Luis López Carrasco: viajando en el tiempo por la historia española

Su trayectoria como director, ya desde el colectivo de Los Hijos hasta su carrera en solitario, parece un intento prolongado de usar los viajes en el tiempo para radiografiar nuestro pasado más inmediato. Su último cortometraje, Aliens, fijándose en la figura de Tesa Arranz del grupo de Los Zombies, es otro intento de proyectar nuevas miradas al pasado desde un presente (aterradoramente) apocalíptico. Con motivo de la inclusión de su obra en la exposición de La Casa Encendida Inéditos 2018 a partir del viernes 8 de junio, charlamos con Luis López Carrasco sobre viejos y nuevos proyectos. Y hablamos de El Futuro, por supuesto.

Es muy probable que Luis López Carrasco (1981) no recuerde exactamente cuándo viajó en el tiempo por primera vez. Quizás sucedió en uno de esos interminables veranos murcianos donde pasó la adolescencia, tratando de capturar los soles de membrillo, o en los primeros artefactos que configuró con el colectivo Los Hijos (apropiado nombre para entender sus influencias e intereses) donde capturaba escenas en diferentes formatos.

O quizás fue en Berlín en 2010, donde Luis llevó a cabo una instalación sobre las condiciones de vida de los habitantes del barrio de Neukölln. “Ya entonces me interesaba reproducir material en Super 8. Había leído que el fracaso escolar de la población turca residente en Neukölln era casi idéntico que la de los años sesenta. Casi dos generaciones más tarde la gente seguía estancada en un guetto donde no pueden aprender las nociones básicas de alemán para poder integrarse en la sociedad”.

La instalación consistía en reproducir escenarios de la vida cotidiana de diferentes familias turcas. Las escenas se presentaban grabadas de dos maneras, en digital y en Super 8.  “La instalación estaba dispuesta de tal modo que la gente pensaba que las imágenes en Super 8 pertenecían a los años sesenta. Sin embargo, cuando los visitantes de la exposición daban la vuelta descubrían las mismas imágenes, grabadas en HD, entendían que ambas pertenecían al presente.”

Las conclusiones no se hicieron esperar. “Había reacciones muy interesantes al descubrir que las imágenes que veían pertenecían al mismo tiempo. El espectador se daba cuenta de que la imagen era un artificio, y cómo ciertas texturas conectaban con ciertas emociones, creando incluso una falsa sensación de haber estado allí. Por ejemplo, algunos visitantes decían que en alta definición la gente parecía más triste. Comprendí entonces que a día hoy la textura no sólo genera un afecto temporal, sino también emocional.”




El cine como matriz para representar diferentes realidades e invocar sueños de fantasmas, tan extraños que confundimos con aliens de otro planeta. Realizamos otro salto en el tiempo y el espacio, hasta llegar a 2014. Luis publica su libro de cuentos Europa (Libros del Sur).  En uno de los relatos invoca la letra de Time Travel de Blouse, como si conjurara una suerte de máquina del tiempo. “Ayer estuve en el futuro, pero no se parecía en nada a esto”.

Cultura de Transición y “El Futuro”

Nuevo salto temporal. 2018.  Me encuentro con Luis en Londres. La cronología de cualquier viajero del tiempo es difícil pero no imposible de cartografiar. Han pasado cuatro años después de la publicación de su libro, lejos de Murcia y sus primeros años del colectivo Los Hijos. Luis acaba de presentar su último corto Aliens en Londres, centrándose en la (desbordante) vida de Tesa Arranz, cantante del grupo Los Zombies, poeta y artista.

Sin embargo, resulta casi imposible hablar de Aliens sin mencionar el largometraje El futuro, como si el cortometraje hubiera surgido de la respuesta del largo. Sin habernos acostumbrado al 2018 volvemos a saltar hacia atrás. 2013. Estreno de El futuro en el Festival de Locarno. Sin poder detenernos nos metemos en la pantalla y retrocedemos a 1982.

El futuro representa el simulacro de una fiesta en un piso de Madrid la noche de la aplastante victoria electoral del PSOE de Felipe González. La película de Luis avanza hacia el final de la noche de la Transición. Contrario a las líneas de uno de los cuentos de Luis (“volvamos a la noche del 82, la noche del Cambio, la noche donde todos éramos felices y estábamos ilusionados”) El futuro refleja unos fantasmas cuyas sombras alcanzan con demasiada facilidad nuestro presente.

El Futuro funciona como un artefacto consciente de ser realizado en la actualidad.Por ejemplo, en esa fiesta se hubieran escuchado otras canciones. La selección de canciones como Aviador Dro y su Nuclear Sí es totalmente consciente.” me cuenta. Y sin embargo, es su aliento poético (¡esa fiesta desorganizada! ¡Esos diálogos que apenas se intuyen!) el que le da a la película una extraña magia, como la de un insecto atrapado en ámbar. La película acaba siendo la reconstrucción de un tiempo pasado que produce la extraña (y melancólica) sensación de haber estado en esa fiesta. De haber viajado en el tiempo hasta ese apartamento, aunque uno nunca estuvo allí.

El futuro causa diferentes reacciones en el espectador, como si este viaje por el tiempo fuera demasiado aterrador. “A los progres de los setenta le parece una pesadilla, un viaje a todo lo que odian. Siempre miraron de una manera un tanto condescendiente toda aquella cultura hedonista y despolitizada de los ochenta, como si hubiera una gran brecha entre sus hermanos pequeños y ellos, que se dieron de hostias durante la época de los pactos de la Moncloa. Me hace gracia porque cuando Victor Lenore escribe artículos sobre la Movida dice exactamente las mismas cosas que diría mi padre. A lo mejor es un progre de los setenta y aún no se ha dado cuenta”.

Fotograma de El futuro

Cuando le hablo sobre la importancia (casi didáctica) de El Futuro para las nuevas generaciones, presentando una nueva visión de esa Transición explicada de forma triunfalista en los libros de la LOGSE como un tiempo de éxito y apertura, Luis se resiste en considerar su película desde el punto de vista pedagógico. “Sin duda El Futuro tiene una lectura política, pero la Transición ya había sido muy contestada antes, pero quizás más desde el punto de vista académica. Eran obras que no estaban en librerías, sino que tenías que ir a actas de un progreso. Lo que pasa es que Guillem Martín y la etiqueta de La Cultura de la Transición convenientemente recoge esta tendencia. Incluso ahí tienes Grace Morales y su libro Mecano 82: La Construcción del mayor fenómeno del pop español (2013) donde reflexiona en clave de clase social cómo ella percibía a Mecano desde su perspectiva de chica del barrio, y de cómo ese grupo trepó a lo más alto de la popularidad gracias al oficialismo imperante, interesados en una supuesta modernidad en tiempos de La Ley Miró“. (Luis escribió muy bien sobre esto junto con Luis E. Parés en CTXT en CTXT)

Luis menciona diferentes escritores y obras, como Sólo se vive una vez: Esplendor y ruina de la Movida madrileña, de José Luis Gallero (1991), Después de la lluvia: la ambigua modernidad española, de Eduardo Subirats (1993). O Teresa Vilaró, cuyas líneas del fundacional El mono del desencanto: Una crítica cultural de la transición española (1973-1993) (1998) Luis conjuraba sin parar durante el montaje de El futuro: “La Transición fue un fantasmal enclave en el que la celebración y el infierno quedaron forzados a convivir”. Esa idea convive con la idea del agujero negro, los topos que como una mancha cancerígena devora los rostros de los fantasmas y acaban devorando la pantalla al final de la película (y por lo tanto, cualquier posibilidad de futuro).

Aliens: “Este mundo siempre me ha parecido algo extraño”

Lo que nos lleva finalmente a Aliens. Surgido de una crónica publicada de El Estado Mental, Luis tuvo que preparar aquel nuevo viaje en el tiempo pensando en su lugar de proyección, es decir, el Home de Manchester y posteriormente de Matadero en Madrid. “Siempre intento pensar dónde se va a ver la obra. El texto original era mucho más largo, así que intenté centrarme en los personajes de las pinturas antes que en Tesa”.

De nuevo, el formato audiovisual es clave para releer la historia. “Al principio iba a jugar mucho más con la textura, con el punto psicodélico que conectaba con los tripis que Tesa había consumido en su juventud. Sin embargo, conforme empezaba a rodar me di cuenta de que tenía que dar un paso hacia atrás como autor y centrarme en la persona de Tesa. Y al final la película acabó ganando. Por ejemplo, en el Festival de Toronto la gente decía que la película rompía mucho de los tópicos de representación sobre diversas enfermedades.”

Luis López Carrasco

Le comento a Luis que Aliens empieza donde termina El futuro, con esas imágenes fantasmagóricas que nos llevan a ese pasado literalmente envuelto en niebla. Imágenes y poemas tienen una naturaleza casi catártica, como si trataran de viajar por el tiempo y trataran de alcanzar al presente. Tesa empieza a citar a personas clave de la Movida. Nombres como Iván Zulueta, Pedro Almodóvar o Antonio Vega van y vienen, acompañados por las imágenes de los más de trescientos dibujos de alienígenas dibujados por Tesa durante toda su vida.

Tesa nos da una visión de La Movida mucho más visceral, pero también lúcida”, me cuenta Luis. Palabras sin pelos en la lengua, que rebajan supuestos mitos al mismo tiempo que están cargadas de una extraña vitalidad. Y mientras los alienígenas dibujados por Tesa son vistos por el espectador como espectros de otro mundo (o proyecciones de la gente que Tesa conoció), sus poemas (escritos con trece años) aparecen en la pantalla como profecías de lo que será el futuro de su vida. “Tesa interpretó tan bien el texto de Germán Pose (autor del artículo original) que fluye de una manera genial, adaptándose a esa voz narrativa que Germán creó para Tesa. De este modo está la versión pública de Tesa y luego está la versión íntima de Tesa a través de sus cartas y poemas, que el espectador intuye. De alguna manera ella controla lo que está diciendo, pero mientras ves sus poemas te vas cuenta de que hay algo más”.

Un nuevo viaje en el tiempo: El año del descubrimiento

Mientras nuestro encuentro entre tiempos tiene lugar le pido a Luis que me hable de El año del Descubrimiento, su ambicioso proyecto sobre el 1992 desde la óptica de las revueltas contra el cierre de astilleros en Cartagena sucedidas el 3 de febrero. En efecto, volvemos atrás en el tiempo. Saltamos de nuevo a la cara B de la historia reciente de España. “Las revueltas del 3 de febrero en Cartagena duraron ocho horas. Las cargas policiales fueron durísimas y concluyeron con múltiples heridos y la quema del parlamento de La Asamblea Regional. Sin embargo, todos estos hechos quedan aparcados y relegados en la prensa. Quizás no se podía asumir por los medios de comunicación ni la sociedad que en el año más glorioso de España, donde tenía que mostrar a Europa que era un país solvente, tenía problemas con la desindustrialización que se estaba llevando a nivel nacional. Curiosamente ese fin de semana sucede el Tratado de Maastricht y diferentes miembros del Banco Europeo se reúnen para planificar el futuro de los países europeos. En estos días se gesta la idea de España como país de servicios,  que sólo puede funcionar a través de capital extranjero e inversiones sobre el suelo, en una suerte de retórica muy triunfalista. De este modo El Año del Descubrimiento sucederá el fin de semana anterior a los altercados. La acción se situará en un bar de Cartagena, utilizando ciudadanos de la ciudad que vivieron aquella época junto con nuevas generaciones”.

Pese a que El año del Descubrimiento aún no ha sucedido (de momento) en nuestra línea temporal, Luis se muestra optimista con los tiempos que corren. Desconfía de las miradas homogéneas, ya que cualquier mirada homogénea sobre la historia española reciente revela una posición hegemónica. Pese a los intentos de los poderes por hacer desaparecer los movimientos disidentes, confía que estamos viviendo un nuevo auge de movimientos sociales y contestatarios, empezando solamente ya por los movimientos vecindarios. “Enmanuel Rodríguez decía en un artículo que nunca antes se había hablado antes de la democracia y del feminismo, o los movimientos vecinales, pasando por ecologismo, pacifismo… En los noventa había una cierta desmovilización, quizás porque no podían contar con los canales que las plataformas tienen hoy en día. Lo que no hay duda es que la brecha digital entre diferentes generaciones es uno de los grandes problemas del presente.”

Para terminar Luis me habla de algunos posibles proyectos que flotan aún en el futuro (y en el pasado al mismo tiempo, esperando ser interceptados. “Me encantaría trabajar por ejemplo con Y ahora lo importante, de Beatriz Navas (2018). Leí las entradas del diario originales y son magníficos. Si pudiera encontrar un diario de una joven de clase trabajadora del extrarradio de Barcelona podría encontrar un equilibrio interesante con el que narrar la visión de dos adolescentes diferentes en los noventa.” Y así, como si el presente volviera a quedarse incompleto, Luis se dispone a viajar en el tiempo, una vez más. Porque como diría Mark Fisher sobre la lenta cancelación del futuro, justo cuando uno cree que ha conseguido entender el presente, los fantasmas de tu vida (y del pasado) llaman a la puerta. Con más fuerza que nunca.

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