‘Narcos’ y la muerte de Pablo Escobar: ¿basado en hechos reales?

Netflix lo ha vuelto a hacer y ya estamos demasiado curtidos como para sorprendernos. La segunda temporada de Narcos es tan adictiva y entretenida como la primera a pesar de los esfuerzos de la cadena por utilizar siempre las peores cartas. Netflix lo hace bien incluso cuando se equivoca. Larga vida a la plataforma (que no le pase como a Pablo Escobar).

Ojo: este artículo contiene spoilers de diversa consideracion.

Narcos (2015-) comienza su primera temporada hablándote del realismo mágico y con esa misma idea cierra la segunda. Como nos dice el agente Murphy en su voz en off, el realismo mágico es una corriente literaria que sólo podría haber nacido en Colombia, lo mismo que Pablo Escobar.

En un ejercicio de metaficción, Murphy podría haber incluido la serie que protagoniza como ejemplo del movimiento. El hecho de que Narcos funcione -y lo haga tan bien- parece algo irreal, teniendo en cuenta las decisiones tomadas por los showrunners. La realidad puso a disposición de Netflix un gran abanico de hechos y personajes complejos que la producción no atina a utilizar y, pese a todo, los espectadores no podemos hacer otra cosa que mirar deleitados.

La muerte de Pablo Escobar

Muchos fueron en internet los que se echaron las manos a la cabeza ante la campaña publicitaria de esta segunda temporada. #QuienMatoAPablo decía el hashtag que Netflix compartía junto con una foto de Wagner Moura. La serie no podía esconder que esta sería la última temporada con Escobar como villano pues la primera terminaba tan sólo 18 meses antes de la fecha de su muerte. Aprovechándose de eso, Netflix ha vendido esta temporada como una cuenta atrás hacia lo inevitable. Como la, por qué no decirlo, dolorosa despedida de un personaje fascinante.

En una época en la que quizás todo se sobreanaliza, son muchos los medios que han criticado Narcos por glorificar la figura de Escobar. No se puede negar que el personaje tiene sus fans pero es que, a pesar de ser un sanguinario asesino, la persona real también contaba con millares de admiradores. Pablo Escobar vende y no es el único asesino de la historia que despierta la curiosidad del público. Podríamos debatir sobre la fascinación humana por la sangre y, mientras tanto, el nombre Escobar seguiría dando dinero, tanto a sus descendientes (que han sacado desde libros y documentales hasta una línea de ropa “solidaria” con frases del narco) como a todo aquel que algún día se cruzara en su camino y saliera con vida.

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Netflix, sin embargo, parece esforzarse esta temporada por dejar clara su opinión contraria a Escobar y cerrar así todo tipo de polémicas. Si ya en los diez primeros episodios el carácter en apariencia distendido y alegre del narco se bajaba de tono para no hacerlo demasiado carismático, en estos capítulos siguientes muchas de las hazañas más gamberras o chulescas son directamente omitidas para evitar la complicidad del público con el asesino de masas.

De la estancia de Pablo en La Catedral se obvian las muchas salidas del narco a los locales de ambiente de Medellín y, en especial, el hecho de que Escobar celebrara el aniversario de su ingreso en prisión cenando con su familia en un reputado restaurante local. Durante lo que en la serie se presenta como unos duros meses de huida y ocultamiento, en la realidad Escobar solía festejar con sus sicarios cercanos rodeados de prostitutas. Quizás lo más llamativo sea la contradicción entre la voz en off, que nos dice que para cuando lo apresaron Escobar había perdido el apoyo popular, y el hecho auténtico de que a su funeral -que acertadamente no se representa en la serie- asistieran más de 25.000 personas.

Si bien no tengo dudas de que Netflix se ha cuidado mucho de glorificar a Escobar, no puedo sino admitir que sí ha romantizado al personaje para intentar alejar muchas otras polémicas. La primera de ellas, la relación de Pablo con una Iglesia Católica que públicamente lo defendió en muchas ocasiones. La segunda, la “afición” de Escobar por las prostitutas adolescentes.

Mientras que el vínculo de Escobar y la Iglesia se puede intuir gracias al personaje de Hermilda Gaviria (la madre de Pablo, que no guarda ninguna relación con la persona real), no hay en la serie otra lectura sobre la vida sexual y amorosa de Escobar más allá de la del profundo amor por su mujer, Tata. Esta relación -que funciona de forma maravillosa en pantalla gracias a la química entre Moura y Paulina Gaitan– es la única concesión que Narcos hace a Escobar. Cambiar una polémica por una siempre beneficiosa historia de amor.

La palabra clave es «inspirada»

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Narcos no se ha cortado en ningún momento de modificar la realidad en favor de una narrativa más fuerte. Estamos en el mundo de la ficción y, como bien sabe la cadena, lo que debe primar es el espectáculo. Sin embargo, lo cierto es que Netflix no siempre ha acertado a la hora escoger las partes a adaptar, dejando fuera historias y personajes (como comentaré más adelante) que podrían haberse convertido en oro en manos de unos guionistas más competentes.

Es fácil intuir que la mayoría de los cambios se deben a decisiones prácticas siempre en favor de la narrativa, porque algunos de ellos se traducen en momentos de alto nivel dramático. Por ejemplo, en la primera temporada Netflix rescataba a Valeria Velez, una presentadora de televisión y amante de Escobar, cuyo personaje resultaba ser un trasunto de la celebrity colombiana Virginia Vallejo. A diferencia de Virginia, que vive felizmente en USA y que ha sacado un libro sobre su relación con Escobar, la ficticia Valeria muere a mano de Los Pepes justo después de ayudar a su antiguo amante a restablecer el ansiado contacto con su familia. En un plano de lo más explicito, vemos como Velez paga en plomo el peso de su relación ante una Tata que parece sentirse cada vez más insegura.

En una historia donde los muertos se cuentan por miles (en 1991 hubo 25.100 asesinados en el país, lo que convirtió a Colombia en la capital mundial del crimen), Narcos necesita personalizar muchas de las muertes para lograr hacernos empatizar y evitar que comencemos a ver los cuerpos como carne necesaria para la historia. Por ejemplo, la novia embarazada de Blackie y Maritza y su hija, igual que la familia que pierde a su hija menor en el atentado con coche bomba de los grandes almacenes, son herramientas que usa la serie para recordarnos que detrás de cada cifra -600 policías muertos, por ejemplo- hay una persona con una historia que, aunque no puede ser contada, no es menos importante que las demás.

For American Eyes Only

El verdadero Steve Murphy

El verdadero Steve Murphy

A la hora de enfrentarse a la historia de Escobar, los showrunners de Narcos entendieron que era mejor contar con un protagonista estadounidense que les ayudara a acercar la serie a la audiencia norteamericana. El escogido fue Steve Murphy, un agente real de la DEA que, sin embargo, no tuvo tanta presencia en la búsqueda de Escobar como la ficción parece sugerir. El verdadero Murphy llegó a Colombia justo 3 días antes de que Pablo ingresara en La Catedral, uniéndose al agente Javier Peña que llevaba desde el 88 trabajando con las autoridades locales.

El hecho de que Murphy no sea un personaje especialmente popular, unido a las críticas que acusaban a la ficción de haber dejado a un lado a personas clave en la historia para centrarse en un “gringo”, explican la menor presencia del personaje en esta segunda temporada. Intentando reconciliarse con el público latinoamericano -el colombiano en especial- la serie repite múltiples veces, por diferentes bocas, la pesada presencia y los muchos intentos de control que el gobierno norteamericano intentó imponer en el país. En esta nueva tanda de episodios se nos explica mejor la cadena de mando y el funcionamiento de las diferentes agencias que el gobierno, primero de Bush y luego de Clinton, desplegaron en la zona.

Javi Peña y Steve Murphy

Javi Peña y Steve Murphy

En esta temporada es Peña -uno de los favoritos del público- el que actúa como representante americano, solo que esta vez, escarmentados por las críticas hacia el exceso de protagonismo yanqui en la historia, Peña actúa sobre todo en las tramas ficticias de la serie. Ni Carrillo (luego hablaremos de este), ni Maritza, ni Judy Moncada son personajes reales (Judy está inspirada en Dolly Moncada, una mujer enviudada por Escobar y que testificó contra él, pero su relación con el cartel de Cali es pura ficción) y la razón por la que aquí se introducen es tanto para hablar sobre las fronteras morales (los dos primeros), como para preparar las siguientes temporadas. De esta forma, Narcos establece una clara línea entre las tramas más personales (los problemas familiares de Murphy, la relación con las mujeres de Peña y las dudas morales de ambos) protagonizadas por los personajes americanos, y las tramas basadas en hechos reales sobre la búsqueda y detención de Escobar.

A pesar de todo esto y del éxito global de la ficción, Narcos no ha dejado de ser ni por un momento un producto pensado para Estados Unidos, y ejemplos de esto son tanto la mala calidad de los diálogos en español, como el pésimo tratamiento del audio (y no el acento, como se dice muchas veces) que no está en inglés, lo que hace que muchas veces los hispanohablantes tengamos verdaderas dificultades para entender lo que los actores están diciendo, en especial si la escena está grabada como un plano largo.

El héroe olvidado

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Aunque la mayoría de los cambios que el guión hace con respecto a la historia real son más o menos comprensibles dentro del contexto de la serie, el tratamiento del Coronel Hugo Martinez en las dos temporadas se revela como una oportunidad perdida para construir un personaje tan interesante, o más, que el de Escobar. Hugo Martinez fue el policía encargado de dirigir el bloque de búsqueda, la sección policial creada por el presidente Gaviria (y USA) expresamente para buscar a Pablo. Antes de eso, Martinez había trabajado con tanto ahínco contra el narcotráfico en Medellín que Escobar lo consideraba un oponente directo y lo identificaba de forma expresa como un antagonista mucho más temible que el resto de la policía colombiana.

En la primera temporada, Martinez, como personaje, está ausente, siendo reemplazado por un ficticio Horacio Carrillo que, a pesar de sus escasas apariciones, se convirtió con rapidez en uno de los personajes más interesantes y mejor valorados de Narcos. Carrillo y el Martinez de carne y hueso comparten muchas más cosas que su puesto en las fuerzas de seguridad (y su parecido físico).

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La captura de de Escobar era tan importante y personal para Martinez como lo es para Carrillo, y Pablo estaba tan pendiente de él como se ve en la ficción. La familia real de Martinez tuvo que enfrentarse a múltiples intentos de atentados, uno de ellos con un coche bomba que se produjo justo a las puertas de la embajada de Colombia en Madrid, donde Martinez fue enviado como medida de protección.

Sin embargo, por algún motivo, la segunda temporada de la serie decidió traer a Hugo Martinez como personaje, por lo que Carrillo -y todo lo que se había construido con él- debía ser eliminado, decisión que, en mi opinión, perjudica a la ficción. Carrillo era “uno de los buenos” pero compartía metodología con “los malos”. El antagonista del antagonista, la pesadilla del villano. Todo este concepto tan apetecible se cierra en el cuarto capítulo con la muerte del personaje, que es reemplazado con presteza por, ahora sí, un Hugo Martinez bastante descafeinado y del que no se saca demasiado partido.

Sus compañeros lo describían como serio y metódico, alto y delgado (lo apodaron El Flaco) y esto es lo único que Netflix parece estar interesado en contar sobre uno de los máximos artífices de la captura de Escobar. El hombre que rechazó 6 millones de dólares, ofendiendo al narcotraficante más peligroso del mundo, queda en la serie en un segundo plano y su papel en la captura se percibe anecdótico y poco dibujado.

Por suerte, el otro hombre imprescindible en la captura de Escobar sí tiene su justo reconocimiento en la ficción. La presencia del brigada Hugo Martinez -hijo del coronel- y su trabajo en el equipo de comunicaciones se adaptan con bastante fidelidad, incluyendo incluso el hecho de que fuera este preciso policía el que viera a Pablo hablando por teléfono con su hijo el día siguiente a su cumpleaños. Aunque podría haberse aprovechado la realidad de manera más épica, al final Netflix sí que adapta una de las anécdotas más curiosas de la historia. El hecho de que sea el hijo del máximo encargado de buscar a Escobar el que termine encontrándolo a causa, precisamente, de la debilidad del narco hacia el suyo propio.

Un futuro en Cali

Murphy (derecha) y Peña (centro) junto con el cadáver de Escobar

Murphy (izquierda) y Peña (centro) junto con el cadáver de Escobar

El éxito de público, crítica y repercusión general de la segunda temporada de Narcos era algo esperable para la cadena, que lejos de dejar la serie cerrada con la muerte de Escobar y esperar para abrir tramas en la que sería la tercera temporada, aprovecha que ya conocemos al cartel de Cali para entregarnos pistas sobre por dónde irán los tiros —nunca mejor dicho— en las dos temporadas que están por venir.

Según deja claro el último capítulo de la segunda temporada, el próximo arco argumental se centrará en el cartel de Cali y estará protagonizado por un Javier Peña convertido totalmente en personaje de ficción (el auténtico Peña no tuvo relación alguna con Cali y, desde luego, estuvo presente el día de la captura y muerte de Escobar). ¿Conseguirá el carisma de Pedro Pascal que nos olvidemos de un personaje tan potente como el de Escobar? Mejor no pensar demasiado en esto. Aún nos queda un largo año antes de averiguarlo.

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