Más allá de las Tortugas Ninja: 15 adaptaciones de cómics de culto

Muchas aventuras de viñetas en el cine no han conocido continuidad por sus fracasos en taquilla o, sencillamente, porque el tiempo las ha ido enterrando en el olvido. Otras han llegado a ser muy populares, como las Tortugas Ninja, pero el gran público ignora que provengan de un medio distinto. Veamos quince ejemplos ignotos dignos de ver.

Nadie diría que una superproducción como Ninja Turtles: Fuera de sombras (2016) fuese una nueva versión de un oscuro y violento cómic independiente. Pero no es un caso aislado: a lo largo de la historia del entretenimiento siempre han existido vasos comunicantes entre el séptimo y el noveno arte que no han fluido entre ellos con tanto éxito como las adaptaciones del universo Marvel. Repasemos unos cuantos casos únicos de adaptaciones demasiado extrañas como para permitirnos olvidarnos de su existencia.

Aventuras del Capitán maravillas (1941)

El capitán Marvel tuvo el honor de protagonizar la primera adaptación al cine de un cómic de superhéroes. Sería más exacto decir de superhéroes con poderes, ya que Mandrake, el mago, tuvo su versión en acción real un par de años antes. Los seriales de superhéroes solían ser espectáculos a medio gas con efectos especiales muy dosificados, en la mayoría de casos muy pobres, y este es uno de los pocos ejemplos en los que el héroe no se limitaba a lucir el traje. Por alguna razón, la historia del muchacho que recibe el poder de convertirse en un fornido superhombre al grito de «¡Shazam!» siempre me ha producido una extraña sensación de confort que estos episodios consiguen transmitir en parte. Independientemente de mi opinión, es uno de los seriales mejor valorados, aunque como la mayoría de ellos, es bastante desconocido. Además, el nombre del Capitán no suena mucho en esta era de fantasías con superpoderes que estamos viviendo. Sus cómics aparecieron tan sólo un par de años después del nacimiento de Superman (1938-), del que era un poco disimulado plagio, pero puede presumir de haber sido el mejor superhéroe de carne y hueso de los años cuarenta.

Diabolik (1968)

Vivir en los sesenta en Italia, bailando con Rita Pavone y leyendo fumettis no sería algo que cambiaría por seguir viviendo enchufado a una red social en 2016. Los tebeos de Diabolik, y otros antihéroes de su calaña, eran un perfecto embudo en dónde caían las virutas pulp que dejaban las películas y novelas de espías a lo James Bond y la atracción por lo más divertido de los cómic books americanos: los villanos. Por eso, en Italia mezclaban todo en un superproducto, el equivalente a la pizza del mundo del entretenimiento. Diabolik, un rey del crimen con clase, conoció su visión de acción real a través de la lente caleidoscópica del maestro Mario Bava, que puso un ojo en el Batman (1966-1968) de Adam West y el otro en su propia obra, creando una explosión de colores que redefinen el concepto «arte pop». El punto flaco, pero ineludible en estos testamentos al glamour del crimen y lo macarra, son sus bandas sonoras de jazz y ácido que suelen atragantarse en exceso, pero sin las cuales no existiría esa característica textura psicodélica. Diabolik es un verdadero cómic en movimiento, lleno de chistes malos y vestuario alucinante.

Condenados de ultratumba (1972)

A menudo, cuando hablamos de adaptaciones de cómic pensamos rápidamente en tipos con mallas y superpoderes, obviando que en los cincuenta lo que les gustaba a los niños era ver cómo los cadáveres se levantaban de sus tumbas para vengarse. La historia no ha olvidado los tebeos de la mítica factoría EC, especialmente en los noventa, cuando la serie Historias de la Cripta (1989-1996) alcanzó cotas de popularidad impensables para un programa de horror de tipo antología. Pero es que antes de que existiera un Superman (1978) de Richard Donner, o incluso antes de cualquier adaptación al cine de Marvel, en el Reino Unido, la “otra” casa del terror, Amicus comenzó a adaptar algunas de las historias de Al Feldstein en packs de cuatro a cinco historias por película. Condenados de ultratumba fue la más fiel, tomando el nombre de la serie, Tales from the Crypt, en su título original, aunque no todas fueran adaptaciones de sus historias. Su formato creó un estilo e inspiró la mejor de las adaptaciones de EC, Creepshow (1985) de George A.Romero y Stephen King, que no usaba ninguna de las historias originales, pero trasladaba su espíritu mejor que ninguna otra.

Lady Snowblood (1973)

Que los japoneses tienen un respeto por su tebeos del que el resto de los occidentales deberíamos aprender no es ninguna novedad. Apenas tardaron un año en preparar una adaptación cinematográfica de este manga de Kazuo Koike, que a Estados Unidos y Europa sólo llegó después de que Kill Bill (2004) se convirtiera en un éxito arrollador en todo el mundo. El propio Tarantino ha reconocido la influencia del cómic en la saga de la Novia, aunque también podría referirse sin rubor a su versión cinematográfica. De hecho, no sólo hay momentos clavados en su película, como el enfrentamiento en la nieve con O-Ren Ishii, y que se hacen eco de la estética que despliega el film de Toshiya Fujita, sino que el argumento de venganza también se cuenta con una estructura narrativa de saltos en el tiempo. Por no hablar de los niveles de hemoglobina que ambas exhiben. Pero no nos interesa Lady Snowblood por su influencia. Lo que fascina es el hecho de que una absoluta obra maestra, no ya del chambara sino del cine, provenga de un manga, y que además, esto sucediera en una época en la que el cómic aún no se había rebautizado como novela gráfica para alcanzar el respeto literario.

Howard el pato (1986)

Si en los ochenta no hubo ninguna película de Spider-Man (1962-), Iron Man (1963-) o La Masa (1964-) pero sí de Howard el pato (1973), algo debe de significar. En serio: aparte de Conan, el bárbaro (1982), que contaba con el precedente de las novelas, Marvel no conoció ninguna adaptación importante, o de presupuesto generoso, salvo las aventuras de un pato extraterrestre. Ha entrado en la historia como uno de los mayores despropósitos de la factoría Lucasfilm y como adaptación del cómic también es un desastre. El planteamiento de “bichito que habla” o “ser de otro planeta que choca con las costumbres humanas” es el punto de partida de mucha ciencia ficción y aventura juvenil de la década. De Masters del universo (1987) a Gnomo cop (1990), la criatura como recurso cómico era un comodín de los ochenta, pero en Howard el pato no funciona por sus gracietas de situación y gags flácidos. Algo con lo que te podías reír cuando eras pequeño pero que ahora genera, a lo sumo, simpatía. Pero si hay algo en Howard que ahora resulta más interesante es su trama de invocaciones casi lovecraftianas, su villano satánico y sus señores de la oscuridad artropodianos de stop motion, que convierten la segunda mitad del film en una delicia.

The Spirit (1987)

https://www.youtube.com/watch?v=lpNShQAUS1c

Hay una gran cantidad de pilotos de serie de televisión de personajes de cómic que quedaron en eso, pruebas emitidas un par de veces y olvidadas en el cajón de la vergüenza. Normalmente suelen ser producciones muy televisivas, de efectos especiales limitados que nadie quiere incluir en su canon de adaptaciones. Ahí quedan los pilotos de Wonder Woman (1975), Dr Strange (1978), Generación X (1996) o incluso los Power Pack (1991), experimentos a la espera de las nuevas versiones millonarias admitidas como oficiales. En el caso de Spirit no estamos ante una versión definitiva del personaje en el cine. Ni siquiera gustó a Will Eisner, pero al menos es una película para televisión digna, entretenida y fiel al personaje, y no un desastroso experimento post Sin City (2005) como el perpetrado por Frank Miller en 2008. Acusa mucho la falta de la atmósfera noir del cómic, pero no deja de ser una propuesta kitsch, especialmente cuando tiene a Sam Jones como protagonista. Su aspecto de colores planos, a veces casi expresionista, tiene cierta correlación con la posterior Dick Tracy (1990), cuya traslación literal de elementos del cómic cierra el círculo al influir directamente en la visión de Sin City de Robert Rodríguez.

Rocketeer (1991)

Los noventa fueron una buena época para los héroes retro. Desde la deliciosa La sombra (1994), a El hombre enmascarado (1996), hubo adaptaciones con mucha filtración de estética noir de años cuarenta. Los cómics originales del hombre cohete fueron una rareza de primeros de los ochenta, pero su espíritu nostálgico creó el caldo de cultivo pulp necesario para que Rocketeer tomara vida en pantalla. Una especie de Iron Man de los años treinta, solo que sin ser un playboy. Por eso la actitud de esta versión de Joe Johnston es de rodar una película de aventuras como los seriales de su momento. El resultado es un Indiana Jones steampunk con villanos nazis y hasta cameo del John Locke de Perdidos (2004-2010) como el mismísimo Howard Hughes. Quizá, dentro del hecho de que fuera un peli Disney, llama la atención el encargo de una película de superhéroes de época en la que el protagonista se enfrenta a nazis. Nos recuerda que Joe Johnston, no es por casualidad, es también el director de Capitán América, el primer vengador (2011), cuya diferencia de veinte años no diluye sus parecidos, siendo así esta Rocketeer un perfecto borrador pre-Marvel.

Tortugas ninja (1990)

El tiempo se ha echado encima de la primera trilogía en acción real de las tortugas mutantes. Vale, la segunda y tercera parte no eran los mejores ejemplos de sentido de la maravilla que uno pudiera encontrar en el cine fantástico de aquellos años, pero la original fue un éxito que ahora puede que se nos haga raro asimilar. El cómic de Kevin Eastman y Peter Laird del que parte era un número único (que luego se convirtió en serie), con aspecto underground, de dibujo sucio y en blanco y negro que parodiaba a Daredevil, Ronin (1983- 1984) de Frank Miller y algunos cómics de mutantes Marvel. Su paso a serie de televisión, más que un lavado de cara, fue una reinvención para dirigirlo a una audiencia infantil. La película ignoraba el tono de los dibujos animados y lo llevaba al terreno del fantástico de los ochenta que aún coleaba: diseños de Jim Henson y fotografía apagada. Veinticinco años después, sorprende que funcione a pesar de la falta de cohesión de sus escenas. La acción sigue resultando atractiva y su tono oscuro, incluso violento, emulsiona con la idiotez de su sentido del humor pandillero, convirtiéndola en una de las películas para niños más extrañas que el que firma haya visto.

Historia de Ricky (1991)

Hay tanto mangas cuyas adaptaciones merecen la pena que seleccionar unos pocos es tarea dura, pero uno de los ejemplos mejor llevados a la acción real es este raro caso de producción china a partir de manga japonés. Cuando hay cómics tan dementes que a nadie en su sano juicio se le ocurriría convertirlo en fotogramas suelen hacerse ovas que, en algunos casos, animan al rodaje de versiones simplificadas y suaves del material original. El caso de Historia de Ricky es rompedor por intentar recoger dinámicas irreales y absurdas que sólo son posibles en el papel. Le importa una mierda ser plausible y se entrega al ridículo intentando poner contra las cuerdas los límites de la violencia, retorciendo sus elementos de explotación hasta convertirlos en gags de humor infantil. ¿En que otra película (ya que la adaptación de El puño de la Estrella del Norte en imagen real de 1995 fue fallida en ese sentido) puedes ver puñetazos que atraviesan cabezas o luchas en las que se llega a estrangular al rival con los propios intestinos, tratados con la histriónica solemnidad del cine de artes marciales?

Tank Girl (1995)

Adaptar las inconexas historias de los cómics de Tank Girl es una tarea imposible. Su actitud punk se traslada a la composición y el diseño de las páginas y su narrativa resulta caótica. Es un cómic, digámoslo, difícil de leer por su consciente desorganización y su naturaleza psicodélica. De modo, que si no vas a tener una versión animada del asombroso arte de Hewlett, toda versión en cine está abocada al desastre. Pero como relato de una chica y su tanque en una tierra devastada y llena de canguros mutantes, esta película no es ni la mitad de mala de lo que imaginas: su estigma inicial de adaptación raquítica la consiguió enterrar de tal manera, que veinte años después casi nadie se acuerda de su existencia. Y vale, tiene algún bajón de ritmo importante, pero es una montaña rusa de acción, un compendio de filosofía de los noventa en celuloide con retazos de cultura riot grrrl que ahora podrían convertirla en una película de culto. Justo en un momento en el que la figura de Imperator Furiosa se alza como reina del empoderamiento femenino del postapocalipsis, Tank Girl reclama nuestra atención. Además, tiene a Naomi Watts a lo nerd, Malcolm McDowell de villano, cameo de Iggy Pop y BSO con Hole, Björk, L7, Joan Jett, Devo, Bush, Veruca Salt…¿Se puede pedir más?

Mystery men (1999)

Las parodias de cómics de superhéroes de Bob Burden comenzaron con la serie Flaming Carrot (1984-2006), literalmente un hombre zanahoria en llamas que crearía su propios vengadores, los Mysterymen, una panda de perdedores con poderes ridículos, trajes estúpidos (incluso para ser superhéroes), problemas de comportamiento y otros traumas. La película se basa muy por encima en la obra de Burden y toma los elementos paródicos y deprimentes para crear momentos de surrealismo cercanos al cine de los Monty Python. Una revisión satírica del género bastante adelantada a su tiempo, teniendo en cuenta que la gran explosión de cine de superhéroes no había llegado aún. Es el equivalente al cine Marvel/DC lo que Galaxy Quest (1999) a Star Trek, pero el derrotismo de los personajes recuerda a Kick-Ass (2010) con menos violencia y un timing erróneo que hizo que su estreno a destiempo la convirtiera en un fracaso épico.

Monkeybone (2001)

Probablemente, la carrera de Henry Selick se resintió de este gran fracaso. La idea de adaptar el extraño cómic independiente Dark Town (1995) en una superproducción con Brendan Fraser no era un proyecto que llevara escrita la palabra éxito en la frente. La idea de la lucha de un dibujante de cómics en coma por escapar de una suerte de purgatorio de pesadilla con la única ayuda de una de sus creaciones es un punto de partida demasiado bueno para verlo estropeado por humor basado en el histrionismo del actor. Pero si uno se puede crear una coraza contra esos momentos, y se resigna a que la versión sin cortar era mucho más oscura, puede disfrutar de una deliciosa aventura surrealista sostenida por el alma del que carecía Cool World, una rubia entre dos mundos (1992). Las mejores escenas, una distopía neoexpresionista entre Forbidden Zone (1982) y Brazil (1985), describen los terrenos de la muerte y las pesadillas, recuperando al Selick de Pesadilla antes de navidad (1993), muy atento a los personajes secundarios, con gran stop motion y diseño de producción. El humor negro va desde la locura de los cortos animados a lo Ren y Stimpy (1991-1996) al puro splatstick de Re-Animator (1985). Su punto sublime son las escenas de pesadilla en blanco y negro, en las que entramos en terrenos daliescos y barkerianos, que la elevan de inmediato como título de culto a descubrir ya.

Josie and the pussycats (2001)

En los cincuenta, uno de los cómics más populares entre la chavalada eran las entrañables aventuras Archie y sus amigos. Su dibujante creó un tebeo basándose en su esposa y lo llamó como ella. Así nacían uno de los spin offs de la serie con más éxito, Josie y sus gatimelódicas (1963-1982), que se llegarían a convertir en un dibujo animado de Hanna-Barbera en los años setenta. El grupo de Josie, con sus orejitas de gato, no se limitaba a las típicas aventuras de enredo juvenil y amorío teen con el tema de la música de fondo: el grupo abrazaba la fantasía e incluso la ciencia ficción con asiduas aventuras de todo tipo; en un número incluso llegaban a enfrentarse a criaturas cuasi lovecraftianas. Su versión en carne y hueso no llegaba a retorcer tanto la madeja pero recuperaba al trío como un adorable grupo power pop con Rosario Dawson y Tara Reid en una fresca sátira de la cultura pop, con alguna que otra gracia bien colocada en su sito y una buena ración de pildorazos de punk melódico que la hacen merecedora de un rescate.

El arte de estrangular (2006)

Los cómics underground no habían tenido mucha suerte en su adaptación al cine, y salvo el caso del gato Fritz de Robert Crumb, hizo falta que Todd Solonz convirtiera su Happiness (1998) en el primer cómic alternativo de los noventa en cine, aunque en realidad no estuviera basado en ninguna obra. Luego llegaron American Splendor (2003) y sobre todo, Ghost World (2001), cuyo director quiso llevar otra historia de Daniel Clowes al cine con el propio dibujante como guionista. Basada en una pequeña tira de cuatro páginas llamada Art school confidencial (1991), estamos ante un sátira del mundo del arte desde la perspectiva de un estudiante y ante una de las mejores obras del autor. La adaptación, sin embargo, sufre la falta de una trama sólida que trata de sustituir por un misterio criminal, no ajeno a la obra del de Chicago, y que no acaba de cuajar del todo de la mano de su lado más cáustico. A pesar de ello, sigue siendo un caudal de momentos de comedia negra destilada que va ganando enteros con el tiempo.

Gantz (2010-2011)

La primera de las adaptaciones de la década de grandes mangas de ciencia ficción y horror junto a las excelentes Parasyte (2015) y Attack on Titan (2015), y que respeta el orden de cómic, anime y, finalmente, un par de superproducciones de acción real. La serie de manga de Gantz es demasiado extensa para conocer una versión para cine digna, especialmente en lo relativo a su resolución. Si la primera parte es una bomba de acción, ciencia ficción y momentos de terror, Perfect Anwser (2011), la segunda, es menos frenética pero algo atropellada y decepcionante en sus resoluciones, incapaz de ofrecer las respuestas que plantea el loco punto de partida. Tal y como hiciera la versión de anime alejándose del cómic, la película ofrece su propia versión del final. En general las más de cuatro horas de adaptación consiguen suplir la falta de sátira social y la rebajada dosis de sexo y violencia con una producción sólida y creíble, con una coherencia en el guión fuera de la media en este tipo de revisiones.

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