Màgia Roja – Sueños industriales

Baile, liberación, belleza, magia, utopía... la música industrial cobra un nuevo sentido en las sesiones y discos del colectivo/club/sello barcelonés. Cuenta ya con 7000 socios de 60 países y sus puertas están abiertas a todo el que quiera unirse. Pero es necesario cumplir algunas condiciones...

Esta es una historia de Barcelona y de uno de sus lugares más singulares. Pero es una historia que es necesario iniciarla en dos puntos muy alejados de la ciudad y a casi la misma distancia de ella.  Uno de ellos es el Matadero de Azkoitia (Gipuzkoa) y el otro, la tienda de discos Rotor en Madrid. Desde ambos, trazaremos un triángulo cuyo vértice apunta al corazón de la ciudad, al Carrer d’Alzina 20, donde se sitúa el local de Màgia Roja. Principio y final de esta historia, donde todo converge y cobra todo su sentido.




Empezamos en plena Gran Vía madrileña. En el número 40, piso 6º, concretamente. Desde allí dirige Andrés Noarbe la tienda de discos Rotor y el sello Geometrik Records, desde donde ha publicado desde inicios de la década de los ochenta la práctica totalidad de la amplísima obra de Esplendor Geométrico. Pioneros y en cierto modo incluso inventores, tanto en España como a nivel mundial, de lo que se vino a denominar “música industrial”, o al menos de una forma muy particular de entenderla y a los que, pese a cierto reconocimiento tardío que se les ha otorgado en los últimos años, aún no se les ha terminado de hacer justicia. Descubrí a EG a principios de los años noventa, entusiasta pero escasamente preparado aún para semejante shock, y sentí un escalofrío, mezcla de placer y auténtico horror, ante lo hiriente y áspero de su sonido y la irrefrenable pulsión mecánica que se adueñaba de todo mi cuerpo. Me debatí entre la atracción y la repulsión hasta que conocí a Andrés, y a través de él a la propia banda, y aprendí a sumergirme en su música sin miedo y a convertirlos en uno de mis mayores referentes personales.

Seguimos en Azkoitia. En el antiguo Matadero del pueblo, convertido desde los años noventa en uno de los templos sagrados de la música alternativa y de la autogestión cultural en Euskadi. Tanto por su especial y un tanto mágica arquitectura como por lo arriesgado y siempre excitante de su programación. Allí nacieron Akauzazte, al mismo tiempo que el viejo edificio ya abandonado se reconvertía en lugar de encuentro y de rica y libre vida cultural, y allí mismo grabaron sus primeras obras. Obras ásperas y difíciles, “industriales” a su modo también, como las de EG, pero dueñas de una visión extremadamente personal y única, telúrica, pegada a su tierra y a sus ancestros, primitiva y al mismo tiempo visionaria y capaz de generar auténticos estados de trance. Pero Akauzazte cantan en su lengua natal, en euskera, trabajan a un ritmo extremadamente lento para los estándares comerciales y viven apegados a su pueblo y sus gentes y al calor mágico del Matadero. Siguen siendo un misterio y unos desconocidos para la mayoría fuera de Euskadi (a veces, incluso dentro de Euskadi). Cualquier calificativo que pueda usar para describir su música se quedará corto pero si este artículo sirve para que siquiera una persona más se anime a descubrirlos y dejarse iluminar por su grandeza, habrá valido la pena.

Desde Madrid o desde Azkoitia podemos apuntar a la Nueva York de los Swans o a la Inglaterra de Throbbing Gristle y Cabaret Voltaire, por citar algunos posibles ejemplos donde seguir indagando y descubriendo referentes y aprender de la “vieja escuela industrial”, de sus motivaciones y de la concepción de un discurso sonoro que alteró y corrompió para siempre (en el mejor de los sentidos) la historia de la música popular a finales de los años setenta. Pero es en Barcelona donde ha nacido una “nueva escuela”, tras el portón metálico, bellamente decorado, del local de Màgia Roja.

Magia

Fue mi devoción por Akauzazte la que me conectó a Màgia Roja en primer lugar. Etzazuaka, fabuloso último disco de la banda hasta la fecha, fue coeditado en 2015 por el sello barcelonés y aquello despertó mi curiosidad. Accedí a su bandcamp y escuché a Futuro del Hierro, Coàgul o Qa’a y vi las conexiones con Jochen Arbeit de Einstürzende Neubauten. Detritus sónico industrial y pasión descarnada, poesía perturbadora y belleza convulsa. Aquello encajaba a la perfección con todo lo que amaba en Akauzazte y seguí al tanto de las evoluciones del sello. En 2017 llegó el disco debut de Zozobra y Paso en el Vacío de Futuro del Hierro, coeditado por el sello británico Opal Tapes, otra referencia personal ineludible. Dos obras desasosegantes, incendiarias y hermosas (a su manera) como pocas cosas que he escuchado en este país en los últimos años. El interés se había vuelto ya culto para mí, y en esas me llegó la oportunidad de participar en el crowdfunding que pusieron en marcha poco después para mejorar las condiciones del local y poder seguir celebrando sus fiestas y sesiones mágicas.

No lo dudé, pero las imágenes y especialmente el lenguaje empleado para describir aquellas fiestas provocaron ya una necesidad irrefrenable de presentarme de una vez por todas allí: “Màgia Roja es un proyecto pionero y utópico”… “En nuestro cuartel general programamos exclusivamente música industrial, noise, free impro, psicodelia en el sentido más amplio, ambient, rock experimental, arte sonoro, música tribal y drone, con una media de ochenta conciertos al año”… “Nuestro criterio es ‘Cualquier forma pero no de cualquier forma’: ecléctico -cualquier forma- pero no cínico -no de cualquier forma-, no es que nos falte el sentido del humor, más bien es al revés, pero no apreciamos la superficialidad y la frivolidad. Estamos siempre en búsqueda de artistas valientes, originales y pioneros con los que cambiar nuestros alrededores y ayudar a hacer del mundo un sitio un poco mejor”. ¿Ruido, música industrial y utopía (un mundo mejor) en la misma frase? Aquello tenía que conocerlo.

Fue en junio de este año cuando me presenté en la puerta de Màgia Roja. Acudí a Barcelona para asistir al Sónar y a la salida quedé con Víctor Hurtado (Comisario de la Luz, director creativo, DJ residente y miembro de Huan, Qa’a, Ordre Etern y en la actualidad de Futuro del Hierro y Dame Area) para conocerlo. Llamé al portón excitado y un poco confundido. No llegaba ningún sonido del interior y aquello parecía un garaje de tantos en el barrio. Pero me abrieron, me preguntaron quién era y si sabía lo que venía. Conteste un sí, convencido y un pelín abrumado, y me dejaron pasar. Una segunda puerta interior daba acceso al verdadero local. Un espacio pequeño, tenuemente iluminado, lo justo para ser misterioso y acogedor al mismo tiempo, sofás para sentirse cómodo, una pequeña barra, una mesa de DJ y un espacio para bailar y seguir los conciertos, todo montado con materiales sencillos de aquí y de allá, muchos de segunda mano o supongo que directamente rescatados de la basura y mucha historia adornando las paredes en fotos y carteles de una estética entre esotérica y punk muy particular. Allí me espera Víctor para saciar mi curiosidad.

Tema de Ordre Etern en un recopilatorio del sello She Lost Kontrol

Empecemos por lo esencial, por ese compromiso personal que exige la entrada al local, esa aceptación previa de unas condiciones y de un programa sin necesidad  de conocerlo ni posibilidad de alterarlo. “Todo ha surgido de manera natural y a menudo improvisada. Nuestra historia esta llena de sincronías”  cuenta Víctor. “Màgia Roja lo fundamos Lucy Tcherno y yo en el 2009 como sello de autoedición y funcionó así hasta 2012 cuando se unieron Ramón y Pris y formamos así el núcleo duro, a partir del cual empezamos a sacar más vinilos de una mayor variedad de artistas. Eso nos llevó a pensar que sería una buena idea contar con una oficina desde la que coordinar nuestras operaciones y dimos con este local. En aquellos tiempos Lucy y yo trabajábamos en Gràcia Territori Sonor y a veces, después de los conciertos, nos llevábamos a la gente a nuestra casa o al local y nos gustaba mucho la atmósfera que se creaba en esos encuentros, así que para fin de año de 2014 nos propusimos montar una fiesta, sin mucha pretensión, y resultó en un verdadero éxito. Fue una noche muy especial con una enorme sesión a cargo de Dani Blue (con el que compartí la residencia el primer año y medio).

“Nos encantó, nunca antes habíamos bailado y compartido la musica que nos gustaba de verdad con tanta gente. Pensamos que estaría bien repetirlo todas las semanas. Así fue como nacieron las sesiones de Màgia Roja. A priori unas fiestas privadas en las que poder establecer nosotros las condiciones estéticas y musicales a nuestro gusto y sin estar sujetos a criterios comerciales, donde no hay clientes sino una comunidad. Esa idea evolucionó rápidamente a hacer algo que fuera más allá del hedonismo de una fiesta, que formara también parte de la producción artística, de ahí que las empezáramos a llamar reuniones de socios para diferenciarnos de lo que sería una disco. Conforme se consolidaba una asistencia semanal fija, tuvimos que preocuparnos de mantener el ambiente y el concepto que nos gustaba. Lo primero que se nos ocurrió fue utilizar la música como filtro, poner la música mas extrema que se nos ocurriera para echar a la gente que no pintaba nada allí, por una razón o otra. De hecho era una especie de juego ver que salvajadas podíamos llegar a mezclar. Recuerdo con cariño poner por ejemplo música medieval provenzal con un tema de Cromagnon que son todo gritos, como una tortura cátara, perfecto a tantos niveles. La siguiente medida fue limitar la entrada en la puerta solo a aquellos que realmente tenían interés por el proyecto. Al final no queremos sentirnos extraños en nuestra propia casa.”

Curiosidad y respeto

Estas fueron las dos palabras que mencionó Víctor para definir el criterio de admisión como socio de Màgia Roja. No hay manera más certera y amplia de exponerlo. Pero no fue algo impuesto, es una percepción que se ha podido adquirir con el paso de las sesiones. “Ha sido a posteriori, cuando nos hemos planteado cuáles eran las premisas la admisión como socio: Curiosidad y respeto. Ambos son complementarios y necesarios para que [email protected] podamos disfrutar plenamente

De esa actitud, del trabajo y de la predisposición ha ido surgiendo poco a poco esta extraordinaria iniciativa. “Poco a poco se fue creando una comunidad dispuesta a arriesgar y confiar en nuestro criterio a la hora de elegir la música que pinchamos y los artistas/actividades que programamos. Gente que ha ido entendiendo que para una noche normal y unidimensional te vas a otro sitio. Nos gusta que haya varios niveles de significado y función. Si algo puede cumplir más de una función mucho mejor. A la vez para nosotros es muy importante que haya una coherencia en todos los elementos que constituyen Màgia Roja, desde el contenido de los discos y sesiones, a la curaduría de conciertos/talleres/conferencias, pasando por la estética de los carteles o del propio local. Queremos que todo vaya en una dirección, que haya una coherencia dentro de un eclecticismo sano, no un popurrí.

De mis indagaciones previas y de nuestra conversación surgen nombres de plataformas como Conjunto Vacío/Dead Moon, Bestiarie o Novak Product y de los propios artistas de Màgia Roja o Juche, Fèrida, Funeral Mantra o los rituales de Pricto y Discordian Community Ensemble. Una amalgama de propuestas radicales, en el sentido de compromiso absoluto con su arte, crudo y descarnado, puede que incluso doloroso. Pero que, en el fondo, siempre me resultan extrañamente bellos y me hacen imaginar una red de resonancias y conexiones entre ellas. Una posible “escena” barcelonesa basculando en torno al local de Màgia Roja. Una visión que aún es un esbozo en mi mente y sugiero a Víctor.

Juche en directo en Espacio Profundo 2016

Cuando empezamos, desde mi posición en Gràcia Territori Sonor percibía que había poca actividad en la ciudad. Mucha gente interesante se había ido de Barcelona y varios proyectos habían desaparecido y me parecía que había un cierto vacío. Ahora, en cambio, siento todo lo contrario. Hay una especie de efervescencia total, y creo, sinceramente, que nosotros hemos contribuido a ella de alguna manera. Un montón de gente que hace cosas interesantes, no sólo en música, se ha conocido aquí, y han empezado trabajar en nuevos proyectos. También hay una serie de artistas que ahora están haciendo un montón de actividades y a los que nosotros programamos algunos de sus primeros conciertos. Además somos el único sitio que pincha habitualmente varios de esos proyectos casi cada semana. De esa manera, la gente se ha ido familiarizando con ellos y se ha generado una cierta consciencia de que algo esta pasando en la ciudad… No sabría decir hasta qué punto somos responsables de que estas cosas hayan ocurrido o simplemente hemos seguido una corriente y le hemos dado un canal para que fluya. Probablemente es una mezcla de todas las cosas. No estoy seguro que haya una escena, quizás hasta hay varías”.

Insisto en mi percepción de un tenue nexo entre las propuestas, una especie de fuente común de la que beben todas y nuestra conversación gira en torno a esa cuestión hasta que Víctor desvela otra clave. Probablemente LA CLAVE de este artículo. El metamodernismo. Un concepto quizá excesivamente académico e incómodo para que los interesados lo adopten como suyo, pero que aglutina perfectamente muchas de mis sensaciones.

Es un término filosófico que descubrimos al tratar de definir por qué hacíamos lo que hacíamos, cómo lo hacíamos y qué tipo de arte apoyábamos. Intuitivamente sí que teníamos un criterio pero no nos habíamos sentado a ponerle un nombre. Sentimos que el metamodernismo encajaba con nuestra visión de manera natural, a nivel estético y filosófico. Eso reforzó intensamente la dirección que veníamos adoptando. Lo metamoderno se puede explicar perfectamente en contraposición a lo posmoderno. En pocas palabras, lo posmoderno supone la muerte de la trascendencia, de las grandes narrativas y da paso a una visión de la realidad fragmentada”

“De ahí surgen técnicas como el collage, el eclecticismo o el pastiche, que buscan representar esa realidad donde nada es verdad y donde hay mil prismas para describirla. La postmodernidad es ironía y cinismo puro. Eso permite explicar tanto a Andy Warhol, como el nihilismo de Throbbing Gristle, pero también los cuadros blancos o 4’ 33’’ de John Cage, todo puede ser arte. El metamodernismo supone un retorno a la trascendencia y la sinceridad en el arte utilizando las estrategias y herramientas propias de la posmodernidad, sin ser un movimiento neoclásico o nostálgico. Podrías coger dos obras idénticas y que una respondiera a conceptos posmodernos y otra a metamodernos. La diferencia estaría en el tipo de objetivo, si la obra es irónica sería posmoderna y si es sincera seria metamoderna. La elección de Donald Trump es para mí, una de las expresiones más posmodernas de nuestro tiempo, del “todo vale”. Es quizás ahí donde la ola de la posmodernidad rompe y llega a la posición mas pública y con más poder del planeta. Apostar por lo metamoderno es también una apuesta por un modo de vida, es buscar la utopía aunque sepamos que no se puede alcanzar. No queremos una vida donde no hay lugar para la verdad. Lo posmoderno dice que todo puede ser una obra de arte. Si todo es arte entonces el arte no es nada especial, no vale nada. Y no nos interesa el arte que no vale nada. Nos interesa el valor y la belleza del objeto. De ahí lo de ‘Cualquier forma pero no de cualquier forma’”.

En general, la gente hace arte por pura necesidad y sin pensar tanto en las etiquetas que le corresponden a su obra. Pero es cierto que este concepto vertebra buena parte del arte más interesante que está surgiendo en Barcelona, especialmente el inspirado por el término “Música Industrial” acuñado a finales de los años setenta por grupos como Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire o Whitehouse. Víctor está de acuerdo y apunta “Muchos de los proyectos mas interesantes en la ciudad encajan con el concepto metamoderno. No buscan tanto la ironía y el pastiche. Son sinceros, aunque sus resultados les puedan resultar extraños a muchos. Esto se está dando especialmente en mucha de la música que editamos en Màgia Roja y en la escena post-industrial de Barcelona, que se aleja de la estrategia de shock (genocidio, asesinato, fascismo, ultraviolencia…) de las bandas pioneras, convertida a estas alturas en un tópico meramente estético, sin ningún contenido ni posibilidad de verdadero impacto”.

A falta de otro término, quedémonos de momento con ese “Post-industrial”. A lo mejor para el final del artículo somos capaces de darle un nombre más apropiado. En cualquier caso y dadas sus características tan personales, la estructura de una red intercomunicada y organizada no es la que mejor se ajusta a este colectivo. Su comportamiento es más atomizado, más “rizomático” si cabe. Víctor apunta que las consecuencias de la crisis económica han podido propiciar este comportamiento con una interesante reflexión. “Muchos de los artistas y proyectos en plena actividad actual, estaban entonces en un estado embrionario. Es posible que la crisis les llevara a recluirse en su mundo a la hora de crear sus propuestas. En consecuencia, la mayoría siguen corrientes muy particulares, basadas en obsesiones personales

Resonancias y utopías

Pese a actuar por libre, de alguna manera, la actividad de cada uno de esos átomos resuena en el otro y contribuye a que todo tenga una cierta coherencia. Viktor no niega esa posibilidad: “Hay unos rasgos comunes que nos diferencian de las corrientes contemporáneas. No sé si vamos por delante o por detrás de ellas, pero en lo que se refiere a los nuevos sonidos de corte (post)industrial, en otras ciudades y países ha calado una onda más bailable y más próxima al techno, digamos el modelo berlinés (que también hay proyectos notables pero menos). Aquí en cambio hay una serie de proyectos con una visión más cercana a la vieja escuela en el discurso sonoro y en darle importancia a las letras, pero con toda una estética y un contenido que no tiene nada que ver con ella. Todas esas tácticas de shock ideológico, moral y político y esa perspectiva social, se torna aquí mucho más personal. Esa es la característica común y al mismo tiempo la diferencia entre los diversos proyectos actuales. En consecuencia, cada sello y cada proyecto (incluso los que sentimos cercanos como Conjunto Vacío, Bestiaire o Bovak)  parece ir a lo suyo. Pero eso no es necesariamente malo, es parte de la esencia de ese carácter personal. Al final estoy de acuerdo en que hay una cierta resonancia entre ellas a nivel de ciudad. Y nosotros tratamos de contribuir a ella al programar artistas de todos esos proyectos en nuestro espacio.

Ahí, con especial relevancia, es donde Màgia Roja como espacio físico y como idea cobra todo su sentido. Por un lado actúa como punto de encuentro de almas inquietas. Muchos músicos de la ciudad han coincidido en eventos y conciertos de Magia Roja y en esos encuentros, impulsados por el propio ambiente del local, se han gestado muchos nuevos proyectos. “Hay mucha gente que aquí se ha dado cuenta de que había otras personas con sus mismas inquietudes y han establecido contacto” comenta Víctor y lanza una pequeña reflexión. “Viéndolo ahora, es posible que hace unos años hubiera un panorama aún más fragmentado y nosotros quizá hayamos ayudado a cohesionarlo un poco. La fragmentación actual es también consecuencia de la mayor actividad y cantidad proyectos. Hay más público que antes, sólo que está repartido.

Por otro lado, y quizá aún más importante, Màgia Roja es una idea abstracta, una actitud formulada a modo de utopía. Una palabra extraña en estos tiempos de cinismo, como comentaba al inicio del artículo, y que casi hemos desterrado de nuestro vocabulario por considerarla ingenua, especialmente en su acepción más positiva e integradora (a decir verdad, las ideas más excluyentes y violentas también pueden ser utópicas). Las motivaciones y manipulaciones que nos han llevado a ello son complejas y diversas y no es el momento de entrar a analizarlas, pero a lo mejor, sí es el momento de recuperar su fuerza inspiradora del cambio y para vivir, si no mejor, si al menos de una forma más plena.

¿Cómo explica Víctor esa utopía inherente a Màgia Roja?: “Nosotros hemos imaginado un proyecto ideal, un espacio sobre todo libre, algo que no se pareciera a nada de lo que conocíamos, o como mucho, que tuviera elementos de cosas que habíamos oído hablar, pero no habíamos experimentado en primera persona (como el UFO Club y el Zodiak Free Arts Lab en los sesenta, Club Moral, la Abadía de Cefalú y algunos aspectos del Haçienda en los ochenta, por ejemplo). Al final es un horizonte, un ideal que seguir aunque nunca se llegue a alcanzar. Es un proyecto utópico en el tipo de conversaciones y situaciones que puedes tener. He visto a gente jugando al ajedrez o conversando sobre filosofía durante las sesiones. Por ejemplo, tenemos dos urnas con cartas de amor y odio, donde la gente escribe cosas realmente interesantes. El hecho de que ese tipo de detalles sean lo normal aquí, me parece algo muy hermoso y en cierto modo, también utópico. Como DJ residente, escojo la música que voy a pinchar, pero si a la gente no le gustara me quedaría solo y, sin embargo, el milagro es semanal. Siempre pienso que esta va a ser la última vez y que no se va a volver a repetir, pero sigue sucediendo”.

“Me parece muy simbólico el hecho de que la gente baile cuando pincho a Nurse With Wound, Swans o folk japonés, algo impensable en otro lugar que, sin embargo, aquí pasa habitualmente. Se supone que no es música para bailar o que como mucho, la vas a bailar tú solo en la intimidad de tu dormitorio. Pero aquí, tras unas horas de sesión, llega un punto en que se rompen las barreras y todos los asistentes admitimos que nos gusta la música y que cualquier cosa que tenga un ritmo, por raro que sea, o que sea intensa nos puede hacer bailar, y lo hacemos sin complejos. Es un sitio donde hay socios de todas las tribus urbanas, desde black metaleros a hippies. Hay gente de veinte años y también que supera los sesenta. Días que hay más lesbianas o gays que heteros. Algunos son muy ricos, empresarios, catedráticos, políticos o actores, otros son obreros, otros pobres o casi homeless. Tener curiosidad y respeto los iguala a todos. La gente se abre a otras realidades y músicas a las que no estaba acostumbrado”

De esa manera, encajan cosas impensables y la gente se libera de sus prejuicios sobre lo que es o no es bailable. Esto requiere que el DJ sea valiente y que la gente responda al mismo tiempo. Ese punto es la clave de toda nuestra filosofía y nuestra gran utopía. Todo es parte de una cultura, que se ha ido probando (y fallando) para convertirse poco a poco en la normalidad del sitio. He visto DJs extranjeros optar por recursos bailables más facilones y la gente se ha cruzado de brazos como diciendo: para esto nos vamos a otro sitio“. Y es que Màgia Roja no es “otro” club al uso donde escuchar techno con bombos atronadores. “La gente se vuelve loca por lo que suena, no por cómo suena. El sonido es “flojo” en ese sentido. Pero la gente, en pleno éxtasis, ha hecho agujeros en el suelo o se ha subido a las mesas. Al final lo que te hace vibrar no son los subgraves. Los mejores días deja de ser una sesión para convertirse en algo más, un ritual o un viaje. Pero eso requiere una aceptación y participación por parte de la gente. Entonces los resultados son brutales.”

Ahí están todas las claves que intuía y que me han traído hasta aquí. Una vez formuladas me hacen desear aún con más fuerza poder algún día participar de una de esas fiestas.

Barcelona-Madrid-Azkioitia y más allá

Vuelvo al inicio para completar este itinerario y cerrar el círculo. A Madrid y a Azkoitia. A Esplendor Geométrico y Akauzazte. Referencias absolutas también de Víctor y el vínculo que ha unido nuestros mundos, y que él vivió así: “EG es el primer grupo experimental que escuché en mi vida. Fue un profesor el que me los puso junto a Pink Floyd y Aviador Dro. Me gustaron los tres, pero EG me llamaron especialmente la atención y ahí empezó mi obsesión por ellos. Más tarde, cuando tuve que elegir un nombre de DJ, decidí homenajearles con Comisario de La Luz, el título de uno de sus discos. No fue hasta que, en plena campaña de crowdfunding para el local, Andrés Noarbe (a quien agradecemos su contribución y sus buenas palabras en torno a Màgia Roja) nos comentó que el nombre proviene de una expresión albanesa que significa profesor. Me hizo mucha gracia, tanto por el carácter un tanto didáctico de mis propias sesiones como por el hecho de que fuera un profesor el que me descubrió el grupo. Me pareció una sincronía muy curiosa y en cierto sentido, reveladora.”

“Admiro profundamente a Esplendor Geométrico. Generaron un estilo por sí mismos, quizás hasta mas de uno. Se basan en la música industrial inicial y la convierten en verdaderamente “industrial”, en el sentido de que suenan a máquina, a fábrica a pleno rendimiento. Su obra, especialmente hasta finales de los 90, me parece increíble e incontestable. Si fueran de USA, UK, Japón o Alemania estarían aún mejor considerados

A Akauzazte los conocimos en la época de Qa’a. Les enviamos uno de nuestros discos y Joxe nos contestó diciendo que les había gustado mucho y proponiéndonos ir a tocar al Matadero de Azkoitia. Por supuesto, nos animamos a ir y desde entonces he estado otras dos veces tocando allí, una con Ordre Etern en 2014 y otra con Futuro del Hierro en 2017. Pero lo cierto es que les admirábamos desde mucho tiempo atrás. Desde el momento que les descubrí, aluciné mucho con todo lo que les rodeaba y con el mero hecho de que existieran, aislados en su pequeño pueblo de Euskadi y fueran capaces de producir esa música tan especial. Tenían y tienen un cierto aire místico para mí. Considero que son tan o más grandes que muchos grupos “de cabecera” como Swans o Throbbing Gristle. La consistencia y la calidad de todos sus discos a lo largo de tantos años no tiene comparación

Soy un devoto absoluto de ambas bandas y creo que podría suscribir las palabras de Víctor una por una. Me consta que hay un culto callado, pequeño pero muy intenso por Akauzazte en Euskadi y sospecho que en Madrid no deben faltar fans entregados a la pulsión fabril de EG. Sin embargo ninguna de las dos regiones ha dado continuidad a su legado, o al menos, no de una manera tan rica, diversa y deslumbrante como lo ha hecho Barcelona. Tal y como se describe en el excelente libro de Jaime Gonzalo La Ciudad Secreta: Sonidos experimentales en la Barcelona pre-olímpica 1971-1991” (2013), Barcelona posee una tradición industrial y experimental muy potente desde los años ochenta, que quizá ha servido de germen para que toda esta exuberancia florezca ahora. Víctor sugiere que a lo mejor la dichosa crisis también ha tenido algo que decir aquí, y en esa reclusión forzada por las circunstancias los artistas barceloneses han mirado a las referencias más cercanas en lugar de buscar en el extranjero. No lo tenemos claro ninguno de los dos, ni siquiera que exista una razón para ello. Simplemente, la magia (roja) se ha obrado aquí. Porque sí.

Dame Area

Y seguirá obrándose, porque Màgia Roja organiza un concierto de Akauzazte en el CCCB en el marco de la exposición La luz negra el próximo 6 de octubre y prepara la edición del primer LP de Jaco y un 7″ de Ca de Bestiar, así como una reedición del mítico y descatalogadísimo Enlatatuta (maqueta autoeditada en 1995) de Akauzazte. Y además se expandirá a otras ciudades. “Estamos preparando sesiones de Màgia Roja fuera de Barcelona. De momento planeamos algo en Bristol, Londres, Valencia y quizá Madrid. Al principio las acompañaremos de la actuación de alguno de los grupos del sello, pero la idea es intentar ver si se puede repetir el milagro en otro sitio. En contraposición a la funcionalidad de la típica sesión de DJ buscamos la alteración del estado mental, no la hipnosis adormecedora. Queremos algo que te despierte a otra realidad, a otra visión y a otro nivel de energía. De ahí lo de que pinchemos canciones y hagamos mashups buscando una narrativa y una trascendencia, una poesia. Me gusta pinchar letras, no sólo ritmos. Eso nos liga a las propias referencias del sello, cuya obra se basa en canciones al fin y al cabo, en las que las letras son importantes”.

En definitiva, es en Barcelona donde ha nacido la “nueva escuela” para que todo fluya, para liberarnos por fin de cualquier atadura y gozar de esta música como nunca lo habíamos hecho, sin complejos y hasta las últimas consecuencias, como debe ser.

¿Y si lo llamamos metaindustrial?

Apéndice. Introducción a la magia

Si tuviera que recomendaros una puerta de entrada al universo Màgia Roja os diría que probablemente cualquiera de las obras publicadas pueda servir. Pero en mi caso, fue Un paso en el vacío de Futuro del Hierro el disco que me dió la bienvenida y puedo aseguraros que cumplió sobradamente su cometido. Víctor, practicamente en solitario, en su estado más primigenio, descarnado bramando canciones con una urgencia y una intensidad arrebatadoras. De hecho, probablemente la obra del propio Víctor en todas sus facetas sea la mejor guía inicial para adentrarse en este mundo.

Más allá, se abre un enorme abánico de propuestas interesantes. He contactado con algunas de ellas para un pequeño intercambio de impresiones en torno a su obra, y a su relación con Mágia Roja y esa posible escena barcelonesa de la que dejo aquí algunas citas.

Ca de Bestiar son quizá la manifestiación más descarada y punk de todas ellas, y espero con mucha ansiedad su debut para el sello. Llevan un solo año tocando y tienen una demo “grabada en marzo de 2018 en el Turó de la Peira, con un equipo de mierda” según reza su propio bandcamp. Me cuentan que “no tenemos ninguna noción musical, no sabemos usar nuestros instrumentos. Grabamos (con mucha dificultad) frases de bajo que ponemos en bucle que disparamos con un mp3 en los directos. Si pertenecemos a alguna escena en Barcelona todavía no nos hemos enterado”. En cualquier caso, “la idea de “escena musical” es muy etérea y no se define realmente hasta que no se ve con perspectiva, una vez ha pasado algún tiempo.

Nos cuesta ponernos etiqueta. Discutimos mucho sobre cómo tenemos que sonar, que si más estridente, más disonante, más oscuro, más contundente, más ruidoso… pero siempre coincidimos en que tiene que ser bailable. Así que creamos una base fija con bajo y percusión (caja de ritmos) e improvisamos sobre ella. En este sentido es el directo lo que nos interesa más: con el elemento básico pregrabado nos podemos centrar en el juego y la improvisación.”

Nosotros en realidad venimos del punk, ese es el ambiente que frecuentamos y en el que hemos tocado más a menudo. Con ellos es con quienes hemos sentido mayor afinidad musical.  Aun así, básicamente hemos tocado allá donde nos han llamado y quienes lo han hecho han sido siempre colegas.”

Con Magia Roja fue distinto. Lo habíamos descubierto de pura chiripa un par de años antes. Entramos en el local una madrugada durante las fiestas del barrio y nos llamaron la atención dos cosas; que se podía fumar y que pinchaban Esplendor, Death in June y Throbbing Gristle. Cuando nos llamaron no entendíamos para qué querían que fuéramos a tocar. Nunca nos lo había pedido nadie que no conociéramos personalmente. Tampoco creíamos encajar con el tipo de cosas que se hacían allí. Pero fuimos y lo pasamos bien; los altavoces petaban bien fuerte, los bocatas de la cena estaban buenísimos y nos dieron barra libre de alcohol. De lujo. Luego nos volvieron a llamar para tocar otra vez y Víctor además nos propuso sacar un vinilo. Seguimos sin entenderlo.

Caramuerto es otro de los nuevos fichajes del sello. Su primer y excelente LP Humo y Espejos se ha editado este año. Sus influencias son claras y él mismo me las relata “Big Black, Birthday Party, Joy Division, Einstürzende Neubauten, Sightings, DNA,… “, pero su discurso es tan personal que han quedado sepultadas en el magma sónico. “Soy de Almería y tengo 36 años. De adolescente me resultó imposible formar un grupo con gente que tuviese unos gustos musicales que no chocasen con los míos, así que se puede decir que he tocado toda la vida solo. Ya en Berlín y con 29 años, decidí comprar un pedal de loops y me impuse como premisa que toda la música que hiciese debería poderse llevar al directo. A partir de este momento empecé a hacer mis primeros conciertos en Berlín. Llegué a Barcelona hace unos tres años ya con tres cintas grabadas, que autoeditaría durante estos años. Màgia Roja se convirtió en mi sitio de fines de semana y, una vez que se enteraron de que hacía música y escucharon un poco, decidieron “apadrinarme” y hacerme tocar de forma habitual. En agosto de 2017 me encerré durante tres días en el estudio Caballo Grande y grabé de forma totalmente irreconocible las canciones que componían mis viejas cintas  (1929 y 8 canciones“) El resultado: el mencionado Humo y espejos“.

De Màgia Roja recuerdo que me llamó la atención ver que lo que me había sorprendido que existiese como algo habitual en Berlín (un espacio en principio poco adecuado para montar nada relacionado con música, con una barra que era un tablón de cincuenta centímetros, una nevera de casa con latas de cerveza y vasos de plástico por si querías una copa, humo y fiestas hasta bien tarde, música que es la que realmente quieres oír, conciertos en los que se pagaba un donativo libre…) lo tenía justo delante de mí y, encima, con un volumen de música mucho mejor que el que había dejado atrás. Lo bueno de esta clase de lugares es que se prestan a formar “familia”. Con esto quiero decir que hay un grupo de diez o quince personas a las que te encuentras todas las noches, es fácil empezar a hablar con ellas y descubres que, como mínimo, una cierta afinidad musical y de inquietudes tienes. Entre este grupo de gente también incluyo a la gente de Màgia Roja. No es un sitio donde te sientas cliente de un bar. También añadiría que su programación de conciertos es básica para conocer qué está pasando en Barcelona y a otros grupos de fuera que van en su línea. Es fácil ir a ver a un grupo del que no sabes nada de nada y salir encantado.

Màgia Roja ha sido un punto de encuentro. Por casualidad o no, ha sido allí donde he conocido a la mayoría de amigos que he hecho en la ciudad y también a otra gente con algunos de los proyectos musicales que me parecen más interesantes, o que me han podido ayudar, por ejemplo, fabricándome un instrumento, o que vienen de otras disciplinas artísticas. También he visto con ellos que si quieres montar un sello o un espacio donde desarrollar un proyecto interesante, es cuestión de hacerlo. De la escena industrial destacaría la variedad de enfoques de los distintos proyectos para abordar un género que en principio funciona con normas y fórmulas muy rígidas.”

Saliéndonos del ámbito de Màgia Roja existen colectivos como Detakon, el sello Aceleradora o el grupo Ojos Sin Rostro, Isards o NDE<3. En todos ellos ha participado Larry Rodriguez (Barcelona, 1977) aka Jaco, en su nuevo proyecto en solitario, cuyo nuevo disco también será editado por Màgia Roja y que posee un EP anterior, “Las Escultoras”  (2016) que es una verdadera delicia (en peligrosos términos industriales, obviamente)

Conocemos a la gente de Màgia Roja desde antes que Màgia Roja o Detakon (por nuestra parte) existiesen. Diría que alrededor de 2005 o 2006 a través de Myspace, escuchamos a Qa’a, donde tocaba Víctor, y ellos a Ojos Sin Rostro. Cuando Víctor y Lucy iniciaron la actividad como Màgia Roja, nosotros también andábamos montando conciertos y editando grabaciones y nos íbamos encontrando y viendo en ocasiones por ahí y también nos invitaron a tocar en alguna ocasión. En aquel tiempo existía una relación de colegas de actividad como la que teníamos con otros agentes o sellos/colectivos de la época.

Para mí personalmente hay un antes y un después a partir de la inauguración del local de Gràcia. Por una parte me mudé a la casa de mi compañera que está cerca del lugar. Coincidió esto cuando iniciaron la actividad allí, comenzamos a ir y por sus características especiales (conciertos, sesiones, horarios, comodidad, precios) enseguida nos hicimos asiduos. Eso nos llevó a comenzar una relación nueva y empezar a tocar allí regularmente. Como Jaco he ofrecido en los cuarteles de Màgia Roja un montón de conciertos, por ejemplo. Y de un tiempo a esta parte también colaboro como pinchadiscos de vez en cuando. Eso nos ha llevado a otras formas de cooperación. Mi siguiente disco como Jaco lo editaremos conjuntamente desde el sello de Màgia Roja y Aceleradora, y el año pasado nos fuimos de gira por la península ibérica Futuro de Hierro, Zozobra y Jaco.”

“Las sesiones de Màgia Roja son un enorme caldo de cultivo, desde las o los pinchadiscos invitados a los residentes, la política sonora del espacio y sus participantes siempre ofrecen sonoridades y ambientes, más narrativos y abstractos una vez terminan los conciertos, más bailables cuando avanza la noche, que no suelen encontrarse en muchos lugares de Barcelona. La disposición del local, con sofás, pasillos y reservados, la tripulación de a bordo y la música y el ambiente hacen que fácilmente se pueda optar por el apalanque y la charla o el baile y el jolgorio. Como sello discográfico creo que llevan una racha de discos, los últimos cinco o seis que han editado, muy buena y variada. Sin desmerecer lo anterior en absoluto.

Más allá de si existe o no una escena particular lo que está claro es que el momento actual en la ciudad es atractivo. Hay mucha gente haciendo cosas interesantes dentro de estas coordenadas, pero Barcelona desde los años setenta ha estado siempre activa en esta línea. En este momento, el número de sellos, colectivos y sobre todo artistas es notable, en ocasiones creo que más que el público potencialmente participativo o los espacios donde actuar. Aunque sí que existen locales más o menos veteranos donde se pueden organizar o ver cosas así, y han ido apareciendo otros nuevos en los últimos años.”

Me disponía a preparar un listado bibliográfico final para que cada lector o lectora pueda investigar a su gusto, pero la visión que me ofrece Jaco es tan amplia, diversa, completa, tan de primera mano y tan llena de buen gusto, que sin más rodeos, la traslado aquí directamente:

C-UTTER

Los mencionados antes, Caramuerto, su reciente Humo y Espejos me parece una salvajada muy importante, un disco mayúsculo, o Zozobra, al que cumplir años le sienta como a un buen vino y no me canso de verlo en directo, siempre te da cosas que no esperabas. Veteranas como C-UTTER o STA, Coàgul, Sedcontra. Gente como Espacio Profundo, Anatomía Humana Desmontable, Dame Area, Amas, Alicia Carrera, DJ Shak (Lucius Works Here), Alozeau, Cachichi, Medial Ages, Zónula… Sellos como Domestica, Paralaxe Editions, Absent Tapes, la cuadrilla de Dead Moon Records/Conjunto Vacío, Anòmia, San Jose Tapes, Novak…”

“También hay otras plataformas, locales o asociaciones que creo que no está de más apuntar: la sucursal barcelonesa de la radio web Dublab o el reciente TeslaFM serían sitios donde la oferta musical tiene muchos puntos en común con el tema que tratamos. Gràcia Territori Sonor, además del LEM, durante todo el año celebran conciertos, charlas, exposiciones o talleres en su local de Gràcia. Mutant Monkey, el espacio, taller, tienda y local de ensayo y grabación de Rober Zónula, es el sitio donde ir a comprar o reparar sintes, micros de contacto o pedales o construir en talleres tus propios instrumentos. Knob Shop tiene un buen arsenal de sintes aunque están más enfocados al modular. El Espai Dinamo también desarrolla talleres regularmente donde puedes construir toda suerte de cacharros. Pese a cierta precariedad, varias cerraron, coexisten en la ciudad distintas tiendas de discos donde se pueden encontrar los discos de todos estos sellos o artistas de los que hablamos. En los últimos tiempos han aparecido espacios y salas como Meteoro, el Pumarejo o Laut que ofrecen alternativas a otras que llevan años acogiendo y cuidando propuestas así, como Freedonia, Hangar, Miscelanea, l’Antic Forn de Vallcarca, Niu…”

Artículos Promocionados

Loading...

Publicidad