Más descansado que el fútbol real e infinitamente menos irritante: ‘Super Soccer Noggins’

Puede que, debido a los últimos y luctuosos sucesos relacionados con la Selección y con Ciudadano Torbe, te haya dado por pensar que le pueden dar a La Roja por donde amargan los pepinos. Normal: es lo que piensa toda la gente de bien. Pero también entendemos que si en algún momento te picó el mosquito futbolero, eso es para siempre. No te preocupes: tenemos el antídoto.

Vaya por delante que jugar a Super Soccer Noggins es infinitamente más adictivo pero mucho más reconfortante que hacerlo al fútbol real, no hablemos ya de irte a ver al bar a contemplar cómo cuatro millonarios, en uno de esos raros momentos en los que no están escribiendo wassaps sobre hoteles y kdds, hacen la croqueta sobre el césped. Y eso que la cosa en Super Soccer Noggins es simplísima: controlas con las teclas del cursor a un jugador de la nacionalidad que escojas (el español es Iniesta) y tienes que meter tantos goles como puedas en la portería rival.

La demencial física de la pelota y la irritante pero acertada característica de los jugadores de no poder avanzar más rápido que la pelota (con lo que las vaselinas son letales) dan cierto toque estratégico a las partidas, que se convierten en frenesí cuando empiezan los campos de juego de fantasía, con desniveles y plataformas móviles, y los power-ups dementes: cascos de vikingo que atraviesan la pelota con los cuernos y permiten pasearla por el campo a voluntad, bumpers de pinball, aumentos desproporcionados del tamaño de la cabeza para entrar en modo Godzilla…

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Los partidos ganados se recompensan con dinero que podrás invertir, por supuestísimo, en mejorar a tu jugador: más velocidad, más potencia, más retroceso… el resultado es un juego no especialmente profundo (es fútbol, si quieres profundidad búscala en las Marianas), pero desde luego sí muy infeccioso.

Además, que penalti-gol es gol.

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