[Películas increíblemente extrañas] ‘Nightfall’ – La nieve antes de ‘Fargo’

El estreno de ¡Ave, César! (2016) y los veinte años de Fargo (1996) son dos buenas excusas para rebuscar en nuestra filmoteca y traer a colación Nightfall, el interesantísimo noir de 1957 firmado por Jacques Tourneur que, de alguna manera, comparte con el clásico noventero de los hermanos Coen más de una pista sobre una puesta en escena donde la nieve es siempre de una pureza bastante engañosa.

La distancia por carretera entre Moose (en el estado de Wyoming) y Fargo (Dakota del Norte) es de aproximadamente catorce horas –en avión algo más de cuatro-, pero habría que preguntarse si el trayecto cinematográfico –más abstracto- no está, sin embargo, aún mucho más próximo entre ambos puntos de lo que al resto le podría parecer a simple vista. En la primera localización el director francés afincado en Estados Unidos Jacques Tourneur -responsable de obras maestras como La mujer pantera (1942), Yo anduve con un zombie (1943), La mujer pirata (1951), Retorno al pasado (1947) o La noche del demonio (1957)- nos invita a un día campestre de caza y pesca interrumpido bruscamente por la aparición en lontananza de un coche que, a gran velocidad, acaba saliéndose de la carretera y estampándose contra la valla de un arcén, muy cerca de la nieve que inunda el resto del paisaje. Del automóvil salen dos hombres, portando uno de ellos un maletín que, pocos segundos después, sabremos contiene una importante cantidad de dinero. Llegados a ese punto no sería difícil imaginar a Steve Buscemi y Peter Stormare (la pareja de secuestradores de Fargo) saliendo del futuro para repartirse el botín del suegro de Jerry Lundegaard y teniendo este mismo percance del que quien sale herido es, sin embargo, el intérprete de innumerables westerns y películas bélicas clásicas Brian Keith.

En Nightfall –basada en la novela homónima de David Goddis, quien a través de otra de sus obras diera pie para el guión de otro clásico de la gran pantalla como La senda tenebrosa (1947)- no se habla de un rocambolesco rapto, sino del asalto a un banco cuyo trofeo acaba, por despiste, en poder de los dos excursionistas testigos del accidente, siendo finiquitado uno de ellos minutos después y haciendo del superviviente –el artista James Vanning, interpretado por un impertérrito Aldo Ray– un anti-héroe de la misma calaña que William H. Macy en la película de los Coen, al que parece que le sobrepasan los acontecimientos dé el paso que dé-.

Es importante resaltar también la ambivalencia que subyace en la relación de la pareja de malhechores de Nightfall siendo esta inconsistencia, llegado el momento –no diremos cuál-, la que provoque que la convivencia entre ambos salte por los aires, dando lugar a un receso clave cara al desenlace de la trama, muy en la línea de la connivencia desatada entre los delincuentes de Fargo. Todos ellos responden al estereotipo que les ha sido encomendado: duros, peligrosos y bastante sádicos, con una desconfianza hacia su respectivo socio –y, en general, hacia todo bicho viviente- que sacará a la luz toda su amoralidad y desprecio por los previos –y feos- compromisos adquiridos.

Nightfall también tiene un tercer vértice representado por la ley, claro. No es una oficial de policía de un estado vecino como en Fargo, sino un agente del seguro del banco donde se cometió el robo que, no obstante, vigila con la misma tenacidad y detallismo que la policía embarazada interpretada por Frances McDormand, oficiando de sustitutivo de una hipotética voz en off y mostrándonos la cotidianeidad desde el lado de la restitución del delito. Cotidianeidad personificada en la abnegada esposa del agente, que escucha con resignación las aventuras de su infatigable marido, el cual, a medida que avanzan los flashbacks, corre el riesgo de mimetizarse con el falso culpable (Vanning).

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El climax final en la cabaña en mitad del paisaje blanco tiene el nervio necesario y contiene otro ingrediente –de índole mecánica, por seguir dejando pistas- que nos vuelve a hacer pensar en los minutos finales del guión de Ethan Coen, el cual, nos atrevemos a aventurar, debió tomar buena cuenta de la cinta del francés. Eliminen en todo momento, eso sí, el tono de comedia que se imprime desde Dakota.

Nightfall casi nunca aparece destacada dentro de la filmografía de Tourneur –son más socorridas las que se citan al principio del artículo-, pero conviene valorar muy mucho su agilidad discursiva y su apreciable fotografía –llena de excelentes contrastes-. Pero sobre todo, su condición de fiel representante de un tipo de film noir intermedio dentro del género, entre el clasicismo dentro de los años cuarenta, la “edad dorada”, y su revalorización en las últimas décadas, sirviendo de (¿inconsciente?) referente en películas como “Fargo”.

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Nightfall

Año: 1957
Una puesta en escena exquisita y con ambientación nevada para esta obra de cine negro que no está entre lo más conocido de Jacques Tourneur y que entronca con películas como 'Fargo' en ambientación y tono.
Director: Director: Jacques Tourneur
Guión: Guión: Stirling Silliphant
Actores: Intérpretes: Aldo Ray, Anne Bancroft, Brian Keith