Música Canina: Lo más mejor de los 90

De verdad de la buena: en los 90 también se hicieron buenas canciones. Enterramos el hacha de guerra para ofrecer canciones que nos ayudaron a sobrevivir durante los años del 'pelotazo', de Aznar, de la Guerra del Golfo y del IRC.

Durante la semana pasada, en CANINO se han publicado contenidos que podrían habernos dado una imagen de resentidillos. Amargados, incluso. Pero qué íbamos a hacer nosotros, si la cultura pop de los 90 nos parece (en su mayoría) una bosta enorme, y si la posibilidad de que la juventud idealice esa década nos da escalofríos. Así pues, hemos pasado estos siete días con una bilis en el cuerpo, unos ardores y unos sofocos de carácter ultreterreno. En cada señor que nos cruzábamos por la calle veíamos el bigote de un José María Aznar aún sin abdominales, los presentadores de TV tenían todos los rostros de Paco Lobatón Nieves Herrero, y, al poner el último elepé de Solange en el emepetrés, nos quedamos pasmados al constatar que aquello sonaba al Amigos para siempre de Los Manolos. Consultado nuestro gabinete paranormal de guardia, acabamos concluyendo que estábamos siendo objeto de un mal de ojo, y que la única forma de aplacar a los espíritus era reconocer que la década de Sensación de vivir también produjo buenas canciones.

Y, oigan, eso es cierto. Para empezar, y en parámetros rockeros, hemos recordado que lo ‘alternativo’ (Sonic Youth) no siempre fue una patochada, que el grunge dio bandas con empaque (Pearl Jam, Hole) y que el riot grrrl de Bikini Kill y sus discípulas se ganó titulares en la prensa, inspirando para colmo un producto chicletero (Shampoo) que estaba muy, pero que muy bien. Además, se puso de moda el rock con máquinas (White Zombie, Nine Inch Nails), el brit pop dio caramelos venenosos (Blur, Pulp) y, además, «post rock» no equivalía a desarrollos de guitarra capaces de aburrir a una piedra, sino a bandas tan aventureras y tan locas como Disco Inferno Laika. Incluso una España tan mareada en lo sonoro como siempre disfrutó de los primeros Héroes del Silencio, de Carlos Berlanga y de un indie (Los Planetas, Family) que, pese a su casi nulo impacto social, podía ser muy bueno cuando quería. Claro que, si de verdad nos dieran la ocasión de revivir un momento musical de esa década, elegiríamos bailar el The Rythm of the Night de Corona bajo una luna de verano.

A la altura de escribir esto, nos sentimos raros. Tal vez la maldición haya cesado, o tal vez nuestras televisiones de plasma sigan ofreciéndonos a Emilio Aragón presentando VIP Noche en un bucle infinito. Lo sabrán dentro de siete días, cuando les ofrezcamos otra playlist algo más centrada en la actualidad…

¿Te ha gustado este artículo? Puedes colaborar con Canino en nuestro Patreon. Ayúdanos a seguir creciendo.

Publicidad