‘Man At Arms: Reforged’. El alma de la forja en la era digital

Con el avance de la tecnología la labor artesanal, todo aquello que implica el cuidado trabajo con las manos, parece ir perdiéndose lentamente en favor de la automatización que permiten los ordenadores, las máquinas y los robots. Por eso nos fijamos en Man At Arms: Reforged, un programa de Youtube al amparo del canal temático AWE me, donde todavía confían en las formas tradicionales para hacer algo inconcebible para las máquinas: la forja.

Independientemente de cuánto avance la tecnología siempre habrá ciertas formas de relacionarnos con el entorno, o con nosotros mismos, más satisfactorias que la reproducción mecánica. Por ejemplo, el trabajo manual. En un mundo dominado por ordenadores, máquinas y robots, poder pararse el tiempo suficiente como para coger lápiz y papel para escribir sin la posibilidad de corregir, al menos no de inmediato, dependiendo de hacer cada trazo con la mayor elegancia posible, se antoja un lujo, a todas luces, cargado de inutilidad. Porque de hecho lo es. Su belleza radica en que no es necesario, que podríamos hacerlo más rápido, de forma más eficiente, con teclado y procesador de texto, pero elegimos hacerlo de forma analógica; elegimos el camino más difícil, porque eso nos trae cierta forma de paz interior que no podemos encontrar en el frío, tal vez demasiado distante y utilitarista, proceso mecánico. Si nos gusta el trabajo manual es porque nos acerca al mundo, porque nos exige poner toda nuestra alma en ello.

No es casualidad que en nuestro vocabulario el alma no crezca o se desarrolle, sino que se forje. Al alma se le da forma con violencia y exposición a los elementos. Algo que podemos notar en Man At Arms: Reforged, un programa de Youtube al amparo del canal temático AWE me, donde maestros de la forja, previa petición de sus fans, se dedican a replicar armas salidas de videojuegos, series o animes. Aunque es un formato que perfectamente podría haber encajado en televisión, su total ausencia de interludios de telerrealidad y su duración variable encuentra su nicho de mercado perfectamente representado en Internet: aquí lo importante es la forja, sus técnicas y el resultado, no el espectáculo guionizado de vidas ajenas. Y de eso queremos hablar hoy: de forja. Nada más, nada menos.

Bloodborne Saw Cleaver

Es probable que la idea que tengamos de la forja esté más relacionada con la masculinidad tradicional, la hombría desnortada por cantidades ingentes de testosterona, que con un trabajo artesanal más cercano al de la obra de arte que al mero utilitarismo. Algo lógico, por otra parte. Dada la naturaleza de la misma, todo fuego, metal y cosas muy pesadas chocando violentamente entre sí, es difícil asociar la misma con la sutilidad. Algo que el último vídeo de Man At Arms: Reforged hasta el momento tampoco nos permite desmentir.

Para forjar la Saw Cleaver de Bloodborne, arma ya icónica del juego además de barrabasada inconcebible en la realidad, parten del uso de una viga. Repetimos, por si acaso no ha quedado claro: para forjar una Saw Cleaver usan una puta viga. Aunque sería más barato y menos estresante utilizar una fundición, forjan la viga para crear un arma excepcional, con doble filo, haciendo que la parte interior tenga forma de púas cuyo único uso es poder destripar al pobre desgraciado que tengamos delante. Pura brutalidad animal, instinto de caza depredador llevado a la categoría de diseño. Sin pulir, sin brillo, con el filo templado como única concesión hacia la belleza propia de la forja, y sólo porque en otro caso pecaría de ser demasiado frágil, es un arma que cumple su propósito: no ganará un concurso de belleza, pero podría conseguir que destripáramos con facilidad a la reina Yharnam para bañarnos en sus vísceras. Al menos, en la medida que tuviéramos la exagerada fuerza que necesitaríamos para blandirla.

Guts’ Pre-Dragonslayer Sword (Berserk)

Otra puta viga. Si antes hablábamos de lo tosco del arma, que no aprovechaba la forja y se basaba en la pura brutalidad del que la empuña, en replicar las posibilidades sanguinarias de un depredador, en el caso de la primera espada de Guts —que por lo demás, tiene dimensiones bastante modestas en comparación con sus armas subsiguientes— tendríamos que hablar de un ejercicio de sinsentido netamente humano: nos encontramos ante un arma grotesca, desquiciada, con semejante poder destructivo que sea capaz por sí misma de partir por la mitad a un hombre sólo con dejarla caer aproximadamente por encima de su cabeza. Aproximadamente, porque, como en el caso de las pollas descomunales, su única virtud parece ser el espectáculo de su propia enormidad.

Como es lógico, seguimos sin adentrarnos demasiado en el mundo de la forja, aunque la parte en que si lo hacemos es interesante. Aquí vemos cómo necesitan fabricar un horno a medida, además de un recipiente de templado a juego, debido al tamaño descomunal del arma forjada. ¿Entre lo más interesante? El delicado, aunque no lo parezca, trabajo de prensado que es necesario para conseguir darle forma. Del mismo modo, podríamos afearle que la forma de la espada, hecha a base de cortes, quita fuerza al conjunto, ¿cuál hubiera sido la forma óptima? Haber estirado el metal. El único problema es que el proceso se hubiera alargado ad infinitum, haciendo inviable su creación. Algo lógico si pensamos en un arma que, más que una espada, es una viga con filo a la que han puesto un mango tan desproporcionado que incluso la idea de empuñarla resulta, desde cualquier punto de vista, algo ridículo.

Dragonborn’s Iron Helmet (Skyrim)

En la forja no sólo se fabrican herramientas mortales, también se generan objetos capaces de evitar los efectos colaterales de las herramientas mortales. Al ir a la batalla, lugar donde cualquier mastuerzo puede lanzarnos un espadazo, nunca está de más tener una buena protección capaz de librarnos, al menos potencialmente —pues dependerá de la integridad de los objetos involucrados—, de tener que sufrir cortes, contusiones o la siempre incómoda situación de morir. En ese caso no buscamos algo elegante, sino algo funcional. A diferencia de las otras dos armas, que podían ser útiles, pero afuncionales de no haber nacido del cadáver de una ahorcada o hacerse transfusiones periódicas de sangre de entidades más allá de la realidad, el Dragonborn cumple su propósito de mantenernos con vida, al menos, siempre y cuando ataquen nuestra cabeza.

Que sea funcional también implica que sea un ejercicio más refinado de artesanía. Aquí están presente la mayoría de elementos de forja, aunque cabría resaltar que se realiza con forja caliente el proceso de doblado de la chapa, lo cual tiene un único propósito: que no te revienten la puta cabeza. La única concesión a la estética está en los cuernos, que son meramente decorativos, pero incluso entonces podemos encontrar que los remaches están hechos a mano o que los cuernos no comprometen la integridad general del casco. Es un objeto funcional pensado para que pueda usarlo el soldado común: es barato de producir y aumenta las probabilidades de sobrevivir en el campo de batalla. Es aparatoso, sacrifica la visión periférica y no te dejarían entrar en una cena de gala con él, pero, como nos demuestra el vídeo, antes se rompería la espada de tu enemigo que el casco. Salvo si es la espada de Guts. Si ese es el caso, entonces lo mejor que podrías llevar en la cabeza sería una copia de la póliza de tu seguro de vida.

Ryuko Matoi’s Scissor Blade (Kill la Kill)

Aquí se acaba la maximización del daño hipotético que se puede infligir/recibir con algo salido de la forja. Aquí empiezan las sutilezas. Escoger la espada tijera de Ryuko Matoi no es sólo un modo de reivindicar Kill la Kill, obra maestra del anime contemporáneo, sino también un modo de poner en contraposición las intenciones detrás de la Saw Cleaver con las de un arma de diseño más sutil. Su versión elegante, e igualmente funcional, que renuncia a mirar al mundo animal en favor de un acercamiento estético, si es que no directamente simbólico, al campo de batalla.

Es innegable que lo que más llama la atención es también la parte más interesante: su materia prima. Al usar tijeras prensadas para después darles forma se consigue una veta diferente en la espada resultante, pero no sólo eso: también se le confiere una dureza considerable en el proceso. Si además sumamos que deben usar la técnica de redoblado para aprovechar el proceso, el uso de tijeras resulta no sólo en un proceso conceptual, sino que también confieren al conjunto una forma final más consistente. Tal vez podríamos afearle que pintaran la espada con spray, pero incluso en un detalle tan insignificante existe un motivo importante: de este modo ni se pierde el filo ni la veta marcada en el metal, lo cual sí ocurriría si se hiciera un pintado más elegante. Eso nos da un color que carece de la viveza cartoon del original en una réplica real que guarda toda la belleza conceptual del arma original.

Deadly Pony Chamfron (My Little Pony: Friendship Is Magic)

Hasta aquí hemos visto tres ejemplos de forja diferentes: armas llevadas hasta la hipertrofia, herramientas pensadas desde la óptica de su funcionalidad y armas que sean, al mismo tiempo, simbólicas y funcionales. ¿Qué ocurriría entonces si decidiéramos hacer un arma que pusiera todo su peso en la estética? La forja también es capaz de hacer cosas intrincadas y delicadas, objetos tan finos, adorables y exquisitos que incluso el más mínimo golpe podría acabar con el conjunto, bien que mal, hecho pedazos. Y eso nos queda demostrado con esta arma, que también es un casco, inspirada en el fenómeno de culto My Little Pony: Friendship Is Magic.

Seamos francos, un arma que nos obliga a atacar con la cabeza es, per sé, el colmo de lo afuncional, pero ese no es ni de lejos su peor defecto. Al utilizar forja en frío, que es una técnica versátil a la par que económica —pues no se pierde material de la pieza, además de ser fácil de realizar en cualquier parte—, la pieza final pecará de ser demasiado endeble, hecho debido a que, al forzar una chapa que ya ha asentado su templado, se añaden tensiones innecesarias. Si además sumamos que el proceso deja zonas más frías que otras y que el acabado está hecho con lijado, elementos que redundan en su fragilidad, el resultado final será, cara al campo de batalla, completamente inútil. Aunque, bien pensado, ¿quién quiere combatir pudiendo ponerse una cola de caballo de colores fantasía y un casco de unicornio con el cual trotar plácidamente por los extensos campos de un hall de hotel rodeado por niñas de doce años horrorizadas?

Hattori Hanzō Katana (Kill Bill)

Todo lo anterior ha sido sólo la preparación para llegar aquí. Esta es la joya de la corona, el arte definitivo de la forja, la forma coqueteando tan profundo con el fondo que conocer su elaboración es tan importante como saber su significado o los rituales implicados para comprender la auténtica belleza detrás del resultado final. No es sólo que la katana sea un ejemplo perfecto de diseño, sino que además en Man At Arms: Reforged la entienden como tal. Aquí podremos ver, en veinte minutos que parecen un suspiro, como aplican todos los conocimientos que hemos visto hasta el momento, además de algunos propios sólo de la forja japonesa, incluido el hacer su propio metal a través de una combinación de aleaciones personal para que la espada sea, además, propia del artesano que la ha forjado desde el primer detalle hasta el último. Incluso con una posible queja al respecto, que en el método tradicional el número de dobles al metal hubiera sido mucho más alto, decir algo negativo del proceso es prácticamente blasfemo: el resultado es una delicia para los ojos.

He aquí el epítome de la belleza de la forja. Cada gesto tiene un sentido simbólico, pero también hace del arma algo más resistente, flexible y funcional; no hay ningún elemento superfluo o que se pueda replicar del mismo modo exacto, pues cada katana forjada al estilo tradicional es única: tiene alma y corazón, kokoro. Cada katana es un arma única en la cual puede verse cada decisión del artesano, desde la aleación escogida hasta el número de pliegues o el dibujo del filo. Incluso lo que está dejando al azar lo está de forma intencional, el modo de que la naturaleza entre en la espada. Es el ejemplo perfecto de como la funcionalidad, al unirse con todo aquello propio de lo humano —lo ritual, lo inútil en tanto no genera un beneficio comprensible de inmediato—, acaba por generar la forma de belleza más absoluta.

Esa es la armonía que encontramos en la katana, el alma de un arma siendo forjada por un maestro artesano que nunca podría hacer algo tan único sin todos esos pequeños gestos inútiles, sólo en parte azarosos, todo a un par de clics de distancia. Porque si bien, como dijo David Foster Wallace, el alma no es una forja, el alma siempre es forjada por el mundo. Tanto por lo elegido como por lo accidental.

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