Muere el último de los putos amos: adiós a Lemmy Kilmister

Era inevitable, pero la noticia ha sido igualmente un mazazo: Lemmy Kilmister, líder de Motorhead, murió el pasado lunes tras sufrir una forma extremadamente agresiva de cáncer. Se fue como sus temazos: rápido y furioso.

Lo anunciaba su banda en un comunicado de su página de Facebook: «no hay forma sencilla de decir esto: nuestro legendario y noble amigo Lemmy ha muerto hoy tras una corta batalla contra un cáncer extremadamente agresivo. Se enteró de la existencia de la enfermedad el 26 de diciembre, y estaba en casa, sentado frente a su tragaperras favorita. (…) No podemos ni comenzar a expresar lo impactados y entristecidos que estamos, no hay palabras. Lo diremos más veces en los próximos días, pero de momento, por favor… poned a Motörhead a todo volumen, poned a Hawkwind a todo volumen, poned la música de Lemmy A TODO VOLUMEN. Tomad una copa o dos» Y rematan el comunicado con una de sus frases más legendarias: «Born to lose, lived to win«.

Lemmy Kilmister nos deja tras setenta años de demoledora intensidad, como se puede comprobar en su sensacional autobiografía, Lemmy:_ La autobiografía, publicada recientemente en nuestro país por Es Pop. Adicto a las anfetaminas y al bourbon, a lo largo de los últimos meses tuvo un par de achaques, pero siempre en su línea: el médico le aconsejó que dejara el bourbon… y lo cambió por vodka. Y tuvo que cancelar un concierto por quedarse sin voz. Achaques, sin duda, de estrella encallecida después de casi toda la vida en la carretera: pero no ha sido ni un ridículo resbalarse en la bañera, ni un cotidiano infarto provocado por toda una vida de consumo chiflado de anfetaminas, sino el terminator de las enfermedades. De otra manera, habría sido imposible.

Larger than life, sharper than a knife,
Ever ready for the time.

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