No pasa nada: no estabas preparado para ‘El Gallindor’

Vivimos una época donde lo genial y lo sublime no se diferencian de la mamarrachada y la ordinariez, algo que por un lado nos mola cantidad, pero que por otra parte puede ser bastante peligroso. Nick DenBoer y Davy Force logran ajustar al límite esos conceptos con su breve remake del clásico de horror de Stanley Kubrick El resplandor.

Menos mal que Stanley Kubrick está muerto” es lo primero que uno piensa en cuanto echa un ojo a The Chickening (2015), un descojonante corto de cinco minutos dirigido por dos colgaos que salen de los departamentos de animación más sórdidos de Toronto y que dedican sus horas de actividad a crear cosas tan bizarras como este remake de El Resplandor (1980) que podríamos bautizar aquí como El Gallindor.

El corto nació como un piloto que los autores pasearon por distintos estudios en busca de financiación para una serie en la que en cada episodio se reharía un clásico del cine. Los previsibles problemas con los derechos de las películas originales arruinó el sueño. Obviamente, esta insensatez es una obra maestra porque, de alguna manera, amplifica todas las sensaciones que nos pasan por la cabeza cada vez que nos aproximamos al clásico original. Digamos que es como ver El Resplandor pasado de peyote después de un viaje de 24 horas en avión sin haber bebido agua.

Pero no se trata del clásico “ponme allá una gallina”, no. El Gallindor está lleno de mensajes encubiertos y chistes a primera, segunda o tercera vista. Y de detalles que hacen que uno vea cortos los tres meses que los autores invirtieron en hacer estos cinco minutos de demencia: la falta de dinero (las gemelas son, en realidad, los cuerpos de los cineastas con las cabezas de las niñas superpuestas, y la aparición final de Jack Nicholson transformado en gallina se rodó usando un… ehm… cadáver real de gallina como si fuera una marioneta) ha impedido que se llegara a la versión inicialmente concebida de veintidós minutos. Veintidós minutos de Gallindor. Qué locura.

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