[Música Canina] Las mil voces de Bob Dylan (aproximadamente)

Mientras medio mundo se rasga las vestiduras y el otro medio se hincha a aplaudir (más el subsiguiente conflicto entre ambas mitades), CANINO dedica un doble homenaje a Bob Dylan: sus canciones, por una parte, y por otra las versiones de aquellos que han interpretado al nobel de Literatura.

¿Un brillante poeta? ¿Un patán egocéntrico? ¿Una de las mentes más selectas de nuestra época? ¿Un pedante cuyas lagunas culturales aparecen en cuanto uno indaga un poco? Vete a saber, porque, lo que es nosotros, sólo estamos seguros de una cosa. Desde la semana pasada, cuando la Academia Sueca lo proclamó como ganador del Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan está partiéndose de risa en su fuero interno y, de cara al exterior, practicando su deporte favorito: jugar al despiste, al hieratismo y a los acertijos irresolubles. Así pues, nosotros proponemos una playlist que es, en sí, un acertijo. Porque, ¿quién interpreta mejor a Dylan: el propio Dylan, o aquellos que han tomado sus canciones para reinterpretarlas?

En esta selección tenemos una buena cantidad de dylans: desde el guerrillero folkie al amante vengativo y cabrón, pasando por el poeta de lo abstracto y el predicador que, cual profeta bíblico, afirma que a Occidente le quedan dos días. Y todos ellos hacen bueno algo que, parafraseando cierto archisabido titular sobre Lola Flores, resumiremos como «no sabe cantar, no sabe tocar, no se lo pierdan». Pero también tenemos otros tantos dylans en tantas otras voces ajenas: This Wheel’s On Fire llevada a la estratosfera por Julie Driscoll, Caetano Veloso chorizando Jokerman (una canción en la que el de Duluth habla de sí mismo, para colmo), Johnny Cash June Carter ventilando la mala baba de It Ain’t Me, Babe, los Byrds confirmando My Back Pages como una de las más hermosas canciones sobre el paso del tiempo (escrita, recordemos, por un músico que entonces contaba 24 tiernos años…). Y, claro, ese torrente panasónico de Jimi Hendrix que, a decir del propio cantautor, cogía la versión original de All Along the Watchtower y la hacía añicos. Escuchando y comparando, el oyente llegará a su propia conclusión. La nuestra, eso sí, está clara: para bien o para mal, Bob Dylan no necesita medallas para ser parte de la Historia.

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