[Música Canina] Primeros chispazos – La prehistoria del pop electrónico

Antes de Kraftwerk, de Devo y de Aviador Dro, estos artistas ya giraban potenciómetros. Los primeros aventureros del sinte y la caja de ritmos, reunidos para ti en una sola playlist. 

La historia, tal y como se suele contar, allá por 1974. Aquel año, mientras paseaban a orillas del Rhin, Ralf Hütter Florian Schneider sintieron el irresistible impulso de cortarse las melenas, ponerse corbata y agarrar sus teclados al grito de “Wir fahr’n fahr’n fahr’n auf der Autobahn”. Pero esa versión, aunque bonita, resulta inexacta: es verdad que, sin Kraftwerk, los sintetizadores nunca se habrían puesto de moda. Pero también es verdad que, antes de los genios de Düsseldorf, muchísimos artistas le habían demostrado al mundo que las máquinas y los estribillos eran compatibles. Y cómo.

De hecho, para trazar los orígenes del pop electrónico tenemos que visitar lugares insospechados. Por ejemplo, el laboratorio de la BBC donde la diosa Delia Derbyshire facturaba para Doctor Who la primera sintonía electrónica de la historia de la TV, o el estudio en el que Louis y Bebe Barron invocaban a los monstruos del Id para visitar el Planeta prohibido. Eso, por no mencionar el garaje en el que Randolph Scott fabricaba artefactos sonoros de otro planeta, o los sesudos espacios académicos que frecuentaba Pierre Henry. Pero el viaje nos llevará mucho, muchísimo más lejos…




En nuestro zoo de máquinas cantarinas, uno puede encontrarse desde solteros interesantes de la era espacial (Gershon Kingsley y Jean-Jacques Perrey, Esquivel) hasta señores con tupé (The Tornadoes, guiados por Joe Meek en la mesa de mezclas), con flequillo (The Beach Boys, The Who, unos Pink Floyd primerizos) e incluso con melenas tan frondosas como las lucidas por Hawkwind, Kevin Ayers, nuestro querido Franco Battiato o el marciano de Brian Eno. Y esta colección no estaría completa sin pelos afro (Parliament, con Bernie Worrell propulsando al gueto hacia el futuro) y sin los vestidazos disco de Cloud One Donna Summer, llamando a los mutantes a la pista de baile en compañía de Giorgio Moroder. 

Ahora ya lo saben: cualquiera de estos músicos podría haber dicho eso de “wir sind die roboter”, y haberse quedado tan ancho. Cuando los escuchen, sus corazoncitos mecánicos se llenarán de amor… hasta la semana que viene, cuando se les acaben las pilas y otras criaturas vengan a sustituirlos.

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