Ike Perlmutter: el gran jefe de Marvel es un supervillano

Fue un factor decisivo en las deserciones de Joss Whedon y Edgar Wright, no quiere que el estudio produzca películas con protagonistas femeninas y acaba de donar un millón de dólares a una iniciativa promovida por Donald Trump. Además, nadie ha visto una foto suya desde hace treinta años. Isaac 'Ike' Perlmutter, CEO de Marvel, es uno de los amos del mundo de los superhéroes, pero su perfil se parece más al de un miembro del Club Fuego Infernal.

Para algunos habrá sido una sorpresa. Para otros, la confirmación de que Marvel es uno de los brazos armados (por así decirlo) de la ultraderecha estadounidense. Y, para los nerds muy aficionados a leer noticias sobre la industria del cine, la confirmación de que Isaac ‘Ike’ Perlmutter tiene todas las trazas de ser un supervillano de la vida real… aunque su trabajo consista en regir los destinos de los superhéroes. El CEO de la Casa de las Ideas, nacido hace 73 años en el antiguo mandato británico de Palestina, ha levantado una interesante polémica al contribuir con un millón de dólares a The Wounded Warrior Project, una ONG pro-veteranos de guerra fundada por Donald Trump. Si bien, como señala VarietyPerlmutter realizó el donativo a título particular, y aunque la campaña electoral del millonario ultramontano no se haya beneficiado directamente de su generosidad, la noticia se ha traducido en un mediano escándalo y en amenazas de boicot contra su compañía. Y también ha aumentado el interés acerca de un personaje muy odiado por el ala progresista del fandom.

¿No te suena Ike Perlmutter? Normal: hablamos de alguien que se ha empeñado en mantenerse lejos de la luz pública durante toda su carrera. Pero aunque su nombre no sea excesivamente conocido, este magnate ha sido señalado como el responsable de casi todas las lacras asociadas a Marvel Studios, desde el sexismo de sus productos hasta el control férreo sobre la labor de sus directores. ¿Buscas al hombre que llevó a Joss Whedon a partir peras con la compañía tras Vengadores: La era de Ultrón (2015)? ¿O a la mano negra que ha impedido a las superheroínas de la casa protagonizar películas en solitario? Es muy probable que, indagando en internet, encuentres artículos o posts que le señalan a él como uno de los culpables, si no como el culpable absoluto. Fascinados por un señor tan enigmático, nosotros le dedicamos este perfil: cuando acabes de leerlo, estarás de acuerdo en que Perlmutter reúne todos los requisitos para ocupar un puesto en el Círculo Interno del Club Fuego Infernal o en el consejo directivo de IMA. En HYDRA, por razones obvias, tal vez lo tuviera un poco más crudo.

De los juguetes al poder absoluto

Veterano de la Guerra de los Seis Días, Perlmutter emigró desde Israel a EE UU a finales de los 60, labrándose desde entonces un currículum empresarial que habría sido la envidia de un Norman Osborn o un Sebastian Shaw. Como señalan los artículos sobre su figura, el futuro magnate pasó de recitar por encargo el kaddish en los cementerios judíos de Nueva York a vender cosméticos en la calle. Y, tras haber dejado atrás tan humildes orígenes, acabó entrando en la industria de los juguetes allá por 1988, asociándose con otro hombre de negocios llamado Avi Arad. El mismo Avi Arad cuyo nombre aparece, junto a las palabras «productor ejecutivo», en casi todos los productos audiovisuales de Marvel estrenados desde 1994 hasta ahora. [pullquote align=»right» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Desde 1996, cuando se convirtió en CEO de la empresa, Perlmutter controló Marvel como el Doctor Muerte controla Latveria.[/pullquote]

A principios de los 90, Perlmutter y Arad obtuvieron la exclusiva para llevar a los personajes del Universo Marvel a las jugueterías. Tres años más tarde, ambos se sentaban en el consejo de administración de la Casa de las Ideas. Y en 1996, cuando la empresa entró en bancarrota, la pareja salió airosa de una batalla con su entonces propietario Simon Perelman. Tan conocido por su olfato para los negocios como por su condición de tacaño, Ike Perlmutter llegó a 2005 convertido en CEO de Marvel, una posición que le otorgaba una autoridad casi absoluta sobre el emporio. Cual un Doctor Muerte rigiendo los destinos de Latveria, el magnate supervisó desde entonces el salto del estudio al cine controlando hasta la última partida de gastos, desde el salario de Robert Downey Jr. al (escaso) catering de las premieres. Y, haciéndolo, atrajo sobre sí aquello que más odia, de acuerdo con los testimonios sobre su figura: la atención de la prensa.

Según las fuentes disponibles, como este reportaje de Vanity FairIke Perlmutter no es sólo un tigre de la gestión, capaz de limitar al mínimo el número de lavabos (todos unisex, que así se ahorra agua) disponibles en las oficinas de Marvel. También es un sujeto que nunca ha concedido una entrevista, que fue al estreno de Iron Man (2008) tocado con una barba postiza y cuya única foto disponible data de 1985. Residente en Palm Springs, autoritario en su trato personal, aficionado a las armas de fuego y con una fortuna valorada en casi 4.000 millones de euros (datos de 2015), el empresario se ha labrado también otra reputación: la de un sujeto sexista, racista y reaccionario, dispuesto a coartar cualquier iniciativa que resulte en la paridad de género, en la inclusividad étnica o en cosas que huelan mínimamente a rojerío.

«Nadie se dará cuenta: los dos son negros»

La frase que encabeza este apartado fue el detonante de las primeras muestras de rechazo hacia Ike Perlmutter. La leyenda (citada por The Hollywood Reporterentre otras fuentes) se la atribuye al magnate cuando éste decidió fichar a Don Cheadle para Iron Man 2 (2010), reemplazando a un Terrence Howard que, temerario él, había pedido un aumento de sueldo. Si bien la cita podría haber quedado como una anécdota de dudoso gusto, otros testimonios señalan que el personal afroamericano tiende a pasarlo bastante mal bajo la égida de Perlmutter. Y, si el origen étnico se combina con el género femenino, sus perspectivas son todavía peores: en 2012, cuando la compra de Marvel por parte de Disney otorgó al empresario una importante cuota de poder dentro de la casa del Ratón Mickey, varias ejecutivas de raza negra dimitieron tras haber sido degradadas a puestos de categoría inferior. Y Jessica Dunne, alto cargo de Disney, tuvo que oír cómo su nuevo jefe la amenazaba con las palabras «tengo una bala que lleva tu nombre».

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Tal vez Ike Perlmutter peque de machismo en su trato cotidiano, pero, en lo que respecta al cine de superhéroes, su aversión a las mujeres viene dada por lo crematístico. El año pasado, uno de los correos electrónicos filtrados a resultas del hackeo Sony Pictures indicaba que el productor se oponía a un filme protagonizado por la Viuda Negra (Scarlett Johansson). El razonamiento de Perlmutter: que Supergirl (1984), Catwoman (2004) y Elektra (2005) habían sido fracasos de taquilla. El hecho de que esos tres filmes fueran tres mojones como otros tantos sombreros de picador no parecía importarle al CEO de Marvel, quien, además, no sólo considera a las féminas como venenos para la taquilla de cine. Su aversión a producir juguetes con la efigie de las heroínas Marvel, o a permitir que éstas se dejen ver en el merchandising de la casa, es bien conocida, y ha dado lugar a sonoras protestas.

Ahora bien: aunque el reciente donativo a Donald Trump nos revela que las inclinaciones políticas de Perlmutter escoran hacia la ultraderecha, no estamos seguros de hasta qué punto ésto ha influido en su trato con cineastas izquierdistas como Joss Whedon o Edgar Wright. Es cierto que, explicando por qué no piensa volver a Marvel, el director de Los Vengadores (2012) ha señalado que las actitudes reaccionarias de «los tíos del dinero» estuvieron entre los factores más importantes. Y también es cierto que la obsesión de Perlmutter con el control de sus productos ha llegado hasta extremos dantescos, convirtiendo a la Casa de las Ideas en una máquina de facturar blockbusters por presupuestos de risa. Pero, como último capítulo de este culebrón, debemos hablar de uno de esos eventos que le dan su garbo y su salero a los cómics de la compañía: aun sin discutir el atractivo de una batalla entre héroes y villanos, reconozcamos que ver cómo dos señores del mal se zurran la badana puede ser todavía más interesante.

Ike contra Feige: duelo de villanos

A estas alturas, el perfil de Ike Perlmutter puede recordar al de Victor Von Muerte o, ya que estamos, al de Magneto: celoso de su anonimato, excéntrico, tajante y llegado a las alturas desde orígenes muy humildes, al CEO de Marvel sólo le hace falta residir en un asteroide en lugar de en Palm Springs para dar el tipo por completo. Kevin Feige, por el contrario, recuerda más a Kang el Conquistador. Siempre sonriente en las entrevistas y luciendo orgulloso su condición de amante de los cómics, este joven ejecutivo de 42 años puede alardear de haber propulsado a Marvel hacia la pantalla. Sus empeños (respaldados por el padrinazgo de Avi Arad) fueron los que llevaron a término Iron Man, un proyecto hacia el cual Perlmutter se mostró muy reticente y que, como sabemos ahora, fue el primer engranaje de esa máquina de hacer dinero llamada «Universo Cinematográfico Marvel». Según esos mismos testimonios, Feige es otro control freak, dispuesto a llegar hasta donde haga falta para que los directores a sueldo del estudio no abandonen su redil. [pullquote align=»right» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]En 2015, Kevin Feige dio un golpe de estado en la cúpula de Marvel, apoyándose en los altos cargos de Disney. [/pullquote]

Si el lector está pensando que, con semejantes mimbres, una confrontación entre Feige y Ike Perlmutter era inevitable, nos alegramos de darle la razón. Y eso que, de acuerdo con Vanity Fair, el primero se atuvo durante años a la forma usual de promoción en las organizaciones malignas: manteniéndose a la sombra de su superior, dándole la razón en todo y ofreciéndole abundantes protestas de lealtad cuando la ocasión lo requería… hasta que le llegó el momento de propinar una puñalada trapera. De este modo, en septiembre de 2015, Kevin Feige acudió a Bob Iger (máximo responsable de Disney) y al alto ejecutivo Alan Horn para llevar a cabo un auténtico golpe de estado en la cúpula marveliana. A resultas de esa maniobra, Feige quedó como amo y señor del ala cinematográfica de Marvel, mientras que su ex jefe era relegado a la división televisiva.

Kevin Feige

Kevin Feige.

Y no sólo eso: la jugarreta de Feige también supuso la disolución del llamado ‘Comité Creativo’, un organismo fundado por Perlmutter del que formaban parte el ejecutivo Alan Fine (antiguo socio del CEO en el negocio de los juguetes), Brian Michael Bendis Joe Quesada, entre otros. Mientras estuvo en funcionamiento, este comité funcionó como una suerte de Inquisición para los directores de ‘películas Marvel’, indicando a los directores hasta el más mínimo detalle de las producciones, desde el vestuario hasta el guion. Según se indicó en su momento, fueron los roces con este organismo los que llevaron a Edgar Wright a renunciar a Ant Man tras haber pasado más de un lustro preparando la película. Algo que no le hizo ninguna gracia a Joss Whedon, y que podría haber supuesto el primer conflicto serio entre la Casa de las Ideas y el director de su película más exitosa.

¿Ha significado esto el fin de Ike Perlmutter? En absoluto: aunque su peso específico dentro de Marvel se haya visto menguado, el magnate sigue figurando como CEO dentro del organigrama de la casa. Y, además, posee una cantidad no especificada (pero muy cuantiosa) de acciones de Disney, lo cual le confiere un gran poder en la compañía madre. Viéndole en la foto que encabeza este informe, con esos rasgos dignos de ser inmortalizados por un John Romita Jr., un Matt Fraction David Aja o un John Byrne, nosotros nos lo imaginamos sentado en un despacho imponente a la par que espartano, crispando los labios mientras imagina una atroz venganza contra su ex protegido. Si, en sus momentos de mayor cabreo, el Doctor Muerte suele elevar los puños hacia las alturas mientras grita «¡Richaaaaaards!», Perlmutter bien podría hacer lo propio en su mansión de Florida, exclamando un estentóreo «¡Feeeeeigeeeeeee!». Valga esta imagen para recordar que el mundo de la gran empresa es, ante todo, una formidable factoría de supervillanos.

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