Nacimiento, muerte y resurrección de ‘El Cuarto Mundo’ de Jack Kirby

Incomprendido en el momento de su aparición y parte central del universo DC a partir de los años 80, El Cuarto Mundo de Jack Kirby es fuente de inspiración para una miríada de autores que partiendo de los conceptos y la libertad creativa del autor han sabido desarrollar, desde una multiplicidad de puntos de vista, unas creaciones inmortales.

Tras más de una década de co-crear junto a Stan Lee el revolucionario y exitoso universo Marvel, Jack Kirby estaba trabajando sin contrato para la Casa de las Ideas, tras haber expirado uno no muy ventajoso con Martin Goodman -fundador tanto de Timely Comics como de su evolución, Marvel Comics- y haber vendido este la editorial a un nuevo grupo inversor. La primera semana de enero de 1970 recibió un nuevo contrato por correo de los nuevos dueños de la editorial. Un acuerdo que era aún peor que el precedente. Sin subida salarial, sin acreditación por la autoría de los personajes y conceptos creados y sin seguro médico o social de ningún tipo.

A su vez, los nuevos propietarios de Marvel le comunicaban en dicha misiva que la editorial podía hacer lo que quisiera con él, incluido despedirle en cualquier momento. Además, si firmaba este contrato, el autor no podría denunciarles por nada ocurrido tanto en el pasado como en el presente. Kirby, humillado y ofendido por unos ejecutivos que ni agradecían ni respetaban todo lo que el autor había hecho en las dos génesis de la editorial, decidió poner este doloroso asunto en manos de su abogado. La respuesta de la editorial fue no negociar. Lo tomaba o lo dejaba.

Para los nuevos dueños de Marvel, Jack Kirby era poco más que un pintamonas. Todo era creación de Stan Lee, algo que el compañero creativo de Kirby a lo largo de toda la década de los sesenta no se preocupó en desmentir, perfectamente asentado, creativa y sobre todo económicamente en la editorial conformada por ambos autores. Jack Kirby decidió inmediatamente hablar con Carmine Infantino, dibujante y editor jefe de DC Comics en esa época. La idea de Kirby: ser el autor total de su obra, alejado totalmente de un método Marvel -el guionista entrega un plot esquemático, el dibujante narra y compone el relato y el guionista lo completa introduciendo bocadillos de texto- que había desvirtuado su auténtica contribución a la conformación y estilo del exitoso estilo Marvel.

El Cuarto Mundo: Una obra adelantada a su tiempo

Jack Kirby quería llevar el medio un paso más allá y fusilar la estructura limitada y férrea del comic-book americano tradicional: mayor calidad de impresión, número de páginas, papel, etc…. Conceptos e ideas acerca de los que el paso de las décadas han demostrado que no estaba equivocado, pero que entonces no fueron aceptados por las todavía excesivamente conservadoras líneas editoriales de las dos grandes. Pero si no podía cambiar la forma, intentaría por lo menos cambiar el fondo de los comics. Su idea, crear un gran retablo, una historia épica, metáfora convulsa de los cambios y problemas sociales y políticos de la América de finales de los sesenta y principios de los setenta, repleta de nuevos conceptos y personajes que había pretendido desarrollar en su etapa al frente de The Mighty Thor junto a Stan Lee, pero que nunca pudo llevar a cabo por imperativos comerciales y editoriales.

Este retablo de varias series en paralelo y cruzadas con las que pretendía revitalizar a una DC Comics anclada en un modelo creativo y editorial del pasado y a la que Marvel Comics había adelantado por la izquierda a lo largo de los años sesenta, comenzó con uno de los títulos que mejor representaban esa añeja mirada al tebeo de superhéroes: Superman’s Pal Jimmy Olsen. Kirby, que siempre quería evitar, en la medida de lo posible, quitarle el trabajo a un compañero de profesión, pidió a DC Comics que le entregara la serie que peor funcionara y que ningún equipo creativo quisiera realizar.

La etapa de Kirby arrancó en el número 133 de Superman’s Pal Jimmy Olsen, lugar donde comenzó progresivamente a desarrollar lo que vendría a conocerse con el nombre de El Cuarto Mundo. Un universo en continua expansión, basado en una mitología de nuevo cuño, tan cósmica como filosófica, donde el bien y el mal absolutos eran representados en Nueva Génesis, hogar de Los Nuevos Dioses, y Apokolips, escenario infernal liderado por el icónico dictador Darkseid y su cohorte de demoníacas criaturas que pretendían el control total del universo a partir del pensamiento único y subyugador, proporcionado por la ecuación de la antivida, un mcguffin inaprensible y filosófico.

Todos estos conceptos, tan hiperbólicos como majestuosos, comenzaron a desarrollarse en un tebeo de apariencia tan inofensiva y conservadora como era el serial de Jimmy Olsen. Una obra donde comenzó a vislumbrarse el scope y la ambición de este Cuarto Mundo y las posibilidades de un universo DC modernizado y que solo fue la punta del iceberg de tres títulos que conformarían la visión total del plan de Kirby: Jóvenes Eternos, Los Nuevos Dioses y Mister Miracle. Tres series que junto a su etapa en Superman’s Pal Jimmy Olsen (iniciada casi un año antes) darían lugar a un experimento que reconstruía la tradicional narrativa serial: cuatro colecciones regulares aparentemente independientes en su narrativa, pero que juntas entregaban un gargantuesco y poderoso retablo de un nuevo universo tan infinito como algo incontrolado.

Porque aunque Kirby era un excelente creador de conceptos, mundos y diseños de personaje, también era un guionista irregular, demostrando que la entente formada por Lee y Kirby equilibraba a la perfección las carencias de ambos creadores. Pero es cierto también, que en su irregularidad narrativa, en su propensión por los conceptos más allá de lo narrado, es donde El Cuarto Mundo juega su mayores bazas. Si Superman’s Pal Jimmy Olsen demostraba lo moderno y revolucionario que podía volverse el universo DC en manos de un autor visionario, Jóvenes Eternos miraba de frente los movimientos contraculturales de la juventud de los sesenta y setenta, Los Nuevos Dioses entregaba la mirada épica y mitológica bajo el que se sustentaba todo el universo y Mister Miracle era la mejor fusión entre el nuevo y el viejo concepto de serial de superhéroes. Pero desde el principio comenzaron los problemas, casi todos ellos de índole editorial.

El primero de ellos ocurrió en la serie dedicada a Jimmy Olsen. Ya de primeras, a Kirby el personaje de Superman no le interesaba especialmente. Pero aún así lo utilizó en sus relatos. El problema, que su representación gráfica del personaje, se alejaba mucho del estandarizado y anticuado modelo instaurado por Curt Swan, lo que provocó que DC Comics redibujara todos y cada uno de los Supermanes kyrbianos aparecidos en la serie de Jimmy Olsen, rompiendo y mancillando el trabajo artístico del autor. A su vez, Kirby tuvo que integrar otro personaje por el que no tenía mayor interés, Deadman, en Jóvenes Eternos, en los que quizá sean los relatos más rígidos y menos kirbyescos de toda la epopeya.

Pero hubo un clavo en el ataúd mayor que las injerencias editoriales, el desequilibrio entre las habilidades conceptuales y artísticas de Kirby y su talento como guionista, o lo vanguardista de una propuesta adelantada a su tiempo: el aumento de precios de los comic-books provocado por la subida de los costes de impresión y distribución. Si Marvel elevó sus precios de 15 a 20 centavos, DC lo hizo hasta llegar a los 25 centavos por ejemplar, una subida del 70% en el precio de los tebeos que provocó una bajada de ventas considerable, afectando con mayor intensidad a todas las series de El Cuarto Mundo. La envergadura y la ambición de la propuesta, sumado a su complejidad narrativa, provocaba que una vez abandonabas su lectura, era imposible volver a conectar y comprar la propuesta, aunque los ejemplares bajaran a 20 centavos, como tuvo que acabar haciendo DC.

Predestinando la caída del nuevo universo creado por Kirby, DC Comics ya había tentado previamente al autor con realizar otros trabajos que le fueran alejando paulatinamente de un universo que ya había planteado dejar en manos de otros artistas, una vez hubiera comenzado a andar. OMAC, Kamandi: The Last Boy on Earth y The Demon fueron dichas series. Pero el hachazo definitivo al fascinante mundo de Kirby ocurrió con la decisión de cancelar de golpe sus títulos centrales: Jóvenes Eternos y Los Nuevos Dioses. Kirby ya había abandonado meses antes la serie de Jimmy Olsen, algo que alegró tanto a artista -no se sentía cómodo trabajando con personajes creados por otros- como a editorial -las ventas no eran buenas-. Pero cancelar los dos títulos centrales de su proyecto más querido le dejó devastado.

Jóvenes Eternos y Los Nuevos Dioses finalizaron en su número 11. Mister Miracle, la única serie que quedaba de El Cuarto Mundo, alcanzó la cifra de 18 ejemplares. Pero sus últimos seis números poca relación tenían ya con el concepto y el argumento de su propuesta. Mister Miracle fue reconvertida en un tebeo de superhéroes convencional, similar a las decenas de títulos que poblaban las estanterías. Eso si, Kirby pudo traer de vuelta a los personajes centrales de su drama filosófico y cósmico en el ejemplar final. Pero el gran fresco de El Cuarto Mundo -del que solo habíamos vislumbrado la superficie introductoria del mismo- quedó inconcluso y los sugerentes conceptos e ideas que había ido diseminando Kirby a lo largo y ancho de los casi sesenta ejemplares que sumaban las cuatro series iban a caer en el olvido…. hasta el año 1984.

Los perros hambrientos: Redención de un pasado injusto

Antes de 1984 hubo intentos, por parte de DC, de traer de vuelta El Cuarto Mundo. Pero Jack Kirby había vuelto a Marvel y prefería no volver a su proyecto más querido por miedo a que se lo volvieran a cancelar. Además, la situación laboral que tenía con Marvel por aquel momento era mucho mejor que la que había tenido previamente tanto con la Casa de las Ideas como con DC. Pero en el ya mencionado 1984 y tras un intento de traer de vuelta a Los Nuevos Dioses sin su creador -saldándose con un nuevo fracaso editorial- DC Comics llegó a un acuerdo con la juguetera Kenner para sacar Super Powers, una línea de figuras de acción basada en los personajes de la editorial y donde los personajes creados por Kirby serían devueltos a la vida ficcional.

Las razones, que el panteón de villanos de DC Comics le parecía a Kenner que quedaba en evidencia al lado de sus icónicos héroes, por lo que decidieron incluir a Darkseid como una de las figuras clave de la galería de villanos. La inclusión de Darkseid llevó a la colección de figuras a otros personajes clave del panteón de Nuevos Dioses, tales como Mister Miracle, Desaad, Orión o Kalibak. La serie de figuras tuvo su contrapartida en el mundo del cómic y el propio Kirby -que había terminado su contrato con Marvel- se encargó de los lápices de la segunda miniserie, bajo guion de Paul Kupperberg. Pero la guinda del pastel la puso la nueva jefa editorial de DC, Jenette Kahn, permitiendo no solo reeditar los 11 ejemplares de los que constaba Los Nuevos Dioses en una miniserie en formato deluxe de seis números y con una historia nueva del propio Kirby, sino que también le permitieron cerrar el relato en el incipiente formato de novela gráfica, bajo el título de Los perros hambrientos.

El resultado final demostraba que aunque las intenciones de esta nueva DC Comics y de Jack Kirby eran buenas, el tiempo para la obra de Kirby pesaba, al menos en manos de su autor original. Más de una década después de cerrar el primer arco de sus Nuevos Dioses, Kirby ya no era el autor en forma de dicha época. Tampoco el mundo al que miraba Kirby en su alegoría cósmica tenía nada que ver con los primeros años setenta y la frágil salud del autor se veía reflejada en su titubeante arte. Además, este capítulo final volvía a demostrar, en su apresurada conclusión, que hacía falta un arco central que fusionara orgánicamente el primer acto de la historia -los tebeos de los setenta- con este clímax tan descafeinado como entrañable. La creación de Kirby demostraba que todavía tenía mucho que decir. Pero sería de la mano de otros autores…

De Legends a Cosmic Odyssey: Redescubriendo y reinterpretando un clásico maldito

En 1986, DC Comics se había dado un lavado de cara más que necesario. Un año antes había comenzado a publicarse la maxiserie de doce ejemplares Crisis en Tierras Infinitas, el gran macro-evento por el que se medirían el resto de grandes eventos superheroicos a partir de entonces. Una obra escrita por Marv Wolfman y dibujada por George Perez (con el apoyo puntual de Jerry Ordway) que simplificaría y modernizaría un universo que había perdido la partida frente a Marvel. A partir de ahí, un lienzo en blanco que sirvió para entregar algunos de los tebeos más importantes y fundacionales del tebeo de superhéroes contemporáneo.

Sentadas las bases del nuevo universo DC con figuras, obras y autores tan importantes como Superman: El Hombre de Acero de John Byrne o Batman: El regreso del Señor de la Noche y Batman: Año Uno de Frank Miller (con David Mazuchelli en la segunda), una nueva legión de rebooteados héroes y supergrupos esperaban su oportunidad. Preparándose en la trastienda la reinvención de Wonder Woman de George Perez, la nueva Liga de la Justicia Internacional de Keith Giffen y J.M.deMatteis o una reinterpretación de uno de los supergrupos más oscuros de la Silver Age de la editorial, el Escuadrón Suicida de John Ostrander y Luke McDonnell, hacía falta una nueva serie evento que los presentara en sociedad. Ese tebeo sería Legends.

Heredera editorial pero no espiritual de Crisis, Legends era justo todo lo contrario a la obra magna de Wolfman y Perez. Si Crisis era cósmica y monumental, Legends era personal y terrenal. Si en Crisis la amenaza era física y global, en Legends era espiritual y local. El punto de partida: un charlatán con un discurso incendiario de odio culpa a los héroes enmascarados de la violencia del mundo contemporáneo. Ayudado por fuerzas arcanas, manipula la realidad y a la opinión pública para destruir a los pristinos héroes de la editorial. Dicho charlatán es G. Glorius Godfrey, natural de Apokolips que gracias a la ecuación de la antivida (ese concepto tan maravilloso creado por Kirby que sirve como elemento del mal, tanto terrenal como metafísico) y el apoyo de Darkseid y sus perros de la guerra, servirán para introducir por la puerta grande a una nueva generación de lectores los conceptos creados por Kirby hace más de una década.

La diferencia con el concepto original es que el guionista John Ostrander y el dibujante John Byrne dejaron de lado los conceptos más ambiguos y psicodélicos del original para convertir a Darkseid de émulo de la era Nixon y fuerza represora de los movimientos de izquierdas de los setenta en una figura autoritaria más cercana a la represión del nazismo, un Adolf Hitler para la era Reagan. La ecuación de la antivida, que en la versión Kirby era un instrumento para conformar una mente colmena adormecida, en manos de Ostrander es una herramienta para la crispación social salida del manual básico del fascismo.

En manos de Byrne, Darkseid se convirtió en una figura fundamental para los lectores de los ochenta, un verdadero fan favourite de la década, que de nuevo hacía patente la convergencia entre el villano creado por Kirby y su émulo en la pantalla grande, el posterior Darth Vader de la saga galáctica de George Lucas. A su vez, Byrne en solitario, pero dentro de las publicaciones periféricas a Legends -en concreto, tres ejemplares de las tres series de Superman publicadas en dicho momento (Superman, Action Comics y Adventures of Superman)- desarrolló y recreó gráficamente el mundo y los conceptos del Apokolips de Kirby, trayendo de vuelta a personajes tan fundamentales de su etapa como Lightray, Orion, Desaad o la Abuelita Bondad.

El éxito de la propuesta hizo que antes de que terminara la década, el Cuarto Mundo de Jack Kirby apareciera en una infinidad de series regulares y proyectos especiales de la editorial. Ya fuera desde un punto de vista cómico en la JLI de Giffen y DeMatteis (donde Mister Miracle, Big Barda y Oberón tenían un peso fundamental) en la saga en dos partes aparecida en los números 20 y 21 de la serie (1988); como precursora del grim and gritty de los noventa en Apokolips Now, publicada en los números 33 al 36 de Escuadrón Suicida (1989); o desde un punto de vista tan deconstruccionista como fiel al espíritu de la obra original en el final de la etapa de La Cosa del Pantano de Alan Moore (Swamp Thing 62, 1987) y que abriría el camino de las futuras reinterpretaciones de la obra de Kirby de manos de Grant Morrison y Tom King

Pero el trabajo más recordado de esta primera tanda de revisitaciones del Cuarto Mundo fue la miniserie de cuatro números en formato prestigio titulada Cosmic Odyssey (1989) escrita por Jim Starlin y dibujada por Mike Mignola. Starlin, heredero lisérgico en los setenta del tono más cósmico del Kirby maduro, entrega un estimable trabajo que recupera además de a los sospechosos habituales (Darkseid, Highfather, Orion y Lightray) a Forager, representante de las clases bajas en el Apokolips original. Starlin es el primero que elabora una mirada crítica hacia el supuesto lado bueno de la balanza, algo que llevará hasta las últimas consecuencias el guionista Tom King. Pero si hay algo que hace destacar Cosmic Odyssey es la posibilidad de ver representado el universo de Kirby y a parte de la plana mayor de DC en manos de Mike Mignola, en uno de sus escasos trabajos previos a su explosión como artista con su Hellboy, pocos años después.

Grant Morrison: el heredero directo

Grant Morrison nunca ha ocultado su fascinación por la prodigiosa y libre imaginación de Jack Kirby. Pero hasta pasada una década de su llegada a DC Comics, no se atrevió a jugar con el universo y los conceptos creados por el Rey. Su primera aproximación a los mismos fue en su etapa al frente de la JLA (1997-2000). Una obra que traía de vuelta el sense of wonder a los tebeos de superhéroes. Un tebeo over the top, de conceptos amplios y grandilocuentes, al que le venía como anillo al dedo el trabajo y el universo de Kirby. Esto ocurrió en la saga titulada La roca de los tiempos. Un relato en seis partes aparecido entre los números 11 al 16 de la JLA, donde Morrison fusionó sus teorías acerca del control mental, los estados de conciencia alterados y el control de las estructuras de poder -ya vislumbrado en su Doom Patrol o en Los Invisibles– con el universo de Darkseid y cía. 

Pero además, sabiendo que está en un tebeo de superhéroes épico y mainstream, amplió y reconvirtió la mitología del universo DC, fusionando los conceptos de dos universos en apariencia tan alejados como el de Shazam y El Cuarto Mundo. También para finalizar su etapa al frente de la JLA, Morrison se sirvió de los personajes y los conceptos del Cuarto Mundo para World War III, la saga en seis partes aparecida entre los números 36 y 41 de la serie. Una obra que introdujo a Morrison, la JLA y el universo de Kirby en la primera década del nuevo siglo, lugar donde Morrison entregaría sus trabajos más memorables en honor al maestro: Los Siete Soldados de la Victoria y Crisis Final.

Los Siete Soldados de la Victoria fue el proyecto con la libertad creativa que habría deseado Kirby cuando llegó a DC Comics en los años setenta. Heredera espiritual del concepto de El Cuarto Mundo -siete miniseries tan independientes como complementarias de un inmenso tapiz, precedidas de un especial de inicio y uno de cierre- donde Morrison recupera y reinterpreta tanto personajes de El Cuarto Mundo kyrbiesco -Mister Miracle, Darkseid, las Female Furies, la ecuación de la antivida- como personajes de todas las épocas del autor -Klarion el niño brujo, la Newsboy Legion- y oscuros y olvidados personajes del pasado del tebeo popular americano y anglosajón reinterpretados -Doc Frankenstein, The Bulleteer, Shining Knight, The Manhattan Guardian- junto a personajes más instaurados en el imaginario popular como Zatanna.

La idea detrás del proyecto era idéntica al planteamiento inicial de Kirby con El Cuarto Mundo. Un crisol de relatos, de géneros, de estilos, que conjuntamente conformaban un todo más grande y sugerente que las partes independientes. La diferencia, que Morrison imbuía a su grandilocuente relato de todas y cada una de las obsesiones que había ido desarrollando en tebeos precedentes como Los Invisibles o El Asco, acerca de la percepción de la realidad, las fuerzas oscuras del pensamiento único y limitador que impedían el desarrollo de la humanidad y la creatividad. Un relato repleto de capas de múltiples tonalidades y texturas que desborda amor por el medio y del que Jack Kirby estaría orgulloso.

Si Los Siete Soldados de la Victoria era un nuevo paso en la instauración de tebeos más subversivos y experimentales en las tripas del mainstream -como ya había hecho Morrison con su pasada JLA o sus Nuevos X-Men para Marvel- Crisis Final (2007), el supuesto cierre de la trilogía de las Crisis del universo DC, fue su canto del cisne y un virus dentro del sistema del evento comercial basado en la multiplicidad de crossovers. Morrison sitúa el centro de la mirada en Darkseid, Apokolips y El Cuarto Mundo, convirtiéndoles en metáforas de todos los males del neoliberalismo especulativo del comic book americano contemporáneo.

Morrison juega con las mismas armas que Kirby tres décadas antes. Aparentando doblegarse a un proyecto puramente mercantil, introduce la semilla de la revolución en la saga más experimental que se pueda encontrar tanto en Marvel como DC. Porque aunque parezca que los protagonistas de la función sean los superventas Batman, Superman o Wonder Woman -que por supuesto tienen una participación importante- Morrison sitúa en primera fila no solo a El Cuarto Mundo kirbyano, convirtiendo a Darkseid y a la ecuación de la antivida en una pesadilla nihilísticamente incomprensible, sino que transforma el Universo DC en un satélite conformado por todas y cada una de las creaciones de Kirby.

Vulgarizando y explotando el concepto

Si en 1986 DC comenzó una nueva andadura, un rebooteo del sistema tras sus Crisis en Tierras Infinitas, en 2011 creyó que también era una buena idea simplificar y modernizar su longevo universo de ficción para un nuevo público. El fallido experimento fue bautizado como Los Nuevos 52. La serie regular que abría fuego en dicha línea fue Justice League, con un equipo creativo de probado impacto comercial: Geoff Johns a los guiones y Jim Lee a los lápices. Y al igual que en Legends, que dio pistoletazo de salida al nuevo universo DC, la figura que uniría y conformaría esta nueva iteración de los personajes sería el villano Darkseid. Todo ello en los seis primeros ejemplares de Justice League (2011-2012)

La diferencia, que aquí Darkseid y su Apokolips no serviría como alegoría del fascismo como en Legends o como metáfora de la asfixia creativa fruto de la especulación neoliberal del mercado del cómic americano como en los trabajos de Grant Morrison. La idea de un Johns ahogado por la efectista y vacua espectacularidad del dibujante Jim Lee era mucho más burda: convertir a Darkseid y su entorno en meras action figures espectacularizadas, salidas del peor tebeo de los noventa, de los que provenía el propio Lee. Un vacuo fuego de artificio repleto de splash pages espectacularmente redundantes que le abrieron camino al también vacuo y desubicado Zack Snyder en sus reinterpretaciones cinematográficas de los personajes de DC Comics, donde El Cuarto Mundo iba a ser parte fundamental del fallido y cancelado snyderverso.

Mucho mejor parada salió la segunda incursión de Geoff Johns -esta vez sin la losa creativa de Jim Lee- en El Cuarto Mundo kyrbiano. Dicho relato, titulado The Darkseid War, apareció publicado en los ejemplares finales de la etapa de Johns al frente de Justice League, en concreto entre los números 40 y 50 (2015-16). Si Johns miró erróneamente a los tebeos de los noventa para su primera aproximación a El Cuarto Mundo, desvirtuándolos en el proceso, aquí fija la mirada en los tebeos de Morrison de su etapa de la JLA, e incluso a conceptos desarrollados por Moore en La Cosa del Pantano. Por supuesto, sin la causticidad y arrojo de Morrison y Moore, conservadurizando los mismos, pero eso sí, entregando un tebeo de superhéroes clásico que se lee con verdadero disfrute y que a su vez, consigue hacer evolucionar la cosmogonía y mitología del Universo DC, solidificando ya definitivamente los conceptos de Kirby en el mainstream.

Miradas nostálgicas

En paralelo a todos estas aproximaciones a los mitos de Kirby, DC Comics, tras el éxito de Cosmic Odyssey, decidió publicar nuevas series regulares de Jóvenes Eternos, Los Nuevos Dioses y Mister Miracle, que continuaban el relato allí donde lo había dejado Jack Kirby. Tebeos convencionalmente correctos, realizados por artesanos del medio como J. M. De Matteis, Paris Cullins, Mark Evanier, Doug Moench o Len Wein. Pero ninguna de ellas dejó poso, modificó o reinterpretó los atrevidos conceptos de Kirby. Ya en los noventa y primeros dosmiles, autores de la talla de John Byrne y Walter Simonson -eso sí, en una etapa otoñal de su carrera- devolvieron cierto interés a este universo con sus series regulares dedicadas a Los Nuevos Dioses y Orion respectivamente.

Ya en 2017, en el centésimo aniversario del nacimiento de Jack Kirby, nuevos trabajos rindieron homenaje a las creaciones del inmortal autor. Una serie de seis one shots aparecieron a lo largo de agosto de 2017, que rendían pleitesía a creaciones del autor desarrolladas tanto en la Golden Age como en la Bronze Age. Por supuesto, El Cuarto Mundo ocupó un lugar central en dicho homenaje con especiales dedicados a Darkseid, de la mano de Mark Evanier y Scott Kolins, The Black Racer por Reginald Hudlin y Denys Cowan y The New Gods por Shane Davis.

Más atrevida e interesante fue la aproximación a los mitos de El Cuarto Mundo de Bug: The Adventures of Forager. Una miniserie de seis números aparecida bajo el sello Young Animal de DC Comics entre 2017 y 2018, de la mano de Michael Allred y familia. Allred, cuyo estilo formal y tonal bebe sin tapujos de la experimentación gráfica y las formas de Jack Kirby, introduce a las audiencias del siglo XXI en la fascinante locura de la imaginación desatada de Kirby a partir de Forager, un ser que servía para representar la lucha de clases en la estamental sociedad de Nueva Génesis, repasando el legado de Kirby y su inmensa capacidad creativa, en un tebeo tan lisérgico como lúdico y respetuoso con el material al que rinde homenaje.

Homenaje y demolición del mito

Para finalizar y coincidiendo con el centenario aniversario del nacimiento de Jack Kirby, DC Comics estrenó una miniserie de doce números centrada en Mister Miracle (2017-2018), guionizada por Tom King y dibujada por Mitch Gerards, el equipo creativo detrás de El Sheriff de Babilonia (2016). Posiblemente, el tebeo de DC Comics más importante, interesante, revolucionario y visionario que DC ha editado a lo largo del nuevo siglo. Una mirada crepuscular, demoledora y brillante a la depresión y a la fractura de lo real, que se sirve de los conceptos y personajes de la obra de Kirby para entregar un tratado subversivo acerca de los mitos de papel y tinta, los peligros de las masculinidades tóxicas y el heroísmo inconsciente, que homenajea y deconstruye, alaba y desmitifica al mismo tiempo, no solo al universo creado por Jack Kirby, sino al tebeo de superhéroes en su conjunto. 

Seguro que se quedan cosas en el tintero. Trabajos, apariciones de personajes o temáticas de la obra de Kirby en un sinfín de publicaciones no solo de DC Comics, sino del conjunto del tebeo contemporáneo. Pero lo que seguro que se puede concluir es que sin Jack Kirby, el tebeo de superhéroes sería un lugar mucho más aburrido y mucho menos atrevido. Y también que si Jack Kirby puede ver, allá donde esté, cómo una obra tan amada como fracasada en el momento de su publicación original ha crecido, evolucionado e influido a un sinfín de obras y autores que le rinden pleitesía, homenaje y admiración, habrá esbozado una amplia sonrisa.

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