Los “científicos locos” del franquismo

La dictadura tuvo sus mad doctors y muchos de ellos buscaron descifrar y eliminar cosas tan absurdas como el gen rojo, la homosexualidad y la marihuana. Así, entre lobotomías, electroshock y mediciones de cráneo, Franco defendía esa familia católica de misa y vermú diario

A inicios de los años setenta el poeta Leopoldo María Panero vivía la imposible bohemia del franquismo propia de los niños bien: coqueteaba con la bisexualidad, militaba en el Partido Comunista y fumaba hachís. Esta última actividad, que ahora vemos con toda normalidad, resultaba intolerable para su madre Felicidad Blanc. En sus vívidas memorias, “Espejo de sombras”, Blanc recuerda que: “en su delirio al despertar ha hablado de marihuana. La pide insistentemente. Un primo mío me ha llamado antes de salir de Madrid y me ha dicho que lo peor no es el intento de suicidio de Leopoldo, lo peor es que se droga. No he oído nunca hablar de la marihuana; me suena a algo terrible”

Con un intento de suicidio previo y sin apenas información sobre la droga, Blanc reconstruye el alegato de Panero en el cual afirmaba que fumar marihuana era “algo normal” y que le “tranquilizaba”. Esto a Blanc no le convence” y llega a escribir en su autobiografía que “los que me han hablado de ella me la han presentado como algo que lentamente termina con el que la fuma, que le convierte en un ser destruido”.

Esto continuará el peregrinar de psiquiátricos, manicomios, y cárceles diversas de Leopoldo María Panero: Pedralbes, Tarragona, Carabanchel, etc. En una de sus estancias encontrará al gran “científico loco” del franquismo tardío: Juan José López-Ibor. Hombre de profundas convicciones religiosa y defensor de una psiquiatría de tipo somático, el periodista Salvador Pániker recuerda que tenía “un trato a la vez afable y reservado, de hombre habituado a escuchar a los enfermos”.

Leopoldo María Panero en la película Después de tantos años (1994)

Esta faz amable contrasta con el testimonio de Leopoldo María, que afirma haber estado sometido a un tratamiento de “electroshocks” en el cual a la vez este le ponía una imagen de Santa Teresa de Jesús en la mesilla. Panero, en sus últimos años, llegó a confirmar el trato afable de López-ibor, y consideró además que esa estancia entre barrotes tuvo otra cosa buena: “me tiré a media cárcel”. Roberto Bolaño noveló en torno a testimonios la loca vida sexual del último Panero en los manicomios: Uno de los locos del banco comenzó a masturbarse. El otro, el que se dolía exageradamente, hurgó en uno de sus bolsillos y sacó un cigarrillo. El poeta se acercó a ellos. Lola creyó oír su risa. Una risa irónica, como si les estuviera diciendo: chavales, no sabéis encajar una broma (…) Y se sentó en medio y luego miró al que se estaba masturbando y le habló al oído. Esta vez Lola no lo oyó pero vio claramente cómo la mano izquierda del poeta se introducía en la oscuridad del albornoz del otro. Y luego los vio fumar a los tres. Y vio las volutas de artesanía que salían de la boca del poeta y de su nariz”.

Pero, ¿de dónde vienen estos científicos locos del franquismo? ¿Cómo llegó gente con tan pocos escrúpulos a ejercer su poder? Habrá que aventurarse, de nuevo, a la Alemania de inicios del siglo XX…

Vallejo-Nájera y las presas ninfómanas marxistas

En los primeros años del pasado siglo, tal como pasa ahora con los estudiantes Erasmus, era común llevar a los estudiantes de mayor grado a realizar su especialización a Europa. La universidad española, renqueante luego de cientos de años domada por los neocatólicos, no estaba a la altura de la investigación fuera. Uno de estos jóvenes que encontrará asueto en el extranjero será el doctor Antonio Vallejo-Nájera Lobón, nacido en Paredes de Nava (Palencia) en 1889. Vinculado a la psiquiatría militar, héroe por la Cruz Roja y la Monarquía por sus actuaciones médicas en Gijón o Larache, se ligará a la embajada española de Berlín.

Allí, en plena Primera Guerra Mundial, entrará en contacto con los primeros estudios eugenésicos y visitará los pioneros manicomios alemanes. Es la época de El Gabinete del Dr. Caligari (1920), donde la ciencia alemana deslumbra al mundo y sus científicos elucubran teorías entre geniales y disparatadas de la psique humana.

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La principal influencia de Vallejo-Nájera, según el estudio de las doctoras Bosch Fiol, Ferrer Pérez y Navarro Guzmán de la Universidad de las Islas Baleares, será el doctor Ernst Kretschmer. Su teoría vinculaba el físico con la psique de cada enfermo y creó arquetipos conocidos como ciclotímicos y esquizotímicos. Construía tipologías, en fin, que avanzado el tiempo llegarán a aplicarse en los gabinetes nazis como guía. En 1933, el propio herr Kretschmer firmará a favor de Hitler y su régimen, además de mostrar su apoyo al cuerpo armado de selección racial de los nazis: las SS.

Vallejo-Nájera volverá a España luego de la Primera Gran Guerra con la lección aprendida y se atará al estamento militar definitivamente bajo Primo de Rivera. En la Segunda República se le tiene por filofascista y tendrá su justo puesto en el Gabinete de Investigación Psicológica del Ejército (23 de agosto de 1938) con Franco. Este era, parafraseando a Foxá, una versión “poco seria” del Ahnernerbe nazi, que pretendía bajo órdenes de Himmler reconstruir el linaje ario germánico y crear la tipología del marxismo como “enfermedad mental”.

Herr doktor, Antonio Vallejo-Nájera

Herr doktor, Antonio Vallejo-Nájera

Los nombres de los libros de Vallejo-Nájera en el tiempo, delirantes, no dejan lugar a dudas: Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la Raza o Política racial del nuevo Estado. Llega a definir la etnia hispánica con un axioma que se ajusta ahora perfectamente a alguien como Bertín Osborne: La raza española se define por su masculinismo, su disciplina, su canto a la fuerza, su nacionalismo sublime y su profundo catolicismo”.

El catolicismo, en cierto sentido, actúa como freno en sus ensueños nacionalsocialistas, especialmente en los experimentos que acomete con los prisioneros de guerra republicanos, tanto en las brigadas internacionales como con milicianas malagueñas. Este último estudio, que por exagerado resulta pura ficción, deconstruye a las reclusas con definiciones propias de la novela pulp: Cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer entonces se despiertan en el sexo femenino el instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarle las inhibiciones inteligentes y lógicas, característica de la crueldad femenina que no queda satisfecha con la ejecución del crimen, sino que aumenta durante su comisión. Además, en las revueltas políticas tienen la ocasión de satisfacer sus apetencias sexuales latentes”.

De manera curiosa, se opone a la esterilización y considera que prefiere “mejorar los más aptos para el perfeccionamiento de la raza, lo cual reclama una previa selección, por otra parte, no siempre fácil de efectuar”.  Las bajas pasiones, además, son para él algo fuera de cualquier estética y cree que “el hombre casto y monógamo puede contemplar con aires de superioridad el medio ambiente. La hipersexualidad suele ser signo de inferioridad mental”. Qué lejano queda aquí de los científicos nazis, el imaginario sadomasoquista y el cuero que impregnan cientos de novelas de género.

Milicianas en el frente de batalla de la guerra civil

Milicianas en el frente de batalla de la guerra civil

De las cincuenta presas republicanas de Málaga analizadas, 33 fueron condenadas a muerte, 10 a reclusión y 7 a penas de diez a veinte años, según el citado estudio de la Universidad de las Islas Baleares.

Sus juicios a los brigadistas internacionales serán igual de vehementes, y recuerda que “los marxistas aspiran al comunismo y a la igualdad de clases a causa de su inferioridad, de la que seguramente tienen conciencia, y por ello se consideran incapaces de prosperar mediante el trabajo y el esfuerzo personal. Si quieren la igualdad de clases no es por el afán de superarse, sino de que desciendan a su nivel aquellos que poseen un puesto social destacado, sea adquirido o heredado”.

Vallejo-Nájera en los tiempos universitarios

Vallejo-Nájera en los tiempos universitarios

Un hombre de su tiempo, sin duda, que a pesar de sus conocimientos médicos cayó en el fanatismo más enfermizo. Acabada la guerra, estará dentro de la represión intelectual del régimen, para finalizar su carrera en los sectores más azules de la Universidad Central de Madrid.

Allí será catedrático de Psiquiatría hasta 1958, falleciendo dos años después de perder su puesto. La cátedra de psiquiatría pasará a un hombre que hemos ya citado: Juan José López-Ibor. ¿Su mérito? A decir de del psiquiatra progresista Carlos Castilla del Pino, el de tanto otros en el tardofranquismo: ser del Opus Dei.

López-Ibor: electroshocks con una sonrisa

La Universidad Central de Madrid, la actual complutense, tiene toda una historia tétrica que llegó a su verdadero colofón con el descubrimiento del llamado “sótano de los horrores”. Se revelaron así, en 2014, decenas de cadáveres apilados en Medicina como consecuencia de no poder renovar al “funcionario del horno crematorio” en perfecta ironía barojiana. Esto sigue la larga lista de sordidez de la Medicina en la Computense, que ya avistaba el propio Pío Baroja en El Árbol de la Ciencia (1911) y que alcanzó el paroxismo como ratonera metafórica en la novela Tiempo de silencio (1961) del psiquiatra Luis Martín-Santos.

¿Quién fue uno de los profesores de Martín-Santos? No otro que el citado Juan José López-Ibor, cara amable de la psicología franquista e imbuido en un buenismo cristiano que solo se puede calificar de bizarro. A Pániker, de hecho, le llegó a declarar que “aceptada la doctrina católica, empieza el camino de perfección”. De su profesionalidad distendida, propia del populismo del tiempo, dice todo cómo juzga el caso de una enferma de su centro psiquiátrico: Se cree poseída por el demonio, aunque no tenga ninguno de los fenómenos extraños y típicos de la posesión. Lo que sucede es que cuando a ella se le ocurre una cosa buena, inmediatamente se le ocurre otra mala. Y hace la mala”.

Nacido en Valencia, en 1908, tuvo una gran proyección internacional, y se le consideró en algunos entornos el heredero natural de Ramón y Cajal. Después de 1950, con su entrada en la Real Academia de Medicina, comenzará su ascenso social en el régimen. Polemizó con los Vallejo-Nájera, más materialistas y socialistas que él, en relación con los cuidados mentales en los que defendió siempre la labor de las “clínicas privadas”.

López-Ibor en su estudio

López-Ibor en su estudio

Eran su negocio, claro, y llegó a ser el psiquiátrico preferente para los uranitas de las buenas familias al final de la dictadura, de creer el polémico libro Delitos sin víctima (1989) de Lamo de Espinosa. Este autor afirma vehementemente que el doctor practicó lobotomías de escaso éxito a homosexuales  para curarlos. El dibujante Nazario Luque, en el libro de memorias La Barcelona de los años 70 vista por Nazario y sus amigos (2010), también recuerda como: «entonces estaba todo por hacer: el sistema reeducaba a los gays, los clasificaba como maleantes, les practicaba la lobotomía –un invento del doctor López Ibor– y te quedabas tonto o, si no, efectivamente, se te quitaban todas las ganas de follar…, tanto con hombres como con mujeres”. Las “curaciones” debieron ser habituales.”

El ídolo de López-Ibor, el que le hacía opuesto a su alumno Martín-Santos, será Karl Jaspers y su espiritualismo psicológico. Freud, aquí, se aclimata mal y la propia psiquiatría clínica buscaba perseguir cualquier desviación de la norma. Castilla del Pino reconstruye este diálogo con López-Ibor que resulta paradigmático:

«– ¿Vd. qué ha leído de psiquiatría?
-Bumke, Lange y todos los tomos de Freud.
– Olvídese de Freud.

“¿Te gusta Madonna?”

“¿Te gusta Madonna?”

Estas “desviaciones” no le quitaron ojo a López-Ibor del emergente mercado pornográfico, donde pagó a múltiples negros (entre ellos Eliseo Bayo y Lidia Falcón) para realizar el conocido El libro de la vida sexual en 1968. Mezclando chicas de buen ver con textos picantes pasados por jerga sociológica, la publicación fue un hito de ventas y de creer a Lidia Falcón, les permitió a ella y su marido pagar el alquiler durante mucho tiempo. Una muestra de los textos: la imagen de una taquillera sexy, ¡en bikini!, se acompaña con esto: Otra manifestación de la sexualidad de nuestros días es la entrada del “sex-appeal” en los comercios, como forma de atraer al posible cliente de un modo más estimulante. En los servicios públicos, como en este caso una estación de servicio, hay una especial dedicación al cliente para que éste se encuentre a gusto y en un ambiente agradable. Para ello no escatiman nada y el público indudablemente lo agradece”.

La sugerente portada, totalmente científica

La sugerente portada, totalmente científica

Fuera del inevitable mundo Berlanga de López-Ibor, en Cataluña domeñó la psiquiatría otro particular doctor: Francisco Arasa. Formado, también, en la psiquiatría humanista de raíz católica, publicó una conferencia sobre “cómo” curar la homosexualidad en 1969. ¿Su técnica? Los electroshocks en los “genitales” en caso de erección, acompañados de un cóctel de medicamentos y sesiones con cinta propias de La naranja mecánica. Solo se curaban apenas un 10 %, pero es de suponer que también gozarían de los privilegios del altísimo, de leer sus textos.

Entender los renglones torcidos: la democracia

La Transición extendió por primera vez la ideología de la anti-psiquiatría en España, deudora de autores críticos con los viejos manicomios como Foucault o Porter. En ese sentido, la llegada de las teorías de Cooper, Laing o Franco Basaglia, especialmente gracias al pionero divulgador Enrique González Duro, buscan hacer una psicología comprensiva, en oposición a la somática.

El psicólogo Carlos Castilla del Pino, en sus memorias, suele afirmar que el sufrimiento de esa gente fue lo que le llevó “al antifranquismo rabioso”. Durante años se le desplazó de cualquier cargo público por la oposición a estos “mandarines”. Avanzando la democracia, con los cambios legislativos, los manicomios públicos van a tener regímenes más abiertos y los “científicos locos” ya no poseerán la última palabra con las autoridades.

El nuevo edificio

El nuevo edificio

López-Ibor, de hecho, fallecerá en 1991 de alzhéimer, lejano de cualquier reconocimiento universal, divididos partidarios y detractores por sus polémicos usos (uno de sus hijos llegó a declarar a ABC, todavía para 2012, que el electroshock salva vidas). Su clínica aún sobrevive en Cardenal Herrera Oria y se ven pacientes curiosear en las ventanas de sus particulares estancias.

Muchos de ellos, dentro de la clínica, parecen otear al horizonte siguiendo el párrafo final de Alguien voló sobre el nido del cuco (1962) de Ken KeseySolo quiero mirar encima del campo, sobre el cañón, para traer perspectiva a mi mente otra vez. He estado fuera tanto tiempo”.

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