‘One Piece’ – 20 años de éxito y niños rata

Con 88 volúmenes publicados, más de 800 episodios, 13 películas, decenas de videojuegos, 440 millones de copias vendidas en todo el mundo y un récord Guinness bajo el brazo, One Piece se ha consolidado como uno de los mangas más importantes y rentables a nivel internacional. ¿Pero por qué a pesar de esta popularidad entre el gran público la historia de Monkey D. Luffy y su tripulación pirata quizás sea una de las más denostadas por la crítica? Analizamos algunas de las claves del éxito abrumador de la franquicia, prestando especial atención a aquellas connotaciones negativas que lleva asociadas.

En un panorama actual en el que el manga y el anime viven un momento álgido de popularidad entre las masas gracias a productos como Death Note (2003-2016) o Ataque a los titanes (2009-) que han atraídos a miles de espectadores hacia la industria, ser un aficionado al género japonés ha ido perdiendo poco a poco la implicación negativa que acarreaba en sus orígenes y, hoy en día, casi cualquier persona puede jactarse de haber empezado a ver el anime del momento. Pero cuidado: aquí fama no es sinónimo de popularidad y el prestigio entre el público no se mide en número de seguidores.

En este escenario es donde nos encontramos con One Piece (1997-), una de las obras más importantes del género –aunque algunos se empeñen en negarlo- con un arrolladora carrera de éxitos y una pésima imagen entre los aficionados. Pero vayamos por partes.




El mangaka Eiichirō Oda no tenía más que veintidós años y unos pocos trabajos tras de sí –entre ellos su participación como asistente en Rurouni Kenshin (1994-1999)- cuando de su mente empezaron a brotar los primeros bocetos del que sería el carismático protagonista de su obra magna, un joven pirata llamado Monkey D. Luffy que haría su primera aparición en las páginas de la conocida revista japonesa Weekly Shōnen Jump en 1997, una de las de mayor tirada en el país nipón del género shōnen. Oda nos narra cómo de pequeño este personaje comió una de las llamadas Frutas del Diablo, una especie de bayas que otorgan poderes especiales al que las ingiere, convirtiéndose en un hombre de goma capaz de estirarse de manera sobrehumana y hacer que reboten las balas sobre su cuerpo. Unas habilidades que, unidas a una personalidad bobalicona y a una voluntad férrea en alcanzar su sueño –encontrar el legendario tesoro One Piece para convertirse en el Rey de los piratas-, construyen la peculiar identidad de Luffy.

Con ninguna posesión más que su icónico sombrero de paja, este pirata novato se lanza al mar dispuesto a encontrar la mejor tripulación para lograr su meta. En su camino conseguirá reclutar a un grupo de ocho piratas (por el momento) –un espadachín, una navegante, un cocinero, un artillero, un médico, una arqueóloga, un mecánico y un músico – con los que formará un vínculo de amistad indisociable. Esta tripulación pirata, apodada los Sombrero de Paja, da el salto a la pequeña pantalla de la mano de  Toei Animation en 1999 -dos años después de su aparición en papel-, y sus aventuras empiezan a alcanzar cada vez más popularidad entre los espectadores.

En España tuvimos que esperar hasta 2003 para poder disfrutar del anime, cuando Telecinco compró los derechos de la serie y empezó a emitirla doblada al castellano. Además, algunas televisiones regionales la tuvieron en parrilla con sus respectivos doblajes al catalán, gallego y euskera. Es importante mencionar que la cadena ejerció cierta censura sobre algunas de las escenas más violentas en aquella primera etapa de emisión, haciendo desaparecer las armas de fuego y la sangre con la finalidad de proteger al público más joven. Después de Telecinco el anime pasó a Boing, donde tras el consiguiente maltrato de cambios continuos de horario dejó de emitirse en 2012.

Por este motivo los capítulos dejaron de doblarse al castellano y, más de seis años después, todavía hay fans que continúan creando iniciativas para que se reanude el doblaje en castellano de episodios. Polémicas aparte sobre si es mejor el visionado en versión original o no hay que reconocer que la traducción en castellano ha dejado momentos muy míticos para todos aquellos que se engancharon a la serie con Luffy en plena acción soltando rimas del estilo: “Galleta, galleta… ¡Metralleta!” (la traducción real sería ‘metralleta de goma’ por los poderes elásticos del protagonista). Por no hablar de los personajes que de repente empezaban a hablar con acento andaluz, cubano o ruso –el propio Usoop tenía acento árabe- o de traducciones como el ‘caracolófono’ (‘den den mushi’ en japonés), una especie de caracoles que funcionan como si fueran teléfonos y cuya traducción literal sería ‘transferencia eléctrica por insecto’.

El imparable éxito de ventas del manga

La gran popularidad internacional de la que empezó a gozar la serie se tradujo en un incremento exponencial de las ventas del manga. Veintiún años después, ese éxito se traduce a día de hoy en más de 440 millones de copias vendidas y contabilizadas hasta abril de este mismo año. La cifra, repartida en 365 millones en Japón y 75 millones en el resto del mundo, muestra un aumento de 10 millones respecto al año pasado, consolidando a la franquicia como el manga más vendido en Japón durante diez años consecutivos.

A nivel internacional los resultados son todavía más sorprendentes, ya que los Sombrero de Paja están a punto de alcanzar en ventas a todo un gigante del mundo del cómic como es Batman. El Caballero Oscuro, con ventas de 460 millones, se queda a tan solo a 20 millones por encima del manga japonés, que es una distancia no tan amplia si contamos con que las ventas de One Piece siguen creciendo exponencialmente cada año. Con cifras como estas entre manos, no es de extrañar que en 2015 el manga consiguiera entrar en El Libro Guinness de los récord como la serie cómic que más ejemplares ha publicado por un mismo autor (320.866. 000 unidades en ese momento). No hay que olvidar que a diferencia de lo que pasa en otras obras donde hay varios autores que crean contenido para un mismo personaje, el manga solo cuenta con Oda para desarrollar su historia.

Además del triunfo en ventas de ejemplares, One Piece ha expandido su universo a otros medios como el cine o los videojuegos, logrando cosechar un gran éxito entre los fans.

Justicia, jerarquía de poder y duración

Si analizamos ahora cuáles son las claves de su éxito arrollador, en primer lugar tendríamos que hablar de su historia. Luffy es un personaje que siempre está dispuesto a ayudar a los más débiles y a luchar contra las injusticias que los poderosos cometen contra la población, aunque eso suponga demorar su meta o involucrarse en más problemas de los necesarios. Al final y al cabo, One Piece es una historia del Bien contra el Mal, donde el enemigo supremo está personificado por un Gobierno corrupto que se sustenta en un sistema formado por las fuerzas policiales -la Marine– y la jerarquía pirata, fuerzas moralmente opuestas en teoría pero que se nutren mutuamente en la práctica, ejerciendo el abuso de autoridad sobre la población para seguir acumulando poder. En este escenario la justicia sólo puede aplicarse desde fuera del sistema, de ahí que sean unos piratas los que van a hacer tambalear los cimientos del sistema establecido, enfrentándose también a los propios mandos superiores de la piratería en su camino.

Aunque la meta final de los Sombrero de Paja no es derrocar al gobierno, ni cambiar el mundo, ni meterse en ese tipo de cuestiones políticas, lo cierto es que con cada aventura ayudan un poco más a cambiar ese sistema corrupto y en cada parada del viaje intentan hacer del mundo un lugar más justo. En este sentido, si Luffy acaba convirtiéndose en el rey de los piratas tendría el control absoluto de uno de los tres pilares en los que se asienta este universo y el orden establecido podría cambiar completamente.

Otro elemento importantísimo en la serie son las escenas de acción, con las peleas entre los distintos personajes como base narrativa. La gran característica que tenemos que resaltar en One Piece y que no ocurre en otros shōnen es la impecable jerarquía de poder con la cuenta. Con este término nos referimos a que desde el primer momento el lector/espectador sabe que los Sombrero de Paja son unos mindundis comparados con el resto de bestias –literales y humanas- que pueblan el mar. Hay una jerarquía de poder establecida en la que se encuentra la Marine – recluta, teniente, capitán, sargento, vicealmirante y almirante-, los agentes del Gobierno con las nueve unidades especiales llamadas Cipher Pol y, por último, los rangos piratas divididos en Shichibukai, Yonko y Rey.

Los Sombrero de Paja empezaron en el escalafón más bajo como piratas novatos, subiendo progresivamente su poder conforme se iban encontrando con enemigos más poderosos. En la actualidad se han cruzado las caras por primera vez con un Yonko, solo han derrotado a una de las Cipher Pol, ni siquiera la más poderosa, y no han sido capaces de vencer todavía a ningún almirante de la Marine, por lo que queda aún mucho camino por recorrer. La ventaja de contar con un universo de esta forma es que siempre hay un enemigo peor al que derrotar y la coherencia de la historia se mantiene. Algo que no ocurre en todos las obras, ya tenemos miles de ejemplos –Dragon Ball sin ir más lejos -, en los que cuando parece que un personaje ha alcanzado su nivel máximo de fuerza para derrotar al villano más fuerte de todos los tiempos, aparece de la nada otro personaje malvado más poderoso que el anterior y el protagonista tiene que volver a sacarse de la manga otra subida de poder. Y así sucesivamente hasta que la historia pierde sentido.

Pero para conformar una historia con todas estas características se necesita una extensión de tiempo adecuada para tratar todos los temas de manera orgánica. Es cierto que empezar a ver ahora desde el principio los más de ochocientos capítulos de los que consta el anime puede resultar todo un reto, pero su gigantesca duración es la clave de One Piece. Gracias a esto se pueda crear un universo complejo, lleno de personajes e historias secundarias que conforman toda una mitología propia y que la convierten en una obra única. Además, al contrario que otros productos estirados sin sentido hasta el extremo, la calidad de la misma no ha disminuido lo más mínimo con el tiempo y cada capítulo es un añadido más a una narración que sigue teniendo capacidad para enganchar.

Las sombras de One Piece, ‘niños rata’ y sexismo

Aunque como ya hemos visto, la obra cuenta con un increíble éxito comercial y millones de adeptos en todo el mundo, es quizás una de las peores vistas por los fans del manga y el anime. Aquí es cuenta entra en acción el archiconocido término ‘Niño rata’, un calificativo despectivo que surgió en el mundo de los videojuegos para referirse a aquellos jugadores, por lo general jóvenes, que se consideran gamers y solo conocen un par de juegos específicos de los más populares. El término acabó expandiéndose también al campo otaku para referirse a aquellas personas que afirman ser muy fans del anime y del manga, pero solo son siguen tres o cuatro de los más conocidos sin profundizar más en el género. Incluso, podemos hablar de una trinidad de animes propios de ‘niños rata’ –Bleach (2001-2016), Naruto (1999-2014) y One Piece– gracias a los que cualquiera puede acabar con la etiqueta roedora al cuello.

¿Pero por qué ocurre esto? Para entenderlo tendremos que remontarnos de nuevo a la masificación que ha sufrido el manga y el anime en los últimos años, y que ha acarreado una oleado de gente nueva interesada en estos contenidos. Esto ha hecho que la sangre vieja otaku haya podido ver amenazada su burbuja cultural y sus lugares de entretenimiento, como los salones del manga, donde ya es casi imposible encontrar algún tipo de merchandising que no pertenezca a algunas de las series mayoritarias. Como hay que focalizar el odio, la gente joven que se acerca al anime por primera vez con productos muy conocidos como One Piece son el blanco perfecto.

Además de esta implicación que aparece al margen de la serie en sí, One Piece tiene otra característica muy controvertida: el sexismo que desprenden todos sus personajes femeninos. Si nos centramos en los dos personajes femeninos que forman parte de los Sombrero de Paja –Nami y Robin- ambas tienen historias personales apasionantes, personalidades fuertes y habilidades que rivalizan con las de cualquier otro miembro de la banda. Pero lo que sí es altamente cuestionable es la evolución de su apariencia física reflejado en el absurdo y desproporcionado crecimiento del pecho que padecen los dos personajes con el paso del tiempo. A este hecho hay que sumarle el vestuario terriblemente ajustado y situaciones en las que aparecen totalmente sexualizadas. ¿Es esto realmente necesario para la historia? Se puede argumentar que el shōnen siempre tiene un componente de erotismo y que los japoneses son unos expertos en el tema, junto con la premisa de que la serie está principalmente enfocada a un público masculino adolescente. ¿Pero entonces en qué lugar quedan las mujeres fans?

Nada es perfecto y como toda obra cultural, One Piece tiene sus luces y sus sombras. Lo que está claro, a pesar de todo, es que la serie es ya parte de la historia del manga y un fenómeno mundial que sigue dando mucho de qué hablar. ¿Conseguirá Luffy cumplir su sueño de convertirse en el Rey de los piratas? Y lo que es más importante, ¿lograremos vivir nosotros lo suficiente para verlo?

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