Películas pulp: espíritu barato

Es curioso comprobar cómo los conceptos que asociamos a una palabra y suponemos su definición suele tener más que ver con nuestra opinión sobre lo que referencia que con lo que realmente significa. Cuanto más usadas y con mayor libertad incluyen lo que suponemos, más fácil es que pierdan un significado real y, a la vez, que mantengan un cierto sentido asociativo. De ahí la separación entre lo que es propiamente el pulp (y como derivación, lo que son las pulp movies) y a lo que podemos llamárselo.

La teoría dice que podemos llamar pulp ea las publicaciones impresas en pulpa de papel, que es la continuación de una tradición de impresión barata para buscar un beneficio sencillo de una manera que se antoja complicada. Vamos, la tradición de pliegos de ciego, penny dreadfuls o dime novels que presentan casos espectaculares, sensacionales, para que el público consuma en gran número y con avidez… sin caer en que agradar al gran público y publicar mucho y rápido exigía una enorme cantidad de trabajo que rara vez compensaba no ya al autor, que es algo casi asumido, sino incluso al editor. Y, sin embargo, de ahí viene la palabra. No solo de ahí, sino también de los héroes y escritores que frecuentaron esas publicaciones y de los géneros más populares, el negro y el fantástico.

daincurse

Casi seguro que eso lleva a citar a los nombres sancionados a posteriori por la crítica, reivindicaciones de ChandlerHowardHammett Lovecraft que parecen querer constreñir la ingente producción de este tipo de publicaciones y señalar que había algunos autores dignos entre tantos trabajadores. Todo ello sin entrar a pensar en la opinión que Chandler tenía de su propio medio, en cómo Howard husmeaba tendencias y se lanzaba a por ellas intentando convencer a Lovecraft de que hiciera lo mismo, o lo divertido que podía llegar a ser que Hammett intentara introducirse, de manera completamente antinatural para él, en la weird menace con La maldición de los Dain.

De ahí que pronto los críticos trataran de aplicar el término pulp a todo lo que era popular, sin pararse a intentar comprender las relaciones, como si los seriales cinematográficos o las radionovelas siguieran las mismas reglas por ser exitosas o introducir aventuras fabulosas, cuando en realidad lo que pasaba es que muchas veces las creaciones se limitaban a pasar de un medio a otro. Al fin y al cabo eso ocurría con el resto de creaciones: antiguamente, los personajes más fantásticos pasaban de la tradición oral a la escrita y se extendían por cantares y representaciones en cuanto había oportunidad, y la variedad de medios del siglo XX solo contribuyó a ello. Al fin y al cabo, si el Dan Turner de Robert Leslie Bellem pudo pasar rápido a las tiras de prensa, e incluso aparecer en una película como ejemplo de todo un Spicy Detective que era, no debería haber mucho problema para que obras mucho más vendibles a un público más familiar tuvieran la misma suerte. Y vaya si no hubo quien la tuvo.

https://www.youtube.com/watch?v=UbSEL-3TSUI

Sobre todo La Sombra, creada por Walter B. Gibson de una manera que debería explicar todos estos párrafos anteriores. Esta genuina creación pulp, que en su momento de mayor popularidad llegó a aparecer en 24 novelitas anuales y que cuenta con más de 325 títulos a sus espaldas, es una figura tan conocida que ha ido saltando de medio en medio, desde los cómics en los que contó con la suerte de gozar del trabajo de Michael KalutaHoward Chaykin o Kyle Baker -desde que comenzara a aparecer en tiras cómicas hasta sus actuales aventuras en comic book-, a los cortos y largos que ha ido protagonizando a lo largo de la historia. Los primeros cortos, en los mismos años treinta que vieron crear al personaje, los últimos, desde la década siguiente hasta la versión que en 1994 supuso una esforzada aproximación y síntesis de todo lo que venía significando el personaje hasta el momento que no tuvo la suerte de caer en gracia. Esta genuina creación pulp, decía, no se creó en el pulp.  Aunque, al menos, sí se creó por él: la editorial de pulp Street & Smith tenía la posibilidad de ofrecer en un programa de radio las historias de sus Detective Story Magazine y pensaron que nada mejor que ofrecer un narrador, un horror host de Lo Suspense, alguien que sería primero una simple voz: The Shadow. Pero su presencia iría cobrando mayor  interés e importancia según pasaban las entregas y el público quería saber más sobre él, quería escuchar a Frank Readick Jr. interpretarlo en la CBS -sí, ya entonces existía la CBS– hasta que fue personaje antes que narrador y un jovencito Orson Welles quiso ser una de sus voces. Gibson sería el encargado de trasladarlo al papel, a ese pulp primigenio del que parecía salir, de darle una historia, un trasfondo y una motivación existencial; pero para entonces llevaría ya nueve meses en la radio.

No creo -no espero- que quien lea esto considere menos pulp el personaje, sino que entienda las resbaladizas facetas que Lo Pulp ofrece. De ahí que haya que meter tanta letra para comenzar a explicar qué tipo de cine consideraría yo como Películas Pulp. Porque hay obras que trasladan directamente algunas de estas historias o personajes, como la antes mencionada, pero lo hacen desde unos presupuestos mayores. Algo que ocurre también con otras que intentan recrear esa sensación aún sin una imagen directa, como ocurre con las de Indiana Jones, que bebe tanto de ese pulp de las publicaciones como de su variante de los seriales.

 

haunted_palace_poster_021Pero… ¿qué es el cine pulp?

Podrían discutirse producciones inesperadas como Las aventuras de Buckaroo Banzai (The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension, 1984, ), película difícil de incluir en casi cualquier movimiento o referencia -no digamos ya en nivel de producción- pero con una aproximación en su escritura que debe mucho a la rapidez de escritura e imaginación del pulp. Algo menos podría durar la discusión sobre El palacio de los espíritus (1963pues las credenciales de su director Roger Corman y el tener de actor principal a Vincent Price convalidan para casi cualquier cosa. Lo interesante aquí, sin embargo, es que pese a venderla como Edgar Allan Poe’s The haunted palace e incluirla en su ciclo de adaptaciones del de Boston, la sutileza con las fuentes era tan mínima que enseguida descubrimos que Price interpreta a un tal Charles Dexter Ward., imaginado por Lovecraft. La libertad con el que trata el material aparecido en Weird Tales es la esperable y hace incluso más claro que a veces lo más pulp no es el material en el que esta escrito sino la actitud con la que se encara la creación de una obra.

Precisamente por eso Roger Corman era todo un maestro del asunto. Con 89 años y una carrera que comenzó en 1954 y continúa aún hoy en día, Corman ha ido pasando por todos los tipos de distribución posible mientras buscaba la manera de seguir produciendo y vendiendo sus películas, realizadas con un presupuesto más que ajustado. Siempre con un ojo en lo que se llevaba en cada momento comparable solo al de la cinematografía exploitativa italiana, por sus manos han pasado bestias prehistóricas, películas de baile, de moteros, de acción y terror de todo tipo, blaxploitation, mujeres en la cárcel, más bestias prehistóricas e incluso una webserie para Netflix. Pero en realidad, Corman es sobre todo la cara más conocida de lo que podríamos considerar estas Películas Pulp.

Porque desde los mismos inicios del cine hubo ya creadores tratando de sacar tajada rápida, sensacional y exploitativa. Al margen incluso de las producciones abiertamente pornográficas que aparecieron prácticamente a la vez que el invento, aunque antes en Europa que en Estados Unidos. Sin embargo, la necesidad de revestir de una cierta respetabilidad el recien nacido medio hizo que esta explotación inicial fuera más por la presentación de perversiones que deben ser evitadas: cautionary tales obra de genios de la explotación como Dwain Esper e Hildegarde Stadie, capaces de crear películas como Maniac (1934) que no solo aseguraba querer enseñarnos los problemas de la mente enferma, sino que también recurría a Edgar Allan Poe para añadir como excusa una muy libre adaptación de su El gato negro. En cuanto el sistema de estudios se estableció en los años treinta muchas de estas películas se reconvertirían en el acercamiento a la producción conocido como Serie B, practicado para rellenar pases, sobre todo del Oeste -género querido también por el pulp, como demostraría cualquier colección de bolsilibros de Lafuente Estefanía– pero pronto también thrillers y, en general, todo lo que las productoras del llamado Poverty Row -es decir, las que se dedicaban a la producción barata entre los años veinte y los cincuenta, que solían tener sede en Gower Street, Hollywood- creaban para internar ir sobreviviendo con fortuna desigual. La Serie B es sobre todo una demostración de que siempre ha existido ese interés por el aprovechamiento cultural de los mínimos de producción y máximos de difusión. No solo a lo largo de la historia, también de la geografía: de la multiplicación de los kaijus japoneses al cine de rumberas mexicanos o a sus aproximaciones con luchadores, todos los países parecían tener una idea de cómo sacar dinero con la mínima inversión posible.

Lo importante era el abaratamiento de costes y la posibilidad de llegar a un público mayor. De ahí que el gran salto de los géneros explotables se diera a los drive-ins, midnight movies, proyecciones universitarias y, en general, todas las pantallas que podían eludir el control de las autoridades y los grupos moralistas para emitir no solo las locas creaciones protogore de Herschell Gordon Lewis o cualquier cosa que oliera a artes marciales sino acercamientos inocuos a la contracultura como las películas fumadas. Y después, la denominada Llegada del mercado doméstico. Es decir, la aparición de los aparatos reproductores en muy variadas formas, que han ido mutando a través de los tiempos hasta el punto actual, en que no existe una representación física de la película y el aparato en el que se reproduce es el mismo en el que se ve. Una situación que no ha eliminado la existencia incluso hoy día de aproximaciones a ese pulp que siempre ha estado moviéndose por los bordes, en la cascada de versiones de terror entre krimigialloslasher y coproducciones variadas, entre las tripas de los Mondos o en los éxitos violentos de la CannonIFD o Empire.

 

PMX-LARGE-POSTERNuevos tiempos, viejas costumbres

Tal y como decíamos de Corman, aún queda algunos antiguos creadores de Películas Pulp de los viejos tiempos. Precisamente Charles Band, que estuvo tras la Empire y luego creó la Full Moon, sigue dando guerra. Desde ese último nombre, pese a los múltiples cambios que ha ido teniendo durante su historia como productor (entre otras, su productora fue pasando por los nombres de MoonbeamShadow Films o Wizard Videos hasta regresar al actual), sigue dándole cancha a antiguas creaciones como Gingerdead ManKilljoy y, por supuesto, Puppet Master, a la vez que trata de sacar adelante un portal en streaming con su fondo propio y algunas producciones ajenas.

Algo parecido debió pensar un alumno de estos dos grandes, el siempre maquinador David DeCoteau, que comenzó con Corman y pasó luego a  dirigir para Brand y para casi cualquiera que le dejara una cámara, firmando algunas veces con el nombre de Elle Cabot o Victoria Sloan. Porque mientras las películas se sucedían, DeCoteau decidía salir del armario y acercarse a una narrativa más personal mientras seguía dándole al terror alimenticio. El rodaje de Leather Jacket Love Story (1997) sirvió sobre todo para darle visibilidad dentro de la comunidad LGBT y descubrir que también entre ellos había espectadores de terror. Así que, ¿por qué no aprovecharlo? En 2001 fundaría su propia empresa, Rapid Heart Pictures, y presentaría La hermandad (The Brotherhood, 2001), una película que uniría al tema vampírico un absolutamente nada disimulado subtexto homoerótico que pasaría a convertirse en la firma del director. Y como buen creador de pulp pronto se dio cuenta de que no solo tenía que producir todo lo que pudiera para su público sino que podía ir probando otras aproximaciones complementarias, de modo que junto a sus cintas de terror homoeróticas preparó alguna más generalista y, en un rasgo de genialidad, cintas familiares como The Magic Puppy (A Halloween Puppy, 2012, ). Quizá su mayor muestra de genio llegaría en 2011 cuando decidió rodar una serie de filmes bajo el título de 1313 con la idea de que aparecieran los primeros en el orden alfabético de los servicios de streaming. Su sistema de trabajo apresurado significa que es capaz de grabar quince minutos de Eric Roberts para ponerlos luego en una película y conseguir que el resultado, A Talking Cat!?! (2013), acabe siendo un éxito y de culto. Por los motivos que sean.

Aunque si una productora se ha convertido en el emblema de producir mucho sin importarle la calidad por aquello de que antes o después el éxito acabaría llegando, y si no al menos se habrá producido algo de dinero en el proceso, esa es The Asylum. Reina de las producciones para el SyFy Channel, que es donde más y mejor se pueden colocar ahora estas producciones de bajo presupuesto, su desvergüenza a la hora de sajar éxitos cinematográficos la puso en el mapa para ser luego propulsada al estrellato gracias al inesperado éxito de Sharknado (2013), quizá una de las menos logradas cintas de la sharksploitation, pero que dio la casualidad de caer en gracia. Al fin y al cabo, otra de las características del pulp. Quién sabe cuáles serán los títulos valorados dentro de unas décadas, lo que está claro es que al menos este es uno de los éxitos modernos.

Es una lástima porque mientras tanto hay creadores más inspirados como Mike Méndez, -responsable de El convento del diablo (The Convent, 2000)-, que no han sido considerados hasta que a alguien se le ocurrió que su sensibilidad podría casar bien con este tipo de películas baratas y confiaron en él para Big Ass Spider! (2013), un éxito para los niveles manejados por la productora Epic Pictures que sirvió para que le dieran el siguiente proyecto del SyFy Lavalantula (2015).

https://www.youtube.com/watch?v=HxyH-adavb8

En cuanto a Epic Pictures, aunque se dedique sobre todo a distribuir películas de otros hay que agradecerle que siga apostando por los títulos de tollinas, permitiendo entre las producciones de terror que se cuele algo como Kill ‘em All (2012) o que este año haya presentado Turbo Kid. Porque allá donde se encuentre posibilidad de hacer negocio saldrá una productora pulp a aprovecharlo. Cierto que es que el negocio de esta última es sobre todo de producción, como pasa con otros sellos como Brain Damage o Apprehensive, pero no podemos obviar que también esa es una manera de hacer dinero rápido y dar visibilidad a obras de manera similar a esos manuscritos no solicitados que publicaban las revistas pulp pagando unas pocas monedas.

Quizá sea sea esa falta de prejuicios y esa capacidad para tratar de sacar adelante a nuevos valores lo que más podamos valorar. Ese «primer paso» -extraño en ocasiones, también es cierto- que sirve para ir descubriendo y poniendo en forma a gente para la que esperamos después reconocimiento por lo que hacen. O quizá el futuro pertenezca a las que, como Nu Image, sean capaces de producir a la vez Los Mercenarios (The expendables, 2010), Spiders (2013)Furia Ciega (Drive Angry, 2011) y Shark in Venice (2008). Películas todas ellas con un aire pulp que quizá pongan en evidencia hasta qué punto en ocasiones nos obsesionamos con los presupuestos y estrellas. Al fin y al cabo, ya se quejó Roger Corman de que Hollywood parecía haber decidido centrarse en hacer las películas a las que él se dedicaba, pero con su propio y enorme presupuesto. Así que es posible que, al final, el pulp haya vencido.

Saucy Movie

Publicidad