¿Por qué Ngũgĩ wa Thiong’o debería ganar el Nobel de una vez?

Aunque parezca mentira, la que se supone que es gran fiesta de la literatura a nivel mundial proporciona dos niveles de diversión: por un lado, el momento antes de la elección, ese intentar discernir quién puede ser el ganador provoca no propias risas (y sorpresas)  gracias a criterios ciertamente variables; por el otro, como lector descubre autores que pueden ser muy interesantes; tal es el caso Ngũgĩ wa Thiong'o, que lo ganará (o no) pero es un escritor excepcional.

Apuntes biográficos

No suelo centrarme en estos aspectos pero, en el caso de Ngũgĩ wa Thiong’o, es imprescindible recorrer algunas de sus etapas vitales para poder entender su evolución literaria y su indisoluble unión entre vida y obra. 

Nacido en 1938 en Kamiriithu, Kenya, de descendencia kĩkũyũ (o gĩkũyũ), el grupo étnico más numeroso del país, fue bautizado con el nombre James Ngugi. Junto con su familia se vio involucrado en la guerra con los Mau Mau (una organización guerrillera de insurgentes keniatas que luchó contra el Imperio británico durante el periodo 1952-1960, cuyos miembros eran fundamentalmente de la tribu kĩkũyũ). Su hermano Mwangi estuvo activamente implicado en ella y como resultado su madre fue torturada.  Obtuvo su grado de licenciatura inglesa en Kampala, Uganda, en 1963, en la Universidad Makerere. Fue en dicho período cuando escribió su primera obra de teatro, The Black Hermit en 1962.

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Publicó su primera novela, Weep Not, Child, en 1964, mientras asistía a la Universidad de Leeds. Era la primera novela escrita íntegramente en inglés de un escritor del este africano. Su segunda novela, The River Between (1965), retrata la rebelión Mau Mau y describía un romance infeliz entre cristianos y no cristianos. Un grano de trigo (A Grain of Wheat, 1967) marcó un antes y un después en su vida ya que acogió como suyo el Marxismo Fanonista; como consecuencia de esto renunció al inglés, a su cristiandad e incluso su nombre James Ngugi como herencia colonialista; desde ese momento cambió su nombre al ya conocido por nosotros Ngũgĩ wa Thiong’o y empezó a escribir en sus lenguas nativas gikuyu y swahili.

Su compromiso en estos aspectos le llevó a participar activamente en muchas iniciativas, siendo una de las más importantes en 1976 ayudando a establecer el Centro Cultural y Educativo de la Comunidad de Kamiriithu; el mensaje político sin censura de la obra de teatro de 1977 Ngaahika Ndeenda (I Will Marry When I Want) provocó su arresto en la prisión de máxima seguridad de Kamiti. Allí escribiría la primera novela moderna escrita en gikuyu, Caitaani mũtharaba-Inĩ (El diablo en la cruz).Tras ser liberado no se le dio la oportunidad de seguir con su trabajo como catedrático en la Universidad de Nairobi y su familia fue acosada con frecuencia debido a denunciar con su escritura las injusticas del gobierno dictatorial del momento, tuvo que exiliarse. 

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En 1992 Ngũgĩ se convirtió en catedrático de Literatura Comparada en la Universidad de Nueva York y actualmente es catedrático benemérito en la Universidad de California. El ocho de agosto volvió a Kenia como parte de un viaje por el este africano, el día once del mismo mes unos ladrones entraron su apartamento de alta seguridad, le asaltaron y abusaron sexualmente de su esposa, también le robaron varios objetos de valor. Desde luego, el autor africano nunca ha podido ser profeta en su tierra y, a pesar de ello, sigue comprometido con su causa.

La importancia del postcolonialismo

Es imposible hablar de Ngũgĩ wa Thiong’o sin citar el postcolonialismo, ya que toda su vida y obra está marcada por esta disciplina académica que analiza, explica y responde al legado cultural dejado por el colonialismo y el imperialismo. Trata acerca de las consecuencias resultantes del control externo y de la explotación económica de países y sus habitantes llevado a cabo por países imperialistas/colonialistas. Surgidos desde la perspectiva del postmodernismo, los estudios postcoloniales analizan las políticas aplicadas al conocimiento mediante el examen de las relaciones funcionales de los poderes sociales y políticos que sostienen el colonialismo y el neocolonialismo, ni más ni menos que retratar todas las relaciones (sociales, políticas y culturales) que se producen entre el colonizador y el colonizado.

De entre todos los ámbitos en que puede ser aplicado esta corriente de pensamiento, Ngũgĩ lógicamente parte de la teoría crítica y le sirve para presentar, explicar e ilustrar la ideología y práctica del neocolonialismo con ejemplos que provienen de la historia, ciencia política, filosofía, sociología, etc… Además, investiga cómo afecta este neocolonialismo a los aspectos culturales de la colonia y su tratamiento del lenguaje, de las mujeres, de la literatura y, en general, de la humanidad.

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Con sus libros el escritor keniata busca, en primer lugar hacernos conscientes de las estrategias utilizadas para la dominación de los pueblos por parte de los países occidentales tradicionalmente imperialistas. Estas estrategias no tienen por qué venir de una dominación física sino por otros elementos como el lenguaje o la cultura; en segundo lugar, se rebela ante esta situación y busca maneras de reivindicar el valor del pueblo por sí mismo. Ahí entraría de lleno su cambio en el lenguaje utilizado para escribir sus obras, del inglés (el idioma del colonizador) al gikuyu (el idioma del pueblo).

Sabiendo esto es fácil entender por dónde puede ir la literatura que nos ofrece Ngũgĩ wa Thiong’o. Lo mejor de todo es que es capaz de transitar entre estilos tan diversos como la novela, las obras de teatro o los ensayos para, de esta manera, presentar aparentemente los mismos temas de maneras ciertamente diversas.

Algunos libros para acercarse al autor

Aunque parezca mentira, he podido encontrar hasta cuatro libros disponibles del autor en nuestro idioma y, justamente, en unos pocos días tendremos otro más. Lo bueno es que los cuatro son bastante representativos y sirven para entender a la perfección el pensamiento del escritor:

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Un grano de trigo (A grain of wheat, 1967). Como dije más arriba, este libro supuso su epifanía personal, se “convirtió” al marxismo de Frantz Fanon (uno de los iniciadores del postcolonialismo). En Un grano de trigo teje una historia en la que se produce una polifonía de voces, con varias historias relacionadas con un hecho histórico primordial que estaba muy reciente, la independencia de Kenya (o Uhuru) con la rebelión Mau Mau de fondo. A pesar de estar ambientada en una pequeña villa, los hechos relatados representan todo lo que estaba sucediendo en Kenya en aquella época: todo un retrato de traiciones e insatisfacciones con una historia de amor de fondo. A pesar de estar escrita en inglés, ya hay una voluntad de cambiar la forma de hacerlo, es por ello que intercala palabras de gikuyu a las que no da explicación y que tienen que ser entendidas por el contexto. La novela se lee casi como un thriller, pero la multiperspectiva en cuanto a voces y temas tratados la convierte en una de las grandes novelas africanas.

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El diablo en la cruz (Caitaani mũtharaba-Inĩ, 1977). Obra esencial del autor, escrita en un momento decisivo de su vida, en prisión, en la cárcel de máxima seguridad de Kamiti, condenado por exponer su punto de vista en la obra de teatro que referí anteriormente (Ngaahika Ndeenda, Me casaré cuando yo quiera). La escribió en el papel higiénico que tenía en la celda y supone la primera novela moderna escrita íntegramente en gikuyu. El diablo en la cruz supone un cambio en su planteamiento de la ficción, abandona definitivamente una ficción más realista para jugar más con los simbolismos, las canciones y los cuentos que se entremezclan, ya que se trata de cinco personas que son invitadas a una extraña celebración, “una fiesta del diablo”. Indudablemente la magia está muy presente y se asemeja al realismo mágico utilizado en Sudamérica pero en forma de elemento autóctono africano. En esta novela no sólo se produce la crítica al colonialismo sino que, a través de sus personajes femeninos (Jacinta Wariinga-Gaturia y Wangari-Muturi) se presenta la situación injusta de la mujer en una sociedad machista que la utiliza sin pudor: hasta para conseguir un simple trabajo tiene que ofrecer elementos secundarios (sexuales) a sus posibles jefes.

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Descolonizar la mente (Decolonising the Mind: the Politics of Language in African Literature, 1986). Imprescindible compendio que trata los temas esenciales de la obra del autor. Reúne cuatro conferencias que realizó entre 1981 y 1985 donde no sólo reflexiona sobre el papel de la lengua en la construcción de la identidad nacional, cultural, social e histórica (de hecho tres capítulos empiezan con “la lengua de…”), sino que también mezcla esos datos con acontecimientos vitales que han contribuido a que el autor piense de esta manera. Sin lugar a dudas, estamos ante una declaración de intenciones, dado que parte de la base de la esencialidad de la lengua materna para la construcción de la identidad personal y nacional. Y es capaz de argumentarlo, mostrándonos cómo fue su decisión de despedirse del inglés y utilizar el gikuyu como su lengua de creación. Para Ngũgĩ “el lenguaje existe como cultura” y “el lenguaje existe como comunicación”, de ahí que “el lenguaje sea, así pues, inseparable de nosotros mismos como una comunidad de seres humanos con un carácter y forma específicos, una historia específica, una específica relación con el mundo.” Ngũgĩ es muy bueno escribiendo ficción pero es sencillamente excepcional como ensayista por su facilidad para transmitir pensamientos complejos.

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El brujo del cuervo (Mũrogi wa Kagogo, 2004). Escrita inicialmente en 2004, el mismo autor la tradujo al inglés en el verano del 2006 para su publicación con la Random House. Suponía su primera novela tras casi veinte años y se puede hablar de su obra magna, al menos en tamaño y ambiciones: todo un resumen novelístico de sus temas pero desde una perspectiva ficcional, la de una imaginaria República libre de Aburĩria. Magia y realidad se mezclan en esta ficción en que utiliza como elemento conductor la figura de un hechicero, el brujo del cuervo, para mostrar nuevamente sus temas. Pero al mismo tiempo cuenta las vicisitudes de un pueblo, esta vez con mucha más imaginación. Casi no hay espacio para la realidad en pos de los elementos irreales, y lo hilarante se mezcla con momentos más dramáticos. No es casualidad que todos los episodios empiecen con la palabra Demonios: está claro que ese país y sus demonios, aunque imaginarios, son la extensión de una realidad que no consigue concebir todavía, una realidad por la que sigue luchando.

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Sueños de guerra (Dreams in a Time of War: a Childhood Memoir, 2010). Es el primer libro de una trilogía de obras autobiográficas de la que solo hay publicados dos volúmenes, este que nos va a traer en los próximos días Rayo verde y el segundo In the House of the Interpreter: A Memoir (2012). Esta primera entrega supone una vuelta a sus orígenes, los años treinta del siglo pasado, dónde pasó su infancia y cómo creció al mismo tiempo que se producían una serie de cambios políticos y sociales en Kenya. A través de la historia de sus abuelos y padres y la participación de su hermano en la guerra Mau Mau, Ngũgĩ empezará a pintar toda una era con todo lo que la rodea social y políticamente bajo el yugo del colonialismo. Sinceramente no me lo pienso perder, se va a convertir sin lugar a dudas en su obra más personal y nos puede ayudar a entender aún más el fenómeno.

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