De las microtransacciones al fandom tóxico – Lo Peor de 2017

No todo van a ser flores: 2017 también ha tenido abundantes tropiezos en términos de cultura pop. Entrasacamos algunos de los principales desastritos del año, de tendencias que se podían haber ahorrado a productos específicos que apestan. Aquí está el estercolero del año que se va.

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Las microtransacciones

Estimado lector: imagínese que vd. adquiere una película, en cualquier formato (físico o virtual), y se encuentra con que ciertos momentos han sido suprimidos. Estas omisiones incluyen, atento, el final, personajes enteros y casi el nudo de la trama. Pensaría, quizá, que el autor está en un tipo de forma experimental de cine, a lo Godard en los setenta… para darse cuenta al acabar el filme que le ofrecen pagando OTRA VEZ desbloquear lo que falta.

En efecto, este es el panorama generalizado en el mundo de los videojuegos, donde las compañías están empezando a vender títulos por secciones, a plazos. La polémica con Star Wars Battlefront II es definitiva: aplicaron un sistema de pago por logros más sencillo que desbloquear los personajes por pericia. Fue la gota que colmó el vaso, vaya, y la comunidad reaccionó con furia ante la miseria de Electronic Arts en obtener crédito de jugadores despistados o ansiosos. Principalmente, que no se olvide, niños…

Este modelo, inventado por las aplicaciones de móviles (tan dependientes de Internet), es la altura de 2017 una tradición común en el sector: Final Fantasy XV, casi todos los Assassin’s Creed e incluso los recientes Street Fighter de Capcom. Un jugador, así, paga sesenta euros por un título…para descubrir que tiene que pagar por otros sesenta, los llamados pases de temporada, para tener lo que era un producto completo hace diez años.

Una tentativa penosa de comercialización, totalmente fenicia, y que ya ha costado caro a Electronic Arts. Esperemos que esto sea, en fin, aviso para otras compañías. Julio Tovar

El secreto de Marrowbone

Pocas veces le cojo yo manía a un estilo de cine per se, pero si hay algo que me saca de mis casillas es el “terror” hecho por viejóvenes. Yo admiro mucho la capacidad visual del señor Juan Antonio Bayona, y me cae bastante bien, pero cada vez que aparece alguna película que lleva su sello me echo a temblar. Prestigio, suntuosidad, fotografía, música de cámara, actores de renombre y acabado elegantón, como si quisiera ser un gótico británico. En realidad, lo que esconden son telefilmes de sobremesa rancietes y anacrónicos, como forjados para Grandes Relatos de los noventa, que apelan a elementos oscuros y de drama adulto cuando lo que hacen es echar un poco de sustos de primero de estudiante de terror para poder vender la película como tal. En realidad tienes romances plastosos, niños monos poniendo caras y sorpresas de efecto Scooby. Luego lo venden en Telecinco para convencer al marujeo de que tiene que ir al cine y se encarama a la taquilla. Para más inri, en este último atentado plagan el tercer acto de los giros más tramposos e idiotas que se hayan esgrimido nunca, con la misma brújula que sigue apuntando a Los otros (2001) como modelo de éxito cuando algún productor planea una producción de género con presupuesto en España. No puede caber más naftalina en el armario. Jorge Loser

Song to Song

Imaginaros a un modernete hipster muy pijo escribiendo poemas de desamor de tres al cuarto. Pues he aquí su equivalente cinematográfico. Song to Song es un anuncio de perfume de Calvin Klein hecho cine, y con cine me refiero simplemente a que en lugar de treinta segundos dura dos horas. Terrence Malick monta una colección de escenas inconexa que encajaría perfectamente en cualquier videoclip del pop comercial más ñoño y le coloca encima unas parrafadas pseudofilosóficas que parecen sacadas del diario de un adolescente. Es el colmo de la nadería con ínfulas. Blanca Rego

Juego de Tronos (la serie, los libros… ¿todo?)

Seguramente quien lea esto piense: “ya está aquí el gafapasta que tiene que ir en contra de lo que le gusta a todo el mundo”. Y puede que no esté del todo equivocado pero mi evolución con los libros-serie ha sido diferente de la habitual. Hace ya varios años que comencé a leer la famosa Canción de hielo y fuego cuando todavía no era una serie de HBO, y reconozco que los tres primeros volúmenes, hasta Tormenta de espadas, fueron impactantes, recuerdo con verdadero terror la famosa Boda Roja y sentir que el género avanzaba, que ningún personaje estaba a salvo de las garras de Martin. Llegó el “esperado” quinto volumen y la decepción fue máxima, lo conté en este artículo. Como todos saben, se sigue esperando el sexto… y en medio de esta espera, HBO ha conseguido hacer siete temporadas de la serie con un éxito brutal. Ha llegado el momento en que me importa poco si llegan los libros… el “qué” me lo dará la serie. El “cómo” no me lo van a dar ni la serie ni los libros, hasta tal punto ha descuidado HBO la serie, que solamente se ha preocupado en montar un conjunto de fuegos artificiales vacuos que ya no siguen ningún tipo de lógica interna, parece que lo único importante ya es dar espectáculo sin otro fin. De hecho, ni el “qué” importa demasiado porque a principio de temporada se filtraron todas las tramas. Perdidos se mantuvo firme hasta el final precisamente por jugar con los fans y su final (más agridulce que conseguido, para algunos) al menos no se filtró con anterioridad. Posiblemente el año que viene vuelvan a filtrarse todas las tramas… y solo habrá que esperar a ver cuánto dinero se han gastado en cada episodio y si los dragones está bien hechos. Si este es el camino que lleva HBO, me bajo en el camino. Por ahora me quedo con Westworld que, por lo menos no lo da tan mascado. Mariano Hortal

Fandom de mierda

Hay una parte de ser aficionado que está profundamente relacionada con la conformidad: te gusta un determinado producto porque esperas la misma sensación placentera que sentiste las otras veces que lo consumiste. Luego ya depende de la resiliencia de cada uno, pero cualquier deriva de esa norma se puede tomar bien, mal o de forma penosa.

Es que mira, esto es pasarse. Los grititos por decisiones de casting. Las pataditas por alterar el canon. Las peticiones en línea que normalmente dejaríamos para causas perdidas de más empaque. El odio visceral, pegajoso, repugnante, que hace de las redes sociales un limo negro. Y ahí está el problema: tener un altavoz no significa que sea obligatorio usarlo ni que nadie (menos aún, los creadores que sí han dedicado un tiempo enorme en generar contenido) tenga que escuchar tus sandeces sobre la nueva Cazafantasmas.

Para colmo, detrás de este fandom tóxico están agazapadas ideas nocivas aún peores. Hablo de machismo, de egoísmo, de racismo. De que, si el GamerGate fue el canario en la mina para el ascenso del Pato Donald Trump, ¿qué nos dice el canario que están matando a gritos los más enajenados con Star Wars, por ejemplo? Me temo que la cosa irá a peor, porque cualquier lloriqueo de alguna de las recuas que andan sueltas por ahí se gana algo de atención: esa gente come de lo que trabaja, pero vive de lo que vomita. Así que repitamos en 2018, con sentimiento: no alimentes al troll y no enlaces mierda. A ver si esta vez lo conseguimos. Adrián Álvarez

Justice League

Sé que a estas alturas cebarse con la pobre Justice League es hasta un poco de villano de Mortadelo. Nunca ha tenido gracia reírse de las películas abiertamente defectuosas, tan obviamente renqueantes y fallidas, y mucho menos cuando a lo mejor tampoco es para tanto: Justice League tiene momentos afortunados, algo de humor muy bienvenido en el Universo DC cinematográfico y presenta con relativa soltura, siempre que no nos pongamos especialitos, a algunos de sus héroes. De acuerdo, el último tercio es un desastre (como lo era el de Wonder Woman, ojo) y la película tiene mucha más ambición de la que puede gestionar en hora y media apresuradísima. Pero como divertimento intrascendente, lo cierto es que es un alivio después de los engolados excesos de todas las películas de Superman previas. Es decir, que visto lo visto ni tan mal, y antes nos apetece másrevisar esta que una película abiertamente superior pero infinitamente más plomo como la de la Amazona de DC.

El problema de Justice League, lo que nos hace ubicarla en esta lista, es todo lo que conlleva: la corroboración de que o Warner da un golpe de timón o DC se le desmorona como un castillo de naipes, o la constatación de que no hay nada más agradecido que un fan desesperado por unas migajas (¡esos que hacen vídeos -literalmente- llorando de la felicidad por lo buena que es Justice League!). Esta película, aparatosa como un choque de trenes, aún (¡aún!) obsesionada con replicar los logros de los Batman de Nolan demuestra que, con todos los peros que queramos buscarles (en mi caso, unos cuantos), las películas de los Vengadores no se hacen solas, y hay detrás una labor de apretar tuercas y afinar piezas considerable. Algo que ha faltado, aquí, en términos de horas y más horas de trabajo. ¡Ojalá cambios de rumbo en un futuro próximo! John Tones

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