Nueva York bajo el terror del Hijo de Sam: 20 años de ‘Nadie está a salvo de Sam’

Nueva York, 31 de julio de 1977. Una pareja es atacada por un desconocido con un revólver del calibre 44. Ella murió, él perdió un ojo pero sobrevivió. Fue el último crimen del "Hijo de Sam". Días después, fue detenido por la policía. Spike Lee rodó Summer of Sam en 1999, hace dos décadas, inspirándose en el caso.

Si bien no es complicado encontrar referencias a su figura en series o películas -de Mindhunter (2017-) a The Bronx is Burning (2007)-, son pocas y no muy buenas las incursiones televisivas o cinematográficas de ficción que se han hecho sobre David Berkowitz, el «Hijo de Sam» -también conocido como el «asesino del calibre 44»-. Por ello, no es una locura afirmar que la de Spike Lee es la mejor de todas, o al menos la más interesante, aunque al cineasta neoyorquino le atraigan más los efectos que los crímenes tuvieron en la población, especialmente la de los barrios donde actuaba (Brooklyn y Bronx), que la biografía del propio serial killer

Tal es así que, en la película, el Hijo de Sam (Michael Badalucco) es un personaje secundario. Su comportamiento y sus crímenes son narrados en paralelo a la historia de Vinny (John Leguizamo) y Richie (Adrien Brody), dos jóvenes amigos en apariencia antagónicos que son los verdaderos protagonistas. El primero es el prototipo de hombre que sienta la cabeza -está casado y tiene un trabajo honrado-, pero que en realidad oculta una doble moral: su tradicionalismo con respecto al sexo matrimonial lo lleva a cometer adulterio en busca de ese «sexo sucio» que él piensa que no debe realizar con su esposa -con ella solo puede «hacer el amor»-. Vivirá atormentado no solo por eso, sino también porque durante una de esas infidelidades pudo haber sido víctima del Hijo de Sam.

Por su parte, Richie representa todo lo contrario: es el bicho raro, el que incomoda a la sociedad por su aspecto y su comportamiento no convencional -solo por ser punk en un barrio de discotequeros-. A él eso no le importa, pero a los demás sí. Un grupo de matones -amigos de Vinny-, viendo que la policía no es capaz de atrapar al asesino, decide tomarse la justicia por su cuenta y sale en busca de un culpable. Configuran una lista de sospechosos en base a su apariencia o comportamiento extraños: un cura, un veterano de la guerra del Vietnam, etc.; piensan que la gente normal no asesina. Richie figura también en esa lista e irán a por él. 

Curiosamente, alguien de apariencia normal, cuyos vecinos dirían de él aquello de «parecía buena persona, siempre saludaba», será el asesino: David Berkowitz, un joven de veinticuatro años que trabaja en el servicio postal. Nadie se lo esperaba. Nadie sabía cómo podría ser un serial killer. De hecho, esta definición fue creada a finales de la década de 1970 por el criminólogo Robert K. Ressler, tal como señala Erika Tiburcio en su interesante ensayo Y nació el asesino en serie (2019), a raíz de casos como el de Ted Bundy y del propio Berkowitz, entre otros. Si bien hay que tener en cuenta que, con el tiempo, el término se ha ido configurando y ampliando, Ressler lo propuso para sustituir al de strange killings (asesino de extraños), que era el que se manejaba por entonces, ya que este último implicaba que el asesino no guardaba relación alguna con sus víctimas, cosa que no era así en todos los casos. 

Robert K. Ressler

Gusten más o menos los intereses de Spike Lee al abordar una ficción sobre los crímenes de Berkowitz, es innegable el gran trabajo de recreación y de contextualización de la Nueva York de aquel verano. No faltan referencias a la ola de calor, al gran apagón que hubo en la ciudad y los posteriores saqueos, a los abarrotados locales de música disco y a los conciertos punk del mítico CBGB o a Reggie Jackson y el triunfo de los Yankees

El perro me lo ordenó

En el juicio, Berkowitz declaró que el diablo se comunicaba con él a través de Harvey, el perro de su vecino, y que este fue quien lo incitó a cometer los asesinatos. En la película, en una serie de escenas de atmósfera esquizofrénica, se ve al Hijo de Sam sufrir ante los constantes ladridos de Harvey, a quien a gritos le pide que se calle. Desquiciado, acaba matando al animal de un disparo desde su ventana. La locura aumenta cuando, en una de las escenas más delirantes y perturbadoras de la película, aparece en su casa el perro, en teoría muerto, ordenándole salir a matar con motivo del aniversario de su primer crimen -como curiosidad, John Turturro pone voz a Harvey en la escena-.

Posteriormente, Berkowitz también declaró ser responsable de solo dos de los ocho tiroteos y culpó a una secta satánica de cometer el resto. Hay quienes creen esta versión, pero Spike Lee no parece ser uno de ellos, pues de tal secta solo hay referencias en los dementes monólogos del Hijo de Sam. Lo que sí aparecen son pintadas y símbolos luciferinos por las paredes de su casa, que inciden aún más en el espacio esquizoide del serial killer.

Un hecho que siempre ha pasado más desapercibido en las biografías sobre Berkowitz, también en Summer of Sam, es que en el juicio declaró haber cometido más de 2000 incendios en los barrios del Bronx y de Brooklyn. De hecho, la policía encontró en su vivienda varias notas donde este «se jactaba de haber provocado algunos de los incendios que asolaron la ciudad durante aquel apagón del verano de 1977«. Notas que, como veremos, sí tienen relevancia en el filme.

Ficha policial del auténtico David Berkovich

En Summer of Sam los crímenes de Berkowitz no siguen un orden cronológico, según fueron teniendo lugar, sino que comienzan in medias res, a partir de los que tuvieron lugar en 1977. Algunos de ellos incluso suceden en aquel verano cuando en realidad tuvieron lugar meses antes. Tampoco parece haber supervivientes en los ataques, algo que no entronca con los hechos reales, pues aunque algunas de las víctimas terminasen con graves secuelas, nueve de los quince atacados sobrevivieron. Desde la perspectiva biográfica, despista que Vinny se emparanoie con que será la víctima número ocho del Hijo de Sam -piensa que el asesino lo ha visto e irá a por él-, cuando este solo asesinó a seis. Pero como se ha señalado, Spike Lee no pretende narrar los hechos de forma fidedigna.

No obstante, el modus operandi del Hijo de Sam está bien argumentado en base a los hechos reales. Por ejemplo, con la segunda pareja atacada en la película, que encaja con los hechos del crimen del 17 de abril de 1977 —en el que fallecieron Alexander Esaú y Valentina Suriani—, llama la atención ver cómo Berkowitz, pistola en mano, se acerca al coche en el que se encuentran las víctimas mientras se escuchan unos ladridos -¿Harvey?-. Tras actuar, deja una nota. Otra irá días después a la redacción del Daily News.

Mediante la lectura de una de esas notas escritas por Berkowitz se recrean, a modo de flashback, algunos de los anteriores asesinatos, como por ejemplo el de Virginia Voskerichian, una joven que fue atacada y que intentó cubrir su cara de un disparo del calibre 44 con el único objeto que portaba: un libro. También en un momento se menciona a Donna Lauria, la primera víctima del Hijo de Sam, en un noticiario que recuerda el aniversario de ese crimen. 

El momento de la detención es narrado tal como sucedió. En la noche del último crimen, una anciana vio cómo el Hijo de Sam, que portaba algo en su mano, se acercaba a un Ford Galaxy para recoger una multa de 35 dólares por aparcamiento indebido. Minutos después se oyeron unos disparos. La policía sigue estas pistas hasta que dan con Berkowitz. Es aquí donde termina Summer of Sam.

David Berkowitz fue condenado a 315 años de cárcel por seis homicidios y por todos los intentos de asesinato. Ya en la cárcel escribe sus memorias, publicadas con el título de Son of Hope (2006), en las que habla de sus años en prisión y de su conversión al cristianismo -en su perfil de Goodreads figura como «American christian activist and former serial killer«-.

Un recurso bastante empleado en la película son los insertos de portadas de prensa y de fragmentos televisivos de entrevistas, noticiarios o reportajes -estos últimos con el propio Spike Lee como corresponsal en los barrios donde actuaba Berkowitz-. La película denuncia el tratamiento sensacionalista del caso por parte de los medios de información, y como estos construyen un discurso que fomenta la paranoia y el miedo entre la población: las chicas morenas se tiñen de rubio o llevan pelucas de ese color porque el asesino solo ataca supuestamente a las primeras, logrando que mucha gente no quiera ir a las discotecas -algunas víctimas salían de ellas- o distribuyendo un retrato robot del Hijo de Sam, en el que todo el mundo reconoce a alguien del barrio -los amigos de Vinny creen ver a Richie-. 

20 años después: ficción basadas en hechos reales y true crime

Veinte años después de Summer of Sam, las historias basadas en crímenes reales, sean de ficción o no, siguen teniendo público e incluso cabe decir que están más de moda que nunca. 

En estas dos últimas décadas, han surgido largometrajes de gran interés como Monster (2003), sobre la asesina Aileen Wuornos; Zodiac (2007), inspirado en los crímenes del asesino del Zodiaco; u otros menos notorios como Rohtenburg (2006), basado en el caso del caníbal de Rotemburgo. Por supuesto, está Quentin Tarantino y su acercamiento a Charles Manson en Érase una vez en Hollywood (2019). En Espaá tenemos películas como Romasanta, la caza de la bestia (2004), más fantástica que basada en hechos reales -de hecho, es la adaptación de una novela de Alfredo Conde sobre el asesino/licántropo-; o Que Dios nos perdone (Rodrigo Sorogoyen, 2016), una versión un tanto libre del caso de José Antonio Rodríguez Vega, conocido como el El Mataviejas, que asesinó a dieciséis mujeres mayores de 60 años en Santander entre 1987 y 1988 -el filme de Sorogoyen transcurre en el Madrid del 15M-. 

Las series de ficción también se han dejado llevar por el fenómeno de los crímenes reales. American Crime Story (2016-) por ejemplo, si bien no trata sobre la figura de ningún serial killer en particular, sí aborda el juicio de O. J. Simpson (1ª temporada) y el asesinato de Gianni Versace (2ª temporada). Cabe mencionar también Mindhunter, que nos cuenta la historia de dos agentes del FBI, inspirados en John E. Douglas y Robert K. Ressler —el ya mencionado padre del término serial killer—, que investigan el modo de actuar y el perfil de los asesinos en serie en base a entrevistas realizadas a criminales reales: Dennis Rader, Edmund Kemper, Monte Rissell o Jerry Brudos, entre otros. En la segunda temporada podemos ver al Hijo de Sam, y también a Charles Manson.

Pero el género que más ha triunfado recientemente es el llamado True Crime, narraciones de no ficción que recrean casos de crímenes reales. Si bien no es algo nuevo —un aclamado antecedente es el de Paradise Lost: Asesinato en Robin Hood Hills (1997)—, actualmente es tal su éxito que no hay plataforma VOD que no produzca obras de este tipo, sobre todo en formato miniserie. Son casi incontables y sus estrenos suelen ser tendencia en redes sociales: Las cintas de Ted Bundy (2019), Making a Murderer (2015), The Keepers (2017), Amanda Knox (2016), Wild Wild Country (2018) o, en nuestro país, Examen de conciencia (2019) y El caso Alcásser (2019). Hace poco más de un mes, una noticia sobre una pareja que halló unos huesos en la finca de La Romana, lugar que visitaron tras ver El caso Alcásser, reabrió el debate de si este género realmente tiene una función informativa o si su éxito no es más que puro morbo. 

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