Novedades Filmin: Oscarizados, oscarizables e imprescindibles

Una vez más, os traemos las últimas novedades de streaming en Filmin: el menú de esta semana trae escándalos periodísticos, amores prohibidos (pero desafiantes), un recuerdo de que Ken Loach fue grande y otro de que Peter Sellers es eterno.

La semana va camino de cumplirse y, como de costumbre, en CANINO tenemos nuestra cita con Filmin, nuestro servicio de streaming favorito. Como siempre, os ofrecemos un surtido de gran cine en el que se dan cita la subversión sexual, los escándalos demasiado reales y las verdades incómodas traídas por la comedia. Ah, y también algún Oscar que otro…

La del Oscar: Spotlight

Spotlight (Tom McCarthy, 2015) Vale, es verdad: a veces, los Oscar inspiran desconfianza, con esos académicos semifósiles, esas nominaciones rancias y esas galas que hieren a la vista. Pero lo que es es lo que hay: Spotlight es una buena película que ha de emocionar a cualquiera que tenga una mínima afinidad con el gremio del periodismo (una buena historia de periodistas es, no lo olvidemos, una buena historia de intriga) o a quienes les interesen casos tan terribles, y reales, como los abusos a menores barridos bajo la alfombra por la Iglesia católica. Y, además, te permite ver juntos a Michael Keaton, Mark Ruffalo, Rachel McAdams Stanley Tucci. Que no es poco.

La del no-Oscar: Carol

Carol (Todd Haynes, 2015) Seis nominaciones (incluyendo dos para sus extraordinarias protagonistas, Cate Blanchett Rooney Mara), y ninguna victoria. Aquí sí que vamos a poner el grito en el cielo, porque lo que hay aquí por Todd Haynes es devoción, y esta es una de sus mejores películas. Insistimos: una de las mejores películas del autor de Veneno, Velvet Goldmine Lejos del cielo, que además adapta una novela de Patricia Highsmith en la cual la creadora de Tom Ripley cedió (por una vez) a su lado humano, presentando una relación entre mujeres en un entorno hostil sin introducir en ella más tragedia que la impuesta por su período histórico. Este filme se merece, con mucha justicia, el adjetivo «romántico».

El clásico: El año que vivimos peligrosamente

El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1983) ¿Otra de periodistas? Pues sí. Pero esta es especial, para empezar porque la dirige el autor de peliculones como Único testigo Master and Commander, adjudicándole el papel protagonista al que entonces era su actor fetiche: aquel Mel Gibson al que el alcohol, la religión y la vesania generalizada no habían convertido aún en una caricatura de sí mismo. Acompañando a ‘Mad Mel’, reportero pardillo arrojado a una guerra civil en Indonesia, tenemos a Sigourney Weaver (majestuosa, para variar) y a Linda Hunt como Billy Kwan, el fotógrafo (sí, el papel es masculino) que todo corresponsal de guerra querría tener a su lado. La actriz, por cierto, se llevó el Oscar.

El Loach que mola: Felices dieciséis

Felices dieciséis (Ken Loach, 2002) Ahora que su Palma de Oro en Cannes ha puesto en pie de guerra a la prensa internacional (nosotros, la verdad, hubiéramos preferido el premio para The Neon Demon), es oportuno recordar que Ken Loach no es sólo un malencarado director de dramas sociales. Y lo hacemos con… un malencarado drama social. Que, a la vez, es una película teen (porque su protagonista, Martin Compston, está en la edad del acné) y un thriller muy meritorio, porque el susodicho protagonista tiene una madre ex presidiaria, está creciendo en Greenock (una ciudad escocesa especialmente chunga) y tiene ante sí la posibilidad de emprender una carrera muy prometedora en el mundo del crimen.

La sátira maligna: Bienvenido Mr. Chance

Bienvenido, Mr. Chance (Hal Ashby, 1979) Vaya, ¿Peter Sellers interpretando a un idiota? Eso no es una novedad… o sí. Porque, en su último filme (que le granjeó una nominación al Oscar), el actor inglés más desquiciado y camaleónico interpretó a su personaje definitivo, aquel con el que más se identificaba: un señor de aptitudes intelectuales muy cuestionables, pero cuya capacidad para soltar topicazos y lugares comunes le convierte en un gurú seguido por la clase alta estadounidense, incluso aspirando al Despacho Oval. Además de una comedia con mucha bilis, de esas que te hielan la sonrisa en la boca, este peliculón supone una de las obras maestras de Hal Ashby (Shampoo, Harold y Maude), seguramente el director más infravalorado del ‘Nuevo Hollywood’ de los 70.

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