Los 15 mejores grupos de ‘shoegaze’ que (posiblemente) no has escuchado

No todo va a ser My Bloody Valentine, Slowdive y Ride: estas bandas (generalmente británicas, y generalmente con flequillo) también le dieron en los ochenta y los noventa a eso de las guitarras nebulosas y los pedales con los potenciómetros a tope.

Será porque los noventa llevan ya unos años siendo los nuevos ochenta, o porque, cuando los prejuicios acaban cayéndose de puro viejos, es el momento para dar luz verde a un nuevo revival. El caso es que, desde hace algo más de un lustro, aquellos grupos de pop ruidoso que tanto furor hicieron hace dos décadas (¿¡dos!?) están más de moda que nunca. Gracias al proselitismo de Deerhunter, Asobi Seksu, A Place To Bury Strangers, The Horrors y otras bandas contemporáneas, resulta que el panorama sónico conocido como shoegaze ha vuelto a ser lo más. Dado lo rápido que van las tendencias, es posible que todo esto haya pasado ya de moda mientras escribimos, pero el caso es que sacar del armario la camiseta de rayas mientras se escucha a My Bloody Valentine, Catherine Wheel Ride como si no hubiese un mañana parece, hoy en día, muy procedente.

Como somos unos fósiles, muchos de los miembros de CANINO vivimos el ascenso y caída del shoegaze habiendo llegado ya a la pubertad. Algo que nos lleva a congratularnos por este retorno del ruidismo pop: en un mundo tan carnicero como este, mola ver cómo incluso Slowdive (que eran buenísimos, y que se llevaron palos mil en su día) gozan de una segunda juventud. Por eso os ofrecemos esta guía con grupos que también juraban sobre sus copias de Disintegration (The Cure, 1989), de Darklands (The Jesus And Mary Chain, 1987) y de Treasure (Cocteau Twins, 1983), y que se gastaron en pedales de distorsión y delay el equivalente al PIB de un país pequeño… pero que jamás llegaron a las cotas de popularidad alcanzadas por los autores de Loveless, de Nowhere y de Pygmalion,  ni tampoco de otros exponentes ‘menores’ como Catherine Wheel, Swervedriver, Chapterhouse o nuestras queridas Lush. Si nos hemos dejado a tus favoritos, dínoslo en los comentarios.

A.R. Kane

Como ya te pusimos al tanto sobre las andanzas de Rudi Tambala Alex Ayuli, tampoco vamos a repetirnos. Baste decir que este dúo británico comenzó con una broma pergeñada por dos amigos borrachos en una fiesta y que, cuando la boutade trascendió, el dúo se vio obligado a materializar aquello de «una mezcla de Cocteau Twins, Miles Davis Joni Mitchell». Para que nos vamos a engañar: lo consiguieron, anticipando el sonido de la ‘escena que se celebra a sí misma’ con escalofriante precisión. Y, por si eso fuera poco, A.R. Kane anticiparon también la conexión del shoegaze con la música electrónica, tanto en sus propios álbumes como formando parte de M.A.R.R.S., el proyecto (junto a los miembros de Colourbox) que grabó la acongojante Pump Up The Volume (1987).

¿Con qué disco me pongo? 69 (1988)

The House of Love

Triste destino el de los grupos que se adelantan a su tiempo. Sin ir más lejos, la banda de Guy Chadwick tuvo un papel fundacional en aquello de combinar ruido y melodía… pero, al igual que les había pasado ya a The Chameleons, se topó con la incomprensión de críticos y oyentes que no sabían si aquello sonaba siniestro (en buena parte debido a Shine On, su primer y espectacular sencillo), rockero, popero, psicodélico o, sencillamente, raro. Esta indeterminación acabó costándole cara al grupo, atorado en intentos inútiles de ponerse al día con las modas. Pero, si por el camino se dejaron canciones tan espectaculares como Christine, para qué nos vamos a quejar…

¿Con qué disco me pongo? The House of Love (1988)

Pale Saints

¿No te suenan? Casi que nos parece lógico: el grupo de Ian Masters es de los menos traídos y llevados del shoegaze original, y eso que su producción es una de las más melódicas (¡ojo a la voz de la cantante Meriel Barham!) a la par que inclasificables del estilo, cediendo espacio a los arreglos preciosistas en lugar de confiárselo todo a las guitarras y sus efectos. El hecho de que, tras dos discos estupendos, remataran su carrera con un trabajo tan ‘menor’ como Slow Buildings (1994) puede tener algo que ver en esto, pero es una pena. Y la trayectoria de Masters al frente de Spoonfed Hybrid (menos ruidosos, pero mucho más raros si cabe) también merece una revisión.

¿Con qué disco me pongo? In Ribbons (1990)

Band Of Susans

Será porque venían del punk, o porque las tres Susanas que fundaron el grupo (Stenger, Lyall y Tallman) estaban para pocas bromas. Lo cierto es que este conjunto neoyorquino, en el que también tocó Page Hamilton (Helmet) suena muchísimo más agresivo que otras bandas shoegazeras. Si buscas un punto de colisión entre los sonidos nebulosos del Reino Unido y esa escena noise de EE UU, más proclive a las disonancias y con Sonic Youth al frente del cotarro, corre a por su discografía.

¿Con qué disco me pongo? Love Agenda (1989)

Kitchens Of Distinction

Tras bautizarse en honor a una tienda de fontanería (lo de las «cocinas con distinción» venía de ahí), el trío encabezado por Patrick Fitzgerald supone un desmentido para quienes piensan que en el shoegaze no había espacio para lo político. Porque ‘los Kitchens’ aunaban un sonido con raíces en el pop ochentero (eran mayores en edad que sus compañeros de quinta) con un feroz odio a Margaret Thatcher y nulos deseos de esconder la condición homosexual de su bajista y cantante. De esta manera, entre canciones que hablaban de matar a la primera ministro y portadas con chulazos ligeros de ropa, se convirtieron en una banda ‘de culto’ (es decir, que no vendían un colín) hasta su disolución y posterior vuelta al ruedo en 2013.

¿Con qué disco me pongo? Strange Free World (1991)

The Ecstasy Of Saint Theresa

Desde la República Checa (entonces, parte aún de Checoslovaquia) y respaldados por Robert Smith, quien tuvo la cortesía de alabarles en un par de entrevistas, estos praguenses demostraron que en el Este de Europa también había sitio para la distorsión pop. Pero dejarlo ahí sería un reduccionismo, porque, tras su debut largo Susurrate (1992) y el estupendo EP …fluidtrance centauri… (1993),  The Ecstasy… descubrieron los samplers y pasaron a ofrecer una aprovechable fusión de electrónica y psicodelia ruidosa. En todo caso, sus álbumes de los 90 siguen siendo una maravilla a redescubrir, y en su país tienen el rango de institución.

¿Con qué disco me pongo? Free-D: Original Soundtrack (1994)

Sugar Plant

Da igual cómo te pongas: en cualquier lista de clásicos poco reconocidos de un estilo (el que sea) tiene que salir siempre un grupo japonés. A los tokiotas Sugar Plant, en concreto, se les suele poner en la encrucijada entre el shoegaze y esa otra corriente de difusa definición llamada dream pop. Pero lo cierto es que solían tirar de las guitarras abrumadoras como los que más, siguiendo la estela de Cocteau Twins y Galaxie 500, además de pergeñar melodías subidamente riquiñas. Un caramelo, en definitiva.

¿Con qué disco me pongo? Happy/Trance Mellow (1998)

The Telescopes

De los más rockeros del lote, y también de los primeros en catar vinilo (su primer trabajo, Taste, es de 1988), esta banda británica fue también una de las más gafes de toda la primera hornada shoegazer, llegando a niveles de mala pata que rivalizarían con los de Slowdive. Una lástima, porque la primera parte de su discografía posee una punkitud encantadora, mientras que su regreso (a partir de Third Wave, 2002) ofrece trabajos de mucha enjundia experimental.

¿Con qué disco me pongo? Taste (1992)

Flying Saucer Attack

Cualquiera diría que habían tomado su nombre de una canción de los Rezillos: también asociados al llamado post rock (cuando el género apenas era una etiqueta inventada a vuelapluma por Simon Reynolds, y fervorosamente defendida en España por un tal Víctor Lenore), el dúo formado por David Pearce Rachel Brook supuso la colisión de dos géneros tan incompatibles a priori como el pop ruidoso y el folk con un subido tono experimental. Fundamentalitas del vinilo, en una época en la que muchos daban por muerto al formato, y defensores a ultranza de la autoedición, regresaron el año pasado (bueno, el único en regresar fue Pearce) con el álbum Instrumentals 2015.

¿Con qué disco me pongo? Chorus (1995)

Curve

¿Macarras? Pues sí, y a mucha honra. Tanto, que los elepés de Toni Halliday Dean García aparecen ocasionalmente descritas como una variante pop del sonido industrial, más que como propiamente shoegazers. En todo caso, hemos de mencionar que también resultan muy atmosféricos (aunque las atmósferas en cuestión resulten muy presurizadas) y que se les considera como una de las fuentes principales de inspiración para Butch Vig Shirley Manson cuando pusieron en marcha a Garbage. Sólo por eso deberían merecerse tu interés.

¿Con qué disco me pongo? Cuckoo (1993)

Seefeel

¿Qué ocurre si tomas la ocasional querencia techno que exhibían My Bloody Valentine (en canciones como Soon, sin ir más lejos) y la llevas hasta el límite? Pues que te sale un grupo como el encabezado por Mark Clifford Sarah Peacock. Aunque su producción fue escorándose más y más hacia la electrónica, los primeros trabajos de Seefeel (empezando por los EPs de 1993 recopilados en el álbum Polyfusia) suponen un manual de cómo combinar las guitarras de papel de lija y las voces sedosas con bajos increíblemente densos y ritmos programados. Ay, si más bandas hubieran seguido su ejemplo…

¿Con qué disco me pongo? Quique (1993)

The Boo Radleys

Es posible que estos chicarrones, bautizados en honor a un personaje de Harper Lee, te suenen bastante. Lo malo es que seguramente te sonarán debido a Wake Up, Boo!, el único hit de su discografía (contenido en el álbum Wake Up!, 1995). Y eso no está demasiado bien, porque antes de optar definitivamente por el pop eran uno de los grupos más imaginativos de la escena ruidista del Reino Unido, siempre prestos a adornar sus guitarrazos con arreglos de cuerda, de viento y de todo lo que el presupuesto de Creation Records les permitiese. Si hubieran perseverado en ese plan, seguramente ahora se les recordaría con más afecto.

¿Con qué disco me pongo? Giant Steps (1993)

The Veldt

Grandiosa ironía: un género como el shoegaze, fundado oficiosamente por dos músicos de piel oscura (los componentes de A.R. Kane), estuvo representado en su mayoría por grupos de ‘rostros pálidos’. Una de las pocas excepciones a dicha norma fueron en The Veldt, cuarteto de Carolina del Norte que se estrelló contra la incomprensión de la escena, en general, y de las discográficas, en particular: mientras que ellos contaban con el beneplácito de Robin Guthrie (Cocteau Twins) y combinaban su psicodelia con efluvios soul y reggae, los ejecutivos de turno les negaban el pan y la sal, porque (según ellos) unos niggas haciendo pop no tenían ningún futuro. ¿La mayor ironía de todas? Chuck D (Public Enemy) era fan.

¿Con qué disco me pongo? Afrodisiac (1994)

Lilys

Con un pie en el ruidismo y otro en el pop sixties, Kurt Heasley era un artista de culto… hasta que Roman Coppola seleccionó su A Nanny In Manhattan (de Better Can’t Make Your Life Better, 1995) como banda sonora para un anuncio de pantalones vaqueros. Algo que, como suele suceder, les proporcionó al artista y a su proyecto un estatus un tanto menos agradecido: el de one hit wonder. Con una canción, además, que pese a ser muy bonita no le hacía ninguna justicia a los mejores momentos de su discografía.

¿Con qué disco me pongo? Eccsame the Photon Band (1993)

Silvania

Basados primero en Valencia y después en Madrid, los peruanos Mario Mendoza Jorge Luis ‘Coco’ Revilla supusieron una anomalía muy disfrutable en aquella España del ‘noise pop’, las listas grandes y los grupos cuyas influencias no iban más allá de Jesus & Mary Chain y unos Sonic Youth entendidos de aquella manera. Aunque su preciosismo pudiera atragantárseles a muchos, hacían gala de un valor poco común que les permitió pasar del guitarreo a la electrónica (en el elepé Paisaje III, 1994) con mucha dignidad. Rebautizados como Ciëlo, y ya entregados directamente al tecnopop, siguieron con su carrera hasta el asesinato de Coco en 1998 2008.

¿Con qué disco me pongo? En cielo de océano (1993)

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