‘Los miserables’, redención y esperanza: más de 100 años de adaptaciones

Desde que en el s. XIX viera la luz la famosa novela de Víctor Hugo centrada en las penurias de la vida en la Francia previa a la Revolución de junio, han sido muchas las versiones audiovisuales que han existido de este clásico, de una película musical a varias series de animación japonesa. Aprovechando que la BBC ha estrenado el último producto basado en Los miserables, revisamos algunas de las más interesantes y analizamos sus diferencias con el material de partida.

Víctor Hugo publicaba en 1862 este clásico del Romanticismo, una historia sobre amor, sacrificio, redención, religión y revolución centrada en los cambios políticos y las desigualdades sociales que existían en la Francia del s.XIX. Esa es la base de Los miserables, una novela que se convirtió en un éxito inmediato en su época y que sigue vigente en la actualidad, en gran parte gracias a las múltiples adaptaciones con las que ha contado a lo largo del tiempo.




Aunque entre las más conocidas -y premiadas- se encuentra el musical que debutó en 1980, existen abundantes representaciones teatrales (incluyendo una reciente y curiosa propuesta española, que tiene como ejes centrales el personaje de Grantaire y la música de Amaral), relatos radiofónicos e incluso videojuegos y cómics. Pero en este repaso nos centraremos en las versiones audiovisuales, en un breve viaje casi cronológico desde sus primeros traslados a la pantalla hasta su reciente debut como miniserie de la mano de la BBC.

¿Quién es quién en Los miserables y dónde reside su atractivo?

Antes de adentrarnos en las profundidades del universo de adaptaciones de Los miserables, es importante tener claro qué cuenta el ladrillo (apodo cariñoso que recibe la novela entre muchos de sus seguidores), para a su vez intentar comprender los elementos que lo han convertido en un fenómeno de renombre. Y es que -con permiso de Aladdín (1992)- nunca un mendrugo de pan robado había dado tanto juego.

Precisamente este crimen, el hurto de unas hogazas de pan para poder alimentar a su hermana y sobrinos, es lo que detona la trágica historia de Jean Valjean, uno de los personajes principales de la obra. Un hombre pobre que pasa 19 años como el preso 24601 haciendo trabajos forzados y que, cuando queda en libertad, tiene problemas para encontrar trabajo honrado debido a su condición de expresidiario. Gracias a la ayuda del humilde obispo Myriel y a ocultar su pasado, se labra un nuevo nombre y se convierte en un reputado alcalde. Entonces su camino se cruzará con el de Fantine, una inocente costurera y madre soltera que acaba enfermando mientras trabaja como prostituta para poder mantener a su pequeña Cosette, a quien ha dejado viviendo en la posada del matrimonio de delincuentes Thénardier, pensando que estaría en buenas manos porque le darían el mismo trato que a sus hijas. A pesar de que Valjean intentará ayudarla, Fantine morirá, por lo que el hombre se hará responsable de la niña mientras huye de Javert, un inspector de policía rígido e implacable que lo perseguirá durante años por los crímenes que ha cometido.

Victor Hugo

Cuando Cosette crece, ajena a todo este pasado, se enamora de Marius Pontmercy (de quién, a su vez, está enamorada Éponine Thénardier), un muchacho adinerado y defensor del bonapartismo que se junta con los jóvenes revolucionarios conocidos como los Amigos del ABC. Este variopinto grupo -liderado por el carismático Enjolras y en el que también encontramos al escéptico Grantaire- reivindica el fin de la monarquía y un sistema más justo para toda la sociedad, hasta el punto de que se ven involucrados en la Rebelión de junio parisina de 1832. Estos son, grosso modo, los hilos fundamentales que tejen toda la novela, que -quitando los largos pasajes con detalladas descripciones sobre el alcantarillado de la capital francesa- gira en torno a las desigualdades, los distintos modelos de entender la justicia, la confianza en que un mundo mejor es posible y la redención a través del amor al prójimo y a Dios, temas que interesaban a Víctor Hugo, como demuestran otros de sus trabajos o su interesantísima vida como comprometido -y cambiante- político, escritor y filósofo.

Como vemos, la historia cuenta con elementos universales que siguen inspirando y emocionando a cientos de espectadores en la actualidad, que se sienten conmovidos por las injusticias, la lucha por un futuro más próspero, los trágicos romances y los conflictos a los que se enfrentan estos personajes, que ya forman parte del imaginario colectivo a través de las distintas versiones que han tenido lugar en los últimos 100 años. Además, con cada nueva adaptación, el fenómeno fan ha parecido revivir. Porque, sí, esta obra del Romanticismo cuenta con un apasionado y activo fandom -que en gran parte debe su existencia en el s. XXI al musical, tanto teatral como al cinematográfico- que se dedica a analizar la obra de Víctor Hugo y a realizar multitud de creaciones propias (especialmente centradas en los jóvenes amigos revolucionarios), y que ha vuelto con energías renovadas gracias a la labor de la cadena pública británica.

Ilustración de Enjolras realizada por la artista española Pilar Hernández.

De la mano de los Lumière

Con la llegada del cine apareció también la que podría considerarse la primera adaptación audiovisual de este clásico, o, al menos, la primera versión inspirada en el mismo. Los hermanos Lumière debían ser admiradores del autor francés, pues en 1897 los inventores del cinematógrafo realizaron un cortometraje titulado Victor Hugo et les principaux personnages des Misérables, en el que un actor se disfraza primero del escritor, para posteriormente convertirse rápidamente en algunos de los personajes masculinos de la novela, como Valjean, Javert, el obispo Myriel y el tabernero Thénardier.

Después llegaba la primera adaptación real, ya que en 1909 James Stuart Blackton dirigió cuatro cortos mudos protagonizados por Maurice Costello como Valjean y William V. Ranous en el papel de Javert, que funcionaban como historias independientes pero cobraban sentido como un todo, dado que en ellos se relataba cómo el expresidiario huía del inspector a lo largo de veinte años, abarcando así el grueso de la novela.

Más adelante, el director francés Albert Capellani se encargó de otra cinta muda, cuyo guion escribió su tío, el actor Paul Capellani. Protagonizada por Henry Krauss como Valjean, el filme se estrenó en 1912 y estaba dividido en cuatro capítulos, titulados Jean Valjean, Fantine, Cosette y Cosette y Marius. Como curiosidad, unos años más tarde Krauss repetía en una adaptación, dando vida al obispo Myriel en la francesa Les Misérables (1934) de Raymond Bernard, que dura cuatro horas y media (por lo que se dividió en tres partes) y es considerada una de las versiones más fieles, pues sintetiza la trama y esencia del libro gracias a un guión coescrito por André Lang.

Las barricadas en Les Misérables de Raymond Bernard

Por supuesto, en Francia se han realizado multitud de traslados a la pantalla, entre los que encontramos Los miserables (1925) de Henri Fescourt y Arthur Bernède, un cuidado filme de seis horas de duración e impresionante factura técnica. O la película de 1958 dirigida por Jean-Paul Le Chanois y coescrita junto a René Barjavel, que se convirtió en un taquillazo. Ésta hace bastante énfasis en el aspecto revolucionario de la trama y muestra a un Javert más joven que Valjean, cuyo odio hacia el antiguo preso viene heredado de su padre, también policía. O, muy posterior, nos topamos con la adaptación de Robert Hossein y Alain Decaux en 1982, nominada a varios César, que le valió el premio a Mejor actor de reparto a Jean Carmet por su papel de Thénardier. Es interesante como este último filme opta por un final mucho más dramático que el escrito por Víctor Hugo, ya que aquí Valjean fallece en completa soledad. Además, la muerte de Fantine se produce antes de la llegada de Javert, una diferencia que solo encontramos en otra producción… el musical original de París, que el propio Robert Hossein dirigió en 1980.

A estos trabajos hay que añadir una larga lista de producciones estadounidenses, como la cinta de Frank Lloyd y Marc Robbins en 1917, que adapta los pasajes más conocidos del ladrillo. O el filme de 1935 dirigido por Richard Boleslawski y escrito por W. P. Lipscomb, nominado a Mejor Película, Fotografía y Montaje en los Oscar, que presenta multitud de diferencias con el material de partida y sirve de piedra angular para la mayoría de versiones anglosajonas que llegarán con posterioridad. Entre los cambios más interesantes están la inclusión de Éponine como parte de los Amigos del ABC, que en esta ocasión son liderados por Marius (cuando en la novela no muestra interés por formar parte de las revueltas) o que el cierre sea con el suicidio de Javert, indicando que así termina su vida como perseguido de Valjean. Además, encontramos El inspector de hierro (1952) del director Lewis Milestone y el guionista Richard Murphy realizado para Hollywood -que se toma muchas libertades, pues en ella Marius vuelve a ser líder de la revolución, los Thénardier no aparecen y Valjean tiene un buen amigo que vive con él- o varias adaptaciones de la obra de teatro The Bishop’s Candlesticks (1908), centrada en la llegada de Valjean a casa del obispo, donde decide robar su cubertería de plata a pesar de que es la primera persona que lo ha tratado con bondad. Cuando es apresado por ello, el obispo miente a su favor, lo que lleva a Valjean a replantearse su vida y querer ser una persona mejor.

Valjean prisionero en Les Misérables de Boleslawski

Comienza la internacionalización

Siguiendo con la estela de adaptaciones centradas en la figura del expresidiario, en 1931 el director japonés Tomu Uchida dirigió el filme mudo Jean Valjean. Antes, Los miserables ya habían dado el salto en el país nipón, pues previo a este trabajo existió una versión en 1923 dirigida por Kiyohiko Ushihara y Yoshinobu Ikeda, que fue cancelada a mitad de producción, y Au Mujo (1929) de Seika Shiba. Pero no son las únicas, como veremos más adelante.

Además de en Japón, la novela había llegado a la pantalla en otros países, hasta el punto de que a mediados del s. XX podemos encontrar distintas versiones en prácticamente todo el mundo. En 1937 se estrenaba en la Unión Soviética Gavrosh de la mano de la directora Tatyana Lukashevich y el guionista Georgiy Shakhovskoy, que se inspira en el niño de la novela para contar una historia de revolución contra la monarquía inspirada tan solo ligeramente en el trabajo de Víctor Hugo. En México Fernando A. Rivero fue el encargado de versionar junto a los guionistas Ramón Pérez Peláez y Roberto Tasker la obra en 1943, que empieza la narración en 1831 para después contar poco a poco el pasado de Valjean mediante flashbacks. En 1948 llegaba la cinta italiana de Riccardo Freda, compuesta por dos partes y con pasajes adaptados de manera muy libre por el director, Mario Monicelli y Vittorio Nino Novarese. Y así, poco a poco las barricadas comenzaron a alzarse en distintos países, como Corea del Sur o Turquía.

Cartel de Gavrosh.

Llegados a este punto queda claro que, aunque la presencia de Valjean siempre ha predominado en Los miserables (que, no por nada, iba a titularse en un primer momento Jean Tréjean, aunque finalmente Hugo optó por cambiarle el nombre al protagonista y hacer un relato más coral), en su traslado a la gran pantalla este factor ha cobrado más fuerza, pues la mayoría de trabajos que hemos visto son presentados como la historia de un humilde paria que debe evitar ser atrapado por un rígido policía. Una especie de juego del gato y el ratón en el que Javert es presentado en muchas ocasiones como un antagonista desdibujado, casi como un robot cuyas motivaciones no quedan claras, más allá de su insistencia por atrapar al preso 24601. Como descubriremos a continuación, este patrón se seguirá repitiendo hasta la actualidad.

Llegada a la pequeña pantalla

Tras su paso por los cines de todo el globo, llegó el turno de entrar en los hogares a través de la televisión. De esta manera, precisamente la BBC estrenaba The Bishop’s Candlesticks (1949), que a su vez era una adaptación de la obra teatral de Norman McKinnel. Otros capítulos individuales relacionados con la misma temática se dieron en los años siguientes, como demuestran The Bishop’s Experiment (1949) o la obra televisada The Bishop’s Treasure (1952).

Vivian MacKerell (Marius) y Cavan Kendall (Enjolras) en la versión de la BBC de 1967

Hubo que esperar un poco más para la primera miniserie, que surgía de la mano de los italianos en 1964, que trasladaron a su idioma el nombre de muchos lugares y personajes, aunque mantuvieran la trama. Más adelante, comenzaron a sucederse de nuevo las versiones: la cadena pública británica dirigió en 1967 su primera gran adaptación de la mano de Alan Bridges y ese mismo año debutó una telenovela brasileña titulada Os Miseráveis, la primera producción seriada de la emisora Rede Bandeirantes.

En 1972 Marcel Bluwal escribió y dirigió una miniserie francesa en dos partes, centrada especialmente en la insurrección de 1832, y en la década de los ochenta llegó la tv movie alemana Gavroche (1987), por citar solo algunos ejemplos. Además, en 1978 se crea una película británica pensada para la televisión, que fue nominada a un premio Primetime Emmy y a otro del Sindicato de Directores de Estados Unidos gracias a su cuidada factura técnica y actuaciones. Fiel al material original, la cinta dirigida por Glenn Jordan y adaptada por John Gay muestra los sucesos de manera cronológica aunque bastante resumida (lo que lleva a omitir personajes importantes, como Éponine) y sus mayores desvíos respecto al material de partida son que Valjean escapa de prisión en lugar de ser liberado -una incoherencia con respecto al tema original, que critica el sistema penitenciario- y que no muestra su muerte, pues la última escena del filme es él acudiendo a la boda de Cosette y Marius.

El ¿joven? Marius interpretado por Ernesto Aura

Por supuesto, España también cuenta con su propia versión: Los miserables (1971), una miniserie de 19 episodios de 20 minutos que están disponibles al completo en la web de Televisión Española. Dirigida por José Antonio Páramo, adaptada por Jesús María de Arozamena y protagonizada por Pepe Calvo como Jean Valjean, la trama nos lleva de nuevo al s.XIX para contarnos en blanco y negro los padecimientos de expresidiario desde que es puesto en libertad hasta su muerte. Pero también muestra con detalle la vida de Fantine, de Cosette y de Marius (así como su romance, que es reflejado de forma casi onírica), de manera bastante fiel a la novela. Las diferencias fundamentales son que los Amigos del ABC son adultos en lugar de estudiantes y que el tema de la revolución queda en un segundo plano, así como que Javert cuenta con un papel menos relevante con respecto a otras adaptaciones y a la novela.

Un cambio de siglo

A pesar de que tanto el ladrillo como la inmensa mayoría de las adaptaciones muestran el turbulento París del siglo XIX, también han visto la luz trabajos que han intentado trasladar a otros periodos o a la idiosincrasia de su país la obra de Victor Hugo. Por ejemplo, si regresamos a Japón, descubrimos que en 1938 se estrenó Kyojinden, la última película de Mansaku Itami, que lleva la trama a la rebelión de Satsuma que tuvo lugar en 1877. Por su parte, en 1950 se estrena Re mizeraburu: kami to akuma de Daisuke Itô y Masahiro Makino, que sucede durante la Era Meiji. Además, la película egipcia de Kamal Selim El Boassa (1944) adapta la trama a la historia de su nación, al igual que hace en la cinta india Kundan de Sohrab Modi.

Otra modernización es Testigo de excepción (1995), la película de Claude Lelouch protagonizada por Jean-Paul Belmondo -sí, ya lo habrás adivinado, en el papel de Valjean-, que transcurre en Francia, pero durante el siglo XX. Así, establece un paralelismo entre la historia original y la época de la ocupación nazi a través de una adaptación muy libre, pues la historia sigue a Henri Fortin (Jean-Paul Belmondo), hijo de un hombre encarcelado de manera injusta y de una mujer que sufre el maltrato de su patrón, que tendrá que sobrevivir en plena Segunda Guerra Mundial mientras se va encontrando con otros personajes que recuerdan levemente a los del libro.

Y, como suele suceder con los clásicos, también existen pseudo-adaptaciones. Es decir, productos basados ligeramente en los personajes o situaciones de la obra original. En este caso, un buen ejemplo es el drama policiaco El fugitivo (1963-1967) creado por Roy Huggins -así como su posterior versión cinematográfica en 1993 y el remake del año 2000-, una premiada ficción judicial de la cadena ABC que se convirtió en un hito de la televisión y cuyo punto de partida es la historia de un médico que es acusado falsamente del asesinato de su mujer y que, tras ser condenado a muerte, emprende una huida mientras intenta dar con el verdadero culpable para vengarse y limpiar su nombre.

Miserables estrellas

Rozando el cambio de siglo se produce la que seguramente sea, a pesar de su tibia recepción por parte de la crítica y el público, una de las versiones más conocidas: Los miserables de 1998, la cinta adaptada por Rafael Yglesias y dirigida por Bille August, que cuenta con un reparto de lujo. En ella Liam Neeson se metía en la piel de un furioso Jean Valjean, Geoffrey Rush en la de Javert, Uma Thurman daba vida a Fantine, Claire Danes a Cosette y Hans Matheson a su enamorado Marius.

Una vez más, se sitúa a Valjean como eje de un relato que, a grandes rasgos, es fiel a la novela original en cuanto a los sucesos principales y el orden en que transcurren, Sin embargo, muestra grandes desviaciones que ya habían aparecido en otras de las versiones tratadas. Así -además de cambios de nombres para adaptarlos al público angloparlante-, Marius vuelve a ser un líder revolucionario sin familia conocida, Cosette muestra mayor independencia y se encara con su padre adoptivo por su pasado, los Thénardier apenas tienen peso en la trama y la cinta termina con el suicidio de Javert, que es observado por un impasible Valjean, obviando tanto la boda entre los jóvenes amantes como la muerte del expresidiario.

De esta manera, es el inspector quién cobra un protagonismo que no siempre ha tenido. Pero, a pesar de ello, lo hace reduciendo su conflicto -y el de Valjean- a una lucha entre el bien y el mal con pocos matices. Por eso, su decisión final     queda poco justificada en esta película de cuidada producción, que muestra a Javert como alguien rígido y hasta cruel, como se evidencia cuando patea a un perro. Algo similar a lo que sucede con Valjean, que, aunque quiera ser representado como alguien virtuoso y sin mácula, presenta un comportamiento agresivo hasta con Cosette, a quien llega a abofetear.

Tan solo dos años después de este trabajo llegaba otra adaptación protagonizada por estrellas de la época, aunque en esta ocasión en versión televisiva. Así, en los 2000 debuta la famosa miniserie francesa de cuatro capítulos escrita por Didier Decoin, dirigida por Josée Dayan y protagonizada por Gérard Depardieu como Jean Valjean y John Malkovich en el papel de Javert.

Aquí también las actuaciones son uno de los puntos fuertes de la ficción, que es mucho más fiel al material de partida, ya que mantiene el orden de los sucesos principales e incluso profundiza en el pasado de Fantine y en las decisiones que le llevan a abandonar a Cosette, presionada por el contexto social, donde una madre soltera era vista como una paria. Sin embargo, el peso de la historia vuelve a recaer en la dualidad entre perseguidor y perseguido, y las motivaciones de Javert siguen quedando algo desdibujadas. Además, una de las desviaciones principales de las muchas que presenta es que Valjean está explícitamente enamorado de su hija adoptiva, algo que nunca sucede en la novela, donde su amor es puramente paternal, aunque pueda ser leído con matices debido a que Cosette significa todo para él. Si bien son pocas las adaptaciones en las que esto se evidencia de manera tan clara, sí existen otros trabajos donde esta turbia posibilidad es insinuada.

Cosette como protagonista shōjo y otras animaciones

Mucho se ha debatido sobre quién es el verdadero protagonista de Los miserables, pues a pesar de que Jean Valjean se convierte en el punto de vista principal durante gran parte de la novela (y en el centro de la gran mayoría de adaptaciones), se trata de una historia coral. Sin embargo, su imagen más conocida -diseñado por Émile Bayard para las primeras ediciones de la novela en Francia- es también el elemento de cohesión de la obra: Cosette. La hija de Fantine es adoptada por Valjean y se enamora de Marius, sirviendo así de punto en común entre las distintas tramas: la de la madre que se convierte en prostituta, la del exconvicto redimido y la de los jóvenes revolucionarios, que conectan gracias a ella. Por eso, en Japón debieron pensar que era el sujeto sobre el cual debía girar la versión en anime: en 1977 se emitió Shōjo Cosette, mientras que en 1978 llegaba Aa Mujō -13 episodios centrados en los dos primeros volúmenes del libro, es decir, la historia entrelazada de Valjean, Fantine y la infancia de Cosette-, ambos como parte del programa de televisión juvenil Manga Sekai Mukashi Banashi (traducido en España como Cuentos Populares).

El expresidiario y Petit Gervais en Jean Valjean Monogatari

En el 79 se estrenaba Jean Valjean Monogatari, una tv movie de Toei Animation que, una vez más, narraba el camino hacia la redención del preso 24601, en un filme que pasa de manera apresurada y sin apenas profundizar en los sucesos más importantes de su vida, además de simplificar y dulcificar algunas situaciones: Fantine es representada como una mendiga en lugar de una prostituta, el trágico enamoramiento de Éponine es eliminado y tampoco vemos las muertes de los revolucionarios. Aunque lo más importante es el final, pues termina con Cosette y Marius alcanzando a un Valjean que está a punto de huir para pedirle que se quede con ellos. Y él acepta, mientras abraza a su hija adoptiva en una escena a cámara lenta y con puesta de sol incluida.

30 años después del primer corto debuta una nueva serie, titulada precisamente Les Misérables: Shōjo Cosette (2007), la adaptación más larga de la novela de Víctor Hugo de todas las que existen hasta la fecha. Sorprendentemente fiel en sus primeros capítulos, el anime narra las peripecias de la pequeña Cosette en su huida junto a Valjean y cómo crece a salvo en un monasterio, donde es educada entre monjas. Con pasajes calcados a los que se pueden encontrar en la novela y con inclusión de personajes que apenas habían tenido presencia hasta ahora, la primera parte de sus 52 episodios es bastante similar a la obra original, aunque se tome licencias como caricaturizar a personajes como los Thénardier, y dotar a todo de un aire kawaii, como demuestran las escenas inventadas de la vida de la joven junto al pequeño Gavroche y a su adorable perro o con sus amigas en el monasterio. Más adelante, con la llegada de los Amigos del ABC, se añaden algunas situaciones clásicas de un shojo dramático adolescente y se concede a Cosette un papel mayor que en el libro. A pesar de todo, los hechos suceden de manera parecida e incluso se esfuerzan en dar relevancia y rasgos característicos a los jóvenes revolucionarios (algo casi inédito hasta el momento), aunque finalmente realiza cambios importantes, como no matar al pequeño Gavroche -que es salvado por su mascota- ni a Javert, que en esta ocasión se da cuenta de lo equivocado que ha estado y decide cambiar de vida y hasta presentar sus respetos en la tumba de Valjean.

Más fiel al material de partida es la condensación de la historia en el manga de 2014 escrito por Crystal Silvermoon e ilustrado por SunNeko, que a España ha llegado de la mano de Norma Editorial y su colección de Clásicos Manga, donde también encontramos el traspaso a viñetas japonesas de novelas tan conocidas como Orgullo y prejuicio (1813) o El Conde de Montecristo (1844). Por su parte, el manga seriado de 2013 creado para la revista Gekkan Shōnen Sandē por Takahiro Ara y recopilado en ocho tankōbon, que no han sido traducidos al español adaptan la obra con suma fidelidad, mayor profundidad y un dibujo más realista.

Volviendo al terreno de la animación, existen otras obras relacionadas con Los miserables. Por ejemplo, los cortos soviéticos Gavrosh (1966) de la directora Irina Gurvich y el guionista Vladimir Golovanov -que narra la vida del joven hijo menor de los Thénardier abandonado en las calles de París hasta su trágica muerte en las barricadas- y Cosette (1977) de Arnolds Burovs y Janis Rokpelnis -una obra de plastimación centrada en la triste infancia de la pequeña en el mesón y en la llegada de Valjean para hacerse cargo de ella- o Nepobezhdenye (1987) de Yuri Trofimov, una poética versión de la vida del muchacho en las calles de la capital francesa.

Fotograma de Nepobezhdenye, cuyo título podría traducirse como Invicto.

Un año después, la irlandesa Emerald City Productions se encargó de una cinta infantil, que de nuevo buscó acercar el clásico a los más jóvenes, por lo que omitía algunos de los pasajes más crudos aun manteniendo la trama general, centrada especialmente en la vida de Valjean, desde su fuga hasta su breve paso por las barricadas. Ya en la década siguiente se produce una serie de animación francesa de 26 capítulos emitida en 1992, que posteriormente fue adaptada a un largometraje en 1993.

Esta ficción seriada presenta multitud de variaciones con respecto a la novela, en principio también por estar dirigida a un target juvenil. Cosette tiene un papel mucho más activo, hasta el punto de que la joven avisa al general Lamarque de que existe un complot contra él. Aquí, además, descubre la verdad sobre su padre adoptivo y no se casa con Marius. Junto a personajes inventados (como otro tierno perrito) y una gran relevancia de Gavroche, una vez más lo más llamativo es el final, donde Javert defiende a Valjean en un nuevo juicio, del que sale absuelto. Después, el expresidiario vuelve a retomar su labor como alcalde en Montreuil-sur-Mer, donde celebra por todo lo alto el decimosexto cumpleaños de Cosette. A la fiesta acude toda la localidad, así como los Amigos del ABC (milagrosamente vivos) y un escritor, que se muestra interesado en escuchar su historia. Y, sí, se trata de Víctor Hugo, que hasta menciona de manera directa que está pensado escribir una novela titulada Los miserables.

El musical llega al cine

En 1980 se estrenaba en Francia el musical de Los miserables, con composiciones de Claude-Michel Schönberg y letras originales en francés de Alain Boublil y Jean-Marc Natel, que luego fueron adaptadas al inglés por Herbert Kretzmer. A pesar de las negativas críticas iniciales tras su llegada el 8 de octubre de 1985 al Barbican Theatre de Londres, la buena recepción del público lo convirtió en un indiscutible éxito. Desde entonces ha obtenido multitud de galardones -como ocho premios Tony-, ha viajado por medio mundo y se sigue representando en el West End. Esta obra ha sabido condensar la magnitud de la novela de Victor Hugo, reflejando sus ideas principales a costa de perder profundidad en otros aspectos, como ejemplifican el fugaz e instantáneo enamoramiento de Marius y Cosette o el poco contexto previo sobre Valjean que tenemos con respecto al ladrillo.

Diversos motivos lo han convertido en un icono internacional. Quizá la mayor prueba de ello es que, como musical, haya sido parodiado o referenciado en diversas ocasiones dentro de reconocidos productos generalistas, como Los Simpsons (1989-), South Park (1997-) o Barrio Sésamo (1969-). En resumen, no se puede negar su estatus como elemento de la cultura pop ni el papel fundamental que ha tenido a la hora de acercar la historia de estos miserables parisinos a un público más amplio y diverso.

Por tanto, no era de extrañar que intentase trasladarse su fama a la gran pantalla. De hecho, antes de su llegada definitiva, ya se habían hecho varios intentos de adaptación desde los ochenta. Pero finalmente en 2012 y de la mano del director Tom Hooper y el guionista William Nicholson fue cuando se materializó la película, que se estrenó en las Navidades de 2012. Con un reparto conformado por grandes nombres (Hugh Jackman en la piel de Jean Valjean, Russell Crowe dando vida a Javert, Anne Hathaway interpretando a Fantine, Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter como el matrimonio Thénardier, Eddie Redmayne actuando como Marius y Amanda Seyfried como Cosette), supo trasladar con acierto las canciones originales, que fueron cantadas y grabadas en directo. E incluso se permitió guiños a la obra madre, como la inclusión de Colm Wilkinson -el primer actor en interpretar a Valjean en las producciones en lengua inglesa- como el obispo Myriel, Samantha Barks retomando su aclamado papel en las tablas como Éponine o que Hadley Fraser apareciera como uno de los soldados que dispara a Grantaire y Enjolras cuando él interpretó al primero en el concierto especial que celebraba el 25 Aniversario del musical.

La película alcanzó una recaudación de más de 440 millones de dólares en todo el mundo y logró diversos premios, como tres Oscar -incluyendo el de mejor actriz para Hathaway-. A pesar de que la dirección es limitada por momentos, centrándose especialmente en repetitivos primeros planos, la ambientación y actuaciones destacan (con excepciones como, ejem, Crowe), en una superproducción que supo ganarse a buena parte de la crítica y el público, renovando a su vez el interés por la obra de Víctor Hugo. Además, el filme cuenta con una ventaja importante con respecto a otras adaptaciones: al ser todo cantado, los personajes, aunque sean más planos que los presentados en el ladrillo, pueden expresar lo que piensan o sienten en cada momento, por lo que es mucho más sencillo entender las dudas y motivaciones que los llevan a actuar de una determinada manera.

Los Amigos del ABC y un confuso Marius

Su fidelidad al musical hace que cuente con sus mismos errores y aciertos, pero los cambios que realiza al respecto son en general coherentes con la trama. Por ejemplo, en la película es mucho más potente escuchar el desgarrador I Dreamed a Dream de Fantine una vez ya ha empezado a prostituirse, al revés de lo que sucede en el teatro. Otras modificaciones son menos justificables, como la incorporación de la soporífera Suddenly (tema creado por los compositores originales para el filme), que simplemente incide en algo que ya ha quedado claro -la responsabilidad y cariño que Valjean empieza a sentir por Cosette- y que impide profundizar en otros elementos, como los Amigos del ABC cantando Drink With Me, canción en la que se reflejan los miedos de estos muchachos, que están dispuestos a luchar y morir por un ideal.

Más culebrón que nunca

Después de este amplio repaso, ya solo nos queda pararnos por el último bastión audiovisual que le quedaba por conquistar a los personajes originales: el culebrón. Y es que la historia de Víctor Hugo fue adaptada a telenovela en Los miserables (2014-2015), una producción de Telemundo -una cadena de televisión estadounidense que emite en español, pues su target es el público hispano- adaptada por Valentina Párraga, que buscaba convertirse en una actualización del clásico. ¿Lo consigue? Como era de imaginar, no exactamente.

La serie es una reinterpretación y adaptación completamente libre de la novela, que sitúa la acción en la época actual y se centra en la historia de Lucía Durán (Aracely Arámbula), una mujer acusada de un crimen que no ha cometido, que será perseguida tras haber pasado once años en la cárcel por culpa del jefe de detectives Daniel Ponce (Erik Hayser), quien piensa que ella es la asesina de su hermano. Lo más interesante es que, aquí, esta suerte de Valjean y Javert tienen un claro romance que hasta (¡spoiler!) termina en boda en el episodio final. Admitámoslo, algo así tenía que suceder antes o después en pantalla, aunque, como no, llega convertido en una relación heterosexual.

Amores imposibles, peleas, narcotráfico y todos los clichés del género es lo que se puede encontrar en esta curiosa versión, que, aunque cuenta con elementos de la novela (Lucía adopta a dos niños huérfanos, Daniel está obsesionado con hacer cumplir la ley…), deja de lado muchas de las preocupaciones del autor francés para centrarse en los enredos amorosos y los dramas familiares. Como antecedente existe el melodrama mexicano que produjo Canal 13 en 1973, una serie protagonizada por Sergio de Bustamante como Jean Valjean, que esta vez vuelve a la Francia del s.XIX para relatarnos la historia del antiguo preso. Por eso, aunque también se trate de una telenovela, hay que resaltar la diferencias entre ambos productos, pues esta es una versión que puso mucho esmero en la producción y buscó la fidelidad con respecto al material de partida.

Además, en enero de 2019 se ha estrenado otra curiosa adaptación que sigue esta línea, pero más enfocada a la telenovela dramática que al culebrón. Se trata de un capítulo especial de Fuji TV escrito por Hamada Shuya que traslada la acción a finales de los años noventa en la ciudad de Kōbe (Japón). Narra la historia de Baba Jun (interpretado por el cantante y actor Dean Fujioka), un abogado que de joven comete un asesinato en defensa propia por el cual es detenido. Años después, entablará una relación de confianza con el detective Saito Ryosuke (Iura Arata), el hijo del hombre al que mató. Sin embargo, cuando éste descubre que Jun es el criminal que acabó con la vida de su padre, las cosas se complican para ambos.

En este caso lo que encontramos es una versión despolitizada de la obra de Victor Hugo, que basa su trama en los conflictos personales y en el gran terremoto de Hanshin-Awaji, todo ello mezclado con una pizca de drama médico. De nuevo, los protagonistas son unos reconvertidos Valjean y Javert, que tendrán que enfrentarse a dilemas morales relacionados con su identidad e ideales.

Jun (Fujioka) y Ryosuke (Arata)

La nueva mini-serie de la BBC

En julio de 2016 la BBC confirmó que estaba trabajando en una miniserie de seis capítulos que adaptaría el drama francés original. Con Andrew Davies como guionista y Tom Shankland dirigiendo, uno de sus puntos fuertes ha sido el reparto, ya que entre sus actores centrales encontramos a Dominic West (Valjean), David Oyelowo (Javert), Lily Collins (Fantine), Olivia Colman (Madame Thénardier) y David Bradley como Gillenormand, el abuelo de Marius (Josh O’Connor).

Aunque el rodaje comenzó en 2018 en Bélgica y el Norte de Francia, y de que en julio del mismo año se publicaron las primeras imágenes oficiales, han sido pocos los adelantos que han podido verse antes de su estreno, que ha llegado casi por sorpresa. Además, lo ha hecho rodeado de cierta polémica dentro del fandom, pues algunos seguidores se mostraron inquietos antes determinadas declaraciones del guionista. Por ejemplo, con su afirmación de que la ficción es una versión que por fin hará justicia a Víctor Hugo en contraposición a lo que ofrece el terrible musical, lo que lógicamente ha sido percibido como un menosprecio a la adaptación más exitosa del material original hasta la fecha. Asimismo, el veterano escritor también aseguró que incluiría más sexo explícito del que aparece en la novela (es decir, cero), otra preocupación para los fans, que desde entonces han temido qué personajes involucraría la escena en cuestión..

A pesar de las dudas iniciales, Les Miserables (2019) ha resultado ser una adaptación bastante fiel… al menos en sus tres primeros capítulos. En ellos la serie se toma su tiempo para contar en profundidad la ya conocida historia de Valjean, pero también para algo menos común: relatar la de Fantine, mostrando cómo vivía de joven, su inocente y fallido romance y cómo después va vendiendo todo lo que tiene -incluido su cuerpo- en un intento desesperado por salvar a su hija. Esta parte es cruda y cuenta con una espectacular interpretación de Collins, pero cae en la culpabilización del personaje, señalando sus malas decisiones como el único motivo de su caída en desgracia. A partir de este punto, las cosas se tuercen más, pues en el cuarto episodio comienza la sexualización de las dos únicas protagonistas femeninas de este tramo, Éponine (Erin Kellyman) y Cosette (Ellie Bamber), ahora transformada en una adolescente rebelde.

De esta manera Davies consigue volver machista una adaptación de un texto que, en sus orígenes y teniendo en cuenta la época en la que fue escrito, no lo era. Por si esto fuera poco, los Amigos del ABC (que aquí son solo tres y en lugar de debatir sobre cuestiones sociopolíticas se pasan el día bebiendo y cantando en la taberna) deciden llevarse a Marius a un prostíbulo. Y es que el guionista parece convencido de que lo que le faltaba a la novela eran extrañas secuencias sexuales que poco o nada tienen que ver con la historia y temáticas principales que se están contando en pantalla. Y, si un autor tan dado a la lujuria y los burdeles como Hugo decidió no incluir este tipo de escenas en su trabajo, será porque no lo vio necesario.


Sin embargo, el principal problema de esta adaptación es la caracterización de sus personajes. A la ya habitual caricaturización que experimenta el matrimonio Thénardier se suman personajes sobre los que se profundiza poco, lo que hace difícil empatizar con ellos. Al reducir a los revolucionarios franceses a un Enjolras (Joseph Quinn) poco carismático, un Courfeyrac (Archie Madekwe) sin rasgos claros y un Grantaire (Turlough Convery) que carece de dudas y arco de evolución, cuesta emocionarse con sus muertes en las barricadas, o tan siquiera entender del todo las motivaciones que los llevan a cometer ese acto suicida. Y su enfrentamiento se muestra de forma casi épica, peleas de espadas incluidas, en lugar de ser tan trágico y descorazonador como debería. Este acto es algo heroico, pero por necesidad. Y, al mostrarlo de esta forma algo idealizada, la serie olvida que estos jóvenes sufrían al tener que enfrentarse a muerte con otros ciudadanos.

Por su parte, los dos protagonistas se alejan bastante de sus homónimos literarios. Javert es un hombre frío, completamente obsesionado con Valjean -en lo que se insinúa que podría ser un “enfermizo y erótico amor– y que imparte la justicia con crueldad y un punto que resulta hasta sádico. No es hasta su última escena cuando podemos vislumbrar al personaje de la novela, y en gran parte se debe a la estupenda actuación de Oyelowo. Mientras, Valjean aparece como alguien agresivo, egoísta y posesivo con su hija adoptiva, de forma que todo su arco de redención queda completamente anulado. Así, aunque la ambientación y factura técnica son en general aceptables -y en ocasiones curiosamente similares a los de la película musical de 2012, solo que aquí no envejece nadie-, la ficción en conjunto es irregular y poco sutil, con diálogos sobrexplicativos y desconcertantes conversaciones en francés en segundo plano. Como consecuencia, no logra ni atrapar al espectador ni plasmar las inquietudes de Victor Hugo. Esto último se evidencia en su plano final, que busca deliberadamente huir del tono esperanzador que, a pesar de todas las desgracias, tiene la obra original. Así, los actos de todos nuestros protagonistas parecen haber sido en vano y el único mensaje que queda es que nada ha cambiado, ni cambiará.

Más allá de que la enorme campaña publicitaria que se realizó en la época y la fama con la que ya contaba Víctor Hugo ayudaron en su momento a que la novela se convirtiera en un bestseller internacional, no cabe duda de que si Los miserables se sigue adaptando con tanta asiduidad es gracias a la relevancia que su historia en defensa de los oprimidos sigue teniendo y a lo atractivos que resultan sus protagonistas llenos de matices. Como ya afirmaba el diario parisino La Presse: “estos personajes entrarán en la memoria colectiva para nunca ser olvidados”. Por eso, con la aparición del cine nacieron las primeras versiones de esta obra, y a lo largo de los años han seguido apareciendo cada cierto tiempo, cada una con sus similitudes y diferencias, que nacen de las inquietudes de la sociedad y el contexto histórico de cada momento. Sin embargo, la mayoría se han centrado en la figura de Valjean y en su viaje hacia la salvación, individualizando la historia y despojándola en gran medida de su carga religiosa. A la vez, se ha ido dejando de lado la aguda crítica social de Hugo, por lo que la revolución como herramienta de cambio es en muchas ocasiones un mero complemento al arco del expresidiario, con excepción de Francia, donde han dado más importancia en sus adaptaciones a la fraternidad y las barricadas.

Entonces, ¿qué tiene Los miserables que sigue cautivando? Junto a sus grandes personajes y conflictos, la confianza del autor en que, a pesar del sufrimiento y la desigualdad de clases, la colaboración, el amor y la lucha pueden originar un mundo mejor es un poderoso mensaje que todavía resuena con fuerza. Porque aunque la obra está plagada de tragedia, en ella también encontramos un toque de esperanza que invita al público a soñar con una sociedad más justa y a trabajar por conseguirla.

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