Música Canina 24: No queremos crecer

Como hacerse mayor es una gaita, todos los músicos que nos gustan son un poco niños por dentro: estrenamos la semana con una selección de canciones sobre la infancia que, en muchas ocasiones, son más maduras de lo que parece.

En vez de padres y profesores, jefes. En vez de exámenes, el maldito curro. Y, en lugar de la semanada, cuando la hay, un salario de risa… cuando lo hay. Está claro: hacerse mayor es una gaita enorme. Menos mal que, frente a tanta presión, tanta rutina y tanta grisura, muchos son los adultos que optan por emular al bigotudo protagonista de Grouñidos en el desierto, diciendo aquello de «soy un niño secreto». Y esta semana, bajo el magisterio de Ventura Nieto, nosotros hemos decidido dedicar nuestra playlist a la infancia, con sus pros y sus contras.

Entre los aspectos ventajosos de ser una larva está, sin duda, la capacidad de pasárselo bien contra viento y marea. Los primeros en recordárnoslo son los mismísimos Asfalto, demostrando que sus Días de escuela tuvieron mucho de gozosos pese a transcurrir en el Madrid más profundo y en pleno franquismo. Junto a ellos, Pink Floyd (encabezados por un Syd Barrett que aún tenía neuronas para jugar con Emily), T-Rex, Toy Dolls, George Harrison, Toreros Muertos y otros majaras nos recuerdan los goces de una época en la que uno podía ser un «hijo de Satanás» (figurada o literalmente) y, aun así, salirse de rositas sin más secuelas que una colleja o una bronca familiar. Que se lo digan a El Reno Renardo…

Pero, claro, también está ese ‘otro’ lado del que gusta menos acordarse. Un reverso tenebroso en el que hay lugar para cosas menos graves… y cosas muy muy graves: desde el tedio descrito por los Mecano primerizos (y encantadores) en No me enseñen la lección hasta los infiernos escolares a los que cantaron Pearl Jam en Jeremy. Y luego están esos temores irracionales que tan bien supieron describir The Cure en su Lullaby, con ese Robert Smith aterrorizado en sus sueños por una araña con rostro humano.

Tras tanta reminiscencia, eso sí, nosotros hemos hecho balance, y el resultado está claro: estamos dispuestos a cantar eso de I Don’t Wanna Grow Up con el maestro Tom Waits, hasta desgañitarnos. Pero, como eso no parece muy posible, siempre nos queda el alivio de escuchar esta retahíla de temazos… hasta el domingo, porque a esta playlist también le tocará crecer y verse reemplazada por otra más madura (pero igual de divertida).

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