Los Vengadores desagradables – Historia de los superhéroes antipáticos

No todos los héroes son apolíneos, musculados, engominados y sonrientes. También los hay refunfuñones, enfaducos, cabreados y, en general, en conflicto eterno con todos los que le rodean. No es ningún secreto que a los comics de superhéroes vamos en busca de trompazos y gente en conflicto, pero hay especímenes ciertamente excesivos. Revisamos la historia de los Vengadores en busca de los sujetos más antipáticos.

Una de las ideas más explotadas en los tebeos de superhéroes es la del universo compartido. La propuesta de que todos los personajes de una compañía compartan lugar y tiempo para disfrute del personal y mayor complejidad. Esta premisa que comenzó juntando a dos encapuchados con la pretensión económica de venderle el tebeo al doble de gente ha ido convirtiéndose poco a poco -debido al funcionamiento editorial del tebeo- no solo en una excusa argumental para miles de tramas o en una caterva de reflexiones socioculturales sobre una sociedad que tiene a sus dioses burocratizados, sino en prácticamente la clave del éxito de la Marvel cinematográfica (que es, al final, otra pretensión económica).

Y es que los tebeos de superhéroes siempre han tenido la extraña particularidad pop de convertir sus intereses mercantiles en grandes argumentos. Es el caso de este uso y abuso de la intertextualidad,que te hacía querer comprar el tebeo del Capitán América para saber a qué se refería Spiderman cuando decía que lo había visto triste. Pero la evolución del universo compartido, con nuevos personajes apareciendo exponencialmente y teniendo relaciones cada vez más complejas entre ellos, fue propiciando un escenario donde la irrupción del héroe ya no sorprendía al viandante y las fuerzas de la ley llevaban en el maletero material de tecnología imposible por si en vez de un caco aparecía un supercaco. Así, la evolución del superhéroe transformó su mundo, que a su vez devolvía la pelota legitimándolo como algo común, como una profesión accesible con sus rutinas, sus lunes por la mañana y sus múltiples lecturas sobre la banalización de la condición heroica. Y una de las colecciones que más contribuyeron a esto fueron Los Vengadores.

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Para cuando el primer número de Los Vengadores salió a la venta (septiembre de 1963) Stan Lee ya había desarrollado dos melocotonazos con su formula de éxito: Los 4 fantásticos llegaba a su segundo año de colección mientras forjaba número a número, gracias a un Jack Kirby pletórico, toda la mitología cósmica del universo Marvel. Y Spiderman, cocreado por el randiano Steve Ditko, empezaba a desplegar ese potencial para reflejar las ilusiones de poder y responsabilidad del inadaptado medio. La fórmula de Stan Lee, con esos personajes que vivían en un mundo mezquino que les ahogaba a deudas aunque tuvieran poderes de araña y que él mismo resumía como: “superhéroes con superproblemas” ahora puede parecer básica, pero narrativamente supuso un paso de gigante en la evolución de un género dominado por los arquetipos heroicos de la hasta entonces imbatible DC.

Los Vengadores en principio iba a ser un intento de emular el éxito de Los 4 Fantásticos reuniendo al resto de personajes que ya pululaban por la editorial en solitario: Hulk, Thor, Iron Man, el Hombre Hormiga y la Avispa, pero con la desventaja de que a Jack Kirby no le interesaba poner ideas y que para reuniones de personajes individuales de éxito ya estaba La Liga de la Justicia en DC (en realidad Los 4 fantásticos ya habían sido la respuesta de Stan Lee a La Liga de la Justicia, donde había preferido inventar a personajes nuevos -más o menos, la capacidad de Marvel y DC para imitarse mutuamente es legendaria pero eso ya es otra historia-). Así que Stan Lee sublimó su formula sobre una serie que tenía todas las papeletas para ser un refrito y consiguió la colección definitiva sobre superhéroes desagradables.

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Los Vengadores, con dibujo de un Kirby que pronto le cedería el testigo a Don Heck, uno de tantos artistas que emulaba el estilo de Kirby por orden de Lee, logró personalidad gracias al conflicto y la inestabilidad: todos sus personajes son compañeros de trabajo que no se soportan, discuten constantemente y se marchan del equipo con la misma facilidad con la que reaparecen. Algo, sobra decir, muy sorprendente para su época. El clímax de Stan Lee como guionista llega, posiblemente, cuando tras su primer año de colección todos los miembros fundadores ya se han cansado los unos de los otros y abandonan el grupo, dejando como protagonistas de la colección a un recuperado (editorial y argumentalmente -de interés mercantil a gran argumento-) Capitán América y tres ex-villanos: Ojo de Halcón, la Bruja Escarlata y Mercurio.

Esta inestabilidad como constante, sumada a la legitimación económica primero por parte de Tony Stark y luego por el gobierno (los Vengadores acabaron volviéndose funcionarios), necesitaba de personajes con calidad de curritos, personajes ojerosos a quienes la justicia les pareciese bien pero meter cizaña, ser egoístas y escuchar los cotilleos ajenos también, En definitiva, gente inestable que acababa de superhéroe como quien acaba de fontanero, no tanto por altruismo como por tener la posibilidad.

IMG_20150914_073209Gente corriente: Hank Pym.

Dentro de los Vengadores clásicos, concretamente, hay tres elementos que siempre han estado ahí para desestabilizar al grupo y dar conflicto y carnaza. El adalid del superhéroe mediocre es Hank Pym, primero el Hombre Hormiga para después convertirse en Goliath, más tarde Chaqueta Amarilla… una deriva de alter egos que dejan entrever su inconsistencia. Concebido como científico enfrentado a una amenaza comunista muy de su época, afamado creador dentro del universo Marvel de las partículas Pym, que permiten cambiar de tamaño a voluntad, toda su vida superheroica es un desastre tras otro: la máxima de este personaje es tomar siempre las decisiones equivocadas.

Impulsivo e iracundo, acaba metido en los Vengadores porque su novia, luego mujer, luego ex-mujer -esto es relevante-, a la que le ha cedido unas pocas partículas para que se convierta en la Avispa, quiere entrar en el grupo. La Avispa, mujer decidida y que no tiene reparos en flirtear con Thor porque no sospecha (o le da igual) que su novio es un inseguro que no sabe soportar la frustración, resulta que es mejor superheroína que él, y acabará convertida en uno de los personajes clave de la colección.

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Mientras, Pym tendrá el dudoso honor de haber creado a Ultrón por accidente, de ningunear a su novia a cada rato, de tener una crisis de personalidad donde emergerá una versión de él desinhibida y amoral, de retirarse varias veces del grupo manifestando que no le gusta ser superhéroe y prefiere su vida de científico pero siempre volviendo después porque “no puede dejar sola a su amorcito” y, ya en los ochenta, de culminar una escena de maltrato de género. Si bien para el personaje esa hostia heteropatriarcal sólo fue el paso lógico en una enorme carrera de errores por su mala gestión emocional, simbólicamente significó un clímax para el medio, reflejo de una época capaz de cuestionar y denunciar a sus héroes y de analizar el problema estructural de sus seres humanos mezquinos.

IMG_20150914_072834Gente corriente: Mercurio.

El segundo personaje incómodo es Mercurio. Rumano, gitano, huérfano y mutante. Cuentan que Stan Lee decidió crear a los mutantes porque se cansaba de imaginar orígenes locos para cada personaje que se sacase de la manga. Otra jugada maestra. Si bien los mutantes no tuvieron mucha repercusión en sus inicios y tuvieron que ser reubicados (de ahí que Mercurio acabase en los Vengadores -de interés mercantil a gran argumento-), fue precisamente con la Marvel de finales de los setenta y sus reflexiones sociales donde unos personajes que representaban la minoría por nacimiento, “temidos y odiados”, se convirtieron en el mínimo común denominador de la metáfora. Los mutantes eran minorías raciales, minorías de orientación sexual, el estado de Israel, inadaptados de instituto, asociaciones de enfermos o damnificados en general. Lo que se quisiera.

Para rematar la faena, cuando Len Wein relanzó a los X-Men añadió a nuevos personajes de diferentes nacionalidades. La multiculturalidad era mutante. Pero también era gente con poderes de nacimiento y con el rencor propio de haber sido maltratados toda la vida. Mercurio se convierte así en una versión Marvel del Maus de Art Spiegelman: se ha transformado en un producto de su propia persecución y no ha aprendido nada.

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Comenzará su andadura como terrorista mutante seguidor de Magneto y acabará en los Vengadores prácticamente buscando refugio político. Intolerante, con la excusa de proteger a su familia, es un machista redomado que no soporta que su hermana se case con un androide (la Bruja Escarlata, primera feminista del universo Marvel, otro día lo hablamos), acabará convertido en un padre ausente, manipulará a su hermana para que transforme la realidad e incluso tratará de matar a los Vengadores en un par de ocasiones. En los noventa el guionista Peter David trató de psicoanalizar su comportamiento abusivo con la excusa de que al ser su poder la supervelocidad todo el mundo le resulta insoportablemente lento y tedioso. En cualquier caso, Mercurio es un personaje complejo que nunca ha sido usado para empatizar con el lector. Al contrario: su discurso de soberbia pretendidamente desagradable lo ha convertido en alguien mucho más interesante que si estuviese apropiadamente domesticado. Y en un símbolo de la educación en el odio.

tumblr_nlvnksuNja1u0efz9o1_1280Gente corriente: Ojo de Halcón.

El tercero quizá sea el que tiene una evolución más convencional, y es que Ojo de Halcón ha sabido ganarse las simpatías de los lectores siendo “ese adorable perdedor”. Ni siquiera empezó como héroe o villano de verdad, empezó en un circo. Más tarde sería confundido como villano un poco porque sí en un tebeo de Iron Man, y acabará como pupilo del Capitán América en los Vengadores bajo la firme creencia de éste de que “dentro de ti hay una estrella, si lo deseas, brillará”.

Arrogante, peleón y molesto, si bien nunca llegará al nivel de incomodidad de los dos precedentes (aunque bien que se enfadó cuando fue sustituido por El Halcón debido a las políticas de integración racial impuestas por el gobierno cuando los Vengadores eran funcionarios), son famosas sus peleas con todo el mundo por cualquier cosa, aunque principalmente para demostrar que él tiene razón y que merece más que cualquiera el premio y la chica. En definitiva, alguien que cree que su responsabilidad y sacrificio le casarán con una superheroína toda chula y le harán liderar junto a ella su propio grupo de superhéroes. La típica carrera a tope de no tener mucha vocación pero sí actitudes en un universo donde ser “el héroe” es una vida como otra cualquiera.

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Se perfila así una personalidad que pese a pasarse el día gruñendo y lamentándose para que el argumento no decaiga (memorable aquella vez que se pegó con Daredevil con amenazas de cuñado-de-boda-pasada-la-medianoche porque acusaba a Murdock de robarle la novia), tan solo quiere parecerse a su ídolo el Capitán América, acabar aceptando su lugar en el mundo de los buenos y recibir recompensas por su altruismo. Esto es, una imagen especular de la fantasía del lector de tebeos adolescente de la época. Aunque bien es cierto que la fama le ha venido de nuevo hace relativamente poco por volver a ser un canallita de treinta y tantos (¿imagen especular del lector de 2015?), en otra de las constantes de los universos superheroicos: la pugna entre el personaje reconocible y la evolución del mismo, con sus reinicios para volver a cometer los mismos errores, o dicho de otro modo, el “detén este motor en movimiento”.

tumblr_nd5a6m2Fg31u0efz9o1_1280Otros enfaducos.

Obviamente estas tres patas para un banco no son los únicos piezas que han ido pululando por una serie que se ha caracterizado la mayor parte de su historia narrativa por la bronca (y que tan bien se parodió en Superlópez). He obviado a Hulk porque fue Vengador cinco números y ya tuvo después una colección propia donde ser odiado e incomprendido durante muchos años en todas sus variantes: verde y tonto, verde y listo, gris y astuto, verde y malo, verde y bueno o debilucho y sabio.

En los setenta se unió al grupo El Espadachín, otra vuelta de tuerca del villano redimido que en esta ocasión resultaba tan nefasto como superhéroe que moría a la primera de cambio en una historia que incluía tener celos de un androide y Los Vengadores guiados por un palo cósmico. En los ochenta se dejaron caer personajes como el Doctor Druida, un quiero y no puedo alopécico, miserable, egocéntrico y manipulador empeñado en ser un trepa a costa de los Vengadores (entiéndase, un personaje fascinante); o el USAgente, sosías encargado por el gobierno de Reagan para sustituir a un Capitán América ideológicamente mucho más cercano al partido demócrata. De los noventa en general es mejor no hablar porque todo el mundo parecía armado y enfadado y hasta a Tony Stark le dio por ir matando antiguos compañeros de trabajo.

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A partir del siglo XXI el relanzamiento de la colección a cargo del guionista Brian Michael Bendis cambió la dirección clásica de la misma y se apartó de la bronca para convertirse en un dream team inocuo de personajes famosos sacados de contexto y mal escritos (en su tónica). Quizá el canto de cisne vengativo sea Civil War, crossover de Mark Millar allá por 2006 que pronto estará en boca de todos en formato panorámico y que con una metáfora poco sutil sobre el control de armas por un lado y aquella máxima dicotómica de la administración de Bush sobre libertad/seguridad por otro, volvía a tener a los Vengadores discutiendo de ideología en peleas multitudinarias, arrastrando con ellos todo el universo compartido. Precisamente Millar también escribiría The Ultimates, una versión alternativa de los Vengadores clásicos para el nuevo milenio que sentó las bases para muchos de los elementos cinematográficos de Marvel y que entendía a la perfección la esencia de la colección clásica, donde el discurso simbólico, como ya formuló Stan Lee reescribiendo a Heráclito, se desarrollaba a bofetones.

En conclusión, este héroe mediocre en constante evolución que fundamentó la Marvel de los sesenta fue la excusa perfecta para que autores posteriores (especialmente Steve Englehart, quizá el mejor guionista de los setenta) teorizaran sobre las mil caras del héroe y su relación con distintas problemáticas, proceso que alcanzó su culmen a finales de los ochenta. Desde entonces se sigue rizando el rizo con mayor o menor fortuna en función del nivel cultural y las ganas del artista.

Así, estos personajes inestables que Stan Lee utilizaba como recurso argumental (tampoco nos engañemos, a Lee los subtextos no le iban) fueron transformándose en variaciones postmodernas del héroe clásico. Lecturas que se nutrían de las ramificaciones culturales de un universo compartido, donde cualquier concepto simbólico puede tener representación antropomórfica. Y es que si el héroe clásico, por definición, es el cúmulo de las virtudes de su sociedad -un héroe es tanto héroe como sus receptores consideran sus actos heroicos-, ¿cómo alguien con la misoginia de Hank Pym o el clasismo insoportable de Mercurio podían ser considerados “héroes”? ¿Acaso la misoginia de Pym refleja una sociedad que considera esa actitud también una “virtud heroica”? ¿O al contrario, este “héroe miserable”, dios griego caprichoso y venido a menos, se enaltece en sus intentos de redimir defectos humanos contemporáneos?

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Lo que es indudable es que, al contrario que en el cine, los tebeos tenían tan poco alcance que podían permitirse evocar subversión a través de la ficción. Desgraciadamente, con el tiempo, Hank Pym se ha vuelto demasiado molesto para la Marvel-Disney actual y ha quedado relegado a una figura de insípido mentor avejentado para la película de El Hombre Hormiga (Peyton Reed, 2015). La versión cinematográfica de Mercurio en Los Vengadores 2 (Joss Whedon, 2015) era despachada como recurso emocional barato, puede que por otras causas más contractuales de la productora pero con el mismo resultado de asepsia cinéfila. Ojo de Halcón aparece reflejado como alguien que apenas tiene nada que decir y está casado con una mujer florero sólo para que caiga bien a determinado target, y los conflictos de los Vengadores cinematográficos nunca son molestos a ojos del espectador (hasta Iron Man ha cambiado su alcoholismo por ansiedad y Hulk, aunque apunta maneras, no acaba de joder la marrana).

Así, queda en evidencia que sin ser malas películas han perdido con sus estudios de mercado y su diferente distribución una de las grandes cualidades Marvel: la capacidad para evocar ideas en el receptor, ya fuese desde el significado del altruismo hasta la banalidad del mal que anida en los héroes que no reflexionan sobre ellos mismos.

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