ¿Por qué funcionan los chistes machistas? ¿Y los racistas? Por lo mismo”.  

Patricia Sornosa

Se puede decir que vivimos en una sociedad heterofóbica, donde se expresa el miedo al diferente: gordo, cuatro-ojos, moro, sudaca, retrasado, especialito… todos hemos crecido escuchando esas palabras en el patio del colegio. Quizás tengas suerte si no las oyes en tu lugar de trabajo, pero sigue siendo común escucharlas, cuando no pensar en algunas y callarlas para mostrar respeto. No creo que eso sea corrección política ni autocensura; creo que es una muestra de empatía y de intención de cambiar la mentalidad de toda una sociedad empezando por cambiar nuestra forma de pensar a nivel individual. Teniendo eso en cuenta, el oficio del humorista es complicado: el espejo del humor refleja una realidad que muchos dudan que vaya a cambiar.




No sirve de nada tener días conmemorativos como el Día Mundial del Autismo, celebrado el pasado 2 de abril, ni iluminar de azul edificios de todo el mundo si luego uno no se molesta en aprender nada sobre este colectivo. Basta leer unos cuantos artículos de asociaciones como Autismo España para saber que no se conoce la causa que generan los trastornos de espectro autista (TEA) y que cada vez se diagnostican más casos. No hay un estudio con cifras definitivas, pero según los estudios más recientes se estima que 1 de cada 80-100 personas en España se encuentra dentro del espectro, alrededor del 1,5% de la población.

Hace dos días, en el programa de radio de La Ser La Vida Moderna, Ignatius, Quequé y David Broncano decidieron hacer este diálogo comparando deportes minoritarios como el pádel, el squash y bádminton con personas con Asperger y con autismo.

Si sigues el programa, sabrás que sus responsables siempre juegan a traspasar los límites del humor y bromean preguntándose a cuántos colectivos son capaces de ofender. Sin embargo, en esta ocasión tocaron la fibra sensible de muchas familias y profesores de personas con TEA y con Asperger que no necesariamente tienen que estar familiarizados con los códigos de Moderdonia. Quequé tuvo que cerrar su página de Facebook, no sin antes publicar lo siguiente:

“Debo ser autista porque no me afecta una puta mierda lo que decís”.

Este comentario de Quequé ha recordado tristemente a este otro que hacía Bertín Osborne en su programa (de entrevistas, no de humor), declarando que una persona autista no muestra empatía ni sentimientos, y que las personas con TEA son “un ente distinto” a otras personas con otras discapacidades:

Bertín se disculpó en sus redes sociales, pero no en el mismo medio ni tuvo la misma difusión (ni en su programa ni en prime time). El comentario de Quequé ha enfadado a mucha gente porque, acompañado de los chistes contados en el programa, echa por tierra los esfuerzos de profesionales y familias que intentan cambiar esta anticuada visión que se tiene de personas con autismo. No son personas insensibles a las que no les afecte nada, sino más bien todo lo contrario. Son muy sensibles y afectuosos y cualquiera que tenga trato diario con una persona con TEA, lo sabe. Los que sabemos cómo es este trastorno de primera mano no nos reímos, porque no le vemos la gracia ni el reflejo con la realidad. Por eso hay mucha gente que no se ha reído y que ha llegado a enfadarse. Aún queda mucho para que la gran mayoría de la sociedad entienda qué son los Trastornos del Espectro Autista, qué es el Asperger y la realidad diaria de estas personas.

Como buenos profesionales de la comunicación, ofrecieron una disculpa, en clave de humor. Empezaron muy bien, y la intervención de Ignatius es sencillamente genial, pero es posible que quien no siga el programa no entienda la broma de la ofensa inclusiva que intentaron hacer. Aunque se valore la disculpa de Ignatius y el mensaje de fondo (quieren incluir a todos y no ser condescendientes), es cierto que se echa en falta una disculpa directa de Quequé.

¿Les ha salido mal la disculpa y bien el chiste, a juzgar por las risas del público? Esta disculpa ha provocado que más gente todavía se cabree, aunque esa no fuera la intención del programa ni de sus presentadores. Los familiares que se han sentido dolidos por la broma probablemente no hayan visto las entrevistas a Echenique o a Raúl Gay en este mismo espacio. La clave de la polémica quizás sea que se han disculpado utilizando el lenguaje y los códigos de humor propios de La Vida Moderna, y los que seguimos el programa con asiduidad lo entendemos, pero no lo tienen por qué entender todas las personas que lo vean.

Por ejemplo, para que una persona con autismo no verbal entienda una disculpa, se le podría comunicar con una imagen conceptual o pictograma, como estos ejemplos del blog El sonido de la hierba al crecer:

La falta de apreciación hacia un grupo de personas suele originarse en el desconocimiento o en la ignorancia. No creo que presentadores y público sean insensibles ni inhumanos, sino que hay mucha desinformación. El cine y la televisión no ayudan. Siguen mostrando a personas que más que una discapacidad cognitiva parecen tener una calculadora en el cerebro y no muestran sentimientos ni afecto (como en la celebrada Rain Man, que lleva desde 1988 transmitiendo una imagen muy equívoca del autismo). Los ejemplos más acertados suelen ser los más desconocidos, como Claire Danes interpretando de forma genial a Temple Grandin. Hay films muy bienintencionados pero que reflejan a personas con un autismo muy leve, por no decir casi inexistente, como es el caso de la película Tan fuerte, tan cerca, basada en la novela de Jonathan Safran Foer. Por otro lado, tenemos documentales en los que la persona que tiene autismo es el protagonista y tiene voz propia, como en Life, Animated (2016), que cuenta la historia de Owen Suskind

David Broncano ha compartido varios mensajes de apoyo en su Twitter, entre ellos de personas que dicen tener Asperger, que se han reído mucho con el programa y que han aceptado la disculpa. Eso es una muy buena noticia, si bien el síndrome de Asperger es muy diferente del TEA (aunque se incluye en el mismo espectro), y se comprende que haya familiares que no se hayan reído con el chiste porque su realidad sigue siendo invisibilizada a golpe de clichés. Nadie habla de esos padres, madres y profesores que se despiertan muy temprano o acuestan muy tarde para preparar los pictogramas y los materiales de trabajo, para organizar las clases y terapias que van a necesitar sus hijos o alumnos. No se visibiliza su enorme trabajo y de repente se encuentran esto en un programa de radio. ¿Y se les critica porque no se hayan reído? A estas familias no les falta sentido del humor, sino comprensión por parte de la sociedad.

También hay que destacar que una persona con autismo no verbal no va a poder defenderse ni entender un chiste así. Es más común que lo haga una persona con Asperger, mientras que una persona con TEA no puede comunicar lo que piensa si no aprendes su lenguaje. Tienes que entrar tú en su mundo y esforzarte en verlo desde su punto de vista. También es legítimo por parte de familiares y profesores no reírse cuando una situación les toca muy de cerca, y es legítimo ofenderse y que hagan lo que consideren necesario para proteger a sus hijos y alumnos. Si ponemos el grito en el cielo porque haya raperos, tuiteros y cómicos enfrentándose a denuncias y a cárcel, hay que ser consecuentes y poner el grito en el cielo para concienciar sobre el autismo porque la censura y la exclusión social tienen los mismos enemigos.

La solución no está en echarle la culpa a unos cómicos ni pedir a un colectivo que muestre más sentido del humor, sino en pedir a todos los profesionales de la comunicación que utilicen sus espacios y sus micrófonos para concienciar. Si miles de personas no se han reído con el chiste, es que hay que encontrar otra manera de comunicarse y de empatizar. De la misma forma que hay que defender la libertad de expresión y la libertad para reírse de chistes bestias, hay que defender a las familias que luchan cada día para romper barreras. Es lo mínimo que pueden hacer mientras llega el día en que la inclusión sea una realidad y no solo un hashtag.

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