Por qué Carlos Boyero no debería haber criticado ‘Star Wars’

A cada crítico, su película, y a cada película, una opinión razonada de alguien que sabe de qué va el tema. Antes de sorprenderte por las reacciones airadas en Twitter, piensa que el experto del diario El País no era la persona indicada para comentar El despertar de la Fuerza.

Ahora mismo, Twitter está en llamas, y con razón: la crítica de Star Wars: El despertar de la Fuerza firmada por Carlos Boyero resulta un análisis tirando a flojo de la película de J. J. Abrams. No porque resulte negativa (de hecho, y contando con los estándares boyerescos, es tirando a tibia), sino porque demuestra que, al experto en cine del diario El País, la saga galáctica le interesa bastante poco.

No podemos describir de otra manera una reseña en la que el primer párrafo (208 palabras, sobre un total de 644: casi un tercio del texto final) se dedica, no a poner en contexto al lector sobre la película que se va a analizar, sino a comentar despectivamente las medidas de seguridad tomadas por Disney para garantizar la ausencia de grabaciones en el pase. Cualquiera que se dedique a esto, y Boyero lleva en el oficio desde hace bastantes años, sabe que todo eso de la requisa de teléfonos móviles, la firma de embargos e incluso los arcos voltaicos para detectar metales son experiencias cada vez más recurrentes, por desgracia, en las proyecciones de películas de tronío. En defensa del crítico, puede decirse que esto le sirve para comentar acerca de las dimensiones de la película como acontecimiento social, o como regreso de una saga tan recaudadora como legendaria, pero sus observaciones al respecto son tan raquíticas, tan llenas de tópicos y tan escasas en comparación con sus quejas que las posibles observaciones sobre el asunto quedan invalidadas.

Más adelante es donde Boyero mete la pata hasta el fondo: aunque medianamente complacido por una película a la que tilda de «circo anfetamínico», el crítico se permite soltar esas perlas que tan mal le han caído a los lectores, como aquella según la cual al personaje de Finn (el stormtrooper renegado) «lo interpreta horrorosamente un actor negro». Señor Boyero, el «actor negro» al que usted se refiere se llama John Boyega y (más allá de la calidad de su interpretación, que aquí nos ha parecido bastante correcta) hizo un auténtico papelón en Attack the Block, una de las películas más interesantes de 2011. ¿Llegó a ver Boyero ese filme? Seguramente no, o recordaría a su intérprete principal, en lugar de calificar su presencia como «un guiño a Obama».

Esto es lo que nos permite pasar de otros comentarios que han llamado menos la atención del público (aquel en el que la pobre Carrie Fisher se lleva lo de «la princesa Leia, tan sosa como castigada», o su insistencia en referirse a Daisy Ridley como «una chica», sin nombre propio) y centrarnos más en lo principal. Porque tanto El despertar de la Fuerza como Attack the Block son películas de ciencia-ficción y fantasía… y, a Carlos Boyero, esos dos géneros le interesan más bien poco. Casi tan poco como el cine asiático experimental con planos fijos de quince minutos, pongamos por caso.

Y aquí está la clave de nuestra argumentación: generalmente, y salvo en casos muy concretos, las críticas de cine en una redacción no se distribuyen al buen tuntún. O no deberían distribuirse así. De la misma manera que alguien cuyo horizonte fílmico está delimitado por Kiarostami y los hermanos Dardenne no resulta especialmente adecuado para reseñar una entrega de Fast & Furious, pongamos por caso (insistimos: aquí también hay sorpresas) o que un experto en trabajos palomiteros parece poco ajustado a priori para cubrir una película de Apitchapong Weerasethakul, el tailandés onírico y delirante, ¿podemos considerar adecuado para juzgar la cinta de J. J. Abrams a un experto cuyo rasero para aplicar sus valoraciones empieza y acaba en el cine del Hollywood clásico? Seguramente, no.

Aquí no nos quejamos por que la crítica de Boyero sea poco entusiasta: sin ir más lejos, la nuestra no es precisamente un ditirambo. Ni tampoco vamos a seguir los pasos de Víctor Erice y otros, exigiendo que se le retire su puesto en la redacción de El País. Total, para el caso que nos iban a hacer… Sólo queremos señalar que un crítico cuyo máximo parangón de calidad en pantalla grande es El apartamento tal vez debería aplicar su experiencia a medir otro tipo de filmes: aquellos cuyos resortes narrativos conoce mejor, y cuyos aciertos y flaquezas está en mejor disposición para apreciar y valorar. De lo contrario, el interés de su texto residirá menos en «a ver qué le parece a Boyero la nueva entrega de Star Wars» y más, nos tememos, en «a ver qué burradas suelta Boyero sobre la nueva entrega de Star Wars». 

Y ahí está la cruz del problema: las críticas de Carlos Boyero, de un tiempo a esta parte, se han convertido menos en análisis que en excusas para despertar el morbo sobre sus opiniones. Las opiniones de un crítico que, más veces de las que debiera, tiende al brochazo, a la descalificación fácil y a las rabietas de señor mayor, dispuesto a mitologizarse a sí mismo y a sacarle partido a su imagen de veterano con callos en el hígado (ojo: de acuerdo con sus propias afirmaciones, Boyero dejó el alcohol hace mucho) y paciencia muy limitada. ¿Es que no dispone el diario más leído de España de otros críticos más jóvenes, con más afinidad por el género fantástico, capaces de extraer mejores análisis de una película así? No queremos entrar en detalles, porque eso nos llevaría a abordar un tema muy espinoso: el del relevo generacional en la crítica española de cine, al menos en los medios mainstream. Y ahí hay mucha tela que cortar, con o sin sable de luz.

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