Más allá de ‘Dragon Ball’ y ‘Naruto’: otros 10 mangas imprescindibles de la mítica ‘Shonen Jump’

El grueso de los mangas más populares pertenecen a la Weekly Shōnen Jump. Death Note, Dragon Ball, Oliver y Benji, Naruto, Los Caballeros del Zodiaco. Pero la revista no acaba con sus historias más populares. Y para demostrarlo, te traemos una selección de mangas publicados en la revista que no son tan conocidos, pero son igualmente excelentes.

Hablar de manga es hablar de la Weekly Shōnen Jump. Como una de las revistas más longevas de Japón, la que tiene la mayor tirada y la que atesora una mayor calidad global, es toda una institución de la cual es imposible desentenderse si se quiere entender cómo ha evolucionado el cómic a lo largo del tiempo. Y ahora, gracias a importantes cambios en su versión digital inglesa, todas las actuales series de la revista se publicarán en inglés a la vez que en Japón, además de que, por una suscripción de dos dolares al mes, se dará acceso a más de diez mil capítulos de series publicadas originalmente en la revista.




Suena bien, ¿verdad? Pues ahora viene el jarro de agua fría: aunque sepas inglés, el servicio sólo está disponible en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, Filipinas, Singapur e India.

Salvo que vivas en alguno de los países anteriores, o uses un proxy o un VPN para hacer creer a la web de la Weekly Shōnen Jump que lo haces, las buenas noticias no son tanto. Pero así y con todo, vamos a aprovechar la oportunidad para hablaros de manga. De la Shōnen Jump. De mangas que, más allá de Dragon Ball, Naruto y One Piece, han dado y siguen dando forma a la revista de cómics más leída del mundo. Esperando que, tal vez, en un futuro podamos abandonar nuestros VPN porque una iniciativa similar llegue por fin a nuestro país.

KochiKame (1976-2016)

Kochira Katsushika-ku Kameari Kōen-mae Hashutsujo, más conocido como KochiKame, es toda una institución en Japón. Publicado durante cuarenta años, sumando 1960 capítulos y 200 tomos, no sólo es a día de hoy el manga más longevo de la historia, sino que además se ha erigido una estatua de bronce de Ryo-san, el protagonista de la serie, enfrente de la comisaría de policía de la estación de Kameari, el lugar donde trabaja en la ficción.

¿Y de qué trata la serie? De Kankichi Ryotsu, cariñosamente conocido como Ryo-san, un agente de policía que siempre está maquinando modos de hacerse rico que acaban estallándole en la cara, priorizando el gag y el buen fondo de Ryo-san sobre cualquier clase de trama. Eso no quita para que haya personajes recurrentes, arcos que vayan más allá de un único capítulo o momentos de heroísmo y triunfo por parte de Ryo-san, pero el grueso de su descomunal obra es, simplemente, una descripción de la tranquila vida de un policía sin mucho que hacer y sus interacciones con la gente de su barrio de clase obrera, donde todos se conocen y siempre hay una nueva forma de fracasar intentando hacerse rico.

Pies descalzos (1973-1974)

Existe la idea de que en la Shonen Jump sólo se publican mangas de espíritu juvenil, con énfasis en la exaltación de la amistad y temas amables para los niños. Y si bien hay algo de eso, no es lo único que hay en la revista. Al menos, no en la medida que ha dado cobijo a mangas como Pies descalzos (Hadashi No Gen).

Está scrito y dibujado por Keiji Nakazawa, quien vivió el bombardeo atómico de Hiroshima con la tierna edad de seis años, y cuyas obras más conocidas son aquellas que ponen el foco sobre lo ocurrido en Hiroshima. Es el caso de Pies descalzos, una obra en diez tomos, cuatro en la versión española, donde explicaría a través de los ojos de Gen, un niño que pierde a su familia en el bombardeo de Hiroshima, qué supone sobrevivir cuando tu hogar se ha visto volatilizado de la noche a la mañana.

Duro, descarnado, triste y profundamente antimilitarista, Pies descalzos no hace concesiones por haberse publicado en una revista juvenil. Por eso aún hoy se sigue considerando uno de los mejores testimonios, si no el mejor, sobre lo ocurrido el 9 de agosto de 1945 en esa ciudad imposible de olvidar llamada Hiroshima.

Ring ni Kakero (1977-1981)

Uno de los méritos de la Shonen Jump es dejar crecer a sus autores. Aunque hay no pocos one hit wonders, la norma es que, más allá de sus grandes obras, los autores saquen otros mangas, generalmente, con un éxito más que notable. Cuando no excelente. Y eso ha ocurrido con el prolífico, pero fagocitado por su mayor éxito, Masami Kurumada.

Aunque conocido por Los Caballeros del Zodiaco, la obra que dio forma a su carrera fue Ring ni Kakero. Una historia sobre dos hermanos, Ryuji y Kiku Takane, hijos de un gran boxeador que murió antes de llegar a ser campeón mundial, encontrándose en un eterno periplo de combates, a cada cual más duro, avanzando progresivamente en su camino por conseguir lo que su padre no pudo. Aunque en España no es una serie conocida, su éxito fue tan rotundo como para que esta serie de 25 tomos vendiera 13 millones de ejemplares, convirtiéndolo en uno de los mayores best sellers de la época.

Su influencia se haría notar después en Los Caballeros del Zodiaco. No sólo porque Kurumada ya fuera un autor famoso, sino también porque la estructura de enemigos progresivamente más poderosos, técnicas absurdas y referencias a la mitología griega ya están presentes aquí. Incluso los grandes autores tienen un pasado no menos grande a sus espaldas.

Ginga: Nagareboshi Gin (1983-1987)

Gin es un cachorro de la raza Akita que deja a su dueño para unirse a una jauría de perros salvajes. Pero Gin es un perro guapo y bueno que sólo quiere marcar la diferencia y hacer el bien, porque el grupo de perros en realidad sólo busca perros fuertes con los cuales poder plantar cara al salvaje oso Akakabuto, que no sólo está destruyendo la armonía natural del país, sino que además también atacó al joven y buen dueño de Gin. 13/10. Gin es un buen perro.

Además, Ginga: Nagareboshi Gin también es un buen manga. Siguiendo mayoritariamente las motivaciones de los perros, pero visto todo desde la perspectiva de los humanos, la historia nos remite a la clásica historia de samuráis honorables convertidos en ronin sin dueño que han de vagar por el país, recomponiendo sus fuerzas, para tener una posibilidad al combatir contra un gran mal que les supera y contra el que nadie más puede hacer nada. Con la diferencia de que estos ronin son perros. Y con perros, con perros guapos, con perros guapos y buenos y fieles y a los que quieres adoptar y llevártelos a casa, incluso un rip-off de los 47 Ronin es mejor.

DNA² (1993-1994)

Por motivos obvios, en la Shonen Jump tienen un lugar privilegiado Dr. Slump y Dragon Ball. Akira Toriyama logró dos de los mayores éxitos de la revista, que definirían todo lo que habría por venir de un modo completamente indiscutible. Pero a veces se nos olvida que influencias igual de notables pasan con mucha más discreción. Y ese es el caso de otro autor de la Jump que, curiosamente, también es un buen amigo de Toriyama: el enorme Masakazu Katsura.

Autor de obras como Video Girl Ai, I”s y Zetman, su especialidad es el romance, la ciencia-ficción y mantenerse siempre en un discreto segundo plano, incluso siendo el diseñador de personajes de animes como el fenómeno Tiger & Bunny y la infravalorada Garo -Guren no Tsuki-. Y como su especialidad es el segundo plano, nosotros hemos escogido un manga suyo que ha quedado en segundo plano.

DNA² tiene todo lo que cabe esperar de él: su personalísimo dibujo, un triángulo amoroso con romance imposible, ciencia-ficción y mucho humor en forma de agente del futuro que viaja al pasado para evitar la superpoblación del planeta a causa del pichabravismo del protagonista, que resulta ser alérgico a las mujeres antes de su intervención. Aunque no tenga la fama de su amigo Toriyama, Katsura es también un dibujante singular, un diseñador de personajes excelente y piedra clave de la Shonen Jump de los ochenta. Y a diferencia de su amigo, también lo es de los noventa y los dosmiles, incluso aunque nunca haya conseguido ser tan popular como él, incluso si le recordamos más por las adaptaciones al anime de sus obras que por sus mangas.

Chameleon Jail (1989-1990)

Incluso las leyendas empezaron por alguna parte. Y si bien se revalorizan rápidamente incluso sus obras menores o primerizas, eso no significa que estas sean siempre justamente valoradas. Como es el caso de Chamaleon Jail.

Escrita por Kazuhiko Watanabe y dibujada por Takehiko Inoue, cuenta la historia de un hombre capaz de cambiar su aspecto físico que trabaja solucionando problemas que ni los cuerpos de élite de la policía puede solucionar. Chamaleon Jail es una obra hija de su tiempo: thriller, criminal, ochentera y clara heredera de la también perteneciente a la revista City Hunter. Pero siendo dibujada por Inoue, autor de obras maestras como Slam Dunk o Vagabond, bien merece la pena rebozarse un poco entre tíos pintas con gustazo para el retro para comprobar como hasta el maestro, viene de alguna parte.

Yu☆Yu☆Hakusho (1990-1994)

Yū☆Yū☆Hakushō es, de esta lista, el manga que menos necesita aparecer en ella. Escrito y dibujado por Yoshihiro Togashi, autor de Hunter x Hunter, en sus mejores momentos esta historia sobre un chico que al morir resucita convertido en un detective de acontecimientos sobrenaturales con tendencia a solucionar todo a hostias, logró eclipsar incluso a Dragon Ball. Y no es para menos. Su anime es radicalmente mejor y, en términos de consistencia, su manga puede darle más de un par de lecciones sobre cómo modular el tono.

Por esa razón, si hay un manga de peleas de la Shonen Jump que realmente se merece ser considerado el rey, ese es Yū☆Yū☆Hakushō. Al menos, si obviamos la existencia de Hunter x Hunter, el manga que deconstruye todo lo que construyo Yū☆Yū☆Hakushō.

Tottemo! Luckyman (1993-1997)

Según las editoriales españolas, los mangas de humor no funcionan en España. Y no lo hacen porque Gintama, un manga que no ha funcionado nunca fuera de Japón, vendió poco aquí. Una inferencia, como mínimo, cuestionable teniendo en cuenta que Gintama vive y muere en sus referencias a la cultura otaku japonesa, la cual, en el momento de su publicación, nos llegaba con cuentagotas. Pero obviando el trabajo de Hideaki Sorachi (y a Toriyama), ¿qué manga de humor sería representativo de la Shonen Jump? Tottemo! Luckyman.

Cuenta la historia de un chico con tan mala suerte que acaba siendo aplastado por un platillo volante, eso provocara su fusión con el mayor superhéroe de la galaxia, Luckyman, lo cual le convertirá en la persona con mejor suerte del mundo. Y la fórmula a seguir es tan predecible como descacharrante. Alguien intenta invadir la tierra, Luckyman está allí y lo soluciona del único modo que conoce: teniendo una suerte de la hostia.

De capítulos autoconclusivos, humor bastante idiota y dejando caer todo el peso de la acción en los secundarios y la suerte de Luckyman, que hace que cualquier acción que emprenda acabe jugando en su favor de un modo absurdo, es una delicia tontorrona que, seguramente, de publicarse hoy en nuestro país tampoco tendría éxito. Pero es lo que tiene el contexto: cada obra tiene un tiempo y un lugar y no por eso son menos dignas de consideración.

We Never Learn (2017-)

La Shonen Jump es una revista para jóvenes, y si hay algo que interesa a los jóvenes es el sexo. Pero para no enfangarse en problemas legales, la revista no puede publicar contenidos pornográficos. Lo más que se le permite, y de lo cual suele estar cargado, es de un erotismo soft, repleto de enredos, que se suele denominar ecchi. Y de estas series, la más encantadora de las actuales es We Never Learn.

Narra la historia de Nariyuki Yuiga, un chico muy estudioso que ha de tutorizar a tres chicas que son genios en sus respectivos campos, y todo gira en torno al romance incipiente entre él y las tres chicas. Salvo porque, claro, no todo es tan sencillo como las ocasionales imágenes picantes que salpimentan la obra. Fumino Furuhashi es una genio de las artes y la literatura, pero quiere estudiar astronomía; Rizu Ogata es una genio de las matemáticas, pero quiere estudiar psicología; y Uruka Takemoto es una genio de los deportes y especialmente en natación, pero es básicamente horrible en todo lo demás y especialmente en inglés. Algo que da un consistente punto de partida a cada capítulo: Nariyuki teniendo que tutorizar a las chicas en materias donde son nefastas.

Con eróticos resultados.

Eyeshield 21 (2002-2009)

Hay dos géneros que no funcionan según las editoriales españolas: la comedia y los deportes. Y dentro del género de deportes, la Shonen Jump tiene mucho de lo que hablar. Pero obviando la omnipresente Oliver y Benji, el spokon que cosechó un mayor éxito en la historia de la revista es, irónicamente, de un deporte tan marginal en Japón como lo es en España: el fútbol americano. Pero de eso trata la excelente Eyeshield 21.

Dibujada por Yusuke Murata, (One Punch Man), y escrita por Riichiro Inagaki (guionista de Dr. Stone), es una clásica historia de superación, peleas y amistad, pero con un dibujo particularmente espectacular y un ritmo de infarto que hace imposible no pasar páginas como si nos persiguieran. Algo que consigue que sus 37 tomos se lean como un suspiro, como bien sabrían las editoriales españolas si se hubieran atrevido a traer un manga que, a todas luces, podría haberse abierto camino si hubieran confiado en él.

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