Muere Víctor Mora, creador del Capitán Trueno

El guionista y traductor de cómics, además de novelista, ha fallecido en Barcelona a los 85 años. Deja una obra pionera a la cual la posteridad no ha hecho justicia.

En el mundo del cómic español, siempre tan dado a olvidar a sus grandes, ha habido pocas vacas sagradas, pocos ídolos indiscutibles. Víctor Mora Pujadas, que ha fallecido hoy en Barcelona a los 85 años de edad, era uno de ellos: desde 1956, fecha en la que publicó (con el seudónimo de Víctor Alcázar, y en colaboración con el dibujante Ambrós) la primera aventura de El Capitán Trueno, este guionista de tebeos se alzó como una de las pocas voces maduras de una industria tercermundista, amén de como pionero de modos y avances aún por llegar.

Aunque ahora puedan resultar ingenuas, y aunque la comparación con otros colosos de su misma época (el Eugenio Giner de El inspector Dan, para empezar) pueda resultar tentadora, hay que valorar las historias de Mora y su capitán como la caja de sorpresas que en realidad fueron durante los doce años de su primera andadura. En las historias de ese cruzado catalán (quien, como reveló su creador en una historieta publicada muchos años más tarde, fue expulsado de su feudo por leer a Platón y defender a los campesinos) había lugar para sarracenos nobles, magos que inventaban globos aerostáticos, viajes al otro lado del globo y princesas vikingas (la inolvidable Sigrid de Thule) mucho menos indefensas de lo esperable para una época en la que los personajes femeninos sólo podían ser damiselas en apuros o pérfidas villanas. Todo un giro copernicano en los días de Roberto Alcázar y Pedrín y la Editorial Valenciana.

Tanto fue el éxito del Capitán y de sus esbirros Crispín y Goliat que la Editorial Bruguera instó a Mora a crear personajes de índole similar: de este modo nacieron El Jabato (guerrillero numantino, literalmente, en lucha contra el Imperio Romano), El Cosaco Verde y, ya en 1970, El Corsario de Hierro. Mientras tanto, y además de ejercer como traductor (muchas de las mejores historias de Astérix fueron vertidas por él al castellano, tarea en la que se alternó con Jaume Perich), Víctor Mora fue produciendo obras más propias de los 60 y los 70: el cómic de ciencia-ficción para jóvenes Dani Futuro (con Carlos Giménez a los lápices) y el western Sunday, cuyo apartado gráfico corrió a cargo de Víctor y Ramón de la Fuente, fueron el preludio de una evolución que acabó generando Las crónicas del Sin Nombre, una obra memorable de fantasía histórica, dibujada por Luis García y publicada por la revista francesa Pilote entre 1973 y 1980.

Durante toda su carrera, Mora se definió por un compromiso llevado durante muchos años en la clandestinidad, por el cual padeció varios arrestos y que le condujo a firmar un manifiesto (junto a Maruja Torres, Jesús Blasco, Josep Toutain, Romá Gubern y otros) contra la exposición de Hergé organizada por la barcelonesa Fundació Joan Miró en 1984. Asimismo, el terremoto causado por la desaparición de Editorial Bruguera no le dejó indemne: si bien siguió escribiendo cómics más o menos destinados al público francés (como la memorable Felina, creada junto a la dibujante Annie Goetzinger), iniciativas como la resurrección del Capitán Trueno a mediados de los ochenta o nuevos personajes como Marbelly Kassett, que vive de la jet-set, gozaron de una popularidad mucho menor y hoy han caído en un relativo olvido. Con respecto a la lamentable película El Capitán Trueno y el Santo Grial (2011), preferimos guardar un piadoso silencio.

Además de sus guiones de cómics, Víctor Mora escribió también cuatro novelas, escritas en su mayoría en lengua catalana. La última de ellas (El meu cor es diu Àfrica) fue publicada en 1963.

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