“¿Mujer y astronauta? No, que manchas”

La excusa más estúpida y más machista jamás usada por la NASA para no poner féminas en órbita, desvelada por un informe de la radio pública de EE UU. ¿Has oído hablar alguna vez de la "menstruación retrógrada"?

Como sabe casi todo el mundo, y aunque hayan hecho lo imposible por hacérnoslo ignorar, la presencia de las mujeres ha sido una constante en todas las áreas de la ciencia , prácticamente desde sus comienzos. A lo largo de los siglos hemos tenido grandes físicas, grandes biólogas, grandes exploradoras, grandes astrónomas… qué demonios, si hasta las primeras piedras de la informática las puso una tía. Pero, si buscamos mujeres astronautas, ¿a que la cosa flojea bastante? Salvo Valentina Tereshkova y unas pocas más (no, la Sandra Bullock de Gravity no vale), la órbita terrestre y sus aledaños han estado bastante huérfanas de presencia femenina, pese a los avances más recientes. Pues bien: la radio pública estadounidense NPR, vía The Mary Sueha desvelado la excusa empleada por la NASA para dejar a las chicas fuera de los años dorados de la Carrera Espacial. Y esa excusa fue… la regla. O, más concretamente, algo que se llama ‘menstruación retrógrada’, y que no existe. Al menos, no como consecuencia directa de la ausencia de peso.

Durante los primeros años de la astronáutica, ya había mujeres piloto con el currículum suficiente como para viajar al ‘arriba-afuera’. Ítem más: el brigadier general Donald Flickinger y el doctor W. Randolph Lovelace habían puesto en marcha un programa para entrenar astronautas de sexo femenino, basándose en que su menor peso corporal y bajo consumo de oxígeno las haría más eficientes. Pero ni una sola de esas señoras (algunas tan tremendas como Jerrie Cobb, que maniobró por primera vez un avión a los 12 años) llegó a subirse a un cohete del proyecto Mercury, pese a que los resultados de sus tests fueron óptimos. La negativa de la NASA suena a machismo por un tubo, y era justo eso: para decir ‘nones’, la agencia espacial afirmó que “poner a una criatura tan temperamental [traducimos: una mujer] a los mandos de máquinas tan complicadas” sólo podía acabar en desastre. Pero, como aquello no bastaba, tuvieron que inventarse algo que diera más el pego.

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Y, bíblicamente, aquella excusa se basó en el menstruo. Según los ‘expertos’ de la NASA, a las chicas les esperaba un destino fatal si pasaban esos días del mes en gravedad cero. Sí: hablamos de la ‘menstruación retrógrada’ de las narices. Según las cabezas pensantes de turno, los flujos emitidos en ausencia de gravedad no seguirían el camino decretado por Dios en su maldición del Antiguo Testamento, sino que, pérfidos ellos, regresarían por las trompas de falopio de las astronautas, provocándoles una endometriosis y, por tanto, creando una urgencia sanitaria en órbita. El hecho de que, para evitar este caso hipotético, bastara con consultar el calendario particular de cada chica no se les pasó por la cabeza.  El hecho de que la menstruación retrógrada en gravedad cero fuese un enorme camelo sin base científica, tampoco. O a lo mejor sí que repararon en ambas cosas, pero para mal. El caso es que la NASA mantuvo estas teorías durante dos décadas largas: la primera astronauta estadounidense, Sally Ridepartió a bordo de la lanzadera espacial Challenger en 1983. Las chicas que podrían haber estado a bordo de los Mercury sólo pudieron verla despegar.

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