Los Weezer más ruidosos y oscuros: 20 años de ‘Pinkerton’

Dos años después de vender millones de discos con su debut, Weezer dio a luz a todas las neuras, paranoias e inseguridades de su líder Rivers Cuomo en un disco oscuro, chirriante y quejumbroso que resultó ser uno de los mejores álbumes de, entrecomillaré, el “rock alternativo” de todos los tiempos. Pocos fueron los que se dieron cuenta entonces.

«Hay algunas letras en el álbum que se podrían parecer violentas o sexistas. Me voy a sentir realmente mal si alguien se siente herido por ellas, pero tenía muchas ganas de sacar estas canciones y explorar mi «lado oscuro”, ya sea por miedo o por vergüenza por haberlas pensado antes. Así que hay algunas cosas bastante desagradables en Pinkerton. Puedes perdonar las letras si las ves como un repaso a los puntos bajos de una historia aún más grande. Y este álbum es realmente una historia: la historia de los últimos 2 años de mi vida. Y como puedes ver, han sido dos años muy extraños».
(Carta de Rivers Cuomo al club de fans de Weezer el 10 de julio de 1996)

«I don’t like Pinkerton»
(Rivers Cuomo, 2002)

«Pinkerton es tremendo. Es super profundo, valiente y auténtico»
(Rivers Cuomo, 2005)

El verano de 1994 no fue un verano más. Fuimos muchos, millones en todo el mundo, los que nos saltamos alguna clase para ir al centro a por el disco de los tíos aquellos que hacían el videoclip de Buddy Holly. Tú, yo y millones de personas acudieron en masa a por aquel misterioso álbum de portada azul con cuatro chavales en fila.

Aquello fue un pelotazo. Si ahora conocemos el sub-genero “porno para madres” gracias a las sombras de Grey, Weezer inauguró el “grunge para madres”. Todas las mamás de la costa oeste (y prácticamente de todo el país), preparaban la tarta de manzana mientras tarareaban Holiday, Undone – The Sweater Song o Say It Ain’t So. Esta peña había conseguido que tus padres escuchasen el mismo disco que tú durante aquel verano loco. Imaginad los viajes en familia con esos padres conservadores o republicanos, todos unidos por la magia del garage sónico de los cuatro fantásticos.

A pesar del talento descomunal de las composiciones de Cuomo, no vamos a negar que la experiencia de Ric Ocasek (The Cars) detrás de la producción era un valor seguro para la radiofórmula. Tras convertirse el disco azul en el más elogiado y vendido del momento, los días pasaron mientras todas las familias del mundo esperaban el nuevo trabajo de Weezer.

Dejando la dulzura de lado

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Desencantado con el estilo de vida de las estrellas de rock, Cuomo decide autoproducir el siguiente trabajo de la banda, otorgando un sonido más oscuro y abrasivo, a mil millas de distancia del tono azul pastel hiperaccesible de su debut.

Cuomo escribe las letras del álbum desde el dolor vital y también desde sus problemas físicos. El pequeño Rivers vino al mundo con una pierna derecha 44 milímetros más corta que la otra, y tras el lanzamiento de su debut se sometió al método Ilizarov para corregir esa disfunción, sometiéndose a un doloroso proceso de cirugías y a un posterior y aparatoso corsé para terminar de estirar la pierna. Esta crucifixión que limitaba su movimiento y su sensación de libertad estará muy presente en el disco. Y los analgésicos también, claro. Por si hubiera poco desasosiego en su espíritu, Cuomo envía una carta a la Universidad de Harvard para retomar sus estudios, poco menos que pidiendo piedad y comprensión por su desencanto vital tras el éxito de su debut, siendo admitido en dos semestres entre 1995 y 1996. Posteriormente regresaría en 1997, 2004 y 2006 para terminar graduándose en Inglés.

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Pinkerton lleva el nombre del protagonista de la ópera de Puccini Madame Butterfly, B. F. Pinkerton, y el álbum es una suerte de trabajo conceptual basado libremente en torno a esa ópera. Al igual que en la obra de Puccini, el álbum incluye referencias a Japón, los japoneses, y su cultura desde la perspectiva de un forastero que considera Japón frágil y sensual. Pinkerton, en su origen, estaba planteado como Songs from the Black Hole, una space opera nunca editada en su forma original que ya es parte de la historia y que figura en nuestro Top 10 de los mejores discos que nunca se publicaron. Alguna de las canciones aparecerán en la edición deluxe de Pinkerton que se publicó en 2010, aunque también habían visto la luz en alguna cara b o en el fantástico EP The Good Life de 1996.

Tras desechar el concepto inicial la banda incorporó varias de las canciones en Pinkerton tras un lavado de cara. La obra de arte de la portada es Kambara Yoru no yuki (Noche nevada en Kambara), de una impresión japonesa del movimiento ukiyo-e (pinturas del mundo flotante) de Hiroshige. Detrás de la bandeja del cd se ocultaba un mapa, Isol Della Farfalla e Penisola Di Cane, donde aparecían el USS Pinkerton o la Mykel and Carli Island, en referencia a las fundadoras del club de fans de la banda de trágica muerte, suceso que daría para un artículo entero. Además, aparecen algunos nombres que inspiraban a Cuomo durante la gestación del disco, como Yngwie Malmsteen, Brian Wilson, Lou Barlow, Joe Matt, Camille Paglia, Ace Frehley o Howard Stern. El disco suena exactamente como tenía que sonar en ese momento, con un Rivers Cuomo barbudo, cojo y hasta los cojones de la vida que le había tocado vivir. Las perspectivas no parecían las mejores y, aunque nadie lo sabía, también se estaba gestando la marcha del bajista más carismático del rock alternativo de los noventa. Pinkerton sería el último trabajo de Matt Sharp con la banda.

El principio del fin

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Ay, la prensa, ay. La recepción del esperado segundo disco de la revelación del rock norteamericano no fue fácil de digerir en el año en que Fugees o Belle and Sebastian eran lo más cool del momento. La crítica no fue demasiado amable con el trabajo y las ventas no acompañaron, lo que prácticamente disolvió a la banda. Rolling Stone venía a decir que estábamos ante el disco de un llorón donde las guitarras se iban a lo loco y los ritmos se aceleraban sin motivo aparente (¡poniendo a caldo El Scorcho, con un par!) y que únicamente Butterlfy, el tema que cierra el disco, era la verdadera gema de Pinkerton. Probablemente lo sea, pero lo cierto es que  todo lo que viene antes es igual de bueno. El problema estaba muy claro: el disco azul había sido triple platino.

«I’m sorry, I’m sorry, I’m sorry» son las últimas palabras casi desnudas, únicamente acompañadas por una guitarra acústica, del disco. Butterfly, en efecto, es la dolorosa tragedia que define perfectamente el trasfondo del asunto. Todd Sullivan, de Geffen, afirmaba preocupado antes del lanzamiento que “se trata de un disco muy valiente”, palabras que dejan bastante claro que no las tenían todas consigo.

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El Scorcho fue el single de lanzamiento, pero para el videoclip la banda desechó una propuesta de Spike Jonze, que ya se había encargado de los populares Buddy Holly y Undone (y que volvería más adelante con Island in the Sun), porque no querían otro videoclip de gran presupuesto ni nada que no fuera acercarse a la realidad de la banda. El elegido entonces, Mark Romanek, dejaría el trabajo sin terminar después de un montón de disputas con Rivers Cuomo, que terminaría editando el vídeo por su cuenta.

El resultado final, con la banda en un salón de actos y unas luces (y Matt Sharp con la camiseta del F.C.Barcelona, lo que rompería en su día mi corazón en mil pedazos), tampoco tuvo demasiada repercusión en MTV¿Mal ambiente? Pues no se vayan todavía, aún hay más: poco antes del lanzamiento de Pinkerton, la empresa de investigación privada más famosa del mundo demandó a la banda y al sello por infracción del uso de su marca, fundada en 1850 por Allan J. Pinkerton, detective escocés-americano. Y espía. Lo que le faltaba al pobre Rivers. Entre las alegaciones de Geffen y del propio Cuomo, que explicó en media docena de entrevista, portada del disco mediante, que el disco venía de la ópera de Puccini, el asunto quedó zanjado. ¿Cómo no iba a acabar largándose a un cuartucho universitario y a dejar que la meditación entrase en su vida?

El disco

Pinkerton me entró a la primera, con 18 años y sonando en mi discman mientras subía a las fiestas locales de los Mártires el 27 de septiembre de 1996. Recuerdo perfectamente la primera vez que lo escuché, pero salvo a algún conocido amante del rock más underground, el rechazo fue general.

Ni era el momento ni era el público ideal, pero aún hoy, cuando las críticas rectifican y los mismos que plantaron tres estrellas entonces colocan un par más ahora (Rolling Stone: tres estrellas en 1996 y cinco en 2004),es extraño que nadie diera otra escucha al disco una vez terminada Butterfly. Repasemos sus temas uno a uno.

Tired of Sex

El título lo deja bastante claro: a Cuomo el sexo groupial le agota. Quiere amor de verdad, no chicas con camisetas de Green Day (por aquello del concierto de El Scorcho). Sobre la canción, Rivers dice: «Es la más antigua del álbum. Creo que es un buen punto de partida también, porque es cuando estoy diciendo que quiero librarme de la vida de la estrella de rock. Quiero encontrar a la mujer ideal y casarme. Es un buen punto de partida».

Getchoo

Esto empieza a doler. Jonas, el protagonista de la space opera nunca publicada, tiene problemas vitales en la misma forma que Rivers la tiene con el estrellato. Y está empezando a doler. Tampoco vamos a buscar tres pies al gato: la canción original hacía hincapié en relatos narrados en el primer acto de las canciones del agujero negro, Blast off.

No Other One

Originalmente titulada There is no Other One, es la última canción que escribiría el Cuomo pre-estrellato y una de las más dolorosas de su carrera (junto a Butterfly o al O Girlfriend del disco verde). La cosa va de una hipotética novia destrozada por la droga y a la negación ante la ruptura por el miedo a la soledad. Joder, Rivers. Una versión anterior del tema empezaba con «My girl’s on fire» en lugar del ya clásico «My girl’s a liar». Cuál de las dos duele más ya es cosa tuya.

Why Bother?

Pues eso, para qué molestarse. Ya me han destrozado dos veces antes, si eso ya me rompes el corazón el próximo verano. Las canciones de Pinkerton tienen menos autoestima que los galanes del primer Woody Allen, y Rivers casi prefiere que le abran la cabeza para liberar toda la porquería que lleva dentro. Why Bother? sería el primer solo de Brian Bell.

Across the sea

Cuomo escribió la canción después de recibir una carta de una fan de Japón. Una niña le escribió haciendo varias preguntas sobre su vida durante aquel invierno deprimente que pasó en la Universidad de Harvard. Algunas de las preguntas aparecen en la canción. «Cuando llegó la carta me enamoré de ella. Estaba muy solo en ese momento, muy deprimido. Además, sabía que jamás me encontraría con ella y, dado el caso, estamos hablando de una cría japonesa que no habla inglés». I’ve got your letter, you’ve got my song. Grande Rivers.

The Good Life

El primer tema de la cara B de Pinkerton habla del periodo universitario de Cuomo tras la cirugía en su pierna. Curiosamente, al contrario que en el tema que abre la cara A, el líder de Weezer pide a gritos regresar al estudio, a las giras… y a las groupies. «It’s time I got back, it’s time I got back / And I don’t even know how I got off the track I wanna go back».

El Scorcho

El primer single de Pinkerton. Cuomo añade un par de líneas del ensayo de un compañero de estudios (las de «Cio-Cio San» y «Watching Grunge leg-drop New Jack», sobre el luchador Johnny Grunge) y hace referencia a los Public Enemy de Don’t Believe the Hype con la línea «I’m the epitome/of public enemy».

Pink Triangle

Rivers se enamora de una chica que resulta ser homosexual y que probablemente piensa que él también lo es. La canción se basa en una persona real que Cuomo encontró en Harvard, una chica con la que fantaseó durante una temporada hasta que un buen día se fijó en el pin en forma de triángulo rosa que la chica en cuestión llevaba en la mochila. Cuenta la leyenda que años más tarde Cuomo descubriría que la chica no era lesbiana y llevaba el pin como muestra de apoyo a la comunidad gay.

Curiosamente, siendo una de las canciones más increíblemente intensas y poderosas del álbum, es su single menos exitoso.

Falling for You

Durante las sesiones de grabación, una especie de interferencia radiofónica en un idioma exótico se coló en el ampli, algo que a Cuomo le pareció poco menos que inspiración divina si tenemos en cuenta la temática y el ambiente de Pinkerton, y se escucha en la intro de la canción.

Las numerosas progresiones de acordes y cambios de clave hacen de ella una de las más difíciles de recrear en vivo. Antes de comenzar la versión incluida en el EP en directo The Lion and the Witch (2002), Cuomo dice, medio en serio medio en broma, «Me gustaría pedir la ayuda del Señor para guiarnos a través de la realización de la siguiente canción. ¡Por favor, Dios!«. Al finalizar la versión, se regocija satisfecho: «¡Sí! No nos jodas! Hemos pateado culos! ¡Nos hemos redimido, hemos mostrado nuestra superioridad a la multitud».

Butterfly

El acústico que cierra Pinkerton está narrado desde el punto de vista del personaje de la ópera. Popular por su sinceridad y desnudez, sigue siendo la única canción completamente acústica de Weezer en un álbum (aunque Time Flies o Endless Bummer casi lo son). La canción únicamente cuenta con Rivers a la guitarra acústica y voz, y algo de percusión del eterno Karl Koch. De acuerdo con una entrevista a Matt Sharp en 2006, cuando Cuomo le mostró la canción y le pidió por su opinión, a pesar de que la grabación incluye sólo a Cuomo y Koch, Sharp sintió que «era esencial y debía estar en el disco».

Dónde está Pinkerton

Hemos sobrepasado tres tercios de 2016 y Pinkerton está en el lugar que merece como uno de los mejores y más influyentes discos de los noventa, y la cima de un grupo que no ha parado desde su resurrección allá por 2001 con el disco verde.

El dos de noviembre de 2010 fue lanzada una Edición Deluxe del disco, como ya sucediera con el disco azul, con toneladas de material más o menos inédito y distintas tomas de temas de un disco que sigue sonando tan intenso y brillante como hace veinte años.

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