Muere Wes Craven, gran revitalizador del cine de terror moderno

Después de tres años luchando contra un cáncer cerebral, fallece uno de los iconos indiscutibles del cine de terror moderno, configurador en tres ocasiones del devenir del género.

En los setenta, dirigió La última casa a la izquierda (adelantándose a El exorcista y La matanza de Texas), una de las películas más sucias y perturbadoras de la década. Furiosa, mitad pornografía violenta y mitad arte y ensayo radical, perfecto equilibrio simbólico de sus dos responsables principales (el pesetero productor Sean S. Cunningham, futuro director de Viernes 13, y el aún profesor universitario de literatura Craven) terminó de rematar el cine clásico de género al que ya le había asestado un hachazo letal La noche de los muertos vivientes, y del mismo modo que de la obra maestra de Romero germinó el subgénero de los muertos vivientes, de La última casa a la izquierda nació el inefable subgénero del cine de violación y venganza. Cerró la década con Las colinas tienen ojos, dependiente en su temática y estética de La matanza de Texas, pero con una personalidad despiadada y única.

En los ochenta, entre subproductos más o menos intolerables (Bendición mortal, La cosa del pantano), más o menos notables (La serpiente y el arco iris, Shocker, El sótano del miedo), creó a Freddy Krueger en la primera entrega de Pesadilla en Elm Street. Fundacional en sus formas y fondo, pasmosa por todo lo que fue capaz de legar a no solo una franquicia, sino a todo un subgénero, la primera Elm Street es un clásico por las razones correctas: adolescentes empáticos y creíbles, efectos especiales baratos pero aterradores, poco o ningún sentido del ridículo, plasmación audiovisual de algo inasible -una de las funciones básicas del cine de terror-, en este caso las pesadillas… Y para la posteridad, una cantidad insultante de imágenes que funcionan por sí solas, icónicas representaciones de un terror erótico, malsano y perverso: la lengua saliendo del teléfono, la bolsa de cadáveres flotante, el asesino que se arranca la cara y se corta un dedo for the LOL, los brazos extensibles, la Muerte Que Arrastra Por El Techo + traca final en formato géiser…

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Y aunque Scream sea, a fin de cuentas, una película que tiene más de Kevin Williamson que del propio Craven, justo es reconocerle al césar que se adelantó unos años a sus propuestas con la rarísima, fallida pero muy interesante La nueva pesadilla de Wes Craven. Y también es justo reconocer que si las películas de Scream son demasiado verborreicas y exhibicionistas para su propio bien, Craven da una presteza y un sabor clásico a los asesinatos -como demuestra la merecidamente mítica secuencia del asesinato de Drew Barrymore, responsable ella sola del éxito de las tres secuelas- del que carecen la mayor parte de rebabas del éxito de la franquicia, Sé lo que hicisteis el último verano en cabeza.

Wes Craven fue un director de cine consagrado a un género pero con la cabeza muy bien amueblada. A veces intentando hacer más elásticos los límites del cine de terror, a veces dejándose llevar por las modas del momento, casi siempre facturando productos de siempre muy defendible dignidad pero también, más a menudo de lo que tenemos derecho a exigirle a nadie, marcando la cultura pop para siempre. Descanse en paz.

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