La temporada 12 de ‘Doctor Who’ nos ofrece algo nuevo, algo viejo y algo inesperado

Sin que nadie se lo viese venir, la segunda tanda de episodios protagonizada por Jodie Whittaker ha dado un giro con triple tirabuzón para traer de vuelta personajes clásicos y reescribir un lore que llevaba tiempo desaprovechado… Y que ahora ha cambiado para siempre. O, quizás, no tanto.

Por supuesto, este artículo va con todos los SPOILERS del mundo. Con esto en mente… ¡Allons-y!

Con un 2019 desolador en cuanto a noticias whovians se refiere, el cambio de año le ha sentado bien a la franquicia británica, que ha regresado con giros inesperados, cameos añorados y una solidez de la que carecía su anterior entrega. Habiendo sabido guardar todos los secretos hasta el momento oportuno, esta vez la BBC ha sido capaz de hacer una jugada maestra. 

Ahora que Trece ha tenido que hacer frente a sus mayores miedos y a esas revelaciones culebronescas que tan bien han funcionado siempre en Doctor Who (2005-) y que sus companions se han visto obligados a plantearse las consecuencias que tiene el continuo viaje espaciotemporal, una nueva etapa se abre ante nosotros, repleta de oportunidades y de piezas todavía por encajar en la compleja narrativa de la serie.

Algo nuevo: profundizando en los acompañantes

Hacía mucho tiempo que nuestra alienígena predilecta no viajaba con otras tres personas en la TARDIS. Mientras que en su debut como Doctora, Jodie Whittaker tomaba todo el protagonismo y sus companions quedaban algo desdibujados en segundo plano, en esta ocasión el equipo creativo se ha puesto las pilas para profundizar en sus miedos y personalidades.

En la duodécima temporada vemos que tras la apacible apariencia de Graham O’Brien (Bradley Walsh) se oculta el miedo a morir víctima de un nuevo cáncer y que su nieto Ryan Sinclair (Tosin Cole) ha ganado seguridad, a la vez que ha sido el primero en comprender los claroscuros de viajar en el tiempo. Sin embargo, es Yasmin Khan (Mandip Gill) la que más ha crecido. Valiente, decidida y algo imprudente, se encuentra en su salsa acompañando a Trece, hasta el punto de que parece capaz de seguirle el ritmo sin problema. Por desgracia, los arcos de temporada de los tres han sido tan suaves e irrelevantes en el tramo final que nos dejan con la sensación de potencial mal explotado.

Quizá Chris Chibnall haya tomado notas de las quejas de los fans. O quizá que él haya intervenido de manera más directa en los guiones de varios capítulos haya ayudado a darle cohesión a la temporada. Además de haberse ocupado de los episodios doble de apertura y cierre, co-escribe el punto de inflexión que supone Fugitive of the Judoon, el entretenido Praexus y el emotivo Can You Hear Me?, en el que los acompañantes se convierten en el centro de un relato en el que descubrimos partes de su pasado y cómo estas experiencias los han moldeado. 

Junto al showrunner repiten Ed Hime (encargado del capítulo más flojo de la temporada, Orphan 55, pero curiosamente en el que se menciona de manera explícita la posibilidad de un multiverso) y Vinay Patel, además de sumarse Nina Metivier (autora del entretenidísimo Nikola Tesla’s Night of Terror), Pete McTighe, Charlene James y Maxine Alderton, un grupo que vuelve a ser tristemente masculino, pues de nuevo solo hay dos mujeres entre un total de siete guionistas. 

En cuanto a la dirección, el equipo se ha renovado por completo. Con Jamie Magnus Stone encargado de la apertura y la finale, también repiten con dos capítulos cada uno Lee Haven Jones, Nida Manzoor y Emma Sullivan, que nos ofrecen un trabajo sólido que destaca especialmente en momentos como The Haunting of Villa Diodati, donde se aprovechan unos recursos limitados para ofrecernos un relato con tintes de terror más que solvente.

Algo viejo: el regreso de los villanos más temidos 

Si la temporada 11 rompía con el longevo pasado de la serie, hasta el punto de que apenas se mencionaron detalles tan importantes como la existencia de los Señores del Tiempo o su capacidad para regenerarse, el doble inicio de la duodécima sorprendía con la aparición al final de la primera parte de Spyfall del Master, el amigo/enemigo más antiguo de nuestra protagonista.

Interpretado por un carismático Sacha Dhawan, el personaje ha dejado atrás la redención vivida por Missy (Michelle Gomez) en la etapa de Peter Capaldi para volver a abrazar la maldad de sus predecesores, ofreciéndonos un Time Lord histriónico que en esta ocasión parece tener un buen motivo para comportarse de esta forma. Aunque, en realidad, descubrir que su ADN y, por ende, su existencia, está estrechamente relacionado con la del Doctor no es más que una excusa para justificar su locura, exterminar a toda su raza y dar rienda suelta a su megalomanía. .

Pero, además de su vuelta, tenemos una nueva trama de los Cybermen, némesis icónicas de la serie junto a los Daleks. Con cada regreso han actualizado su apariencia y parte de su modus operandi. Liderados esta vez por Ashad -también conocido como el Lone Cybermen-, este personaje interpretado por Patrick O’Kane es un humano a medio convertir que quiere upgradear a su especie hasta transformarlos en robots completos… para después acabar con toda la vida orgánica del universo.

Obviando la excesiva necesidad de llevar a cabo masacres que tienen los villanos de esta serie, es tan interesante como siempre ver a estos humanoides robóticos moverse de manera mecánica. Y más cuando lo hacen acompañados de la excelente banda sonora que Segun Akinola ha creado para esta ocasión, perfecta con sus ritmos marcados, sonidos metálicos y esa atmósfera inquietante que tanto encaja con los Cybermen. 

No es la primera ocasión en la que el Master se alía con los Cybermen para un final de temporada. Ya los vimos juntos en las últimas apariciones de los cyborgs en la etapa moderna. La diferencia esta vez reside en que lo llevan al extremo. Con todos los Señores del Tiempo supuestamente muertos y la humanidad reducida a cuatro refugiados, la actualización definitiva y lo único que nos quedaba por ver es a los Cybermen convertidos en Cyber Time Lords capaz de regenerarse. Poderosos, imbatibles. O casi, ya que desgraciadamente no han durado más que unos minutos, aunque con un concepto tan fascinante, es seguro que volverán.

Quien tampoco ha regresado a tiempo para el final de temporada es el carismático Jack Harkness (John Barrowman). Con un brevísimo cameo a mitad de Fugitive of the Judoon, el Capitán parecía estar preparándose para ayudar a la Doctora a enfrentarse a las Cyber Wars, aunque su regreso nunca llegó. Al menos, no a tiempo. 

Quizá se deba a que esta trama se retomará en la siguiente entrega, uniendo todos los puntos que han quedado inconexos. O quizá no, y haya sido solo un problema de agenda del actor. De una manera u otra, y como siempre sucede en Doctor Who, sabemos que el Master no ha muerto y que volverá, aunque nunca nos expliquen cómo. Solo nos queda esperar que junto a él también lo haga quien un día dirigió Torchwood.

Algo inesperado: reescribiendo un pasado que se convierte en futuro

Con un comienzo tan potente y una clara apuesta por retomar la mitología clásica de la serie, los fans ya estaban contentos y sorprendidos. Chibnall había comenzado fuerte, pero nada podía prepararnos para lo que estaba por venir. Porque, a mitad de temporada, descubrimos otra encarnación del personaje, una imposible de encajar en la cronología vista hasta ahora.

Encima, no se trataba de una cualquiera, pues esta Doctora era de nuevo una mujer. Pero una madura, racializada y con un cuerpo no normativo. ¡La peor pesadilla de los anti-SJW! ¡Su querido Señor del Tiempo ahora magistralmente interpretado por Jo Martin! Oculta en la Tierra como fugitiva, con la memoria borrada y bajo el nombre de Ruth, este giro de final de episodio nos dejaba teorizando para ver cómo cuadrar todo.

Sin embargo, todavía no teníamos las piezas de un puzle que era mucho mayor de lo que podíamos esperar. Y es que en The Timeless Children se nos revelaba que la Doctora tiene muchas más vidas de las que conocemos, que su origen es un misterio, que los flashbacks de Irlanda en Ascension of the Cybermen no son lo que parecen y que, en realidad, nunca fue una Señora del Tiempo, aunque sí el origen de esta raza. 

Por un lado, la revelación se antoja previsible y algo aburrida. Que la protagonista sea este personaje misterioso, este Superman espaciotemporal, está demasiado visto. De entrada, habría sido más interesante descubrir que el Master era este niño abandonado, loco tras toda la experimentación sufrida en su longeva existencia. Por el otro, así la Doctora vuelve a la casilla de salida. Está sola, es una vez más una extraña, una outsider cuyo origen desconoce, un misterio por resolver. Pero también alguien que, a pesar de todo, convierte este olvido en fortaleza y nunca se rinde. 

En resumen, se retoman tramas mostradas en el Who clásico, se confirma que los Doctores vistos en The Brain of Morbius ahora son canon y se explica el origen de los Señores del Tiempo. Aunque se había mencionado a los Shobogans -por primera vez en el serial de 1976 The Deadly Assassin-, parecía otra raza autóctona que vivía a las afueras de la Citadela gallifreyana y no el origen de los mismos. Eso nos lleva a preguntarnos qué conexión tiene Tecteun (Seylan Baxter), la madre adoptiva de la Doctora, con Rassilon, Omega y los fundadores de la sociedad Time Lord. 

Todos estos hallazgos -con cierto regusto a crítica al colonialismo británico- han puesto a la Doctora en una situación delicada, llevándola al borde y mostrándonos todo el sufrimiento que guarda en su interior, todo el miedo. Pero también el valor y la esperanza, características indivisibles del personaje, que tan bien interpretado ha sido por Whittaker, capaz de mostrar todos estos matices.

Todas las posibilidades que se abren ante nosotros

Por supuesto, esto no hace más que dejar incógnitas y abrir posibilidades. ¿Veremos Gallifrey en todo su esplendor? ¿La humanidad ha sido condenada como raza o los refugiados de las Cyber Wars han llegado a un lugar seguro? ¿En su pasado la Doctora trabajó para la Celestial Intervention Agency? Y, sobre todo… ¿cómo encaja esto con todo lo que hemos visto hasta ahora del pasado de la Doctora? 

Las opciones son infinitas. Por ejemplo, si el Valeyard es la versión malvada del Doctor en su última regeneración, eso significa que todavía puede aparecer como parte de uno de esos ciclos que todavía no hemos conocido. Si lo explorarán en la propia serie o como parte del universo de cómics o de los audiolibros de Big Finish ya se verá.

Con unas audiencias estables, unas críticas divididas en su final pero, en general, muy positivas (sin contar las acciones de los trolls para bajarle la nota en todas las plataformas posibles) y una temporada 13 confirmada, parece que tendremos Doctora para rato. Descubriremos cómo avanza su historia en Navidad, donde Trece tendrá que hacer frente a una prisión galáctica en Revolution of the Daleks

Mientras tanto, soñemos con las posibilidades, pues con indeterminadas vidas por descubrir, se abre un futuro -o pasado- prometedor para la serie y su universo expandido, que todavía tiene mucho que explorar y descubrir de un personaje al que creíamos conocer bien.

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