Mujeres que vieron el sonido: 6 pioneras de la música visual

Mary Ellen Bute.

La ausencia de mujeres es un problema en casi todos los ámbitos artísticos y tecnológicos. Aunque lo realmente problemático no es que esas mujeres no existan, sino que existen, pero nadie habla de ellas. Vamos a reinvidicar a unas cuantas pioneras de la música visual a medio camino entre el arte y la tecnología, todas ellas obsesionadas por ver el sonido, o escuchar las imágenes.

En 1979, la Hayward Gallery de Londres organizó una exposición sobre cine experimental titulada Film as film: Formal Experiment in Film, 1910-1975. Una de las invitadas a escribir un texto para el catálogo fue Lis Rhodes, cineasta experimental. El texto, titulado Whose history?, reflexionaba sobre por qué había tan pocas mujeres en la exposición. Hay muchas mujeres que dirigen películas, pero la historia tiende a olvidarse de ellas.




Sin investigar demasiado, es fácil darse cuenta de que en la mayor parte del arte la mujer es poco más que una hembra irreal representada desde la mirada del hombre. En 1979, eso ya había cambiado un poco, pero se seguía dando mucha más visibilidad a los artistas hombres que a las artistas mujeres.

Una mujer de una pintura clásica con una máscara de gorila. ¿las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el Met Museum?

La historia del arte, como casi todas las historias, es una historia de hombres escrita por hombres. La mayoría de mujeres cineastas, músicas, escritoras, etc. no están en las exposiciones ni en los libros, están en un limbo por investigar.

Este problema que señalaba Lis Rhodes hace casi 50 años, y que han señalado otras artistas, como las Guerrilla Girls, es más exagerado en los ámbitos artísticos que introducen temas científicos o tecnológicos, como la música visual.

¿Qué es la música visual?

Música visual es un término que se usa con diferentes sentidos. Normalmente, se refiere a cierto tipo de cine abstracto en el que el sonido juega un papel fundamental. Otro significado más general es el que vamos a usar en este artículo: piezas artísticas que surjen de la relación entre la imagen y el sonido.

Cuadro de Wassily Kandinsky.

Música visual es crear visuales a partir de estructuras musicales. Música visual es también traducir gráficos o imágenes a sonido. El término fue acuñado en 1912 por el crítico y pintor inglés Roger Fry para describir el trabajo de Kandinsky. Hoy en día, se usa más bien en el ámbito del cine, el vídeo digital y el multimedia.

Pero aquí no vamos a hablar de hoy, vamos a hacer un poco de historia, desde el siglo XIX hasta los años setenta. Un pequeño viaje que nos llevará de los salones científicos victorianos a las primeras animaciones digitales, haciendo escala en lugares con tanta carga histórica como Siria e Hiroshima.

Margaret Watts Hughes
 (1842 – 1907)

Margaret Watts Hughes

Margaret Watts Hughes era una galesa que creció estudiando canto con dos músicos de su pueblo. En 1864, consiguió que la aceptasen en la Royal Academy of Music de Londres. Después, empezó a ganarse la vida cantando y dando clases de canto. En esa época, la Royal Society de Londres organizaba veladas para presentar descubrimientos científicos. A esas veladas solo podían ir hombres, pero en 1876 iniciaron un segundo programa abierto a mujeres. La primera mujer que se atrevió a presentar un invento fue precisamente Margaret.

Eidófono.

El invento era el eidófono, un aparato para visualizar la voz. Como además de cantar era profesora, le interesaba ver el sonido de la voz gráficamente, así que construyó una trompetilla que tenía en un extremo una boquilla para cantar y en el otro una membrana.

Margaret echaba en la membrana un polvillo o un líquido denso y cantaba. Se encontró con que las vibraciones de la voz generaban formas mucho más complejas y fascinantes de lo que ella pensaba. Las figuras dependían tanto de la sustancia usada como de la manera de cantar.

Flores y paisajes generados con la voz.

Llegó a perfeccionar tanto la técnica que era capaz de generar con su voz diferentes tipos de flores, como margaritas y pensamientos. Colocando placas de cristal sobre la membrana, generaba también figuras geométricas, como círculos y espirales. Más tarde, empezó a dibujar paisajes completos y escribió textos explicando sus descubrimientos.

Para ella era un misterio por qué surgían esas figuras, pero era consciente de que quizá sugerían algo respecto a cómo produce la naturaleza sus formas. Su conclusión fue que el universo se había formado a partir de las vibraciones de la voz de Dios.

Gráfico de formas generadas con cimática.

Lo que estaba haciendo era cimática, que es el nombre que dio Hans Jenny años más tarde a este tipo de efectos provocados por la vibración de las ondas sonoras. Científicos como Galileo Galilei, Robert Hooke y Ernst Chladni ya habían investigado este tipo de fenómenos, sin darles nombre. Margaret fue una de las primeras personas en usar la cimática con intenciones artísticas. No hay ninguna película de sus experimentos porque estamos hablando de antes de la invención del cine. Lo que sí hay son recreaciones modernas.

Mary Hallock-Greenewalt 
(1871 – 1950)

Mary Hallock-Greenewalt con el Sarabet.

Mary Hallock-Greenewalt era hija de un diplomático estadounidense y de una árabe de clase alta. Su padre fue destinado a Siria, donde se casó con su madre, todavía menor de edad. La madre de Mary le enseñó a tocar el piano, pero murió muy joven. Entonces, Mary fue enviada a EE. UU. para educarla como americana. Se graduó como pianista en la Philadelphia Musical Academy y luego se fue a Viena para estudiar con Leschetizky, un prestigioso profesor de aquella época.

Cuando volvió a EE. UU., empezó a dar conciertos y charlas, algunas de tono feminista, como Mujeres en la música interpretativa y creativa. Le interesaba sobre todo la emoción, lo que la llevó a investigar las luces de colores como medio capaz de enriquecer la experiencia musical. En aquella época, había tantos pianistas que era difícil destacar, así que se le ocurrió aprovechar su interés por la luz para crear un espectáculo audiovisual que fuese más allá del concierto clásico.

Dibujo de Mary Hallock para película abstracta.

Hizo sus primeros experimentos en 1905 pintando película cinematográfica. Es posible que fuera la primera persona que creó cine abstracto de esta manera. En 1916, hizo una demostración para la Illuminating Engineering Society de Filadelfia con un foco que iluminaba acetatos pintados girando sincronizados con piezas musicales. Por desgracia, no se conserva ninguna de sus películas.

Dos años después, patentó su primer invento, un fonógrafo que proyectaba luz. Era como un tocadiscos, pero con discos pintados de colores y unas luces debajo. Después de varios años probando diferentes métodos, fabricó una consola similar a un órgano. Llamó a su órgano Sarabet, en honor a su madre (Sara Tabet) y se inventó el arte del nourathar, donde unía sonido y luz. El nombre es una combinación de los términos árabes nour (luz) y athar (esencia).

Mary Hallock tocando el Sarabet.

El Sarabet se manejaba con dos pedales y una serie de palancas. Para usarlo eran necesarias las dos manos y los dos pies, así que la música tenía que ser tocada por otra persona. Además, Mary desarrolló toda una serie de teorías sobre la relación del sonido con el color y un sistema de notación para la luz.

Mary recibió premios y reconocimiento por su trabajo, pero no le daba dinero. Además, empezó a enzarzarse en pleitos con artistas como Thomas Wilfred, quien había inventado un órgano de color similar al Sarabet. Otro contratiempo es que estaba continuamente en los juzgados luchando por sus patentes contra empresas eléctricas. La gota que colmó el vaso fue el auge del cine sonoro, que hizo desaparecer el interés por cualquier otro tipo de espectáculo audiovisual, así que terminó abandonando su investigación. Hoy, casi todas las historias de la música visual, e incluso del multimedia, mencionan en algún momento a Thomas Wilfred y su Clavilux, mientras que Mary y el Sarabet no aparecen en casi ninguna.

Mary Ellen Bute (1906 – 1983)

Mary Ellen Bute fue una pionera de la animación y del arte electrónico, además de ser una de las primeras cineastas experimentales. Al terminar el instituto, decidió estudiar pintura, pero como le frustraba mucho no poder capturar el fluir del tiempo, empezó a interesarse por la iluminación y el cine.

Sus primeras películas son de los años treinta. La mayoría entran dentro del género de la música visual, casi siempre con visuales abstractos y música clásica. Las primeras son de imagen real, jugando con efectos de luz. A partir de 1939 se pasa a la animación tradicional. Lo más interesante sucede en los años cincuenta, cuando empieza a trabajar con máquinas como osciloscopios. La publicidad de sus películas afirmaba que era la primera persona que había combinado ciencia y arte. Aunque no es cierto, le dio buenos resultados como estrategia publicitaria.

El caso de Mary Ellen es curioso porque entre las décadas de los treinta y los sesenta sus películas se proyectaban en cines de todo EE.UU. antes de los estrenos de la semana. Es una de las pocas cineastas experimentales que ha tenido un público masivo, pero hoy casi nadie se acuerda de ella. Que un trabajo visual tan arriesgado tuviese cabida en los cines de masas es inaudito. Quizá su éxito tiene que ver con que, a pesar de su valentía visual, su enfoque sonoro era bastante tradicional. Usar música clásica o popular, en lugar de ruidos raros, ayuda a no espantar a nadie.

A pesar de que la música que usa no arriesga demasiado, su trabajo de sincronización es impresionante. Sin olvidar que fue una de las primeras personas en hacer cine mezclando medios analógicos y electrónicos.

Daphne Oram 
(1925 – 2003)

Daphne Oram nació en un pueblo inglés y aprendió piano, órgano y composición musical desde pequeña. Cuando tenía 17 años, le ofrecieron una plaza en el Royal College of Music, una institución muy prestigiosa en la que era difícil entrar. La rechazó para trabajar como ingeniera de sonido en la BBC. Daphne había construido desde pequeña transmisores y receptores de radio y le interesaba tanto el arte como la tecnología.

En la BBC descubrió los osciloscopios, que sirven para ver las formas de onda, en este caso de ondas sonoras. Entonces preguntó si era posible invertir el proceso: dibujar una onda para crear un sonido. El profesor le dijo que era imposible, y parece que ella se lo tomó como un reto y empezó a idear un sistema de música gráfica. Se pasaba las noches trabajando a escondidas en el estudio de la BBC, grabando, cortando y pegando sonidos. Esto la llevo a inventar el Oramics.

El Oramics es un sintetizador/secuenciador diseñado por Daphne a finales de los años cincuenta. La técnica consistía en dibujar en película de 35mm y reproducirlo como sonido. Esto era posible porque en aquella época las películas usaban sonido óptico. Es decir, la banda sonora se imprimía directamente en el celuloide y se reproducía con un lector óptico. Daphne dibujaba formas en la película y debajo había unas células fotoeléctricas que reproducían el sonido.

Aunque el Oramics es relativamente conocido, como es una máquina aparatosa y delicada no se ha vuelto a usar. En 2009, el Science Museum de Londres compró el Oramics original a un coleccionista y lo restauró. Actualmente, está en la colección permanente del museo.

Lillian F. Schwartz (1927)

Lillian F. Schwartz

La historia de Lillian F. Schwartz solo puede describirse como rocambolesca. Lillian creció en EE.UU. durante la época de la Gran Depresión. Su pasión era dibujar, pero era de una familia que no podía permitirse gran cosa. Ella superaba su obsesión con lo que tenía a mano, como el papel que se despegaba de la pared de casa o pintando con piedras en la acera. También fabricaba dispositivos electrónicos, como receptores de radio, con cosas que encontraba en la basura.

Como creció en una época dura, el único estudio al que pudo acceder al terminar el colegio fue un programa para formar a enfermeras. Entonces empezó a realizar esculturas con yeso, ya que gracias a su trabajo tenía acceso a ese material. Pero no le gustaba lo estático, así que les añadía piezas eléctricas para moverlas.

Durante la ocupación de Japón después de la II Guerra Mundial, su marido fue destinado a allí, cerca de Hiroshima, y ella lo siguió poco más tarde. Al poco tiempo, contrajo la polio. Durante los meses que tardó en recuperarse, una de las enfermeras del hospital, que era budista zen, le enseñó caligrafía para ayudarla a recuperar el movimiento del cuerpo.

Cuando se recuperó, volvió a EE.UU. con todos esos conocimientos artísticos y técnicos, y algo de dinero ahorrado. Entonces decidió estudiar lo que siempre había querido: arte. En los años sesenta estaba trabajando con luces, dispositivos mecánicos y procesos químicos. Una de esas piezas terminó en una de las primeras exposiciones sobre arte creado con máquinas, nada menos que en el MOMA.

Mujer tocando bola luminosa rosa en exposición.

Leon Harmon, un científico especializado en percepción, vio la pieza de Lillian en el MOMA y la invitó a trabajar en Bell Labs, una conocida empresa de desarrollo científico. Ella aceptó la invitación y empezó a crear obras de arte en ese entorno supertecnológico.

Aprendió programación y se convirtió en una de las pioneras de la animación digital. Su primera animación por ordenador, Pixillation (1970), se basa en unas líneas de código que generan formas y texturas. La imagen digital se mezcla con grabaciones de fluidos y dibujos hechos a mano. El sonido fue creado con un Moog. Podéis ver sus películas en su página web.

Fotograma de «Pixillation», formas digitales de tonos rojos sobre fondo negro.

Durante esos años, también creó una técnica para producir películas en 2D y 3D. Muchas de sus investigaciones fueron pioneras en métodos y herramientas que más tarde aprovecharían softwares como Photoshop y Final Cut. Además, Lillian ha contribuido con sus estudios científicos sobre la percepción del color y del sonido a productos de empresas tecnológicas como IBM y AT&T.

Las piezas de Lillian se han mostrado en museos y festivales de todo el mundo. Ha recibido premios y ha llegado a pasar por Cannes y a ganar un Emmy. Sin embargo, es una artista a la que conoce poca gente, cuando es una las mayores pioneras del arte digital y de la animación por ordenador. Además, lo es desde una perspectiva arriesgada tanto a nivel visual como sonoro, huyendo en casi todas sus películas de la música tradicional que usaban otros pioneros del cine digital.

Lis Rhodes
 (1942)

Lis Rhodes es una artista y cineasta británica que estudió cine y televisión, pero nunca se dedicó a hacer cine narrativo. Desde el principio su intención fue reconsiderar el cine como medio de comunicación. Le interesaba especialmente la sincronización, cómo se hacía y lo que significaba en los documentales y el cine comercial. Ella pensaba que la sincronización es siempre artificial y falsa, así que hizo una película en la que la banda sonora eran las imágenes. Y las imágenes la banda sonora.

La relación entre la imagen y el sonido, en lugar de ser añadida a posteriori, o doblada, está sincronizada exactamente desde el primer momento. Lo que ves es lo que escuchas. La intención era crear un marco distinto para el cine en el que el público se involucrase físicamente en la película, en lugar de estar fuera.

La película se titula Dresden Dynamo (1971). La animación está dibujada en el celuloide. La técnica usada por Lis es, a grandes rasgos, la misma del Oramics, pero en este caso la obra final no consta solo del sonido generado, sino también de las imágenes.

El proyector interpreta los patrones abstractos impresos en la banda sonora como sonido. La partitura, o el sistema de notación, no es musical, son los propios fotogramas. En la siguiente imagen se ven claramente los fotogramas en color en el centro y la banda sonora en blanco y negro en la parte inferior. La banda sonora no es más que una extensión de los fotogramas.

Fotogramas «Dresden Dynamo».

Esta no es una técnica inventada por Rhodes, hay otros ejemplos de cineastas como Norman McLaren. Se llama “sonido óptico”, “sonido gráfico” o “sonido ornamental”. Lo que la diferencia de McLaren es que ella no busca un resultado musical, sino una reflexión sobre la falsedad de la sincronización en el cine tradicional. La sincronización del cine comercial y de los documentales, aunque sea naturalista, siempre es falsa.

Estas seis mujeres son solo una pequeña muestra de artistas que merecen más atención de la que se les ha dado. Algunas son bastante desconocidas, otras ya están siendo reivindicadas y cuesta menos encontrar sus obras. Lo fundamental es que hay muchos mundos ahí fuera esperando a ser descubiertos y recordados, y esta es solo una pequeña parte de uno de ellos.

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