¡Que no es un disfraz, es recreación histórica!

Cada vez son más las personas en nuestro país que se acercan con curiosidad al mundo de la recreación, atraídas por la experiencia de vivir de una manera más auténtica la Historia gracias a esta alternativa de ocio. ¿Pero en qué consiste exactamente esta afición? ¿Cómo puede entrar uno a formar parte de este hobby? Todos estos temas trataremos a continuación, sin olvidarnos de aquellos aspectos negativos que conviene tener presentes si se está interesado en empezar a recrear.

Es un sábado cualquiera de otoño, el sol empieza a asomar entre las nubes pero el vaho sale de nuestras bocas y la hierba bajo nuestros pies sigue húmeda. El cuero de mis zapatos me mantiene aislada de la humedad y la falda de lino grueso que cubre mis piernas me protege del frío. Quizás la capa que he dejado en el maletero del coche no me vendría nada mal ahora mismo. Empezamos a andar y nos adentramos un poco más en el terreno, un campo rodeado de árboles en el que, a lo lejos, divisamos el humo que señala el lugar en el que debe encontrarse una hoguera. Avanzamos un poco más y distinguimos unas tiendas de campaña de color blanco formando un campamento, en el que mujeres con faldas y vestidos largos como el mío, y hombres portando capas y pequeños cuchillos en el cinto, campan por el terreno mientras algún perrete trota feliz entre todo el barullo. Parece que hemos llegado al evento.




Y no, no nos encontramos ante un grupo de chalados ni gente con un gusto en moda pésimo. Se trata de un evento privado del grupo de recreación histórica vikinga Mercenarios del tiempo, en el que pasaremos el fin de semana como lo harían unos auténticos nórdicos del S.IX/S.XI.  Pero vayamos por partes y conozcamos un poco más en qué consiste este apasionante hobby, todavía un gran desconocido.

Qué es la recreación histórica

Se puede definir esta afición como una “actividad cuyo objetivo es evocar, con el mayor grado de fidelidad posible, la indumentaria y la cultura material de un momento del pasado”. Se trata, por tanto, de elegir un momento de la Historia e intentar revivirlo en la actualidad, tanto a nivel individual -vestir, actuar, comer, construir o divertirse tal y como lo harían las personas que vivieron ese periodo histórico concreto– como a nivel colectivo, creando una ambientación propicia para tal fin, como podría ser la fabricación de tiendas para el campamento, mesas, armas o utensilios.

La piedra angular de la recreación es que implica un grado de fidelidad y rigor histórico muy alto, por lo que no se trataría simplemente de ponerse un disfraz cualquiera y empezar a dar mandobles a diestro y siniestro con una espada. Para que fuera recreación, la espada tendría que estar hecha de una determinada forma para adaptarse al periodo que hayamos elegido, al igual que los patrones y materiales de la indumentaria. Por eso es mejor no decirle nunca a un recreador que va disfrazado, ya que esta afición acarrea otras muchas perspectivas.

Pero revivir una época pasada no es algo tan novedoso como podría parecer. En el Imperio Romano ya encontramos cierto gusto por evocar momentos del pasado con la celebración de las naumaquias, representaciones de batallas navales famosas muy populares entre el público, o más adelante en el tiempo, ciertos torneos en la Edad Media que se realizaban precisamente con temática romana. Pero hay más ejemplos incluso dentro de nuestras fronteras, como por ejemplo el Rey Felipe IV organizando batallas ficticias de antiguos enfrentamientos entre cristianos y musulmanes en el estanque del Retiro y la Casa de Campo durante el Siglo XVII. Aunque estos eventos tuvieron que ser todo un espectáculo en su época, de rigor histórico tenían más bien poco, por lo que los orígenes de la recreación histórica como la entendemos actualmente los encontramos a finales de los años setenta, con la aparición de asociaciones de recreación del periodo napoleónico en Inglaterra.

En nuestro país tuvimos que esperar hasta el S.XXI para que surgieran los primeros grupos de recreadores, aunque la base de esta afición la encontramos claramente en las distintas fiestas populares que se celebran por todo el país -como las de Moros y Cristianos en Alicante-, y el uso de trajes tradicionales. Al igual ocurriría con los famosos mercadillos medievales recorren España  –que de medieval en general tienen poco– donde más que una recreación hay un intento de aproximarse a esa época.

Si hablamos de los diferentes tipos de recreaciones que existen, por un lado se encuentra la recreación militar, basada en simulaciones de combates o batallas; la recreación civil, que abarcaría todo aquello que tiene que ver con la vida en ese periodo, desde las canciones y danzas, hasta la fabricación de objetos o la vida en un campamento; y por último, la divulgación histórica, que se centraría en explicar e informar al público sobre esa época mediante charlas o talleres. Lo más normal es que los eventos combinen todos los tipos, ya que por ejemplo una parte del grupo puede estar recreando una batalla y otra parte se puede quedar en el campamento o hablando con los asistentes.

Pero además de por el contenido, los eventos se pueden clasificar en públicos o privados según el tipo de organización. Los eventos públicos están organizados por un ayuntamiento o por alguna entidad de esta índole y son abiertos a todo el mundo. Un ejemplo de este tipo sería la romería vikinga de Catoira, localidad gallega en la que cada año se recrea la invasión vikinga de sus costas en el siglo IX y X.

La romería vikinga de Catoira.

Por otro lado también existen dos tipos de eventos privados. Los hay que están organizados por una asociación o grupo en la que solo puedes ir a recrear por invitación o permiso de la organización, pero cualquier persona puede ir a verlo ya que es abierto al público. Siguiendo con la temática vikinga, un ejemplo sería La Hispania de los vikingos, basado en las invasiones vikingas contra los reinos del norte. En contraposición, también existen los eventos privados que organiza una asociación en un sitio particular sin presencia de público y acceso solo por invitación.

La diferencia entre los tres tipos residiría principalmente en el grado de implicación y rigor. En un evento público en el que cualquiera puede participar el rigor histórico no siempre es respetado y por eso se pueden ver indumentarias que no corresponden al periodo o que son demasiado cinematográficas, como sucede en el evento de Catoira. Si hablamos de un evento privado con presencia de público, las normas se endurecerían un poco más, no solo en el tema vestimenta, también en cuidar que nadie saque un móvil o se encienda un cigarro en medio del evento, ya que hace que se pierda parte de la ambientación que se quiere conseguir. Mientras, los eventos privados sin público son más laxos ya que solo acuden recreadores.

Cómo empezar a recrear

El primer paso para empezar a recrear es elegir un periodo histórico, una elección con una variedad de opciones tan amplia como la Historia misma, aunque es cierto que hay ciertos momentos de la Historia más populares que otros y que captan más adeptos. En general, Roma es uno de los periodos más elegidos entre los europeos, al igual que la Alta Edad Media, las Guerras Napoleónicas o la Segunda Guerra Mundial. En Estados Unidos la Guerra de Secesión es la protagonista por goleada, mientras que en Japón, por ejemplo, existe un especial interés por el periodo Edo.

Una vez elegido el periodo, el segundo paso es contactar con una asociación, ya que como hemos comentado anteriormente, la recreación histórica está organizada por grupos o asociaciones. Ellos son los encargados de explicarte qué tienes que hacer para unirte, sobre todo en cuanto a vestimenta y equipamiento básico para acudir a un evento. Aquí es donde encontramos la primera dificultad que echa para atrás a muchas personas que quieren animarse a probar el hobby, ya que si en deportes como el tenis necesitas por narices una raqueta, aquí tienes que tener como mínimo una vestimenta básica para poder empezar.

Hay dos opciones: comprar telas, buscar patrones y coser la indumentaria por ti mismo –obviamente con la ayuda de la organización para ver qué patrones son los correctos o qué telas son históricas– o si lo tuyo no es coser, la segunda opción es comprarlo a un artesano. Obviamente la primera opción es la más asequible, ya que comprarlo hecho supone un desembolso de dinero, como podemos ver por ejemplo en esta web online que se dedica a vender equipamiento vikingo. Una vez que te enganchas al hobby querrás ir yendo cada vez más adecuado e irás complementando el vestuario, pero siempre lo que resulta más caro son las armaduras o cotas de malla y las armas, ya que la gente no suele tener a mano una fragua para hacerlas en casa.

¿Pero me voy a gastar el dinero en probar un hobby que ni siquiera sé si me va a gustar? Muchas asociaciones toman medidas para prestar vestuario a las personas que estén interesadas, por ejemplo mediante la creación de fondos de armario, donde socios veteranos o en activo prestan parte de su equipo para la gente nueva. Pero cada asociación es diferente, siendo esta política más común en periodos que recrean medieval, tercios o napoleónico, ya que este vestuario es más barato que, por ejemplo, el de II Guerra Mundial.

Lo que sí que se hace en todas las épocas es dejar equipamiento que te sobra. Si tienes un porta municiones antiguo que no usas se los dejas a un persona nueva hasta que se haga con uno. “Hay gente que es más reacia a dejar sus cosas (…) pero la mayoría de la gente no tienen problemas en prestar parte de su equipo a alguien que está empezado y a quien se le ven ganas”, tal y como nos explica un recreador veterano. Otra medida para ayudar a la gente que está empezando es la de organizar talleres para crear piezas en conjunto. Pero una vez más, esta práctica se ve más en épocas más antiguas como tercios o medievo, ya que a partir de napoleónico empieza a haber reproducciones asequibles de buena calidad y muchas veces puede salir más barato comprar una reproducción que hacértela tú mismo.

También es importante mencionar que en muchas asociaciones, para evitar que la gente con más poder adquisitivo pueda lucir los mejores trajes, se sigue un sistema de méritos. Por este método, todos los participantes principiantes empiezan con un rol básico de campesino y si ayudan en la organización, en los talleres, a la hora de cocinar, hacer bancos, etc. pueden presentar su candidatura para optar a un puesto mejor –cazador, carpintero, cocinero, etc. – y todos los miembros del grupo lo tienen que aprobar. Así esa persona “asciende” y puede llevar ropas de un rol más completo, como hacen por ejemplo en la asociación Ulf Klan.

El lado oscuro de la recreación

Como hemos explicado anteriormente, la base de esta afición reside en su rigor histórico, y es precisamente este aspecto el que llevado al extremo se convierte en uno de los principales problemas que acarrea el hobby. Esto ha dado lugar al famoso conflicto entre puristas contra farbs, término despectivo usado en recreación para referirse a aquellas personas que no ajustan su vestuario a la perfección con la época a recrear. Su origen puede provenir de las siglas de “far be it from the truth” (“lejos de la verdad”) o “Fast And Researchless Buying” (“comprado rápidamente y sin investigación”), pudiendo ser utilizada contra varios tipos de recreadores.

En primer lugar están aquellas personas despistadas que no se dan cuenta o no se fijan en que no han comprado correctamente para la época que recrean –aquí también puede entrar en juego el factor de vendedores que malvenden material incorrecto– o que son nuevos y todavía están aprendiendo. Pero que nadie se asuste, todos los recreadores han sido primerizos y saben perfectamente que al comienzo es muy difícil adaptarse y saber dónde buscar información o comprar el material adecuado. “A ese tipo de farbs lo que se hace es ayudarlos. Se les escribe, se les habla, la mayoría de las veces en privado por Facebook, Whatsapp o en el mismo evento apartarlo un momento y darle consejos”, nos cuenta el veterano

Pero existen otros tipos de farbs que ya no se ven con tan buenos ojos, como aquellos a los que el rigor les da igual y van a lo más barato aunque no sea lo correcto, y los recreadores veteranos que llevan años metidos en recreación pero siguen vistiendo mal, son conscientes de ello y promulgan el hacerlo así. Aquí entra en acción el conflicto con los puristas, muy arraigado en las comunidades anglosajonas y que muchas veces deriva en acoso a este tipo de recreadores. En nuestro país al ser la recreación algo tan nuevo, este problema no está tan extendido pero no quiere decir que no exista. Algunos recreadores confiesan ese acoso, especialmente dirigido a esos farbs veteranos que se niegan a vestir de manera adecuada: “Yo si he acosado a ese tipo de farbs que se niega a invertir en ir bien y muchas veces son chorradas como colocarse bien el equipo, un bolsillo que va a otro lado, o en vez de comprarte unas botas de goma comprarte unas botas de cuero. Son detalles (…), pero el problema es que los jóvenes que están empezando se fijan en esta gente”.

Unos farbs.

Pero el problema con los puristas y el rigor histórico va mucho más allá, por lo que nada mejor que poner un ejemplo concreto para entenderlo mejor. Queremos recrear II Guerra Mundial pero hay que tener en cuenta que los soldados en aquel entonces eran por lo general atléticos, delgados y más bien jóvenes. Por lo tanto, ¿una persona con sobrepeso o con cierta edad podría recrearlo sin problemas? La respuesta: “Si tú recreas una élite paracaidista no puedes tener setenta años y estar gordo. A efectos prácticos de la palabra recreación lo que se busca es parecerse o asemejarse o replicar lo más posible a lo que se intenta recrear, tanto en aspecto como en indumentaria. Yo nunca me he metido con nadie con sobrepeso ni con edad, pero si he hecho comentarios a gente ya mayor del tipo ‘oye, que no puedes recrear juventudes hitlerianas con setenta años, métete a recrear milicias del pueblo y te quedará un personaje mucho más real’. Se critica con lógica, no con discriminación.

Por lo tanto, tu constitución física y tu edad sí que te podrían impedir acceder a muchos roles, convirtiendo temas tan importantes como el peso o la edad en motivo de discriminación. Volvemos a repetir que ese problema en el mundo anglosajón está más extendido, donde incluso podemos encontrar blogs que nos hablan de lo bueno que es perder peso para que otros recreadores no se metan contigo.

Farbs de edad provecta.

Pero si existe cierta discriminación por motivos físicos ¿qué pasa con las mujeres recreadoras? Aquí el tema también es candente, ya que entra en acción un punto tan importante como es el machismo histórico inherente en todos los periodos de la Historia de la humanidad. A día de hoy el conflicto se esquiva de dos maneras distintas: “Si una mujer quiere recrear, o bien hace rol de mujer -quedarse en el campamento a cuidar niños, hacer la comida o labores de enfermería- o se tienen que travestir recogiéndose el pelo, ensuciándose la cara y ocultando sus atributos femeninos para intentar pasar como un hombre”.

Pero recrear un rol masculino puede ser más fácil en unos periodos que en otros, ya que, por ejemplo, en la época medieval todos los soldados llevan armaduras con cascos y el género da bastante igual debajo de todo el equipamiento. Pero si se recrea la II Guerra Mundial “o te travistes bien o directamente se te pide que vayas de enfermera, más que nada porque no hubo mujeres combatientes en la IIGM excepto en el frente ruso. En esos temas la mujer sí que se ve discriminada.”

Aunque la presencia femenina en temas militares era bastante escasa, también existieron obviamente excepciones en la Historia. Pero algunos recreadores utilizan esto como excusa para limitar la presencia de mujeres recreando como mujeres, tal y como argumenta el usuario Kinn-Sand en esta web sobre Historia, alegando que aunque la reina Boudica existió de verdad fue un caso aislado y, por tanto, en una recreación no puede haber dieciséis mujeres haciendo de Boudicas.

El debate sigue abierto y todas las posturas tendrán que llegar a un acuerdo sobre si es más importante fomentar la inclusión en el hobby -también respecto a discapacidad física, color de piel, nacionalidad, etc.- o ceñirse con uñas y dientes al rigor, perdiendo aficionados por el camino. La Historia es la que es pero los errores del pasado están para aprender de ellos.

El mercantilismo de la recreación

Con sus luces y sombras, esta afición va consolidándose poco en nuestro país y cada vez son más las personas que la descubren. Pero aunque el objetivo primordial de la recreación es el revivir la Historia desde dentro, muchas veces este fin se desvirtúa y es utilizada para ganar dinero a expensas de los propios recreadores. “Las recreaciones que prosperan son aquellas que se venden como espectáculo y las que tienen fines lucrativos. Montamos un mercado medieval y metemos a estos de recreación para que nos rellenen un poco (…) pero muchos de los eventos que te venden como recreación no dejan de ser un círculo de maniquíes vivos en los que la gente va a tirarte cacahuetes prácticamente. Se deja de lado el rigor histórico para que sea un evento jocoso y festivo. Con el tiempo cansa de que te usen como cebo para que algunos ganen dinero.”

La recreación es mucho más que eso, trata sobre la pertenencia a un grupo en el que se comparte un mismo interés por la Historia, en el que aprendes sobre vestimentas, armas o costumbres de un periodo, a la vez que te diviertes y pasas un rato entretenido haciendo algo que te gusta. Además, la recreación aporta aspectos positivos, sobre todo como herramienta de divulgación histórica. Cada vez son más los museos que introducen Historia en vivo entre sus actividades y los estudios apuntan a que es una buena forma para que los niños se acerquen a la Historia.

Pero también el combate medieval es un deporte que poco a poco va despuntando en nuestro país e incluso una nueva forma de turismo se está empezando a desarrollar basado precisamente en visitar lugares en los que se recrean cada año diferentes momentos del pasado y que cuentan con eventos propios. Por todo esto, la recreación histórica es una afición que merece seguir creciendo y ganando cada vez más adeptos, ya que es una manera divertida de adentrarse en los recovecos del pasado.

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