[Música Canina] A este lado del paraíso

¿El mejor lugar posible, o el peor? ¿Un espacio para la felicidad extática, o un coñazo aún peor que las calderas de Satán? Cuando nuestros músicos favoritos juegan con la idea del cielo y de la gloria eterna, los resultados pueden llevarte a las nubes... o sepultarte bajo la tierra.

La EGB se fue hace ya mucho tiempo, pero las clases de Religión siguen ahí. Y en ellas, además de la lista de los doce hijos de Jacob y otros conocimientos igual de útiles, a los españolitos y las españolitas de cualquier edad se nos inculca desde muy pronto una singular noción: la del Cielo, o Paraíso, o como quieran llamarlo. Ese lugar de éxtasis perpetuo que recompensará a los justos cuando hayan estirado la pata, y que, por extensión, designa a los espacios, o los momentos, en los que la felicidad está al alcance de nuestra mano. Aunque la mayoría de nuestros músicos favoritos sean anglosajones, y por lo tanto herejes protestantes, ellos también llevan esta idea muy dentro por cosas de la educación. Pero, cuando se ponen a escribir canciones sobre ella, sus puntos de vista son de lo más variados. Y, a veces, acojonan.

Porque, sí, eso de lo paradisíaco sirve para darle salida a romanticismos varios: para Belinda Carlisle, el cielo es un lugar de la Tierra, mientras que la grandísima Mina veía el Edén en una habitación. Y qué decir de Robert Smith, dedicándole otro himno más a su señora esposa, o de ese Fred Astaire al que (según dictado de Irving Berlin) le bastaba con el contacto de una mejilla para sentirse a varios kilómetros sobre el suelo… Eso, por no mentar a los salidorros de siempre (David Lee Roth Kiss, sin ir más lejos) que usaban el asunto como metáfora de otras cosas más genitales. Pero, en cuanto hurgamos un poco, empiezan a salir otras visiones místicas menos complacientes: el paraíso puede ser un Los Ángeles abismal (Guns N’Roses), el tabuco de un yonqui embalsamado en heroína (Psychedelic Furs) o, si son los Pixies quienes se suben al púlpito, una pesadilla hedionda e innombrable, como de película de David Lynch. El punto más cínico lo ponen, como no podía ser de otra manera, Talking Heads, rematando la cuestión con una frase lapidaria: «El Cielo es un lugar donde nunca pasa nada». Y así seguiremos, hasta la semana que viene, cuando esta playlist se vea reemplazada por otra más terrenal.

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