Las quejas de Emma Thompson y Michael Caine: ¿es cierto que los actores actuales “sólo quieren ser ricos y famosos”?

Emma Thompson y Michael Caine han criticado duramente a los estudios y a la nueva generación de intérpretes a los que acusan de estar sólo interesados en el dinero, la fama y las redes sociales ¿qué hay de cierto en sus palabras?, ¿ha cambiado tanto internet la industria cinematográfica como puede parecer?

Para finalizar su review de Los fantasmas de mis ex novias (2009) el crítico Tim Robey hacía mención a cuantas veces Matthew McConaughey aparecía sin camiseta durante la película. Unos cuantos párrafos antes, había comentado que McConaughey era un actor que nunca salía de su estrecha zona de confort, limitada a papeles protagonistas de macho alfa con torso imponente. Eso era en 2009. Tan solo dos años, después la web Failed Critics publicaba una carta de disculpa abierta dirigida al actor. El mundo había empezado a darse cuenta de que McConaughey sí que era capaz de actuar: el problema, entonces, habían sido los papeles que tenía disponibles en su juventud.

Nadie se atreve a decir, un Oscar, un Globo de Oro y un Rust Cohle más tarde, que Matthew McConaughey es un mal actor. El tiempo le ha dado la razón. Sólo ha necesitado esperar un poco.

Es importante recordar casos como el de McConaughey cuando se habla de actores y actrices jóvenes que están empezando. Antes de comentar algo sobre sus carreras, todos deberíamos abstraernos y recordar que la mayoría de las veces los buenos papeles están reservados para intérpretes mayores de 35 años y que, en ocasiones, ser guapo y atractivo en extremo puede ser un impedimento a la hora de ser tomado en serio.

Michael Caine y Emma Thompson parecen haber olvidado todo esto. Durante la recepción ofrecida por la Casa Real Británica a los ganadores del BAFTA, Caine y Thompson criticaban duramente a la industria y a la nueva generación de intérpretes.: «Ahora dicen ‘voy a ser actor porque quiero ser rico y famoso’, y entonces hacen pequeños papeles para la televisión y todo el mundo saben quienes son. No saben actuar (…)  yo sólo quería ser buen actor, eso es todo» decía el rico y famoso actor de Batman Begins (2005), con la intención de anular las carreras de los intérpretes que no empezaron con la misma motivación y amor por el escenario que él.

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Y es que son muchos los ahora actores y actrices que entraron en la industria por vías alternativas y que en sus primeros años estuvieron más preocupados por ganar dinero y llegar a ser reconocidos que por la calidad de sus trabajos. Nada de eso invalida lo que están haciendo hoy.

Ryan Gosling, combinaba en su infancia su trabajo como presentador del Club de Mickey Mouse con los pequeños papeles en televisión que tanto parecen molestar a Caine. Tras hacerse conocido con El joven Hércules (1998-1999), Gosling pasó al cine independiente hasta que el drama romántico —que sacaba más partido a su físico que a su calidad interpretativa— El diario de Noa (2004) lo lanzaba al estrellato mundial. Ahora Ryan Gosling es un imprescindible en todas las galas de premios y cintas como Drive (2011), Cruce de caminos (2012) o La gran apuesta (2015) confirman su calidad como intérprete, comenzara donde comenzara.

Una compañera habitual de Gosling también comenzó su carrera interviniendo de forma frecuente en televisión. Hablo de Emma Stone, cuyo debut, lejos de la actuación, data del reality show de la VH1 In Search of the Partridge Family (2004-2005) en la que un grupo de aspirantes a actores realizaban diversas pruebas con el objetivo de conseguir un papel en la TV movie musical The New Partridge Family (2005).

Sin embargo, también existen intérpretes que en un primer momento se sintieron atraídos por otras profesiones en la que no terminaron de encajar. Uma Thurman pretendía destacar en el mundo de la moda del mismo modo que lo hicieran su madre y su abuela, mientras que Charlize Theron tuvo que abandonar de forma forzosa el mundo de la danza cuando se lesionó gravemente la rodilla. Tras varios años trabajando como modelo, Theron se decidió a aprovechar la oportunidad que le ofrecía el medio en el que al final ha acabado destacando por derecho propio.

Pero, como decía al principio, Caine no ha sido el único en dejar clara su llamémosle conservadora -por no decir rancia- opinión sobre el estado actual del mundo de la interpretación. Emma Thompson dejaba a un lado a actrices y actores para concentrarse en la “novedosa” forma que tienen de trabajar estos días las productoras: «Se escoge a actores que tienen muchos seguidores en redes sociales porque los estudios pueden usar sus seguidores para vender la película. Los actores consiguen entrar en la industria por sus perfiles en redes sociales y pienso que eso es terrible«. Con estas declaraciones, la protagonista de Sentido y Sensibilidad (1995) dejaba bastante claro que no sólo desconoce el funcionamiento de la industria actual sino que no tiene ni idea sobre cómo lleva funcionando durante toda su historia.

Que las grandes productoras usen características de actores y actrices, más allá de su capacidad interpretativa, para vender sus productos no es algo nuevo. En el Hollywood clásico ya se hacían estudios de mercado para ver qué imagen tenía entre el público tal o cual intérprete y ver en qué tipo de producciones podría funcionar de forma más rentable. Las relaciones amorosas, el físico y la vida privada de los actores (que es, al fin y al cabo lo que exponen los nuevos intérpretes en las redes sociales) siempre ha tenido, y sigue teniendo, un gran peso en el devenir de sus carreras.

Pongamos por ejemplo a Ben Affleck: a pesar de estar considerado por muchos un actor limitado, Affleck lleva más de tres décadas trabajando sin parar y rindiendo en taquilla. Su vida personal —el hecho de estar constantemente en los tabloides— ha afectado a los papeles a los que aspiraba y a la manera en las que sus cintas eran percibidas por el público. Durante su noviazgo con Jennifer López, su constante presencia en la prensa del corazón tenían al mercado tan saturado que se puede conocer el tiempo que duró la relación simplemente marcando los mayores batacazos de taquilla de sus cintas. Más tarde, el matrimonio con Jennifer Garner dio a Affleck una imagen más madura y seria y fue aquí donde aparecieron los papeles más jugosos y despegó su carrera como director. La relación personal y privada de Affleck y Garner afectó tanto a la carrera profesional de ambos que hay incluso críticos culturales que se atreven a afirmar que los estudios siguen necesitando la impoluta imagen de Garner para vender al insufrible (a ojos del público) Affleck de forma positiva.

¿Cómo es el usar la vida privada de un actor para promocionar una cinta diferente a usar las redes sociales? ¿Acaso usar el interés y la imagen generados por un actor para vender no es igual en internet, en la televisión o en el kiosko? Lo mismo que sucede con Affleck se puede aplicar a otras estrellas importantes como Brad Pitt, Leonardo DiCaprio o Johnny Depp. Aunque, de forma general, a la carrera de los tres se les pueden poner pocos peros, no debemos obviar el que todos han pasado por una etapa más o menos larga como forracarpetas en la que muchos de los papeles que obtenían, más que responder a su calidad artística, venían a causa de los suspiros fanáticos que provocaba, con razón, su físico.

Sin embargo, aunque todo nos dice que las palabras de Thompson podrían perfectamente ser ciertas, cabe mencionar que no lo son. Los actores y actrices menores de treinta años que más proyección tienen en la actualidad destacan en muchas ocasiones por ser, además, completamente ajenos a las redes sociales.

Ni Jennifer Lawrence, ni Daniel Radcliffe, ni Kristen Stewart, ni Elizabeth Olsen, ni Saoirse Ronan consiguen sus papeles gracias a Twitter, Facebook, Snapchat o Instagram, por la sencilla razón de que ninguno de ellos tienen cuentas oficiales o públicas en las mencionadas plataformas. Tampoco Emma Stone, que se retiraba de twitter —al menos de forma conocida— en 2013 después de que un anónimo le hackeara su cuenta oficial. O el prometedor Ezra Miller, que actualmente sólo tiene una cuenta en Facebook que parece estar abandonada. Más especial es el caso de Shailene Woodley, que pasa de twittear diariamente a pasar largas temporadas alejada, no sólo de las las redes sociales, sino de su propio teléfono móvil.

Mia Wasikowska y su pareja Jesse Eisenberg son también de los que se sienten más cómodos desconectados y, al igual que la oscarizada Alicia Vikander, que encuentra las redes sociales «estresantes», decidieron eliminar toda presencia oficial online.

Alicia Vikander

Aunque sí tiene una cuenta oficial en instagram, no podemos relacionar esta con el éxito de la carrera de Elle Fanning, pues no ha sido hasta este pasado 9 de abril, cuando la actriz cumplía 18 años, que esta cuenta se hacía pública. En base a la buena imagen que tiene entre el público la joven actriz, esta decisión parece de lo más acertada.

La industria se ha adaptado a los nuevos medios pero no parece que nada haya cambiado; ni en la condescendencia con la que se trata a actores jóvenes y atractivos, ni en la manera en la que se usan sus vidas para vender. Ante este panorama es difícil saber de dónde provienen las despiadadas críticas de Caine y Thompson, consagrados actores que demuestran una gran desconsideración para con la nueva generación de compañeros de profesión. ¿Quizás con el tiempo han olvidado que ellos usaron los mismos trucos para vender cuando los necesitaron?

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