[NSFW] Mujeres muy peligrosas: las divas del cómic erótico italiano

Hicieron furor (clandestino) en la España de los ochenta, y aun hoy sus aventuras pueden provocar sonrisas (y otras cosas) en lectores y lectoras. YAGO GARCÍA y JOHN TONES recuerdan a Naga la maga, Ulula, Hessa y otras donne pericolose del cómic que nunca aceptaron ser damiselas en apuros ni meros trozos de carne dibujada. OJO: MATERIAL EXTREMADAMENTE NSFW.

Es posible que muchos de ustedes las conozcan ya. Es más: resulta de lo más probable que en algún rincón de sus domicilios reposen ejemplares de sus aventuras, procedentes de las colecciones de hermanos mayores, tíos, primos o (¡gasp!) incluso padres. Porque, en la España de finales de los setenta y comienzos de los ochenta, aquella en la que la pornografía (legalizada de facto en 1983) no acababa de llegar y los ecos del ‘destape’ y el ‘clasificado S’ aún no se habían extinguido, los tebeos eróticos procedentes de Italia causaron verdadero furor.

Mediante publicaciones como Hembras peligrosas (incorrectísimo título, a la par que eufónico), Odeón, Telefilm prohibido Las profesionales, compañías como Ediciones Actuales y la mismísima Ediciones Zinco aprovecharon la irredenta calentura ibérica para sacarle partido a productos verduscones procedentes del país de la bota. Títulos que, en su mayoría, llevaban el sello original de Edifumetto, proveedora de material de derribo que lo mismo te sacaba el tebeo oficial de Pierino (el personaje habitual del cómico Álvaro Vitali, conocido en España como Jaimito) que una parodia guarrilla de Starsky y Hutch (Sporsky y Hatch: el colmo de la sutileza) e incluso tebeos protagonizados por álter egos dibujados de Cicciolina… y de Raffaella Carrá. Pero también, y sobre todo, infinidad de colecciones con personajes femeninos de buen ver y (atención, porque esto es lo bueno) personalidad en ocasiones muy acusada.

Más allá de la nostalgia que puedan despertar sus páginas amarillentas (es lo que tiene ese papel chungo apodado ‘pulp’ en inglés y, en italiano, ‘fumetto’ ‘giallo’)estos cómics plantean un problema de los gordos. Y no sólo porque llegaran a España mutilados, entre el remontaje de sus páginas y una censura que eliminaba los detalles más explícitos. Por un lado, está claro que sus antiheroínas son fetiches hipersexualizados para consumo del varón salido. Por otro, se salen muchas veces de los arquetipos femeninos habituales en la pornografía (el ama de casa insatisfecha, la colegiala precoz, etcétera) para ofrecer perfiles inquietantes e interesantes, sacados a menudo del cine fantástico o de terror y con un acusado nivel de agencia. Vampiresas, hechiceras, mujeres de negocios, licántropas o incluso científicas locas, estas mujeres follaban porque querían y con quien querían, no dependían de nadie y eran capaces de darle el pasaporte sin pestañear a cualquiera que les faltase al respeto. Algo que, de hecho, hacían a menudo. Mejor les ofrecemos algunos ejemplos para que juzguen ustedes…

Naga la maga

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Cabecera mítica donde las haya.

Conocida en sus ediciones internacionales como Shatane (hermoso nombre) o como Karla en su debut español, esta creación de Leone Frollo fue el personaje estrella de Hembras peligrosas desde el nacimiento de dicha cabecera en 1984. Y dicha primacía le sentaba como un guante (de ópera, bien sûr), porque hablamos nada menos que de la última descendiente de los zares de Rusia.

Discípula de Rasputín, y librada de los sucesos de Ekaterinburgo dados sus poderes, Natasha ‘Naga’ Romanov no tiene ni malditas las ganas de derrocar a los bolcheviques. En parte porque su pensamiento sociopolítico no la invita a ello («Pobre papá, pobre mamá, pobres hermanitos… ¡Pero se lo habían buscado!», es su opinión al respecto), y también porque prefiere darse la vidorra en el París de la Era del Jazz, viviendo aventuras en las que lleva de paquete a un mayordomo llamado Yul. El cual, como habrán imaginado, es calvo y está  cachas.

Lo sicalíptico no quita lo elegante.

Lo sicalíptico no quita lo elegante.

Tan capaz de pilotar un biplano Fokker como de conjurar un falo alado que la libre de sus calenturas, o incluso de transformarse en varón para gozar señoritas, Naga ejemplifica las contradicciones que explicábamos en la introducción. Si bien no deja de ser una pin up girl, el personaje se muestra autosuficiente, llevando consigo los genes del folletín más desenfadado y encontrándose con personajes tanto reales (Gabrielle D’Annunzio, Mae West o un Scott Fitzgerald que le firmará un autógrafo en el turgente seno derecho) como de ficción (Arsenio Lupín, ansioso por robar las prendas íntimas de Rodolfo Valentino, o esa Criatura de Frankenstein aficionada al travestismo) cuyos ridículos expondrá sin cortarse un pelo.

La antiheroína menos malévola de esta lista, Naga es también la más simpática. Por eso, y porque alguien cuyo archienemigo atiende al nombre de El-Que-Vive-En-Castidad no puede sino caernos bien, ocupa un lugar especial en nuestros corazones.

Ulula

Divina della morte (fuente: giovanniromanini.eu).

Divina della morte (fuente: giovanniromanini.eu).

Para la historia del cómic, Giovanni Romanini queda como el entintador habitual del gran Magnus, junto al que trabajó durante décadas. Y, para los estudiosos del pornofumetto, este talentoso artista boloñés es también el creador de Ula, modelo de fama internacional convertida en licántropa tras una transfusión de sangre de lobo.

Con una percha esbeltísima, un peinado ideal, un rostro presidido por unas cejas a la altura de las de Ornella Muti y un fondo de armario con más Armani que la letra de Paninaro, Ula es seguramente la donna piu stilosa con la que nos vamos a encontrar aquí. Y también una de las más contundentes, puesto que una de sus suertes favoritas una vez que muta en bestia es la amputación de miembro viril a colmillo limpio. ¿Evocación de terrores ancestrales en la mente del macho mediterráneo? Pues se ve que sí…

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Si quieres ver a Ula usando sus colmillos, haz clic en la imagen y atente a las consecuencias.

Psicoanalismos aparte, el mensaje de Romanini está claro: con Ula/Ulula no se juega. Y hemos de decir que, al personaje, sus dotes para mutilar y eviscerar le vienen de perlas. Si bien el dibujante no se corta un pelo al ofrecer episodios de satanismo, de ciencia demente o incluso de zoofilia (tras emparejarse con un lobo, la antiheroína se convertirá en madre soltera de un licantropito), son sus aventuras más ‘realistas’ las que peor rollo dan. Entre compañeras modelos dispuestas a matar por una portada en el Vogue, mafiosos de higiene corporal discutible y jeques árabes de preocupante priapismo, a la antiheroína le sobran ocasiones para ejercer la ultraviolencia en defensa propia.

Por otra parte, cabe mencionar a Gary, mánager de la protagonista y uno de los personajes gays menos sonrojantes del cómic mainstream de su época. Rubio, escultural y con buena puntería, Gary está tan al tanto de la naturaleza dual de su representada como ella de sus escarceos con chulazos, plasmados por Romanini sin prejuicio alguno y con cuya contemplación la protagonista aprovecha a veces para darle lustre al dedo anular. Mujer-loba y fujoshi, pues: esta Ula lo tiene todo.

Sepulkra

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Sepulkra nació bajo el nombre original de Cimiteria (de hecho, fue publicada en Latinoamérica con la garbosa gracia de Cementeria) y abundantes artistas se encargaron de darle forma: Di Stefano, Todaro, NiscoStudio Leonetti. En España tuvo una publicación relativamente errática debido a la longevidad de la serie: como Cimiteria empezó en Horror cuando la editaba Ediciones Actuales. Al hacerse Zinco cargo de la cabecera, a partir del número 26, pasa a llamarse Sepulkra y a ocupar la mitad de las páginas de cada número, aguantando hasta el 118.

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Sin duda, Sepulkra no es de las aportaciones más relevantes de esta selección: sus aventuras son a menudo meras concatenaciones de impactos sexuales y violentos, uno tras otro y a ritmo endiablado. Si embargo, su longevidad y su esquemática base argumental (Sepulkra es una bruja que corre aventuras por el mero placer de correrlas junto a su criado Cuasimodo) le dan el valor de la reiteración y la constante búsqueda de la novedad. Sepulkra se ve envuelta en contactos en la cuarta fase, enfrentamientos con una raza de enanos que quieren fecundarla o una isla poblada exclusivamente por hombres homosexuales -en una historia tan turbadoramente retrógrada que incomodó hasta a los encallecidos autores de estas líneas-. Sin embargo, y como pasa con tantas otras heroínas de esta selección, su constante enfrentamiento con los hombres por la vía de la seducción con final trágico o la abierta agresión con peripatéticos resultados la convierten en algo más que una brujita sexy. En todo caso, un perfecto ejemplo de aquellas hechiceras a las que en otros tiempos se quería llevar día sí día también a la hoguera. Solo que en este caso, ella gana siempre.

Belceba

Hermafroditismo satánico en Ediciones Zinco.

Hermafroditismo satánico en Ediciones Zinco.

La santa trinidad de Hembras peligrosas se completaba con esta hija de Satán (ojo, no es un insulto, sino la realidad más estricta). Su creador fue Sandro Angiolini, dibujante que tiene muchos fans en su tierra de origen, pero cuya afición por lo grueso tanto en el humor como en el trazo de sus viñetas puede provocar bastantes reparos.

Enviada por su papá a la España del siglo XV con la misión de matar al inquisidor Torquemada, Belceba goza de una cualidad que es también su aspecto más problemático: hablamos de una criatura hermafrodita (lo que los amantes del hentai japonés llamarían una futa) en cuya entrepierna conviven un mullido parrús y un mandao como la pata un paso. O, como ella misma dice, en un momento de subido arrebato queer, «Soy un tío, soy un marica, soy una mujer y soy una lesbiana. ¡Conmigo, todos podrán gozar sin límites!». El análisis de dicha frase a la luz de la semántica de género daría para varias tesis doctorales, no nos digan que no.

Luchando contra la Inqusiición y la heteronorma.

Luchando contra la Inqusiición y la heteronorma.

Por supuesto, Belzeba no es sino una fetichización del cuerpo trans*, algo habitual en el porno desde los setenta en adelante (y una constante en el pornofumetto). Pero resulta redimible, a nuestro juicio, si introducimos el descaro en la ecuación: una cosa es problematizar a un personaje de tebeo, y otra constatar que dicho personaje acaba teniendo concúbito con Isabel la Católica, nada menos.

Dejemos a Michelle Jenner en paz, eso sí porque las aventuras de Belzeba entroncan con el lado más gore y salvaje del género que analizamos. No es ya que la protagonista sea más mala quina, sino que sus andanzas rebosan con las habituales decapitaciones, degollaciones y, sí, castraciones, aliñadas con el talento de Angiolini para la zafiedad: ante un Príncipie de las Tinieblas que profiere frases como «¡No me molestes cuando estoy sodomizando asnos!», uno acaba pensando que lo ha visto todo en esta vida.

Misteria

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Misteria supuso una tardía explotación de la fiebre de unas décadas atrás por la investigación de fenómenos paranormales. Sus comics, del mismo título que la propia, iban acompañados de una serie de episodios autoconclusivos titulados Realidad misteriosa y que versaban, como los de la propia Misteria, sobre los tópicos del género: Stonehenge, viajes astrales, fantasmas folladores. Lo de siempre. La edición española duró apenas 14 números y es una pena, porque era un tebeo que ya como fumetto tardío de finales de los ochenta tenía ramalazos de sofisticación muy interesantes.

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Pese a las ocasionales caídas en la pornografía extraña y la violencia gratuita (nuestra historia favorita: un ectoplasma cachondo quiere desvirgar a la hija de un potentado, y Misteria se encargará -además de iniciar a la dama en las cuestiones sáficas- de exorcizar y decapitar al fantasma… en pleno acto con la protegida). Misteria se esfuerza en proporcionar al lector historias más enrevesadas (sin que por ello dejen de ser gloriosamente idiotas, por descontado) y que encuentran su inspiración en investigadores paranormales del fumetto más exitoso y mainstream, como Dylan Dog o Martin Mystere. Más inteligente, acompañada del típico ayudante demencial (en este caso un fornido caballerete asexual) algo menos voluptuosa pero igual de lujuriosa que sus compañeras de viaje fumettero, Misteria se ve envuelta en tramas detectivescas puras, pero también en delirios de violación y venganza (con retribución anal). Un gozo.

Flamingo Street 

Con sus intrigas, sus fornicios y sus mujeres fatales, las soap operas estadounidenses de amor y lujo al estilo Dinastía vivieron una edad de oro a comienzos de los ochenta. Y, avispados como siempre, los artífices de pornofumetti tomaron buena nota: valga como ejemplo esta serie, titulada en el original I Dallas y rebautizada en España en ‘honor’ al culebrón Flamingo Road.

Posiblemente, Flamingo Street sea la serie más incógnita de la lista: no duró mucho en los quioscos italianos, y el nombre de su creador nos es desconocido. Lo cual, la verdad, no importa demasiado, porque el dibujo es una mierda. ¿Por qué le dedicamos un espacio aquí? Pues por su protagonista: Pat Dallas pertenece a un clan de millonarios texanos más disfuncional que los Ewing y los Carrington juntos, con un padre rijoso en silla de ruedas, un hermanastro malísimo y con satiriasis que no para de putearla y una mamá que, menos mal, la quiere casi tanto como a las secretarias a las que se tira delante de ella. Así las cosas, normal que la chica haya salido astutísima y perfidísima, cual una Alexis Carrington juvenil y con el pelo planchado.

Pat Dallas nunca necesitó un MBA (fuente: tebeosfera.com).

Pat Dallas nunca necesitó un MBA (fuente: tebeosfera.com).

Deliciosa subversión de las ‘buenas’ de telenovela USA, la señorita Dallas nos cae fenomenal tanto por su falta de escrúpulos como por su libertinaje. Baste decir que, cuando por imperativos económicos, se casa con un primo suyo con querencia por las pollas, no sólo acepta la situación, sino que convence a su marido y al novio de su marido para montar unos tríos bisex que tiembla el misterio. Lo cual rompe esa norma básica del porno hetero según la cual las chicas, entre ellas, lo que quieran, pero los tíos no pueden ni rozarse. Viva y bravo.

Yra la vampira

Qué océanos de tiempo ni qué hostias.

Qué océanos de tiempo ni qué hostias.

Como corresponde a su época y a su género, el fumetto porno estuvo lleno, pero llenísimo, de vampiresas con camisón evanescente y una lujuria casi tan afilada como sus colmillos. Y que nos perdonen la veteranísima Jacula (conocida en España, agárrense, con el nombre de Zara) y sus descendientes, porque nuestra favorita de estas chupasangres es esta rotunda transilvana, creación (al igual que Naga la maga y Luzifera, otra bebedora de sangre) de Leone Frollo.

El caso es que, además de a las ambientaciones de época y a las protagonistas de carnes generosas, el dibujante veneciano le tenía querencia a los cuentos tradicionales, gustando de trastocarlos mediante copiosas dosis de guarrería. Algo que quedó muy de relieve en su Blancanieves y los siete enanitos viciosos (sí: él fue el responsable de aquello), y que dota a las aventuras de Yra de un tono más cercano a unos hermanos Grimm puestísimos de ácido y de viagra (y, a veces asesorados por el Mariano Ozores de El liguero mágico) que a las oscuridades prestadas de la Hammer Jess Franco.

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Lejos de buscar la redención mediante el amor, o de conformarse con sobrevivir en el mundo de los mortales, como otras compañeras de su gremio, Yra es una bastarda de campeonato, tan sedienta de poder y de riquezas como de sangre. No podía ser menos, porque su conversión al vampirismo es una solución de último recurso para zafarse de un pérfido señor feudal, a quien desde entonces hará la vida imposible en una sucesión de peripecias bizantinas. Secundada por una hechicera verrugosa llamada Romilda («¡Parece la suegra de E.T.!», exclama una de sus víctimas en memorable anacronismo) y rodeada de varones que, o bien son malos y tontos, o son tontos a secas, esta vampiresa morenaza lleva consigo siempre ese gesto avinagrado propio de quien se mueve entre idiotas, y lo sabe. Nos ponemos en su lugar, señora.

Sukia

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Como Jacula, como Zora, como Lucifera. Otra dama con colmillos y hambre de hombres que, sin embargo, alcanzó mayor fama que otras contemporáneas por su longevidad y por la jocosa imaginación tronada de sus aventuras. En España entre Zinco y Edicomic le publicaron 101 números en la primera mitad de los ochenta y fue dibujada por Nicola del Principe, efectivo pero poco dado a lucimientos. De hecho, las historias de Sukia son relativamente tibias en cuanto a la contundencia del sexo y la violencia, y están lejos de alcanzar los desfases de otras voluptuosas monstruosidades de la época

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El modelo de Sukia es más que obvio: la Vampirella de Warren con una clara referencia, sobre todo en las portadas, a una Ornella Mutti popularísima entonces. Mucho más descocada, como no podía ser de otro modo, pero compartiendo con Vampi una vida errante y cosmopolita, una relativa adscripción a las normas básicas de la tradición vampírica (salvo la necesidad de dejarse ver de noche, gracias a un elixir que le pasa la histórica Zora la vampira en un inaudito crossover de colecciones), una némesis en forma de joven cazavampiros, una sed de sangre insaciable y una larga melena negra. También viaja acompañada: en este caso su adjunto es Gary, un criado al estilo de tantos otros de los fumetti, solo que éste no tiene deformidades de ningún tipo, pero es de los de la cáscara amarga, como diría tu abuela, y aprovecha la mínima para ponerse en horizontal con todos los personajes masculinos que se le ponen a tiro. Y con la propia Sukia calzándose un arnés que…

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La cuestión es que las historias de Sukia, quizás por su fecha de producción, carecen en muchas ocasiones de la intensidad de otras compañeras más desfasadas pero no de encanto: en sus viajes por el mundo -a veces claramente inspiradas en las aventuras de Bond-, la vampiresa se cruza con sindicatos de monstruos y trasatlánticos de vampiros, se enamora de un Ángel del Infierno y es abducida en un momento dado (TODAS estas zagalas han sido abducidas y han tenido sexo interplanetario). Lo mejor del conjunto son, quizás, las historias que no se desarrollan en la actualidad sino en el Medievo, con un trasunto de Vlad el Empalador, padre de una jovencísima Sukia, introduciéndola en el arte del empalado.

Hessa

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Aunque la hemos traído a esta lista por su indiscutible valor icónico y porque marcó a toda una generación, Hessa es un fumetto erótico de una naturaleza distinta al resto de sus compañeros de artículo. Sin duda debido, para empezar, a las fechas de edición: 47 episodios entre 1970 y 1972 en Italia. Fue publicada en España, eso sí, con el resto de sus compañeras de caterva, por Elviberia en 1976 y por Astri en 1987: suponemos que más de un lector buscando el sexo duro y la violencia chocante (y el homoerotismo sulibellado) que le garantizaban Bionika o Rejas se debió llevar un chasco, porque antes que las tetas y la lujuria prima la aventura y el drama.

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Hessa se adelantó cinco años al estreno de Ilsa, la loba de las SS (Ilsa, the wolf of the SS, 1974), matriarca de todas las horrendas generalísimas nazis de la cultura pop de los setenta interpretada por la voluptuosa Dyanne Thorne, y supone un interesante precedente de toda la moda nazixploitation (o sadiconazista, que decían los italianos), y que estalló en la segunda mitad de los setenta con aberrantes producciones cinematográficas como El portero de noche (Il portiere di notte, 1974), Saló o los 120 Días de Sodoma (Saló o le 120 giornate di Sodoma, 1975), Salón Kitty  (íd., 1976) o La svástica en el vientre (La svastica nel ventre, 1976). Hessa es coetánea de la primera de todas ellas, cuando el término no estaba oficializado, Campo de amor 7 (Love camp 7, 1969), y como ésta, es infinitamente más comedida que todo lo que estaba por llegar.

hessaHessa Von Kopf (escríbase siempre con las runas sig sustituyendo a las «s» del nombre, costumbre que en el rotulado de algunas ediciones contagiaba a absolutamente todas las «s» del comic) era una espía de Hitler y cabecilla de las Sex Truppen, un comando especial de mujeres que usaban el sexo para lograr sus objetivos. Hessa también es una prostituta virgen, dato que dejaremos ahí para la consiguiente reflexion y que intuímos que viene a cuento buscando una dignificación del personaje. Pese a las apariencias, Hessa es un tebeo romántico: la heroína está enamorada de un rebelde holandés cuyos destinos se van cruzando en distintas misiones, y junto a él acabará enfrentándose al Reich. Con tímidas esscenas de cama (a veces con una oficial de la Gestapo, la condesa Frida) y un trazo elegante que recuerda a otros clásicos del tebeo erótico como el Barbarella de Jean-Claude Forest, lo mejor del conjunto (aparte de tramas a medio camino entre el recién instaurado Bond y Los Vengadores -la serie televisiva-) son las torturas que los nazis inflingen a los aliados, atándoles a las aspas de molinos o colgándoles de árboles.

La detective

Ese uniforme debe apretar muchísimo.

Ese uniforme debe apretar muchísimo.

Otra creación de Sandro Angiolini, la policía Star Winder queda como la última creación de este artista maratoniano, que dibujó tebeos de todo tipo desde su debut en 1936 hasta bien entrados los ochenta. Como despedida profesional, tampoco es como para tirar cohetes, porque aquí hablamos de un serial basado descaradamente en La mujer policía, show estadounidense con Angie Dickinson al frente del reparto que hizo furor por aquellos años.

Al igual que Belzeba, de la que ya hemos hablado, el humor de La poliziotta tiene de elegante lo mismo que Jesús Gil en el jacuzzi de Las noches de tal y tal. Aun así, hay que reconocerle ciertos méritos, encarnados sobre todo, y una vez más, en su protagonista. Como única agente femenina (y única competente) de la policía de Marysville, Star Winder tiene que lidiar con un mundo de machitos salidos cual papiones, con un uniforme cuatro tallas por debajo de la suya, como mínimo, y con un compañero de aventuras llamado (lo juramos) Silver Bird, que sólo piensa en llevársela al catre y que, a veces, incluso lo consigue.

Star Winder y Silver Bird: una relación laboral compleja.

Star Winder y Silver Bird: una relación laboral compleja.

De la misma manera, y guarradas aparte, el cómic trata de ganarse la atención del lector combinando un humor de garrotazo, tentetieso y equívoco verde con intrigas policíacas cuyo suspense resulta incluso satisfactorio en ocasiones. Como puede notarse, a nosotros no nos quita el sentido, pero dejemos constancia de que el tebeo sigue siendo popular en la internet de habla italiana: una búsqueda rápida en Google les permitirá a ustedes juzgar si dicho estatus de culto es merecido o no.

Necron

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Al guionista y dibujante Magnus, en el siglo Roberto Raviola, le hemos citado antes como amigo de Giovanni Romanini. Pero la cosa no podía quedarse ahí: estamos hablando de uno de los grandes del cómic europeo, que desde los sesenta hasta su muerte en 1996 firmó obras señeras del giallo (Satanik), la aventura medieval (La compagnia della forca) y el porno fino (Las 110 píldoras), luciendo una vastísima cultura y un trazo de lo más original. ¿Por qué Necron ha quedado como uno de los trabajos más divertidos dentro de su obra? Sigan leyendo…

Guionizada por la escritora Ilaria Volpe, Necron tiene por protagonista a Frieda Boher, científica forense, dominatriz sadomasoquista y devota de la necrofilia. A fin de demostrar su talento y aliviarse los picores, la buena de Frieda arma en el sótano de su casa a su Frankenstein particular (el Necron que da título a la historia) con todos los rasgos del hombre perfecto: nula voluntad personal, una fuerza bruta que rivaliza con la del RanxErox de Liberatore y un cazzo de tal tamaño y potencia que acomplejaría a Rocco Siffredi. 

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Durante los cuatro años que duró su publicación (1981-1985), la mad doctor y su criatura vivieron aventuras plenas de gore, cliffhanngers dementes y maldades a granel. Porque, aparte de un trabajo de calidad excepcional, estamos ante un exponente de ese cómic protagonizado por villanos que tuvo preclaros exponentes en la Europa. Con un humor tan putrefacto como corresponde y una correción política cuantificable en números negativos, Frieda y Necron se revelarán como los hijos macarras del itálico Diabolik, enfrentándose a engrendros lovecraftianos, científicos aún más locos que ellos y dictadores africanos obviamente inspirados en Idi Amin Dada, el caníbal ugandés. Lo que se dice un reparto entrañable.

Merced a su regodeo en la transgresión, y al enorme talento gráfico del dibujante, Necron ha pasado a la historia como el producto con mayor reputación crítica de todos los publicados por Edifumetto. Algo que no nos extraña, porque se trata de una obra maestra de la guarrería y el salvajismo, y que lo convierte en un cierre perfecto para este reportaje. Recuerden: dentro de cada tebeo rijoso, publicado en un papel que se cuartea con mirarlo y manchado por fluidos inmencionables hay una obra de culto esperando salir.. sobre todo si sus heroínas merecen la pena.

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