Mis héroes siempre han sido yonquis – El universo ‘Criminal’ de Ed Brubaker y Sean Phillips

Ed Brubaker y Sean Phillips llevan dos décadas juntos, desarrollando todo un universo de cómic alrededor de la admiración al género noir. La influencia de su estilo se deja ver en toda la industria estadounidense del tebeo, y este verano también en el medio audiovisual con el estreno de la nueva serie de Nicolas Winding Refn. Con la reciente victoria de la última entrega de Criminal dentro de los premios Eisner nos adentramos en este mundo de engaños, delincuencia y adicciones de todo tipo y condición.

El pasado 19 de julio se celebraron los últimos Eisner en el marco de la Comic-Con de San Diego. No hubo excesiva sorpresa aquí cuando, tal y como se esperaba, Mr. Milagro barrió la ceremonia, llevándose el premio a mejor serie limitada, además de los galardones de mejor guionista a Tom King y mejor dibujante a Mitch Gerads – repitiendo ambos tras recibir el año pasado los mismos reconocimientos por la misma obra, por aquel entonces inacabada-. Y todo el mundo se alegró al ver recompensada la carrera de fondo que desde 2015 lleva realizando en Estados Unidos la Giant days de John Allison, Max Sarin y Lissa Treiman cuando ganó por duplicado dentro de las categorías de mejor serie regular y mejor publicación de humor. Todo dentro de la normalidad.

Sin embargo, la clara favorita para llevarse el título de mejor álbum gráfico del año se fue de vacío. Así, la Sabrina de Nick Drnaso tendrá que contentarse con ser el primer cómic en contarse entre los finalistas del Man Booker Prize y con tener ya una adaptación al cine supuestamente escrita y dirigida por Drew Goddard (La cabaña en el bosque, Malos tiempos en El Royale) en preproducción, pues la vencedora de los Eisner este año fue Mis héroes siempre han sido yonquis de Ed Brubaker y Sean Phillips. Una novela gráfica que se puede leer perfectamente de forma independiente, ya que está realizada con esa idea en mente, pero que en realidad forma parte de la saga de cómics Criminal que el dúo creó allá por el año 2006 y que ya es una vieja conocida dentro de estos premios.

Brubaker y Phillips, antecedentes en común

Aunque su primer encuentro como tal tiene lugar en 1999 dentro del recientemente fallecido sello editorial Vértigo con la serie limitada La escena del crimen, lo cierto es que tanto Ed Brubaker como Sean Phillips ya habían empezado por aquel entonces a hacerse cada uno por separado su propio nombre en la industria del cómic mainstream estadounidense. Así, Phillips ya había dibujado a lo largo de la década de los noventa dentro de las cabeceras principales de iconos de la cultura pop como el Juez Dredd o John Constantine. Por su parte, Brubaker había estado oscilando en trabajos menores pero ya prometedores, dentro tanto de la editorial independiente Dark Horse como de Vértigo, que ya le habían llevado al menos a un par de nominaciones a los Eisner y a los Harvey

La escena del crimen se publicó en cuatro grapas: un detective privado
busca a una desaparecida recorriendo de arriba abajo las calles de San Francisco.

Con esta primera obra en 1999 llega el reconocimiento, no solamente de sus compañeros –a través de dos nominaciones a los Eisner, una a mejor miniserie y otra a mejor guionista– sino también de la industria de Hollywood, que, por primera vez empieza a fijarse en ellos y su peculiar forma de narrar. A fin de cuentas, en una época en la que el mundo del cómic y del audiovisual empiezan a encontrarse cada vez más unidos, resulta inevitable. Brubaker acabará, efectivamente, trasladando su estilo a la televisión, llegando a guionizar varios episodios en la segunda temporada de la serie Westworld (2016-) y la totalidad de los diez episodios de la miniserie Too old to die young (2019), de la que también es cocreador junto con el director Nicolas Winding Refn.

Su gusto por el género noir y su cada vez mayor relevancia en el cómic estadounidense lleva a ambos inevitablemente a las cabeceras principales de Batman, aunque en principio no siempre como dúo inseparable. Por su parte, Ed Brubaker firmará a finales del año 2000 un contrato de exclusividad con DC Cómics. Durante esta etapa manejando al posiblemente mayor icono de la editorial, destacan algunos arcos argumentales para el recuerdo en los que se vuelve a entrelazar al murciélago con el género negro y de investigación tras sus previos dislates noventeros. Así, a lo largo del año 2002 se desarrolla el díptico formado por Bruce Wayne: ¿asesino? y Bruce Wayne: fugitivo que recorrió todas las colecciones de la Batfamilia y en la que también podemos encontrar guiones de Greg Rucka. Es precisamente junto a este otro autor -y con Michael Lark a cargo del dibujo- que crea Gotham Central, nueva colección de corte policial centrada en el Departamento de Policía de Gotham City con el comisario James Gordon como personaje principal, claro referente a la hora de desarrollar posteriormente la serie de televisión Gotham (2014-2019).

Gotham Central dura 40 números entre 2003 y 2006. Michael Lark y Ed Brubaker fueron dejando la serie, y Greg Rucka decidió cerrarla menos de medio año después de la marcha del último.

Brubaker también se encargará durante esta etapa en la editorial de revitalizar a algunos de los villanos míticos de la franquicia. Por una parte está Catwoman, de la que guionizará entre 2002 y 2005 una cabecera propia a partir de los eventos sucedidos en su propio arco argumental anterior, El rastro de Catwoman. Pero también se encargará de reimaginar el primer encuentro de Batman con el Joker en El hombre que ríe (2005). Volviendo a trabajar con Sean Phillips bajo otro sello editorial, en esta ocasión Wildstorm, creará también entre 2003 y 2005 la serie limitada Sleeper, la historia del agente de las fuerzas de seguridad Holden Carver infiltrado en una organización criminal. Será este uno de los últimos trabajos que hará dentro de su exclusividad con DC, ya que entre finales de 2004 y principios de 2005 se pasará a la competencia. En Marvel le dan las llaves de otro superhéroe icónico que pueda competir con su trabajo en Batman: el Capitán América.

A nivel de influencia en la cultura popular, es posible que su período dentro de las aventuras del Capitán América sea el más importante para la historia de Ed Brubaker. Durante esta etapa, aparte de desarrollar algunas de las sagas recientes más reconocidas del personaje, crea un auténtico hallazgo: el Soldado de Invierno. Es en realidad el regreso de Bucky Barnes, sidekick clásico de las hazañas en la Segunda Guerra Mundial de Steve Rogers y supuestamente caído en combate, convertido en un asesino soviético tras un conveniente lavado de cerebro. Sobra decir que Marvel Studios sacará todo el partido posible a esta idea en sus producciones para cine Capitán América: El Soldado de Invierno (2014) y Capitán América: Civil war (2016). Por si fuera poco, ya estamos esperando para 2020 el estreno en la plataforma digital Disney+ de la miniserie de seis capítulos The Falcon and the Winter Soldier. Está claro que el invento tiene cuerda para rato. Y que Marvel no iba a tardar en darle todavía más libertad creativa a Brubaker tras poder contarle entre sus filas.

Criminal y Fatale, todas las cartas sobre la mesa

En el arco Sin ley de Criminal conocemos a Tracy Lawless, un exmilitar que se fuga de la prisión en la que estaba recluido por un incidente en Irak, tras conocer el asesinato de su hermano Rick.

Icon fue un sello editorial de Marvel que, sirviendo a su vez como respuesta a la Vértigo de DC, se mantuvo de 2004 a 2017 con creaciones propias de sus autores estrella con la esperanza de que no se fueran a la competencia a publicar. Por ejemplo, es aquí donde Mark Millar crea algunas de sus obras más conocidas, como Kick-Ass o Kingsman, the Secret Service. En octubre de 2006, el dúo formado por Ed Brubaker y Sean Phillips lleva a Icon Criminal. Originariamente una miniserie de diez números, Criminal se presenta como una reflexión de todos los tropos y clichés del género noir, intentando mantenerse por el camino todo lo creíble y veraz posible. Esta primera entrega consta a su vez de dos arcos argumentales autoconclusivos de cinco números cada uno: Cobarde y Sin ley. A través de todos estos elementos, los dos autores muestran aquí su unión perfecta para crear una serie de historias dentro de un entorno polimórfico que podría definirse como su propio Sin City (1991-2000). En 2007, Criminal gana el Eisner a mejor nueva serie del año.

Dentro de la propia Icon, Criminal llegará a contar con al menos tres relanzamientos más. En 2008 comienza una segunda etapa de siete números, que constará de las historias Los muertos y los moribundos –que mezcla a su vez las aventuras de una afortunada femme fatale, un boxeador sin suerte y un asesino que vuelve a casa– y Mala noche –de alguna manera, una historia de amor en el lugar menos indicado-. Entre 2009 y 2010 tendrá lugar el tercer relanzamiento de la cabecera con el arco argumental Los pecadores y, finalmente, en 2011 una cuarta entrega que contará la historia de El último de los inocentes. De esta última entrega tenemos que decir que también ganará al año siguiente el Eisner a mejor serie limitada, convirtiéndose en el segundo de tres para Criminal. Y así se completa el recorrido de la saga dentro del sello editorial Icon, con seis volúmenes narrativos en total, que deja todas las piezas preparadas para la marcha de ambos hacia la editorial Image, en la que Brubaker conseguirá con ellos el preciado contrato de exclusividad. Pero antes tenemos que hablar de Fatale

Aunque Fatale comienza en 2012 como una serie limitada de doce números, es extendida por Image tras la buena recepción de crítica y ventas. Terminará en 2014 con veinticuatro entregas.

En 2012 Brubaker y Phillips dan comienzo a otra serie de creación propia, pero esta vez dentro de Image. Se trata de Female, la historia de la femme fatale Josephine (también conocida simplemente como Jo). Se juega aquí con el concepto de que este prototipo se hubiese materializado en un ser inmortal que ha estado yendo y viniendo de una punta del mundo a otra recorriendo nuestra historia moderna desde la década de los treinta. Jo no se debe enfrentar solamente a los hombres que se interponen en su camino, sino que es también víctima de una persecución un tanto más surrealista: una secta obsesionada con su inmortalidad -y con ciertos elementos alrededor de la figura de Lovecraft– que querrán retenerla cueste lo que cueste. A través de esta disparatada premisa, lo que nos encontramos aquí es en realidad una continuación de lo que ya habíamos visto en Criminal, un intento de trasladar todos los tópicos y clichés del cine negro más clásico a nuestra narrativa actual.

Como ya hemos adelantado, el éxito de Fatale hace que en Image se convenzan del todo – si es que acaso eso fuese necesario a estas alturas – de que deben de contar con estos dos creadores permanentemente entre sus filas… y al menos con Brubaker en exclusividad. Así, en 2014, ambas partes firman un peculiar contrato de exclusividad. A partir de este momento, Brubaker tendrá que publicar sí o sí sus trabajos dentro de esta editorial, siempre que Image publique todo lo que él presente. Absolutamente todo. Sin tener que convencer a nadie con un pitch previo. Desde luego, pocos artistas de la industria pueden decir en la actualidad que cuentan con tal libertad creativa.

El primer trabajo bajo estas condiciones vuelve a ser con Sean Phillips y se trata de The fade out. Es una recreación del Hollywood perdido de listas e intenciones negras, enmarcando la investigación del asesinato de una estrella. El nuevo proyectó se vendió como rosquillas y en 2016 es el momento de volver al universo de Criminal. Con una nueva publicación de únicamente dos entregas, se forma la séptima historia de la saga con el título de Mal momento, mal lugar. En ella volvemos una vez más, a través de dos líneas temporales distintas, a los devenires de la familia Lawless. A principios de este mismo año 2019, las grapas de Criminal volvían a las estanterías con una nueva historia que todavía no ha acabado. Pero antes de eso, le tocaba el turno a una novela gráfica unida a todo lo anterior apenas por unos finos encajes, y pensada en todo momento para funcionar por sí misma. Ahora sí, por fin, hablamos del caso de Mis héroes siempre han sido yonquis

De Billie Holiday a Nick Cave, todos sus héroes siempre han sido yonquis

Ellie se encuentra, en contra de su voluntad, en una clínica de rehabilitación. Ellie sabe que es una mala influencia para los demás y para sí misma, y es feliz conociendo esa realidad. Ellie siempre ha tenido ideas románticas sobre los adictos a las drogas. Entonces conoce a Skip, un chaval que acaba de cumplir la mayoría de edad y que se encuentra allí recluido junto a un terrible secreto alrededor de la figura de su padre. Ambos empiezan a pasar cada vez más tiempo juntos, se enamoran y deciden retar a todo tipo de autoridad escapándose de ese lugar para convertirse en dueños de su propia vida. Solo que Ellie no ha estado mostrando todo el tiempo su verdadera cara. Con todos estos ingredientes y algunas cartas más en la manga, Ed Brubaker y Sean Phillips vuelven a llevarnos de la mano al mundo de Criminal para relatarnos una historia de amor negra como el café solo. O  algo así.

Las tres primeras páginas nos llevan al final. Ellie, sola en una playa de Nuevo México, siendo interpelada en un momento dado por una transeúnte que pasea a su perro. Comienza la narración.

Ellie tiene un gusto musical muy marcado que nos acompaña a lo largo de todo el cómic. Cuando su madre, también drogadicta, murió dejándola atrás, lo único que consiguió mantenerla en su vida fue una caja de zapatos en la que estaba recopilada toda la música que adoraba y escuchaba constantemente mientras se drogaba y robaba para seguir drogándose. Ellie se crió adorando a estos artistas, convenciéndose a sí misma de que la única forma de realmente experimentar una vida plena es mediante la adicción, romantizando la droga porque romantizaba la vida de unos padres junto a los que nunca pudo estar realmente: »Me imaginaba a mi padre en su celda, oyendo esta cinta e imaginándose un futuro con su familia. Me encantaba esa cinta. Era como una ventana hacia una vida que nunca tuve. No sé cuánto tardé en darme cuenta de que todas las canciones que mamá había escogido tenían una cosa en común… Todas habían sido grabadas por drogadictos».

Un mundo gris donde no existe en principio el blanco ni el negro, una historia donde sin embargo destaca una colorida paleta que parece buscar la esperanza –excepto en los recuerdos de Ellie-. Jacob Phillips se mete aquí en el universo de su padre dando color a los trazos sueltos y sencillos que acompañan este relato. Un relato sobre drogas, adicción y autodestrucción que intenta evitar lugares comunes y se niega a juzgar a sus protagonistas más allá de lo que lo hacen ellos mismos mediante sus propios actos. Queriendo profundizar en el dolor sin caer en el dramatismo. Un relato que habla de la historia de la música a lo largo del siglo XX, que también es hablar sobre la historia de la adicción a las drogas a lo largo del siglo XX. Dentro de su oscuridad, es una lectura ligera que se encuentra muy cómoda en su condición de obra menor. Eso es todo.

»Le doy un beso que quiere decir: ‘salta de este precipicio conmigo’…
A pesar de que ya estemos en el aire».

Hay una realidad que acompaña, no obstante, a toda la obra de Brubaker y Phillips de la que quizás hemos querido huir hasta ahora. Se trata de una conformidad en los tropos de un género por el que en realidad el producto final acaba no siendo tan subversivo como parecen pretender en primera instancia. A fin de cuentas, a veces la sensación que se da es de conformidad con lo establecido, de respaldo en unas nociones anteriores para poder desarrollar algo que ya hemos visto infinidad de veces. ¿O quizás no? De algún modo, Criminal es todo en lo que pensamos cuando pensamos en »cómic adulto » que en ocasiones se toma demasiado en serio a sí mismo. Y con todo, sería absurdo negar la artesanía y el saber hacer cuando lo tenemos delante. Depende un poco del lector poner en una balanza esto.

Después de todo este camino, conocemos ya el tono de esta creación conjunta y las reglas del juego que hemos venido a presenciar. Probablemente no hay nada nuevo en Mis héroes siempre han sido yonquis para el lector habitual de Criminal, más allá de la reafirmación de la capacidad de dos grandes compañeros que saben cómo contar una buena historia manteniendo siempre el nivel. Después de este camino, sus artífices parecen encontrarse como en casa volviendo a él a por una vuelta más. Y las que quedan. Que, viendo el recibimiento de parte de editoriales, crítica y público, serán muchas.

Esa noche, nos dirigimos al oeste, a Santa Teresa… al mar…
Skip dice que el cielo le recuerda a un cuadro de Van Gogh.
Y yo le digo que tienes que estar muy colocado para ver de verdad el cielo como lo veía Van Gogh…

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