Nyarlathotep según Stephen King: del Caos Reptante a ‘Revival’

Stephen King se hace mayor. El Maestro del Terror tiene 68 años, se acerca irremediablemente a la peligrosa línea roja de los 69 años (visto las recientes defunciones) y con ello parece haber entrado en una revisión literaria de la madurez y de su propia infancia.

En Mr. Mercedes (2014) recrea la vida de un policía jubilado, Bill Hodges, quien pasa los días de su retiro entre la punta de un revólver y la caja tonta. Los achaques de la edad, la reflexión sobre la familia y el tiempo perdido son clave en la creación de un personaje a quien Stephen King ha decidido dedicar una trilogía completa. Un poco antes, un año exactamente, publicaba Joyland (2013), una descafeinada historia de fantasmas y mezcla de Los Cinco, que centraba toda su atención en el paso de la adolescencia a la madurez de su personaje principal. El primer rechazo amoroso, el primer enamoramiento veraniego fugaz y pasional y la pérdida de la virginidad construyen el desarrollo del personaje protagonista.

Sin embargo, no es hasta Revival (2014), última novela del autor traducida a nuestro idioma pero no la última escrita por King (de hecho, es probable que mientras escribo esto haya logrado publicar una nueva novela, ya conocemos sus ritmos) donde podemos encontrar claramente y sin ningún tipo de disimulo una profunda reflexión sobre su misma vida. Sabemos que King ha trabajado anteriormente temas relacionados con su drogadicción, su accidente de coche (si es que un atropello puede ser denominado así) o sus problemas financieros. Revival no es sólo una vuelta a sus temas autobiográficos sino que se convierte en una reflexión sobre uno de los pilares básicos de su terror y una revisión en profundidad de la obra de Lovecraft. Es más, podríamos hablar de un remake a lo moderno del relato del poema en prosa Nyarlathotep del Genio de Providence (hablamos del poema original escrito en 1920 y publicado en The United Amateur en 1921, no del poema homónimo incluido en Fungi from Yuggoth posteriormente, en 1929).

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King crea para su novela un personaje sobre el que recaen muchas de sus propias características. Jamie Morton es un joven criado en Nueva Inglaterra entre los años 50 y 60 y la novela recorre su vida desde su más tierna infancia hasta su vejez, relatando los diversos encuentros que ha tenido con Charles Jacobs, un extraño pastor. King dedica la mitad inicial de su novela a la infancia y adolescencia de Jamie, su primer amor, la elección de la música como forma de vida, la pérdida de la virginidad y los primeros escarceos con la droga. Jamie Morton, guitarrista profesional, terminará terriblemente enganchado a la droga, lo que lo lleva al borde de la muerte. Nuestro querido genio del terror encarna en Morton su afición por la guitarra y el rock, su terrible drogadicción y, muy probablemente, recuerdos de su propia infancia en Maine, Nueva Inglaterra. Es bien sabido que King ha construido su propia visión de Maine y de Nueva Inglaterra como un universo ficcional propio donde transcurren gran parte de sus novelas, lo que traza una línea directa con uno de sus autores referenciales en el campo del terror: Lovecraft.

La relación de King con el Genio de Providence va más allá de la puntual mención a sus obras en sus novelas de rigor. Los trabajos de King ya nos señalaban a Lovecraft como maestro, no solo en la maravillosa La Niebla (1980) donde incluso se menciona a Lovecraft a la hora de hablar de las criaturas que asedian el supermercado; el autor ha dedicado parte de su obra de no ficción a hablar de él. En Danza Macabra (1981), interesantísimo ensayo de más de 600 páginas (King se explaya en todo) nuestro querido Mr. Bachman reflexiona sobre la influencia de Lovecraft a la hora de crear su propio terror. No oculta que, como muchos otros escritores y aficionados al terror, fue el primer contacto con la literatura de Lovecraft lo que le llevó a encontrar su propio camino. No duda en ensalzar (aunque tampoco en criticar) los escritos de H.P. Lovecraft, declarándose especialmente fan de En las montañas de la locura (1936) y El color del espacio exterior (1927) y no evita referirse a él como uno de sus pilares de su manera de narrar y de su visión del terror. En su pirámide personal del terror, King sitúa a Lovecraft y autores similares en lo que denomina “terror” seguido de lo que él suele hacer (aunque no niega intentar alcanzar siempre el nivel del terror), “horror”, y por último marca la “repugnancia” como el tercer y último escalón de su pirámide personal (aunque no desdeña para nada a aquellos que optan por la repugnancia como técnica).

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Quien haya leído un puñado de novelas de Stephen King no podrá negar la influencia de Lovecraft en sus escritos. Sin embargo, con Revival el autor busca elogiar y quizás también homenajear a Lovecraft mediante una reinterpretación libre de uno de sus textos. Si uno repasa Nyarlathotep con la novela Revival todavía fresca en la memoria no tardará en trazar numerosas líneas entre ambos textos.

Charles Jacobs es el Nyarlathotep de Stephen King. Él es un hombre ante el que los demás se arrodillan cada semana en sus misas dominicales. Es un hombre obsesionado con el milagro de la electricidad y la energía que mueve el mundo. Es interesante cómo Jacobs se presenta como un aficionado a los trenes eléctricos (¿reverendo Lovejoy?) y en el propio poema de Lovecraft se menciona un tren, ya que el autor era un verdadero fanático de los trenes. Este Nyarlatathotep kingiano no proviene de Egipto ni viaja por todo el mundo pero sí que recorre los Estados Unidos con su propio espectáculo de feria. Un espectáculo donde la electricidad es la reina del show y donde la audiencia asustada se agolpa para observar sus milagros. Si en los espectáculos de Nyarlathotep narrados por Lovecraft “sustraía a los hombres lo que jamás se les había sustraído” descubrimos más adelante que Jacobs no se queda corto. Los extraños instrumentos de vidrio y metal que colecciona el ser ideado por Lovecraft encuentran su paralelismo en los experimentos e inventos de Charles Jacobs. Incluso encontramos en ambos personajes una motivación similar, ya que Jacobs también está obsesionado con “mensajes de lugares que no eran de este planeta” y busca descubrir el secreto de la muerte a través de la propia electricidad (tampoco vamos a negar un ligero toque al relato Herbert West –1922- del propio Lovecraft o al Frankenstein –1818- de Mary Shelley).

CHARLES JACOBS

El reverendo Charles Jacobs.

El personaje de Jamie Morton, además de funcionar como trasunto del propio King, también tiene su equivalente con el narrador del poema Nyarlathotep. Ambos acuden a un espectáculo de Jacobs/Nyarlathotep y quedan, inicialmente, descontentos con lo visto y los acusan de farsantes. De la misma manera ambos terminan conociendo la terrible verdad detrás del personaje y encuentran un mundo donde “vagan espectros de monstruosas construcciones: columnas de templos profanos que descansan sobre rocas innominadas bajo el espacio y se alzan vertiginosas hasta el vacío de más allá de las esferas de luz y de las tinieblas”.

Sin embargo, no sólo podemos hablar de una revisión de Nyarlathotep, ya que los préstamos lovecraftianos que toma King en esta obra nos acercan también a Del más allá (escrito en 1920 pero publicado en 1934), curiosamente escrito prácticamente a la vez que Nyarlathotep. Crawford Tillinghast podría ser perfectamente el abuelo de Charles Jacobs. Al igual que nuestro pastor obsesionado por la electricidad, Crawford cree que hay más energías y sentidos de los que conocemos e idea una maquinaria eléctrica que, mediante unas ondas, modificará su percepción para ver el mundo que existe más allá. “Y ahora estoy seguro de haber encontrado un medio para traspasar la barrera”, así habla Tillinghast al narrador del relato que termina su pesadilla revólver en mano. Las visiones inducidas por la maquinaria de Crawford Tillinghast se acercan mucho a los sucesos que dan cierre a la novela de King.

Nyarlathotep

Stephen King firma con Revival una de las novelas más interesantes de su última etapa como creador. Construye, alrededor de una reflexión de su propia juventud y trayectoria vital, una de las obras más lovecraftianas de toda su carrera (si no la que más) y consigue, como él mismo dice, abrir la puerta de su ficción para aterrorizar a su lector. No teme abrir la puerta y mostrarnos, tan solo en las últimas páginas, el terror que nos ha preparado durante todo el relato. Como viene siendo habitual, abre la puerta final de su ficción y en esta ocasión me atrevería a decir que nos muestra uno de sus mejores desenlaces: “gárgolas ciegas, mudas, estúpidas, cuya alma es Nyarlathotep”.

(Todas las ilustraciones de este artículo son propiedad de sus autores, que desconocemos en la mayoría de los casos. Si alguna es tuya o conoces al autor, escríbenos y la acreditaremos convenientemente)

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