Lucha por tu derecho a la fiesta: 30 años del ‘License to ill’ de los Beastie Boys

Todavía hoy es difícil de creer. La gestación de una banda de hip hop formada por tres punkarras blancos se antoja imposible en la actualidad. Cómo lo hicieron estos tres gañanes es uno de los grandes misterios de la humanidad. Festejamos los treinta años de un disco esencial para entender la música pop de hoy: License to Ill de los Beastie Boys.


“Three idiots create a masterpiece”, decía Rolling Stone entonces, y no se equivocaban. Telonear a Madonna y el apoyo inmediato de MTV puso a los Beastie Boys en boca de medio mundo: tres jóvenes neoyorquinos de raza blanca, judíos y amigos desde la adolescencia comenzaron a desatar sus robos rítmicos de la cultura pop con unos ritmos desenfrenados a gritos. Gritando mucho.

Nadie, ni siquiera los más cercanos podrían haber imaginado lo que vendría después del lanzamiento de License to ill. Rick Rubin, productor de productores, dice que “el disco se hizo durante un periodo de tiempo eterno. Nos llevó casi dos años. Trabajábamos en las letras un par de días y a lo mejor no pisaban el estudio en dos meses. Y así con cada canción. Por eso los temas suenan así, como si cada uno tuviera su propia vida al margen del resto”. Y concluye: “Lo hicieron para ellos y para sus colegas, vender 25000 copias no entraba en los planes y terminaron vendiendo más de diez millones”.

Literalmente, para los colegas. Alguna de los dardos verbales suenan hoy a colegueo muy de otra época, y que puede herir sensibilidades. El humor cafre que inunda las letras de las canciones da pie a versos como los que bañan Girls (“Girls to do the dishes. Girls  to clean up my room. Girls to do the laundry. Girls and in the bathroom…”). El título original del disco iba a ser Don’t be a faggot (No seas maricón) pero claro, el disco salía en una major y en Columbia dijeron que no. Años después el bueno de Ad Rock pediría disculpas por las ofensas del disco a la comunidad gay, a las mujeres y a todo aquel que pudiera sentirse ofendido por sus gañanadas juveniles. Hay misoginia y degradación femenina, además de una apuesta clara por la violencia, y la banda ha rechazado desde entonces su comportamiento inicial: hoy en día, y vista la actitud comprometida de la banda en númerosos ámbitos, tanto políticos como sociales, nadie duda de la sinceridad de ese arrepentimiento. Hay que tener en cuenta que la banda venía de la escena hardcore neoyorkina, que también es para darle de comer aparte.

Descerebrado, machista, homófobo y, según los expertos, el mejor disco debut de todos los tiempos.La portada del disco, ese avión con el EATME al revés guardaba una sorpresa en la segunda página: no iba a volar a ningún lado porque estaba incrustado en una montaña como un porro en un cenicero. O al menos eso se pensaba hasta que su creador desmintió la leyenda urbana en el momento de vender el diseño original para comprar una casa.

Más de la mitad del disco fue publicado como single, algo que sirve para que te hagas una idea de la cantidad de hitazos que pueblan un disco de rap de la vieja escuela que empieza con un sampler de When the Levee Breaks de Led Zeppelin, como respuesta blanca a los también fundacionales Run DMC (1984) y King of Rock (1985) de Run DMC. Según Rubin “empezar el mejor disco de rap de todos los tiempos con un sampler de la mejor canción de la mejor banda de todos los tiempos” era lo suyo. Entre sus cuatro minutos también había espacio para samplers de Black Sabbath y The ClashKerry King, de Slayer, trabajaba entonces a las órdenes de Rubin y deja su sello en No Sleep Till Brooklyn en forma de riff eterno, además de aparecer en el videoclip.Poco a poco los b-boys fueron depurando su estilo hip hop, aunque nunca colgaron los instrumentos y seguían grabando temas de todo tipo, desde bossa nova a su clásico estilo punk original (igual el Aglio e Ollio -1995- es uno de los mejores discos de hardcore tardío que vais a escuchar en vuestras vidas), pero el cambio fue algo menos atractivo para el público, que recibió su siguiente trabajo, el inmenso Paul’s Boutique (1989) con algo menos de entusiasmo. Pero para entonces ya eran las mayores estrellas del mundo, solamente necesitaron un poco más de tiempo. De hecho, probablemente este License to ill esté lejos de ser su mejor trabajo, pero su valor histórico es indudable.

Probablemente algunos de nosotros, por cuestión de edad, llegamos a este primer trabajo después de caer rendidos a la grandeza de los Beastie Boys con SabotageGratitudeSo What’cha Want o Intergalactic, y aún así, puede que con más razón aún, la fiesta empezó a crecer en nuestros corazones. No te culpes por ello, es completamente normal: License to ill, siendo un disco muy personal, está lejos de la identidad inconfundible de la banda. Con el paso del tiempo el rumbo se volvería más clásico y con una producción mucho más depurada, pero sin perder el sentido del humor, aunque mucho más blanco e inocente. Que siga la fiesta para siempre.

Adam Yauch, no te olvidamos.

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