[Novedades Filmin] Una tragedia escocesa, nazis putrefactos y el juego de tronos original

Batallas campales, hechicería, malignidades varias... y muertos vivientes bajo cero. Si esperas ansiosamente el regreso de Juego de tronos, estas películas te enseñarán cuatro cosas sobre cómo sobrevivir al horror del medievo (y de la guerra, en general).

Llega el viernes, y una vez más te traemos lo mejorcito del catálogo de Filmin, nuestro servicio de streaming de cabecera. Una selección que, esta vez, nos ha quedado más internacional que de costumbre: como verás a continuación, cada uno de nuestros títulos escogidos te llevará a un rincón diferente del mundo, para exponerte a terrores y espantos de muy diversa índole. Si quieres prepararte para el regreso de Juego de tronos, toma buena nota de estas películas.

La salvajada escocesa: Macbeth

Macbeth (Justin Kurzel, 2015) ¿Hemos dicho «Macbeth»? ¡Horror! Como es bien sabido, los torrentes de mal fario contenidos en esta historia son tan arrolladores que, para evitarlos, es mejor referirse a ella como «la tragedia escocesa», y no darle más vueltas. Advirtamos, eso sí, que el director Justin Kurzel ha devuelto la obra de William Shakespeare a su condición primigenia: la de entretenimiento for the masses lleno de batallas campales, hechicería y truculencia, sin por ello perderle el respeto al Bardo. Michael Fassbender Marion Cotillard, pérfida pareja protagonista, triunfan aquí, y hubieran triunfado igual en la Inglaterra isabelina.

 La tragedia americana: Foxcatcher

Foxcatcher (Bennett Miller, 2014) Hay dramas que, pese a su interés en el conflicto humano (o tal vez debido a él), resultan tan escalofriantes como una historia de terror. Esta historia de claustrofobia, farlopa, homoerotismo soterrado y lucha grecorromana es una de ellas. De hecho, es tan buena que ni se le nota que está basada en una historia real: la del millonario John du Pont (un Steve Carell inmenso) y los hermanos atletas Mark y David Schulz, encarnados respectivamente por Channing Tatum Mark Ruffalo. Cuando llegues al rancho Foxcatcher, te verás envuelto en una espiral de locura de la que te costará salir.

El mal francés: Lacombe Lucien

Lacombe Lucien (Louis Malle, 1974) Eres un chaval de 18 años, y tu vida es más o menos normal: te interesan el dinero, los coches, el sexo (concretamente, las chicas) y también matar judíos, porque estamos en Francia, en 1944, y eres un colaboracionista que trabaja para las tropas nazis de ocupación. Algo que no se debe a tus convicciones, sino a tu oportunismo y al hecho de que estás cabreado porque no te dejaron incorporarte a la Resistencia. Con esta película, protagonizada por el guapísimo Pierre Blaise (que murió en un accidente de coche poco después del estreno), Louis Malle y el guionista Patrick Modiano provocaron un escándalo de aúpa en su país, al recordar hechos vergonzosos (y ciertos) del pasado: hay ciertas llagas en las que nunca se meten suficientes dedos.

La putrefacción noruega: Zombis nazis 2

Zombis nazis 2 (Tommy Wirkola, 2014) Estamos de acuerdo en que Zombis nazis (2009) sacó sobresaliente en una asignatura muy difícil: combinar el terror con las risas. Por raro que parezca, su secuela sube la apuesta en ambos campos y gana, tanto en lo que se refiere al gore como en lo tocante al humor cafre y sin escrúpulos. Los no-muertos del III Reich vuelven a asomar sus feas jetas, esta vez para una blitzkrieg a gran escala, y la única forma de combatirles es… resucitar a soldados del Ejército Rojo. Si esa premisa no te parece lo bastante disparatada, espérate a ver el gag de la silla de ruedas.

El escándalo romano: Yo, Claudio

Yo, Claudio (1976) ¿Pensabas que los personajes de Juego de tronos eran malos e intrigantes? Eso es que no has visto esta serie, luz y guía de todos los shows de tema más o menos histórico desde el momento de su aparición: con un reparto de campanillas, en el que entran Derek Jacobi (el pro-pro-pro-tagonista), John Hurt (un Calígula delirante y homicida), Siân Phillips como la terrorífica Livia BRIAN BLESSED como un Augusto estentóreo, la adaptación de las novelas de Robert Graves se sobrepone a unos medios espartanos, pero suntuosos para la TV de su época, a fin de transmitirnos toda la decadencia de la Roma imperial.

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