Por qué todos deberíamos escuchar a Chvrches

En los tiempos que corren, escuchar a Chvrches puede llegar a convertirse en un ejercicio político. En los tiempos que corren, donde los comportamientos misóginos han traspasado las fronteras del barrio, la escuela y el trabajo para adentrarse en el terreno de lo digital, lugar donde han de morir de una vez por todas, uno se alegra de ver cómo la cultura popular, aunque escudera en muchas ocasiones (ya sea amplificando, ya sea no condenando lo suficiente) de los mismos hábitos trasnochados que unos pocos valientes se atreven a reprochar, nos está sorprendiendo en los últimos tiempos con un nuevo ángulo desde el que mirar a la mujer en los medios de comunicación de masas.

Ya sea gracias al feminismo enmascarado de Leslie Knope en Parks and Recreation, un personaje aparentemente naïf que libra una batalla, sin alardear de ello, por la igualdad en el seno de las instituciones públicas del discreto y conservador pueblecito de Pawnee, Indiana, o la aguerrida emancipación patriarcal de la instantáneamente elevada a mito cinematográfico (erótico si quieren, pero no cosificado) Imperator Furiosa, vivimos tiempos de mirar con admiración, sin importar de qué género sea la mirada, con la barbilla alta, a la mujer en la cultura popular.

La primera vez que escuché a Chvrches fue gracias a una versión en directo de Do I Wanna Know?, de los generacionales Arctic Monkeys, publicada en febrero de 2014 en el canal de triple j. Si la banda de Alex Turner representa la visión masculina, romántica, un poco canalla de las preocupaciones de aquellos nacidos, como yo, a mediados de los ochenta (un «qué tienen los hombres en la cabeza» que por mucho que pasen los años, nos demuestra Turner, apenas cambia), el trío de Glasgow liderado por Lauren Mayberry, siendo ella solo un año menor que el frontman de los Arctic, empieza a simbolizar, sin malabares mediáticos -tan solo con una actitud férrea ante los desmanes machistas que salpican de mierda la red-, una nueva femineidad que todos deberíamos empezar a aceptar como natural.

Lauren Mayberry ha sido periodista antes que cantante. De hecho, ha sido baterista y teclista antes que cantante. Lo fue en su anterior formación, Blue Sky Archives, autores de un interesante cover lírico del Killing in the Name de RATM. Fue durante la producción del tercer EP de la banda que Lauren conoció a Iain Cook, precursor junto a su colega Martin Doherty de Chvrches. Ahora, con su segundo álbum en la calle desde el pasado 25 de septiembre, la banda escocesa comienza a saborear las mieles del éxito, aunque a veces estas mieles vengan acompañadas de un insoportable hedor a buitre de discoteca en busca de carroña un sábado a medianoche. Pero… ¡sorpresa! Lauren solo tiene una bala que devolverle a los incontables casos de troleo machista con los que lidia desde que hace cuatro años se pusiese al frente de la banda: «Vamos, hijos de puta. A ver quién parpadea primero».

Nadie en la banda sabe el momento preciso en que todo comenzó a salirse de madre. Quizá ahí radique el espíritu de este tipo de comportamientos, en que lo damos tan por hecho, lo hemos aceptado durante tanto tiempo como algo que «simplemente, es así», que va a acompañar a las mujeres desde que nacen hasta el fin de sus días, que cuando te quieres dar cuenta, estás metido en un pozo lleno de basura de este calibre. «¡Pero este tipo está loco! ¡Yo no hago esas cosas!«, diréis, con muchísima razón. Está claro que casos tan extremos como este solo brotan de una mente descompuesta y deteriorada cuyo único remedio pasaría por una lobotomía irreversible. No obstante, no caigamos en el error de pensar que por no escupir burradas como esta estamos libres de ciertas actitudes que, de forma inconsciente, vemos, imitamos y repetimos sin pensar en las consecuencias.

Tales comentarios deberían, por el bien de la sociedad, ser erradicados poco a poco de los comportamientos considerados como normativos. O, por ejemplo, el hecho siquiera de sospechar que, dado que si una chavala como Lauren está en un grupo con dos hombres mayores que ella sin mantener una relación amorosa con ninguno de ellos entonces deben ser familiares (comentario leído en YouTube). «Pertenezco a una banda nacida en Internet«, decía Lauren al comienzo de un artículo que escribió para The Guardian en septiembre de 2013. Esto significa que es consciente y agradece la oportunidad de estar en contacto con sus fans de forma tan sencilla y directa. Lo que no entiende, como tantas otras artistas, es por qué esa coyuntura va de la mano de un acoso y derribo sutil, intermitente, constante y desgastador por parte de hombres convencidos de estar en posesión de una legitimidad divina otorgada por la mera existencia arbitraria de su pene.

No hace mucho, Lauren fue entrevistada por un periodista británico de cierto prestigio que le preguntó lo siguiente: «¿Te gustaría tomarte algún tiempo libre fuera de la música en los próximos años para centrarte en tu vida personal? No sé si tienes pareja, pero ¿has pensado en cómo tendrías que hacer malabares para compaginar los niños con estar de gira?«. Hace tan solo unos días, en una entrevista a El País concedida por Meryl Streep, la actriz confesó haber oído en más de una ocasión la siguiente pregunta: «Sueles interpretar a mujeres fuertes. ¿Por qué lo haces?«. ¿Veis el patrón? (Si no lo veis, volved a leer el artículo desde el principio. En caso afirmativo, seguid avanzando).

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No hay, sin embargo, una presencia abundante de mensajes feministas en las letras de Chvrches. Como mucho, Lauren reconoce haber metido dos o tres situaciones basadas en experiencias personales en algunas de sus canciones, en especial aquella en la que alguien le dijo una vez que no podía hacer la música que hacía y hacerse llamar feminista al mismo tiempo. «No poder hacer». Eso es jugar con fuego al hablar de una feminista que no ha necesitado aprovecharse de la fama de ninguna de sus bandas para llevar a cabo su propia agenda política por pura convicción personal. No estamos hablando de una Beyoncé que aparece en escena con la palabra «feminist» de fondo, gesto para el cual, dicho sea de paso, Lauren solo tiene palabras de enaltecimiento: «Está llegando a montones de chicas jóvenes a las que otras artistas no pueden llegar. Si tuvieses doce años y Beyoncé estuviese en el escenario diciéndote ‘Puedes hacer exactamente lo que quieras hacer’, eso sería increíble. Ojalá me lo hubiese dicho a mí cuando tenía doce años«, reconoce. La conciencia feminista de Lauren viene de mucho más atrás, de artistas como Le Tigre, Sleater-Kinney, Liz Phair y ciertos personajes «seudofeministas» del cine de los noventa. Lauren es, en definitiva, la única chica pop del momento que no agita las caderas ni saca la lengua como una jirafa en el escenario, por mucho que a los tíos les cabree.

Mi canción favorita de Chvrches es Dead Air, que forma parte de la banda sonora de Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 1 (The Hunger Games: Mockingjay – Part 1, 2014). La letra no dice nada en especial, pero cuando la escucho puedo sentir la insumisión que transmite el personaje de Katnis Everdeen. No tengo una teoría bajo el brazo aún, pero creo que no existe a día de hoy ningún grupo que hubiese podido captar mejor que Chvrches el espíritu de la obra de Suzanne Collins. Quizá porque ellas, como Meryl Streep, como Ellen Page, como Emma Watson, como Patricia Arquette, pertenecen a un grupo de mujeres a las que no puedo ni valorar, ni clasificar, ni juzgar, ni etiquetar, ni aprobar ni rechazar (no lo necesitan ni me lo han pedido), pero a las que sí puedo decir una cosa: «Gracias».

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